Día 10: Lincoln
Me despierto con un traqueteo. Normalmente siempre llegamos a nuestro destino la madrugada anterior, pero parece que esta vez el trayecto es largo. Dado que Jake debe estar conduciendo, no tengo nada que hacer. Me he despertado más pronto de lo normal, lo que me deja un espacio de horas sin saber qué hago con mi vida.
Por fin, siento que nos detenemos. Siento lástima por Jake, que no ha debido de dormir en toda la noche. Estará agotado. Yo no podría soportarlo.
Me hago la dormida cuando entra en la habitación, sube a la litera de arriba y se tira sobre ella. Segundos después, solo se escucha una respiración pausada. No puedo evitar sonreír ante su evidente cansancio.
Dado que tengo que esperar a que se despierte, decido hacer algo productivo. Busco ropa y me cambio en el baño. Después, decido salir a dar un paseo. El aire es algo más frío de lo normal, pero tiene sentido. Si estamos dando una vuelta a Estados Unidos, lo normal es que estemos yendo al norte.
Trato de buscar algo que me indique de qué ciudad se trata, pero no lo encuentro. Una vez más, Jake ha aparcado junto a un parque. Y, claro, todos los parques son iguales.
Me canso enseguida y vuelvo a entrar a la autocaravana. Voy a dejarle un espacio de tiempo para que duerma y después le prepararé el desayuno. Es lo menos que puedo hacer, él lleva cocinando nueve desayunos. El décimo es mío.
Una hora y media después...
—Gracias por prepararme el desayuno.
—De nada. —Sonrío con amabilidad.
Está ojeroso, a pesar de que ha dormido bastante. Si con bastante podemos decir dos horas, claro. Tengo que preguntarle dónde estamos.
—¿Tan lejos está el lugar en el que nos encontramos de Springfield, que hemos llegado tan tarde?
—Estamos en Lincoln, Nebraska.
—Pero eso en realidad no es tanto...
Arquea una ceja.
—No tengo a nadie que me sustituya y tengo que descansar de vez en cuando, Bel. No es tan sencillo como conducir toda la noche sin más.
—A mí lo que más me importa es tu salud, y no estás durmiendo nada con este viaje.
—Dormiré la siesta y te dejaré dar un paseo sola —me promete.
Asiento y terminamos de desayunar en silencio. No dejo de darle vueltas a mis sentimientos. Sigo siendo la chica que se preocupa en exceso por él. Y ya no estamos saliendo.
—¿Vas a contarme tu historia?
Sonríe y se acomoda en el sofá, echando su cabeza hacia atrás.
"Esta historia ocurrió hace no demasiado. Fue uno de esos días que estaba preparando tu sorpresa de cumpleaños.
—Hola, Jake —canturreó una voz detrás de mí.
Me gustaría decir que no tenía ni la más mínima idea de a quién pertenecía esa voz, pero sería mentir. Me la conocía de memoria. Y, después de tantas idas y venidas, Sophie no era un misterio para mí.
—¿Y tú ahora qué quieres?
—Bueno... —Alargó las vocales, dándole emoción al asunto—. Me gustaría hablar contigo.
—Ya lo estás haciendo.
—¿Podrías, por favor... —Sonaba irritada—, mirarme cuando te hablo?
Me di la vuelta y me apoyé en mi moto.
—¿Qué pasa, Sophie?
—¿Por qué me tratas de ese modo? —Se hizo la víctima. Siempre se ha hecho la víctima en todo—. Jacob, quiero tener una conversación muy importante para mí y tú no dejas de tratarme como la mierda.
—No quiero hablar sobre lo de la discoteca, así que ni lo intentes.
—¿Vas a decírselo a esa... Bel?
—No lo creo. La perdería para siempre, y no voy a permitir que tus tonterías arruinen mi relación.
—Eso significa... que no te gustaría que alguien se lo contara.
—¿Qué quieres decir con eso, Sophie?
—Tú no quieres que yo le diga a Bel que nos liamos, y yo quiero tu colaboración. Es un buen trato, me parece a mí.
—No te atreverías a contárselo. —Negué con fuerza.
Se rio y me miró fijamente a los ojos:
—No me pongas a prueba."
Cada vez que recuerdo todo lo que pasó, se me forma un nudo tan fuerte en la garganta que es imposible de eliminar. Mientras yo lo controlo, Jake sigue hablando:
—Y vaya si lo hizo...
—¿No quisiste ayudarla?
—Ayudarla consistía en llegar al siguiente nivel. —Lo miré raro—. Acostarme con ella.
Mi nudo en la garganta se fue de la nada.
—Yo sabía... que solo con ese beso ya me ibas a odiar toda tu vida. No podía arriesgarme a que te enteraras de ambas cosas. Sí, es cierto que una semana después, en medio del partido, mostró a todo el mundo nuestro pequeño "momento" en la discoteca, pero al menos no perdí la virginidad con una bruja.
—Jake, estaba pensando... —Bajo la mirada—. Si te hizo chantaje con esto, ¿cómo fue que os besasteis?
Sonríe, levantando mi cabeza con dulzura.
—Esa es otra de las historias que me quedan por contarte. Tranquila, solo quedan cinco, no tendrás que esperar mucho para saberlo.
Meneo la cabeza en modo afirmativo y lo levanto del sofá.
—Vamos, Jacob. —Arruga la frente al ver que lo llamo así. Es normal, porque solo Sophie lo llama así—. Quiero conocer Lincoln.
Vuelvo a pasar por el hermoso parque, descubriendo por Jake que se llama Sunken Gardens. Es ahí donde elegimos para hacer la foto del día. Hay que reconocerlo, sale preciosa.
Seguimos avanzando. Pasamos el Capitolio, un edificio alargado y muy distinto a los otros que hemos visitado. Acabamos llegando a la zona de museos. Después de comprobar que incluso tienen uno de tractores, acabamos en el interior del Museo del Teléfono de Frank Wood. Miles de teléfonos se amoldan ahí para que la gente los descubra, investigue su historia y disfrute con ella.
Pasamos toda la mañana yendo de museo a museo, hasta que llega la hora de irnos.
—Tienes que dormir un rato.
—Vale, mamá... —Me saca la lengua y entra a la habitación.
Suspiro y me río. Yo también estoy algo cansada, pero yo tendré toda la noche para dormir, así que no es el momento para vaguear.
Vuelvo de paseo y respiro el ambiente húmedo. No es el lugar más al norte del país, pero se nota que no es igual que en todas las ciudades del sur en las que hemos estado.
Miro a las gentes, disfrutando de la familia o de los amigos. Incluso veo alguna pareja. Me siento algo solitaria, vagando por las calles sin Jake.
Normal... Él está durmiendo, pedazo de burra.
Creía que habías desaparecido de mi vida.
Más quisieras tú. Es que has tardado mucho en decir una de tus típicas tonterías. Ahora es cuando me meto contigo.
Voy dando grandes zancadas a casa. O a lo que ahora es mi casa. Cada una de las fotos de la Polaroid están esparcidas por una mesa de comedor que no utilizamos. Bajo la foto, hay una descripción de la parte del país en la que nos encontramos.
Yo no me quedo en eso. Miro nuestras expresiones, nuestra cercanía. Hoy estábamos más cerca. ¿Por qué? Porque me ha contado que se negó a acostarse con ella. Eso significa que me quiere. O, al menos, eso espero.
**
Hace mucho que no hablo con vosotros directamente! ¿Qué os parece? A partir de ahora, intentaré subir más rápido, ya que tengo escritos todos los capítulos menos el final.
Espero que lo disfrutéis!!
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