∆Capítulo 15∆

Semifinales. Solo dos partidos. Dos días para mi cumpleaños. Tres días para marcharnos de aquí... Y no veo la hora de irme.

-Estás mustia. -Pego un salto del susto. Ed me pellizca las mejillas.

-Ya sabes lo que está pasando con Jake. Se comporta como un idiota.

-Dejale su espacio ahora. Cuando volváis a casa hablaréis más tranquilos.

-Supongo que tienes razón... -digo, compungida.

-Siempre tengo razón, Bel.

Se va, guiñándome un ojo. Miro de nuevo a la pista. Vamos a jugar contra el equipo de Philadelphia, y son bastante buenos. Espero que podamos

Jake pasa a mi lado. Cierro los ojos y evito el contacto físico, pero acabo desistiendo. ¿Cuándo nos hemos vuelto así? Deberíamos estar disfrutando de esto, pero lo único que hacemos es discutir. Como diría Cece, la etapa de "luna de miel" ha acabado. Es hora de enfrentar la vida real.

-¡Eh, chica del semáforo! -Ambos nos giramos, extrañados.

No puede ser él de verdad. Solo yo soy capaz de meterme en estos lios. Me acaricio el pelo, no sé si para estar más guapa o para calmarme. Es que, por Dios, ese chico parece sacado del anuncio de Colgate. O el de Pantene. O de cualquier anuncio de ropa.

Bajo la cabeza, pero sé que no va a servir de nada. Ya me ha visto.

-¿Intentas esconderte de mí? -Mueve las cejas alternativamente arriba y abajo.

Niego y me cruzo de brazos. Parece pensarse lo que hará después, aunque acaba decidiéndose por tenderme la mano.

-¿Estás aquí para ver los partidos? Yo soy el entrenador del equipo de Philadelphia. -Su tono fanfarrón me está poniendo nerviosa.

-En realidad... -Jake interviene. Mierda, había olvidado que él estaba aquí-. Es nuestra entrenadora.

-Oh... -Parece sorprendido. Machista...-. Pues nos veremos las caras luego.

Me guiña el ojo. Bajo la mirada en busca de mi móvil, creyendo que se ha ido y, cuando la levanto, me estampa un beso junto a los labios. Sí. Dos centímetros más y se habría morreado conmigo. Mi cara ahora mismo no tiene precio.

Voy hacia la pista, pero me choco con Jake. Un día de estos lo mato. Pero al menos ahora sabe lo que se siente.

-¿De verdad?

-De verdad... ¿qué cosa?

-Estabas tonteando con él.

-Uno, yo no estaba tonteando. Dos, si tonteara con alguien, a ti ni te va ni te viene.

-A ti no te haría gracia si yo tonteara con alguien.

-Ya lo haces-Hago una pausa dramática que aprovecho para fulminarlo con la mirada-, pero eres tan... buenazo, que no te enteras ni tú mismo.

Casi le suelto un disparate, al menos aún tengo mi autocontrol. Aprieta los labios antes de responderme.

-Entre ella y yo no hay...

-Olvidalo. -Le corto, tajante-. No merece la pena discutir contigo.

~~~

¿Por qué siempre tengo tantos problemas? ¿No podría ser la típica adolescente americana que es feliz maquillándose y yendo de compras con sus amigas? No señor. Yo tengo que entrenar un equipo de baloncesto y a la vez tratar de no matar a mi novio por la mierda de partido que está haciendo.

Y solo llevamos la mitad del partido.

-Ed, sal por Jake.

-Pero si hace dos minutos que me has sacado. Necesito descansar...

-Jake no lo está haciendo bien y tú lo sabes. No voy a permitir que perdamos el partido porque al capitán le apetezca ser un idiota.

Mi tono no admite réplica, así que tras una falta a ellos, hago el cambio. Dos minutos de juego y aviso a mi padre: Me voy a ausentar, necesito que mi padre esté a tope.

Jake no parece sorprendido cuando lo saco del banquillo y lo arrastro a los vestuarios.

-¿Qué cojones te...?

No me deja acabar mi grito/amenaza, porque me besa con fuerza. Yo tenía planeado esto de otra manera: Yo le gritaba, él me pedía perdón y dejaba de comportarse como si no supiera jugar al baloncesto. Y luego, ya si eso, nos besaríamos.

A la mierda todo, me moría de ganas de hacer esto. No soy consciente de que mis piernas se mueven y antes de poder hacerlo, noto como me estampa suavemente (o al menos todo lo suave que se puede) contra la pared del vestuario. El gemido es inevitable.

-Deberíamos... volver... -susurro. No sé ni lo que estoy diciendo.

Niega con la cabeza mientras deja pequeños besos en mi cuello.

-Tú misma lo has dicho. Estoy jugando mal.

-Pero yo soy la entrenadora -protesto. O al menos lo intento.

-Me da igual. Puede que tú mandes en la pista, pero aquí mando yo.

Arqueo una ceja y me separo. ¿Y a este desde cuándo le sale la vena machista?

-Tú no mandas sobre mí, ¿lo pillas? Y no voy a dejar que me embauques con besitos y rollos cuando te estás comportando como un completo imbécil. -Voy subiendo el tono de la voz, tratando de no estallar del todo. Aún queda un poco para eso.

Asiente. Su cara muestra arrepentimiento, pero yo ya no sé si fiarme.

-¿Tan mal está estar celoso?

Asiento.

-Eso significa que no confías en mí. Yo te he dado mucha confianza, para que ahora vengas tú y me la quites de golpe.

-Es que ese chico... -No lo dejo seguir.

-Ese chico me salvó de que me atropellaran el otro día. No sé si se piensa que me voy a liar con él o algo así, pero estoy muy agradecida. -Ahora parezco más calmada. Bien.

-Entiendo. -Se rasca la nariz y mira a la ventana como si buscara apoyo.

-¿Estás bien?

No seas tan blanda, Anabel. Puede estar haciéndose el indignado para que lo perdones.

-¿Estamos bien? Nosotros, me refiero.

Hago como que me lo pienso.

-Si dejas de comportarte así..., a lo mejor.

Se sienta en el banco y yo lo imito.

-Trataré de ser un buen perrito. -Adopta un tono mohín al decir eso.

Suelto una carcajada y le abrazo con suavidad mientras susurro en su oído:

-No eres mi mascota. Y, por cierto, eso se llama zoofilia.

Le guiño un ojo, me levanto y vuelvo al partido. Aunque, claro, yo ya he ganado uno hoy.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top