∆Capítulo 10∆

Camino entre la gente. De verdad, en los institutos, las personas se vuelven más estúpidas y difíciles de esquivar. Llego a la puerta del gimnasio, pero me la salto. Voy directa al vestuario de chicos.

Justo cuando llego la puerta del mismo se abre. Veo a Álvaro salir. Me sonríe y me guiña un ojo; yo lo saludo con una mano, pero no es a él al que busco.

Por suerte, Ed es el siguiente en salir. Me mira con extrañeza, sobre todo cuando me acerco a él y lo agarro del brazo.

-¿Me vas a secuestrar o algo por el estilo? -Arquea una ceja mientras me lo llevo en sentido contrario a donde he venido.

-Quiero hablar contigo. -Es lo único que le adelanto de momento.

Se mantiene en silencio hasta que salimos del instituto y llegamos al parque de la parte de atrás que, como siempre, está vacío. Ahí le suelto el brazo y me siento en un banco. Golpeo el sitio a mi lado, indicándole que se siente.

-Me das un poquito de miedo. ¿Qué pasa?

-Quiero hablar sobre Jake contigo.

Me mira con extrañeza y algo de miedo en sus ojos. Eso me hace ser valiente para preguntarle:

-¿Lo notas raro últimamente?

-No lo sé... ¿A qué te refieres con raro?

-Ya sabes... A que se comporta de una manera diferente.

-¿Cómo qué?

Trago saliva.

-Te voy a poner mi ejemplo. Hay muchas veces que quiero quedar con él, pero tiene algo que hacer. Vale, yo eso lo entiendo. Pero es que luego, tras dos o tres días en los que solo nos hemos visto en el instituto, aparece por mi casa. Entonces me mira con una cara de lástima, como si tuviera miedo de hacerme daño, o aún peor, como si se sintiera culpable por algo. Y entonces va y me mete la lengua hasta la campanilla. Y no ha pasado solo una vez.

Ed se queda quieto, valorando la situación.

-Yo no lo sé... Yo, como su amigo, lo veo igual que siempre...

-¿Incluso cuando salís? ¿A la discoteca?

Sé que he dado en el clavo cuando su cara cambia. Él ya es blanco de por sí, pero su piel toma un cierto matiz a muerto. Mira hacia abajo, patalea suavemente sobre el suelo y finalmente niega.

-Yo no lo he visto hacer nada demasiado raro. Él se comporta siempre igual. ¿Por qué? -Me interroga entonces-. ¿Tienes alguna teoría?

-Una gran parte de mí piensa que soy una idiota que piensa lo peor de su novio... Pero hay una pequeña parte que está ahí, machacándome con lo mismo una y otra vez. Creo que me está engañando.

Abre la boca. Sigue igual de pálido que antes. Niega con fuerza, pero su cuerpo no parece atreverse a decir una palabra.

-Te equivocas completamente. -Me suelta después de un par de minutos-. Jake te quiere, más de lo que nunca ha querido a nadie...

-Eso también lo pensabais cuando estaba saliendo con Sophie. Y ahora está conmigo. ¿No puede haber vuelto a pasar?

-Te aseguro que no. Él te ama. No te puedes imaginar lo que nos metemos con él cuando le da por pensar en ti y quedarse embobado.

Me cruzo de brazos. No quiero que me adulen con algo así.

-Eso puede ser antes. Esto ha sido en las últimas tres semanas. Algo ha cambiado en él.

-Si estás tan segura, ¿por qué no se lo preguntas?

-Porque si me equivoco, creerá que no confío en él lo suficiente, y se enfadará conmigo. Además, no creo que me admita que me está poniendo los cuernos, si es que lo hace. Lo mejor es descubrirlo yo misma.

Me levanto. Esta conversación no tiene ningún sentido ahora. Voy ya a salirme del parque, cuando Ed pega un grito, llamándome. Lo veo correr hacia mí.

-Está bien, te lo diré. Pero jamás le digas que he sido yo. -Con un nudo en el estómago, asiento-. Bien, allá va. Te está preparando una sorpresa especial, para tu cumpleaños, tanto regalos como algo para que nunca olvides ese día.

-¿Eso es todo?

Se encoge de hombros.

-Te estoy diciendo que él sería incapaz de ponerte los cuernos, deberías estar feliz como una mariposa.

-Solo... me resulta extraño.

-Lo único importante ahora es que cuando todo esté listo, finjas que no sabes nada y te emociones como deberías hacerlo.

-Está bien.

-¿Te llevo a casa? -Mira su reloj-. Es tarde.

-Claro, mi padre debe de estar por matarme.

Como Ed sí tiene coche, vamos en él. Decide acompañarme por si hay que explicarle algo a mi padre, pero cuando abro la puerta de mi casa, me encuentro a todas mis amigas, a Álvaro, Max y Jake. Además de a mi padre, muy cabreado.

-Hola... No sabía que tocara reunión.

-¿Dónde has estado? ¿Tienes idea de lo preocupado que he estado por ti?

-Papá, tranquilo...

-¡Tranquilo, nada! -chilla.

-Bel -Jake suena más calmado-, tienes que entender que nos hemos preocupado, sobre todo yo, porque no estabas en la moto, como siempre que tienes que esperarme.

-A ver, lo siento... Solo me he quedado hablando con Ed, no es nada malo...

Jake lo mira con tono celoso, pero acaba volviendo a mí.

-¿Tan importante era, que no podías avisarme?

-Álvaro puede decirte que he estado esperándote en la puerta del vestuario, pero cuando me he encontrado con Ed, sabía que tenía que hablar con él...

Álvaro asiente, aunque acabo de mentir, pero él no tiene la culpa de no saber toda la historia. Gracias a eso, todos parecen relajarse un poco. Mi padre los echa a todos y nos quedamos solos. Sus brazos en jarras no indican nada bueno, así que lo abrazo y le doy muchos besos en las mejillas.

-A partir de ahora te avisaré siempre, lo juro.

-Más te vale -murmura-. Porque yo prometo que voy a la policía si no llegas a casa con Jake a la hora de siempre.

-No volverá a pasar -le prometo.

Él asiente y me devuelve el abrazo, que resultaba bastante ridículo cuando solo lo abrazaba yo. Cosas de mi vida, la verdad.

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