Día 13: Seattle
Decir que había dormido de un tirón sería mentir. La historia de ayer me había dejado tocada, tanto que no había pegado ojo en toda la noche.
Tras un intento forzado de dormir, salí de la cama, me senté junto a la ventana de mi habitación y pasé la noche viendo hacia donde nos dirigíamos. Eso me ha permitido hacerme spoiler: vamos camino a Seattle, en Washington. En las noticias y el tiempo online dicen que lloverá, pero tampoco importa. Lo que tiene que contarme me quita las ganas de visitar ciudades nuevas.
Al fin, siento que nos detenemos. Contemplo el exterior, todo está nublado, nada que ver con el sur del país. Ya lo echo de menos.
Cierro los ojos en la cama al oír a Jake entrar en la habitación. Se tumba en su cama con un bufido y a los dos minutos está respirando profundamente. ¿Cómo puede dormirse en una situación como esta? Lo admiro por ello.
No tengo nada que hacer, por lo que decido levantarme. No tengo mucha ropa otoñal, que es lo que correspondería para un lugar como este, pero con un vestido que me llega por los tobillos y una chaqueta vaquera será suficiente.
Me dirijo a la cocina cuando son las siete y media. Parece que Jake tuvo tiempo de comprar comida en alguna de las últimas paradas, porque todo está lleno. Nos preparo a los dos el desayuno. Me tomo mi tiempo, porque no estoy segura de cuando se despertará él. Finalmente, decido desayunar yo sola y después acabo las cosas de Jake. Lo organizo todo de tal manera que cuando Jake entra al salón medio dormido, su abundante desayuno acaba de ser colocado en la mesa.
—Esto suele ser lo mío. —Arquea una ceja.
Sonrío con timidez. Desde fuera, parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero no es así. No me siento con ánimos para bromear con él después de lo de ayer.
—Estabas dormido. Yo no he podido pegar ojo.
Aprieta los labios y asiente. Se sienta a desayunar en silencio, tiempo que yo aprovecho para ir al baño y arreglarme para salir. Localizo un paraguas que me ato a la muñeca para no perder y vuelvo al salón, donde Jake ya está vestido.
—¿Has estado alguna vez en Seattle?
Meneo la cabeza en señal negativa.
—Solo en Olympia, la capital de Washington.
Hace una mueca de disgusto, abriendo la puerta de la autocaravana. Me hace una seña para que pase delante de él.
—Yo he estado en ambos sitios, y te puedo asegurar que Seattle es mucho más impresionante.
—Seattle se parece a Nueva York —observo.
—En cierto modo —admite.
Caminamos un par de minutos hasta que la poca paciencia que poseo estalla.
—¿Vas a contarme la historia de hoy, o me espero a mañana?
—Está bien, impaciente...
"Como estamos ya al final, quería explicarte los motivos por los que nuestra relación acabó.
—Espera —lo interrumpo—. Yo sé por qué rompimos. Yo te dejé porque te liaste con Sophie en una discoteca.
Sonríe, cínico.
—Eso es lo que tú piensas, pero en realidad, tú rompiste conmigo porque yo te dejé. Ahora, por favor, no me interrumpas, que quiero contártelo todo.
No sé si te acuerdas de una de las primeras historias que te conté. Iba sobre mi padre. Él fue a hablar conmigo cuando estaba saliendo con Sophie para que cumpliera la tradición familiar. Pues bien, el primer motivo por el que nuestra relación acabó fue ese. Lo que pasa es que esta vez ocurrió contigo, por si no lo había dejado claro la otra vez.
A lo mejor no recuerdas el tema de la tradición familiar, porque no lo consideras importante.
—Jake. —Sé que acabo de interrumpirlo de muevo, pero me estaba poniendo nerviosa—. Tengo memoria fotográfica. Puedo acordarme de todo lo que leo, escucho o veo. Lo sabes perfectamente.
—Lo sé. —Me dedica una sonrisa que no sé bien como identificar.
El caso es que cuando llevas un tiempo con una persona a la que amas, y crees que es la mujer/hombre de tu vida, debes romper con ella durante un mes. Si vuestra relación continúa más allá del amor, esa persona es para ti. Si, por el contrario, cualquier relación se acaba, debes dejarla ir.
Cuando mi padre vio que me estaba involucrando contigo y que estaba enamorado, volvimos a tener esa misma charla. Me dijo que debía conseguir romper contigo y mantener durante un mes la ruptura y la amistad para saber si eras para mí.
Te confieso que al principio me negué. Me parecía una estupidez enorme, así no se demuestra el amor por otra persona. Luego ocurrió algo... que me hizo cambiar de parecer. Ese algo es el segundo motivo de nuestra ruptura."
Controlo mi respiración, porque no me apetece gritarle sin haber tratado de tranquilizarme primero. Pero después lo mato.
—¿Me estás diciendo —empiezo suave— que pensabas romper conmigo y después pasar un mes de amigos para saber si somos compatibles más allá de una relación amorosa?
—Yo no lo habría dicho mejor, pero... he roto contigo, solo que tú crees que ha sido a la inversa.
—Pero... ¡menuda mierda, Jacob! ¿No crees que tengo el derecho de elegir cuando salir o romper con alguien?
Me paro al darme cuenta de que estamos caminando por la calle y que la gente me mira raro. Genial.
—Bel, tú elegiste —dice con esa sonrisa estúpida. Parece que está disfrutando—. Solo que yo lo provoqué.
—Menuda mierda —balbuceo.
—Eso ya lo has dicho.
—¿Y qué quieres que diga? "¿Oh, Jake, te perdono por haber jugado con mis sentimientos y haber provocado una ruptura para seguir tu estúpida tradición familiar?" ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?
—Bueno, hoy hacen tres semanas desde que rompimos. Volveremos a casa cuando llevemos veintitrés días. Si tú quieres, podemos mandar a la mierda la tradición e intentarlo de nuevo.
—Jake, no tengo muy claro si estas historias deberían hacer que quisiera volver contigo, pero vamos por el mal camino. Ahora mismo, en lo que menos puedo pensar es en nuestra relación. Y menos en esta tradición.
Sigo caminando a su lado en silencio. No me apetece molestar a nadie para que nos echen la foto, por lo que la apoyo en un banco y nos la echamos frente al Mercado de Pike Place.
—Es un lugar muy famoso, tanto para turistas como para la gente de la ciudad —comenta Jake mientras saco la foto que sale de la cámara.
—No tengo muchas ganas de entrar en un lugar lleno de comida, para qué voy a engañarte.
—¿Y al zoo?
Niego con la cabeza. Jake resopla, pero no se rinde. Comenta otros lugares de interés, pero a mí lo único que me apetece es pasear.
—Veamos las cosas desde fuera. Será divertido —propongo.
Accede a buen recaudo. Parece que toda la ciudad está dedicada especialmente al espacio exterior y a la ciencia ficción en el cine. No puedo evitar echar un par de fotos al Space Needle. También pasamos por el zoo, lo que Jake había comentado, y por varios parques.
Vemos por encima el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción. En otro momento, con mejor humor, me encantaría visitarlo y pasarme la mañana en él, pero hoy... no es el mejor momento.
Volvemos a la autocaravana para la hora de la comida. Dado que Jake sabe cocinar mejor que yo, es él el que se encarga de prepararnos algo. Yo me centro en la ventana que, aunque ya no se mueven las casas con el traqueteo del vehículo, es más interesante que mirar a Jake después de su historia de hoy.
Se me traba la garganta al ser consciente de las dos historias que quedan. No sé si las dos serán motivos por los que él me dejó ir. Quizás, al ser la última en San Diego, hará algo más especial...
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