Capítulo 7

—¿Me queréis decir qué estáis haciendo?

—Básicamente, hoy somos celestinas. —Le sonríe su hermana.

Jake se apoya en la pared, resignado. Desde que le hemos arrebatado a su amigo para juntarlo con Lola, está enfadado con las cuatro.

—¿Sabéis que si no sale bien, Lola nos mata?

—Gracias Abigail, por tus sabias palabras. —Ruedo los ojos.

—Hace un buen rato que no escucho nada.

—¿Seguro que ha sido una buena idea dejarlos solos en tu habitación, Cece? —pregunta Emily de repente.

—Sí, ¿por qué lo dices?

—Porque son adolescentes enamorados el uno del otro, en una habitación... Solos. —Emily remarca "solos".

—¡Tienes razón! Tengo que entrar.

—No, largo. Vete al salón y recapacita sobre esto.

La mando al salón, no quiero que los interrumpa. Me encantaría que acabaran juntos.

—Voy a asegurarme de que no toque nada. —Abby baja con ella.

—Y yo evitaré un desastre. —Emily va detrás.

Así que quedamos Jake y yo. Solos... Yo las mato. Cruzamos varias miradas significativas, pero aparto la mirada enseguida. No puedo permitirlo, tengo novio y no quiero ser como Sophie. Jamás seré como esas chicas que ponen los cuernos a sus novios.

—Me estoy hartando. ¿Quién tiene la llave?

Como respuesta, se la enseño en mis manos y me la guardo en el bolsillo trasero del pantalón. A ver si se atreve.

—¿No deberíamos ver si están bien?

—Buen intento, Jake. No voy a abrir la puerta hasta que ocurra algo.

—Entonces sólo me queda una cosa por hacer.

Frunzo el ceño, extrañada, Jake se me acerca. Ay mi madre...

—¿Qué dijimos sobre mi espacio personal?

Coge las llaves de mi bolsillo sin apenas rozarme. Juguetea con ellas sin apartarse de un espacio que sobrepasa la medida de mi brazo.

—No te he tocado. No te quejes. Podría hacer mucho más.

—No abras la puerta. Lo estropearás todo.

—Voy a acabar con esto. Quiero recuperar a mi amigo y mi noche de sábado.

Abre la puerta. No veo lo que hay dentro, pero su cara es un poema. Y empiezan los gritos.

—¿Tú eres gilipollas? ¡Sal!

—¡Cierra la puerta!

—¡Te voy a matar! —Identifico esta voz como la de Lola.

Jake cierra la puerta rojo como un tomate.

—¡Perdón! ¡No lo sabía! —grita desde fuera.

—¿Me quieres decir qué demonios ha pasado?

—Mejor que no lo sepas. Demasiado fuerte para princesas. —Adopta su tono chulito.

—Deja de llamarme princesa y dime qué estaban haciendo.

—¿Quién estaba gritando? ¿Qué ha pasado?

Y las otras tres Spice Girls aparecen.

—Mejor no lo sepáis. El susto me lo he llevado yo, no hace falta que vosotras también lo veáis.

—Bel, ¿le has dado la llave?

—Me la quitó él. A mí no me miréis.

Ahora lo miran mal a él. Objetivo conseguido.

—No me esperaba que estuvieran haciendo esa clase de cosas.

—Oh, por Dios... —Emily ya se lo ha imaginado. Y yo también.

Abby se dirige a la puerta, la golpea un par de veces y grita:

—¡Chicos, dejad de hacer guarradas y salir de la habitación! ¡A la dueña de le va a dar un ataque de nervios!

Sí... Cece está de los nervios al darse cuenta de lo que pasa. Un poco más lenta que los demás, pero al menos se ha ahorrado unos segundos de disgusto.

—¿Lo veis? Si es que sabía que tenía que haber entrado. Pero no... ¡Ahora voy a tener que desinfectar la habitación!

—Relájate, ¿quieres? —suspiro.

—No, no quiero...

Max sale de la habitación. Le echa una mirada horrible a Jake y baja las escaleras de la casa. No puedo evitar soltar una risilla. Llevaba las gafas mal colocadas.

—Estaba muy despeinado —observa Abby.

—No hace falta que investigues, Abby. Yo he visto lo que ha pasado. Pero cómo he recuperado a mi amigo, me voy.

Jake baja las escaleras con rapidez. Cece entra como una bala a la habitación, para encontrarse a Lola, vestida y con mala cara.

—¿No podíais esperar? —Está roja.

—Ha sido mi hermano, eso lo primero. Y segundo, ¡jamás vuelvas a acercarte a mi cama, cochina!

Le pega un manotazo en la mano y se sienta sobre ella. ¿Normalidad? ¿Dónde?

—¡Pero levántate, obesa!

—Vale, solo era para que sintieras el peso de mi ira...

Las cuatro la miramos extrañadas. ¿Qué?

—Cece, cariño, eso es una expresión.

—¿Estáis seguras?

—Sí, lo estamos. —Asentimos a la vez.

—Vamos a dejarnos de tonterías, ahora lo más importante es solucionar lo de Bel. —Todas me observan, cómplices.

—¿Qué pasa conmigo?

—Que te da asco besar, por lo tanto hoy te vamos a dar clases de besar.

Las miro horrorizada, una a una.

—Pues yo no pienso besaros.

—No nos vas a besar a nosotras, boba. Vas a besar a la rana Gustavo.

Antes de que pueda protestar, sacan al peluche de la rana Gustavo y lo ponen delante de mí.

—Primera lección: no hay un estilo perfecto para besar. Depende de la persona y de sus gustos.

—Por eso hay que averiguar cuales son los tuyos. —Cece completa a Emily.

—Hum... ¿No besar?

—Estoy segura de que hay algo, Bel...

—A ver, prueba a sólo tocar sus labios con los tuyos.

Miro a la rana Gustavo, miro a Cece y algo así un buen rato.

—¿Se os ha ido la olla? No pienso besar un peluche.

—Venga... —Me pone ojitos—. Seguro que así se te quita el miedo.

—No voy a sentir nada si beso a un peluche. Dejémoslo. Esto es una estupidez.

Llaman a mi móvil. Es Tom.

—¡Hola! Aquí, con mis amigas... ¡Claro! Bueno, nos vemos. Besitos...

Cuelgo y me miran igual de raro que yo a ellas antes.

—¿Qué?

—Nunca pensé que pudieras ser tan pija.

—No sé... El amor saca ese lado de mí.

—¿Cuánto tiempo lleváis saliendo?

—Tres semanas, pero lo conozco desde los ocho años.

—Pues lleváis bastante poco.

—Ya, pero nos va bien. Al conocernos desde niños, no hubo problema al empezar a salir. Hemos sido amigos durante muchos años.

—Tú verás, pero le has mandado besitos. —Lola arquea una ceja.

—Deberías saber darlos —suspira Cece.

—Que sepa darlos a una rana no significa que cuando esté con él no me den arcadas.

—Pero vamos a probar.

Al final decido intentarlo. Pasamos la siguiente hora entretenidas en que yo bese bien a la rana.

—Chicas, estoy agotada. —Me tumbo en la cama—. Es tarde. Vamos a dormir.

—Tienes que seguir. Has mejorado, pero yo sé que puedes hacerlo mejor. —Insiste Abby.

—Ahora no tengo ningún problema, pero cuando bese a mi novio, me va a dar asco. La rana no participa y por eso lo hago bien.

—Eso es lo que dices ahora.

—Cierto. Ya verás como en directo te sale todo genial.

—Una lástima que no lo veamos... —murmura Lola, pensando que no la oímos.

—Vámonos a dormir, estáis tan cansadas que os afecta al cerebro.

Se quejan un poco, pero las convenzo de que se callen y se metan en la cama. Me quedo dormida la última. No dejo de pensar en cómo será mi primer beso...

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