Capítulo 13

Boto la pelota, relajada. Llevo un día horrible. Estoy segura de que Jake me odiará de por vida por lo de anoche. Me muerdo el labio una vez más. Me lo voy a dejar morado al final, pero es lo único que me relaja ahora mismo. Una lágrima rebelde se escapa, pero logro capturarla antes de que recorra mi mejilla como un río por la montaña.

Aún no me lo he cruzado, pero mañana es el partido de clasificación para el campeonato. Nos tendremos que ver, tendremos que mirarnos a la cara... No puedo hacerlo. Debería irme, huir. Es lo mejor para que las cosas no acaben tan mal como yo lo veo.

Miro a mi alrededor, respirando el aire puro. He recordado una antigua pista de baloncesto que hay en San Diego, y allí me encuentro. Está al aire libre, junto al mar, lo que me está ayudando bastante. Es mi manera de pensar, de relajarme y de olvidar lo tonta y cobarde que soy.

Escucho unos pasos, será alguna pareja con ganas de pasear. ¿Quién puede tener ganas de pasear, con el frío que hace? Sé que es California, pero en fin... No nací para el frío, ni siquiera el mínimo de San Diego.

—Bel.

Ay madre... Su voz. Mi memoria fotográfica me impide olvidarla.

Te lo dije. Debiste besarlo cuando pudiste...

Oh. ¡Cállate!

Me giro lentamente, solo para sentir su mirada sobre la mía. No sirve de nada esconderme ahora, sé que soy culpable. Alzo la cabeza, tratando de conseguir la confianza que en realidad no tengo.

Es extraño, debo de estar madurando, porque no me importa que un chico me vea en chándal y con una coleta mal hecha. ¿Será el amor?

—¿Sí? —susurro. No sé ni de donde ha salido mi voz.

—¿Podemos hablar? —Da un paso hacia mí.

—Claro. —Me meto las manos en los bolsillos.

Da otro paso hacia mí. Resopla y empieza a hablar.

—Siento haber forzado lo que pasó. Me lo contaste y debí haberme estado quieto.

Asiento. Mi corazón está latiendo demasiado deprisa. Lo ha recordado. Se está disculpando, cuando debería ser yo la que pida perdón. Ahora no sé qué decir.

¿Qué tal...? Me gustas, bésame locamente.

¿Cómo se apaga la conciencia? Es una pesada.

—No dices nada —suspira—. Vaya...

—No sé qué pretendes que diga. —Un nudo aparece en mi garganta—. ¿Lo siento? Pues no puedo decírtelo, porque aunque lo siento, no estaba cómoda con esa situación.

—Puedo esperar. Mientras podemos salir, conocernos...

—Me parece bien. —Vuelve a quedarse contemplándome. Tiene unos ojos tan bonitos...

Asiente enérgicamente,como dándose cuenta que ya no hay nada más que hablar, y se da media vuelta para irse. Doy un par de botes, nerviosa.

Me gustas.

Cállate.

Díselo, o te vas a arrepentir toda la vida...

Eres la persona más desesperante del mundo... Odio que tengas razón.

—¡Jake! —Se me queda mirando, extrañado.

Mierda... ¿Y ahora qué hago? ¿Qué le digo?

Has dado el paso. Ahora no te eches atrás. Bésalo.

Me acerco a él y le cojo la mano. Me quito el gorro, para hacerlo más oficial.

—Me gustas mucho.

Tiro el balón detrás de mí y me acerco a su boca. Exhalo un suspiro. Espero que besar a la rana Gustavo haya servido para algo. Si no, acabaré matando a alguna de mis amigas.

Nuestros labios se unen con suavidad. Suspira en mis labios, haciéndome sonreír. Sabe delicioso. No nos movemos, seguimos en la misma posición. Sus manos están encima de mi cintura y las mías en su cuello. No es el sitio más típico para el primer beso, pero ha sido en un lugar especial para mí. No puede ser más perfecto.

Nos separamos y me muerdo el labio. Mejor de lo que me esperaba.

—No hagas eso otra vez.

—¿El qué? ¿Esto? —Vuelvo a morderme el labio.

—Sí. —Vuelve a besarme tiernamente.

Se me queda una sonrisita boba en la cara. Seguro que, además, tengo la piel tan anaranjada como mi pelo.

—Deberías volver a casa. Mañana hay partido. —Acaricio su camisa, pareciendo distraída.

—Con lo bien que estaba yo aquí... —Pone un puchero.

—Eh... Lo siento, pero por tu bien y el del resto del equipo, vete a descansar.

—¿Quieres ser mi novia? —pregunta de la nada.

Abro los ojos mucho, pero acabo sonriendo.

—¿Si te digo que sí, te irás a casa a descansar? —Asiente, demasiado exagerado—. Está bien. Sí, Jacob, quiero ser tu novia.

Ves cómo me tienes que hacer caso...

¡Oh, cállate!

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