Capítulo 16
—Gracias por llevarme.
—De nada. Nos vemos luego.
Lola se despide con la mano y arranca el coche. Espero a que se vaya para dar media vuelta y voy hacia mi casa.
Registro mis bolsillos, en busca de la llave. Sorpresa del día: No tengo llave de casa.
"¿Tanta memoria fotográfica para qué?"
¿Te callas? Intento pensar en la manera de entrar... ¡La llave de repuesto! ¡Chúpate esa, conciencia!
Y como en las típicas películas americanas, debajo del felpudo hay otra llave. Abro la puerta y la dejo en su sitio. Si no encuentro la mía, voy a necesitarla. Voy directa a mi habitación. Me quito las botas y me pongo mis zapatillas. Tiro la mochila encima de la cama, me quito el gorro y el abrigo. Voy más cargada que el metro de Nueva York.
Una vez lista, bajo las escaleras para ir a mi bella y llena de comida cocina. Necesito picar algo. Pero una voz me detiene justo antes de entrar.
—Creo que no lo entiendes, Beth. Las cosas no funcionan así.
¿Mi padre hablando con mi madre? ¿Qué pasa aquí? ¿Estamos en otra dimensión?
—No... Bel está genial aquí, no va a volver. No ahora —dice más pausadamente.
Cuelga, enfadado. Se gira para salir de la cocina y se da cuenta de que estaba ahí todo el tiempo. Me cruzo de brazos, esperando que hable.
—¿Cuánto tiempo llevabas ahí?
—Un par de minutos. ¿Pasa algo con mamá?
—Siéntate, Bel.
Le hago caso. Lo veo pasarse las manos por la cara, señal de que está nervioso.
—No tienes por qué preocuparte, ¿vale? —Me asegura, pero su cara no dice lo mismo.
—Papá, dime lo que sea ya.
—Tu madre... y sus abogados han encontrado un resquicio en el acta de divorcio...
—¿De qué resquicio me estás hablando?
—Pues resulta... —resopla pasándose la mano por el pelo— que efectivamente a partir de los quince años puedes elegir con quien vivir, pero si la hija, tú en este caso, tiene un comportamiento que hace parecer que no te he educado bien... Volverás con tu madre.
—¡No! No quiero volver con mamá.
—Relájate... Yo no he dicho eso. Solo digo que no hagas nada raro. Si quieres beber, bebe sin causar problemas. No te pelees con nadie. No te pongas muy enferma... Porque entonces la culpa será mía, y volverás con tu señora madre.
—Me portaré genial. Seré un modelo de conducta. —Levanto la mano, haciéndome la scout que nunca fui.
—Así me gusta, pequeña. —Me da un beso en la mejilla—. ¿Quieres comer algo?
—Me muero de hambre —digo poniendo mi mejor sonrisa.
Una semana después...
Ha sido una semana agotadora. Primeros exámenes por un lado, partido difícil por otro... Al menos, ya estamos un paso más cerca de la final de baloncesto. Que se jugará en el campo de uno de los equipos finalistas.
Y, para mejorarlo todo, hoy es viernes y el cumpleaños de Jake y de Cece. Es algo complicado, no deberíamos poder estar juntos, ya que él a partir de hoy es mayor de edad, pero yo los cumplo en cuatro meses... Odio las estúpidas reglas estadounidenses. ¿Para qué las crearon?
Hemos salido del instituto y ninguno habla. Es complicado.
—¿Lo vamos a dejar? —Suelto, intentando que el silencio cese.
—¿Por qué? Ni que hubiéramos hecho nada malo.
—Jake, aquí es delito salir con una menor de edad...
—No creo que lo sea, teniendo en cuenta que te quedan unos meses para serlo tú también. Y sobre todo, que no vamos a... Ya sabes.
—Si se enteran las autoridades, iríamos a juicio. —Apunto.
—Pues ya está. Los testigos, tú y yo diríamos la verdad, que nos queremos y que no soy un pedófilo. —Me quedé mirando a la nada, preocupada—. Oye... No va a pasar nada malo, ¿sí?
Me coge la mejilla para que nos miremos. Tengo los ojos llorosos. Si le pasa algo por mi culpa me muero. Acaricia mi mejilla con un dedo, haciendo ondulaciones suaves. Entonces, recuerdo lo sucedido con mi madre.
—¡Ay, Dios, Jake!
—¿Qué pasa?
Le hago sentarse a mi lado, en la hamaca del porche de mi casa.
—Si cometo un solo error, la ley me mandará con mi madre.
—¿Qué?
—Lo dice el acta de divorcio, mi madre se acaba de enterar y está molestando a mi padre todo el tiempo.
—O sea, que si vamos a juicio...
—Yo volvería catapultada a Washington. Pero de una patada.
Se muerde un labio y asiente. Esta vez, sí lo veo preocupado.
—Entonces lo mejor es que nuestra relación sea privada hasta que tengas la edad. Anda, vamos dentro.
Me coge la mano y entramos en mi casa. Sí, al final encontré la llave. Jake me besa, tranquilo, relajado. Tiene razón. Nada puede salir mal.
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