Capítulo 9
"Bel tiene el balón. Se acerca a canasta, tira debajo del aro y... ¡encesta!"
Pestañeo. Daba gusto sentirse especial. Tener la pelota en tus manos, sentir que es tu oportunidad... Pero esto no es un partido de baloncesto, sino mi propia práctica antes del entrenamiento. Mi padre me ha nombrado segunda entrenadora.
Me preparo bien para lanzar un tiro libre en mi propia fantasía. Es lo que peor se me da siempre.
Escucho la puerta abrirse. Jake entra, pero se queda mirándome desde la grada. Me pone nerviosa. En estos últimos cuatro días ha sido así siempre. Haga lo que haga, me pone nerviosa, y no entiendo por qué.
Pongo la pelota en posición y la lanzo. Pero en lugar de meterse en canasta, da en el aro y vuelve a gran velocidad contra mí. Me da en la nariz y pego un gritito. Me llevo la mano a la nariz. Seguro que me la he roto.
—¿Estás bien? —me mira, preocupado.
—No mucho, la verdad...
Se me acerca y me aparta la mano. Observa la nariz y la presiona. Me hace daño.
—¿Quieres parar? —Lo aparto.
—Necesitas hielo. Ven.
Me lleva de la mano al vestuario. Creo que la nariz me empieza a palpitar. Él saca el botiquín y un poco de hielo. Me aplico el hielo mientras él busca algo en el botiquín.
—Deja —dice cuando encuentra eso que buscaba—. Es probable que te duela.
Gracias por la información, Jacob.
Me aplica una gasa y detiene la hemorragia con un poco de algodón.
—Creo que así estará bien.
Asiento. Así, sentados, estamos muy cerca.
—Duele un poco.
—Normal... Mira que darte a ti misma con esa pelota... Si te pongo nerviosa, solo dilo.
Me guiña un ojo y vuelvo a tener ganas de matarlo. Su lado pícaro ha vuelto.
—Oye, lo digo en broma. —Me mira, sincero—. Me gustaría que fuéramos amigos.
—¿Tú y yo? ¿Sin discutir?
—¿No crees que estaría bien? —Se encoge de hombros.
—Sí. —Sonrío.
—Mejor volvemos, princesa.
Me agarra de la cintura y salimos del vestuario. Me separo de él al ver que ya han venido la mayoría. Este entrenamiento es todo mío. Hoy mi padre me deja sola para que les ayude con su afán de protagonismo. Necesitan ayuda, de verdad.
Juegos de asistencias, pase y buen bote caracterizan el entrenamiento. Sé que son buenos, pero necesitan confiar los unos en los otros.
A las ocho, media hora después de que el entrenamiento finalizara (supuestamente), nos vamos todos a casa. Estoy muerta...
—¡Buenos noches!
Mis amigas gritan una vez he llegado a mi casa. Mierda, olvidé que esta semana tocaba fiesta de pijamas en mi casa.
—Hola, chicas...
Las dejo en mi habitación y me tomo una ducha calentita. Luego me pongo mi pijama y corro hacia mi habitación.
—Tenemos que seguir. —Sonríe Abby.
—¿Con qué?
—Cariño, con la rana Gustavo. —Se quedan mirándome como si fuera algo difícil de comprender.
Me la enseñan. Debí quemarla en la hoguera cuando tuve ocasiones.
—Oh, no. No tengo ningún interés en besar a una rana.
—Oye, que a lo mejor se convierte en príncipe.
Contemplamos a Cece. Está muy mal, la pobre...
-Ignórala. —Abby niega con la cabeza—. Tienes que dar una gran impresión cuando vuelvas a ver a tu novio.
—¿Cuantas veces os tengo que decir que me da asco besar?
—El otro día besaste a la rana... —Apunta Emily.
—La rana no participa. Es una rana de peluche. —Me defiendo, aunque sé que tengo la batalla casi perdida.
—Pero lo hiciste.
—Sí, porque sois unas pesadas industriales.
Me niego por completo. Si algún día dejo de tener esa manía, besaré a una persona. No a una rana de peluche. Me insisten pero no hay manera. Abby es la única que desiste. Ya me conoce. Soy muy cabezota.
Al final se quedan durmiendo, pero yo no puedo dormir. Decido coger el móvil. Algo interesante debe de haber.
Recibo un WhatsApp de Jake con los horarios de los partidos obligatorios. Si pasamos esos, iremos al verdadero campeonato, en unos dos meses. Los apunto en mi gigantesco calendario. La mayoría son los domingos, incluido el de esta semana. Sobre eso, estoy bastante nerviosa. El partido de este domingo decidirá si entramos al campeonato o nos quedaremos jugando la liga ordinaria. Sé que soy la entrenadora, pero me encantaría ganar el campeonato. Sería increíble...
Le doy las gracias a Jake y recibo una llamada... suya.
—¿Qué quieres? —pregunto entre susurros, extrañada.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
Va directo al grano. Me sorprende, pero en fin...
—Claro. ¿Qué pasa?
—¿Qué se siente al estar enamorado?
Me pilla por sorpresa. ¿Y ahora qué le digo?
—No sé... —Niego con la cabeza y formulo mi propia pregunta—: ¿Por qué quieres saberlo?
—¿Cece te contó que nunca he besado a nadie?
—Sí, algo me comentó.
Mentira, te lo dijo todo.
Hacía tiempo que no te escuchaba, querido subconsciente. No te estaba echando de menos.
—Yo... nunca he besado a nadie porque no he estado enamorado. Y quiero que mi primer beso sea así. De amor.
Se me escapa una sonrisa tierna. Que mono...
—Creía que Sophie y tú...
—Eso creía. Hemos estado mucho tiempo juntos, pero ahora que lo veo en perspectiva... no creo que lo nuestro fuera amor verdadero.
—¿Por eso me has preguntado?
—Sí. Siento haberte molestado. Debías estar durmiendo.
—No, la verdad es que no puedo dormir.
—¿Entonces te importa que te moleste un rato? Yo tampoco puedo dormir.
Me río bajo, para que no me escuchen.
—¿Quieres a Tom?
Eso sí que me pilla por sorpresa. Llevamos un mes juntos. ¿Es suficiente para amar?
—No lo sé...
—¿Qué sientes cuando le besas?
Ay mi madre... Me pongo roja aunque no puede ni verme.
—¿Bel, estás ahí?
—Sí, sí, es que...
—¿Tú tampoco has...?
-No, Jake. —Suspiro—. Yo tampoco he besado a nadie.
—¿Es por mi razón?
—No, lo del amor para mí es secundario en ese tema. Lo mío es mucho más ridículo y vergonzoso.
—¿Y qué es eso tan ridículo? —Hace una pausa—. No hace falta que me lo cuentes, si no te sientes cómoda.
—Gracias, pero no me importa: Me da asco besar.
—¿Asco?-escucho una pequeña carcajada-. Venga ya, Bel...
—Lo digo en serio. Siempre que veo besos me pongo mala. Son asquerosos. Fijo que en uno de ellos hasta me quedo sin respiración.
—Pues yo creo que eso es algo muy bonito. Los besos quieren decir cariño y amor. Asco es depende del tipo de beso. Si te dan un beso francés, obviamente es más asqueroso que un pico.
—Ya, tu hermana y las otras están tratando de que bese a la rana Gustavo para practicar. Son unas ridículas...
Ahí sí empieza a reírse y yo me mosqueo.
—Vale ya, ¿no? —gruño.
—Perdona, princesa, pero es que mi hermana es la mejor. La adoro en este tipo de cosas.
—Pues no, porque me está humillando con tanta tontería.
—Pero la adoras. —Sigue riéndose.
—Creo que es imposible no hacerlo. Tu hermana se hace querer.
—¿Te recojo mañana para ir a clase? —Cambia de tema de forma brusca.
—Claro, mejor eso que ir andando.
—Tienes que sacarte el carnet.
—Pues no hables conmigo, sino con mi padre. Sería la ilusión de mi vida.
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