∆Capítulo 16∆

No parece que sea verano. Año tras año, me pasaba la vida durmiendo totalmente destapada, pero ahora mismo no puedo estar más feliz de estar acurrucada en la cama. Me encanta poder vaguear el día de mi cumpleaños.

Se supone que debería estar sola. Ayer Abby y algunos más decidieron salir, así que escuchar una respiración que no es la mía no me parece para nada divertido.

Me quedo totalmente quieta mientras valoro las opciones. Quien sea ha decidido tumbarse en mi cama sin mi permiso. Craso error.

Me doy media vuelta en la cama con los ojos cerrados, así que ahora supuestamente debería estar de cara a la persona misteriosa. Noto su aliento en mi cara, lo que me hace arrugar la nariz. No huele a menta ni a rosas. Entonces, como para romper el momento, me acaricia la cara. Vale, esto me está empezando a inquietar.

Abro los ojos por sorpresa y casi me muero del susto. ¿Alguien sabe si hay algún país en el que el homicidio esté permitido? No, ¿verdad?

—¡Jake!

—¿Tan feo soy? —Esboza una sonrisilla. Está disfrutando con esto.

Le pego en el hombro, intentando hacerle daño. Obviamente, eso no funciona demasiado bien.

—¿De qué vas? Casi me matas del susto. ¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí y asustarme de ese modo?

—Abby me ha dado la llave esta mañana. Quería darte una sorpresa.

Pestañea, haciéndose el bueno. Ya se enterará... Me paso la mano por el rostro, tratando de despejarme.

—La próxima vez, espera a que esté despierta.

Niega con la cabeza, pero yo ya me esperaba esa respuesta. Su sonrisa se vuelve pícara y acerca su boca a mi oído.

—Lo que quería decir es... Feliz cumpleaños... —Si no estuviera tan cerca, ni me habría enterado, de lo poco que ha sonado.

Sonrío y le abrazo con fuerza. Sé que puede ser un poco raro, teniendo en cuenta que estamos en la cama, pero no podía ser más perfecto. Al menos para mí.

¡Pues para no! Es irónico que ahora que podéis avanzar mucho más, estáis abrazados en la cama. Eh... ¡La cama no se usa para eso en el país del que yo vengo!

Creo que mi propia consciencia me da miedo. No por nada, sino porque refleja a la perfección lo que siento y lo que pienso.

Como si Jake me hubiera leído el pensamiento, me empieza a dar besos en el cuello. No un beso apasionado de los que dejan marca, sino pequeños besos que lo llevan directo a mi barbilla y, un poco después, a mi boca. Una vez la ha alcanzado, no escatima en tonterías, profundizando el beso.

Entrelazo nuestras manos, para agarrarme a algo y no romper las sábanas, o el colchón. No es normal todo lo que estoy sintiendo ahora mismo. Lo único que quiero es que siga besándome. ¿A quién le importa que el resto también quiera felicitarme? ¿A quién le importa la tarta y la celebración? ¿A quién le importa...? Oh, Dios. La final.

Me levanto de golpe. A lo mejor he sido demasiado brusca, pero se lo merece por asustarme.

—¿Estás bien? —Jadea.

Pobrecito... Él quería más...

—Hoy es la final. ¿Qué hora es?

—Las nueve y media, Bel. Aún queda muchísimo para el partido.

—¿Es a las once? —Asiente, peinándose el pelo con los dedos—. Entonces deberíamos movernos, ¡ya de ya!

Cada día me decepcionas más, Anabel...

—Está bien —accede, poniéndose de pie—. Pero prométeme una cosa.

—Lo que sea.

—Esta tarde, cuando hayamos ganado, eres toda para mí.

Casi se me cae la camiseta que estaba cogiendo, pero logro mantener la compostura.

¿Aunque por dentro estés bailando la samba?

Eh... Sí. Aunque por dentro esté bailando la samba.

Me cambio en cinco minutos, pero mi curiosidad es demasiada.

—¿Qué vamos a hacer esta tarde?

—Mmmm... Es una sorpresa, pero creo que te gustará.

—¿Y si no me gusta? —Empiezo a imaginar cosas.

—Ya me has demostrado que te va a encantar.

Me guiña un ojo y se va tan feliz. Después de haberme dicho eso se atreve a irse.

Recojo mis zapatos y salgo descalza de la habitación. Jake ya está llamando al ascensor.

—¿Sigues interesada por saberlo?

No le respondo, porque el pitido del ascensor indica que ya podemos subir. Me pongo ambos zapatos. Sé que no suelo llevar tacones, peor la ocasión lo merece. No todos los días una cumple dieciocho años.

Cuando me levanto, me empuja contra la pared. Estoy a punto de quejarme, pero me besa y se me nublan los pensamientos. A la mierda, ya tendré otros días para discutir con él sobre su lado más machista. Hoy lo quiero solo para mí.

Aunque eso ya te lo ha prometido

Exacto. Es perfecto.

Nos separamos como si ese pequeño momento de pasión nunca hubiera pasado y salimos del ascensor. Somos muy buenos actores, demasiado para mi gusto.

Nos dirigimos hacia el buffet, me muero de ganas de comerme algo delicioso antes del partido. ¿Qué pasa? Soy mayor de edad, necesito alimento.

—¡Sorpresa!

No necesito mirar a Jake para saber que esta no es su sorpresa, pero de momento me vale. Lola es la primera de mis amigos en llegar hasta mí. Me abraza con mucha fuerza, tanta que tengo que revolverme para conseguir oxígeno.

—¡Felicidades! Has crecido tanto... —Finge una lagrimita, y yo no evito mi sonrisa. Seis meses desde que nos conocemos, y parece como si la conociera de toda la vida. Eso es amistad.

Después vienen las demás. De ellas, Cece es la única que trata de imitar a Lola. Casi lo consigue, casi. Después, todos los del equipo me abrazan en grupo. ¿Qué he hecho yo para merecer tan buenos amigos?

El último es mi padre que, sinceramente, parecía feliz de ser el último. Así ha podido acabarse las tortitas.

Me abraza. No con fuerza como dos de mis amigas, sino con cariño, como si no fuera a soltarse nunca. Y me encantaría que no lo hiciera.

—¿Cómo has crecido tanto? —susurra para mí.

Me da la risa. Soy bastante baja (herencia de mi madre), y llevo desde los trece años con la misma altura. Así que o mi padre exagera, o de verdad me ha visto demasiado poco estos últimos años. Ojalá me hubiera mudado antes con él. Quiero a mi madre, pero él y yo nos entendemos sin hablar. Por eso funcionamos tan bien juntos.

Me separo por una vibración de mi móvil. Mi padre sonríe y me guiña un ojo.

—Los regalos cuando hagas que ganemos ese partido. —Me señala. Sé que va de broma pero no puedo evitar emocionarme. Nunca había estado en un partido tan importante. Al menos, siendo entrenadora.

Todos los demás vitorean eso último, pero mi móvil siguen vibrando. Mi madre. Antes pienso en ella, antes aparece.

—Perdón, chicos, pero tengo que cogerlo. —Y con un susurro, añado—: Es mamá.

—¡Cariño! —Pega un grito en cuanto cojo su llamada.

—Hola, mamá. —Trato de ser amable. Es mi madre.

—¡Feliz cumpleaños, hijita...! Es la primera vez que lo pasamos separadas, normalmente te ibas con tu padre después de tu cumpleaños...

Ya empieza a hablar de sí misma. Tranquila, Bel, relax... Todo saldrá bien.

—Estoy en Nueva York en una competición de baloncesto. ¿Por qué no te pasas? Son solo tres horas.

Sé que me voy a arrepentir de esto, pero a veces hecho de menos todas sus excentricidades. ¿Qué podría salir mal?

Cuelgo el móvil y me dirijo al salón donde se encuentra el buffet. Ya me han preparado una torre de tortitas. Los amo a todos. 

—¿Qué te ha parecido el regalo de Jake? —pregunta Ed, con una sonrisa ilusionada. Arrugo la frente. ¿De qué habla?

Sin embargo, no necesito contestación, porque el pobre recibe tal puntapié que se levanta, pegando un chillido. La mirada que le está echando Jake es devastadora. Por lo visto, debe de ser parte de la sorpresa.

—¿Qué regalo? —Me hago la sorprendida. Está claro que aún no quiere que me entere.

—Te lo enseñaré esta tarde. —Su sonrisa muestra un poco de culpabilidad, que yo achaco al puntapié.

—Lo estoy deseando. —Le guiño un ojo, cojo mi plato de tortitas...

Tú y  tus tortitas... Está claro que eso no se te iba a olvidar...

¿No me piensas dejar en paz? ¿Ni el día de mi cumpleaños?

Para eso estoy, mi querida Bel

***

Intento prestar atención al partido, de verdad que sí, pero es dificil. Especialmente si en cuanto acabe Jake me va a mostrar su sorpresa. ¿Cómo pretenden que me centre en algo como un partido? Mi relación ahora es legal. ¿Cómo voy a pensar en otra cosa?

Legal... Eso suena genial...

Un pitido me despierta. Falta para nosotros. Genial. Dos tiros libres. Como son tan buenos con los rebotes... Me apunto mentalmente que tenemos que revisar cuando volvamos. Aunque, ahora que lo pienso bien... Este puede ser el último partido de todo el equipo. Cada uno hará su vida en una universidad distinta. La mayoría jugará en el equipo universitario. Nada será igual.

Me muerdo el interior de la mejilla. Tiene que ser el mejor partido con diferencia.

—¡Coged ese rebote! —Pego un salto que casi mata del susto al resto de los chicos.

No sé si por mi grito o por su motivación personal, pero Jeremy consigue el rebote. Se la pasa a Ed, que llega a la canasta. A nuestra canasta. Intenta canastar, pero rebota en el aro y Jake la pilla al vuelo, encestándola antes de haber llegado al suelo. Suspiro más tranquila. Pueden hacerlo.

El primer cuarto acaba. Vamos tres puntos por delante. Podemos hacerlo. Jake me acaricia la espalda, mirando al otro equipo.

—Los chicos dicen de ir a comer todos juntos, ganemos o perdamos. ¿Vamos?

—No digas tonterías. Vais a ganar —lo apunto con el dedo—, y si no lo hacéis, colgaré todas vuestras pelotas de mi percha. ¿Entendido?

Ninguno se atreve a rebatirme eso. Obviamente, están hablando conmigo. De todas maneras, acepto la proposición de comer todos juntos, aunque me gustaría saber lo que pretende Jake haciendo eso. Llamadme cotilla, pero me muero por saber de qué trata su sorpresa y, sobre todo, por qué todos están súper emocionados.

El cuarto va muy rápido. Mucho más que el anterior. Antes de poder volver a quejarme mentalmente, ya ha finalizado y todos parecen dispuestos a ir al vestuario a descansar unos minutos. Jake me da un pico lleno de sentimiento. Lleva una sonrisa en la cara, muy emocionada a mi parecer. ¿Qué le pasa?

—Te quiero.

Sonrío, sintiendo que me estoy poniendo colorada. Antes de que pueda responder, ya se ha ido. Entonces recibo un mensaje:

 Esto es la primera parte de la sorpresa

¿El qué? ¿Decirme "te quiero"? No lo entiendo...

Las luces del polideportivo se apagan de golpe. ¿Y ahora qué pasa?

Cumpleaños feliz... Cumpleaños feliz... Te deseamos todos... Cumpleaños feliz...

Primero es casi un susurro, pero según se va repitiendo es más fuerte. Ahora solo hay una luz en la pista. Justo en el centro, hay una mesilla con ruedas, y justo encima, una tarta con dieciocho velas. Se van acercando mis amigos, tanto las chicas como los jugadores. Al que no veo es a Jake, pero ahora mismo no me importa. Estoy a punto de llorar, y yo no lloro.

Todos están cantandome Feliz cumpleaños, y no sé qué hacer. Todos me sonríen. Y entonces, una luz me ciega. Parece de un proyector. Pero aún no me doy la vuelta para verlo. Me quedo observando a mis amigos, que miran la imagen  como si estuvieran viendo un muerto. 

Ahora sí, me giro.

****

Os dejo con la intriga, pero como sé que hay veces que no tengo tiempo para escribir, he subido un capítulo muuuy largo. ¿Qué os ha parecido?

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