Día 15: San Diego
—No me puedo creer que haya perdido la virginidad en una autocaravana.
Jake sonríe y me acaricia el pelo. Parece distraído. No se lo reprocho, han pasado muchas cosas en los últimos momentos. Se separa de mí y se coloca frente a mi cara. Vuelve a acariciar mi cara con ternura, como si de un momento a otro me fuera a escapar.
—Esto puede haber sido un error, Bel.
Mis cejas se alzan. Aún no sé nada de la última historia, la que me contará cuando lleguemos a San Diego. Sin embargo, ayer por la tarde nos dejamos llevar.
—Dímelo tú. —Le doy un suave golpe en su pecho desnudo—. ¿Tan seguro estabas de que esto podría pasar, que trajiste condones al viaje?
Su cara pasó del moreno tostada al rojo pasión en cuestión de segundos.
—Se suponía que iba a ser un viaje de novios. Había... —Se rasca el pelo, evitando mirarme— cosas preparadas con antelación.
Asiento y me quedo en silencio. Me acomodo en el pecho de Jake y cierro los ojos. No tardo mucho en quedarme dormida.
Cuando me despierto, siento el traqueteo de la carretera y mi corazón se enciende. Solo han sido catorce días, pero he echado de menos la pequeña ciudad en la que he vivido los últimos seis meses.
Me levanto, aún desnuda, y me preparo para volver a casa. No me visto, ya que es de madrugada, pero sí que hago la maleta y recojo todo lo que me voy a llevar. Una vez he acabado, no me atrevo a ir con Jake, a la zona del conductor, así que acabo tumbándome en la cama.
La siguiente vez que me despierto ya es de día. Olvidé cerrar la ventana, por lo que la luz entra de forma abusiva. Pero por una ocasión, me da igual. Me abalanzo sobre la ventana y respiro el aire seco de mi ciudad. Lo echaba de menos.
En el cristal de la ventana, veo un post-it rosa pegado.
"Buenos días, cariño. Estamos de vuelta a casa"
Sonrío y meneo la cabeza, divertida. Voy a la maleta, en la que he dejado preparado un conjunto para el día de hoy. Cuando quito la ropa, me encuentro otro post-it, esta vez de color amarillo.
"No te asustes al no verme, puesto que he salido a avisar a algunas personas de nuestra llegada"
Me visto, quiero saber qué más tiene preparado. Cuando voy a la puerta, encuentro un post-it verde pegado junto al picaporte.
"Salvo alguna pequeña excepción, han sido las vacaciones más especiales e increíbles de mi vida"
Que Jake sepa exactamente el orden en el que lo haré todo me da mal rollo, pero avanzo. Entro en el baño, encontrando dos post-it rojos. Uno pegado en el espejo y otro en la tapa del váter. Muy original, Jacob. Mirándolos un poco, enseguida sé cual va primero.
"Quiero que sepas que todo esto ha significado mucho para mí"
"Lo de anoche no estaba preparado, pero espero que estés de acuerdo en que fue especial"
Cuando salgo del baño, tras hacer todo lo que tenía que hacer, me dirijo a la cocina. Sin embargo, la encuentro vacía. Pensaba que aquí también habría un post-it. Supongo entonces que Jake habrá dejado alguno con la comida del salón, como cada día.
Entro en la zona del salón. Ahí está mi desayuno. Solo con mirarlo, mis tripas rugen. Intento recordar si llegamos a cenar, pero creo que estábamos más ocupados con otros temas.
Junto al desayuno, hay una pinza gigante con un post-it grande y una carta. Cojo primero el post-it.
"Bel, lo que hay dentro de esa carta es la decimoquinta historia. Cuando estaba triste porque Sophie me dejó, mi abuelo, el psicólogo, me pidió que escribiera una especie de diario para canalizar mis emociones.
La razón por la que no soy yo mismo el que te cuenta la historia es que quiero que leas exactamente lo que yo pensé cuando sucedió. Creo que no hay nada que pueda expresar lo que sentí en ese momento. Confía en mí."
Bufo y me quedo mirando la carta. Decido desayunar a toda prisa para poder leerla cuanto antes. Una vez mi desayuno está acabado, abro el sobre y saco una hoja.
Cierro los ojos antes de leerla. Ayer, gracias a lo que Jake me contó, cambié de opinión sobre muchas cosas. Le perdoné lo que hizo, aunque no estaba segura de volver con él. Sí, es cierto que me acosté con él, pero los conceptos son distintos.
Por alguna razón, siento que Jake lo ha preparado todo para que esta última historia me devuelva la confianza. Y eso se incrementa cuando veo la fecha que encabeza el diario: 6 de enero de 2016. El día que nos conocimos en el aeropuerto de Los Ángeles. Hace más de seis meses.
6 de enero de 2016
Hoy he tenido un día de locos. Mamá está empeñada en que Cece y yo trabajemos en la casa. Toda una mañana de limpieza para que en una semana todo esté hecho una mierda.
Estaba feliz porque volvían los entrenamientos de baloncesto. Estaba seguro de que eso me devolvería la ilusión. Y así ha sido. Mi equipo sigue siendo una mierda, pero son mis amigos y los quiero. Hasta le he cogido cariño al entrenador McClain.
Pero lo de locos no ha sido eso. El entrenador, al verme tan mal por lo de Sophie, me ha mandado a Los Ángeles en su furgoneta vieja. Tenía que recoger a su hija, una pija que se ha criado en mansiones.
Miro al techo. Siempre he sabido que esa fue su primera opinión de mí, pero aún así me afecta.
Me dio una foto para que la reconociera cuando estuviera allí. La encontré rápido; de hecho, aparqué frente a ella. Ella me miraba muy raro, incluso la veía asustada.
Cuando comprobé con la foto que se trataba de ella, fui hacia ella. Entonces, salió corriendo. No sé si es estúpida o solo se lo hace, pero debió de creerse que era un secuestrador o algo así.
No podía dejarla ir, ya que su padre me mataría, así que grité para que se parara y corrí tras ella. Era rápida, había que admitirlo, pero yo mucho más. Se paró en pleno paso de peatones y un coche casi se la lleva por delante. De no ser por mí, claro está.
Estábamos muy cerca y tuve que regañarla para no quedarme sin habla. ¡Dios, era preciosa! Tenía el pelo anaranjado y unos ojazos marrones que transmitían mil veces más que los azules de Sophie.
Lo mejor, de todos modos, fue su carácter. Es gritona, peleona y un poco malcriada, pero me gusta. No es como la mayor parte de las chicas, tengo que admitirlo. Y eso me asusta bastante.
¿Es normal no haber podido pensar en otra cosa desde que la dejé en su casa?
Mi corazón va a mil por hora. Así que aunque la primera semana nos peleábamos, él ya se sentía atraído por mí... La verdad, pensaba que me odiaba tanto como yo a él.
Ahora entiendo por qué a veces se acercaba más de lo debido. O, por qué a pesar de que nos llevábamos mal, siempre me ayudaba entre todo lo que podía. Tengo que ir a buscarlo.
Cierro la puerta de la autocaravana. Sé que debería ir a buscar a mi padre y decirle que estoy bien, pero mi instinto me dice que no lo haga.
Camino por el centro de San Diego hasta llegar a una cafetería. Todos mis amigos están ahí, desayunando juntos.
—¡Bel! —Abby es la primera en verme.
Eso me trae recuerdos. También fue la primera en ayudarme en el instituto, cuando estaba sola. La recibo con un fuerte abrazo, mientras se me saltan las lágrimas.
—Os he echado de menos.
—Yo también, pelirroja... Ahora dime cuál es tu decisión.
—¿Qué? —Me separo.
—¿Volverás con él?
—Espera, ¿cómo sabes eso?
—Bel, todos sabíamos la historia del chantaje de Sophie por lo de la piscina. Nos lo contó.
—¿Cuándo?
—Durante la semana que estuviste encerrada en tu habitación, sin querer ver a nadie. También nos dijo que planeaba llevarte a ese viaje y contártelo todo.
—Entonces en realidad... ¿no estabais preocupados por mí?
—¿Cómo íbamos a estarlo? Estabas con Jake, que te quiere como nadie.
Todos los demás, que hasta este momento habían estado apartados, se acercaron a mí y me colmaron de besos y abrazos. Pero yo no estaba allí. Jake y mi padre venían hablando con tranquilidad. Dado eso, no creo que le hubiera contado nada de lo sucedido la noche anterior.
Al verme, Jake se paró en seco. Cece es la primera en darse cuenta de que estábamos ahí, mirándonos como si el resto del mundo no existiera.
—Creo que deberíamos dejaros un momentos a solas.
Le hago una seña para que venga conmigo. Empezamos a caminar sin rumbo fijo.
—Yo te odiaba cuando te conocí.
—Lo sé. —Asiente y se ríe.
—Y, a pesar de eso, yo te gustaba.
—El amor es una cosa extraña. —Se encoge de hombros. Entonces, se pone más serio y hace la temida pregunta—. ¿Qué has pensado?
—Dadas las circunstancias de las últimas veinticuatro horas, creo que deberíamos intentarlo. —Sus ojos se iluminan—. Pero cuidadito. No quiero más chantajes raros.
Asiente con vehemencia. Me doy cuenta a donde nos ha llevado nuestro paseo. A la cancha al aire libre en la que nos dimos nuestro primer beso.
—En un mes comienza la universidad.
—Lo sé —susurro.
—Podemos alquilar un piso cerca de tu universidad. Yo tengo la moto para trasladarme, pero tú no puedes.
—Lo estoy deseando.
Me acaricia las manos. Lo noto abstraído, pero no le digo nada. Más bien lo pienso. Voy a echar mucho de menos a las locas de mis amigas, al desorganizado de mi padre y a los extraños entrenamientos de baloncesto.
Veo una pelota que alguien ha debido dejar olvidada. Suelto las manos de Jake y voy hacia ella. Si me tengo que despedir de esta ciudad, que sea bien.
—¿Prometes que siempre estaremos juntos? —grita cuando la he cogido.
Me acerco a él con una sonrisa, llevando la pelota bajo el brazo.
—No puedo prometerte algo que no sé si sucederá... —Le enseño la pelota. La cogemos entre los dos, como si pesara. No hemos dejado de mirarnos—. Pero somos tú, yo y el baloncesto, ¿recuerdas?
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