II


🕸️Touch presenta: capítulo 2.
Monstruos y no tan monstruos 🕸️

El techo encantado del Gran Comedor mostraba un cielo cubierto, pesado de nubes, como si la noche también se sintiera harta del nuevo curso.
Cientos de velas flotaban sobre las mesas, lanzando sombras temblorosas que bailaban sobre los rostros de estudiantes excitados, hambrientos, ruidosos.

La mesa de Slytherin estaba rebosante.
Bromas, risas, comentarios sobre los dementores y sobre el desmayo del niño que vivió.
Todo el mundo hablaba.

Amily no.

Ella estaba en el extremo más alejado de la mesa, justo junto al muro, como si tratara de fundirse con la piedra.
Kali, tumbada junto a sus pies, era su única compañía.
Ni siquiera había tocado la sopa de calabaza que humeaba frente a ella.

"Si te mantienes en silencio, no te verán."

Pero el problema era que sí la veían. Y querían verla rota.

—Oye, rarita —la voz de Pansy Parkinson cortó el aire como un cuchillo—. Estoy hablando contigo, White. ¿Quieres que te lo repita más alto? Controla a tu asqueroso perro.

Amily bajó la mirada. Sintió cómo el calor se le subía al rostro, no por vergüenza, sino por rabia.
Rabia contenida durante demasiado tiempo.
Rabia con nombre, con rostro, con voz chillona y uñas demasiado pintadas.

Pansy.

Las risas en la mesa se hicieron más audibles. Alguien soltó un comentario que no alcanzó a entender, pero la palabra "bicho raro" resonó con claridad suficiente para que su estómago se encogiera.

Tragó saliva.

"No respondas. No llores. No cedas."

—Oye —dijo otro chico más lejos, uno de quinto—. Pásame el pan, pero no lo toques. No quiero contagiarme de lo raro.

Amily lo hizo. En silencio.
Como si el pan quemara.
Como si ella quemara.

Hubo más risas.
Y esa sensación familiar:
ser invisible y demasiado visible al mismo tiempo.
Como si fuera un reflejo maldito en un espejo que nadie quiere mirar, pero todos observan con morbo.

Su pecho dolía.
No físicamente. No todavía.
Pero la opresión estaba allí, como una serpiente enroscándose en su garganta.

"¿Qué he hecho yo?"

Kali, sensible como siempre, apoyó su hocico en su pierna.
La chica deslizó una mano bajo la mesa y acarició su cabeza con suavidad, como quien acaricia la única verdad que le queda.

La comida se volvió ruido blanco.
Los cubiertos, las conversaciones, los olores.
Todo flotaba lejos de ella, como si estuviera observando desde una pecera.

"Sólo un curso más. Sólo una noche más. Sólo un paso más."

Pero ese pensamiento se rompió en mil pedazos cuando algo más fuerte, más cruel, surgió de algún rincón de la mesa:

—¿Te dejaban hablar en casa, White? ¿O también te ignoraban como hacemos todos aquí?

El chasquido mental fue seco.
Y aunque no gritó ni se levantó, algo dentro de Amily se rompió.
O quizás se despertó.

El silencio que siguió fue espeso.
Un silencio lleno de cuchillas.
Hasta que, inesperadamente, alguien rompió el hielo con una voz clara, seca:

—¿Y a ti te enseñaron modales, o sólo a escupir veneno?

Todas las cabezas giraron hacia Ariana, sentada más cerca del centro de la mesa, con el cabello recogido con su cinta verde habitual y los codos apoyados con descuido sobre la madera.

Su mirada estaba clavada en la chica que había hablado —una rubia de cuarto que se encogió, sorprendida por el tono.

—Pensé que Slytherin era para los listos —continuó Ariana, sin levantar la voz—. Pero veo que se han colado bastantes mediocres.

La mesa quedó en un tenso murmullo.
Pansy abrió la boca para replicar, pero Ariana ya la estaba ignorando por completo.
Se levantó de su sitio, rodeó la mesa y se sentó al lado de Amily.

—¿Todo bien? —preguntó con un tono mucho más suave, casi en un susurro solo para ella.

Amily bajó los ojos.
No podía hablar.
Si lo hacía, se rompería.

Kali gimió muy bajo, como si entendiera la escena.
Y Ariana, sin decir nada más, pasó un brazo tras la espalda de la otra chica, sin tocarla, pero estando ahí.

Ese gesto.
Esa cercanía sin presión.
Esa presencia.

Fue demasiado.

Amily se levantó. De golpe.
La banca crujió, el plato tembló.
Tomó su mochila y sin mirar a nadie, caminó hacia la salida del Gran Comedor.

—Amily... —llamó Ariana, apenas, sin perseguirla. Sabía que, ahora mismo, el espacio era lo que más necesitaba.

🕸️🐾🕸️

No tenía intención de socializar ni de fingir. Solo quería encerrarse en su habitación, hundirse en algún libro hasta que el sueño la venciera... y despertar tarde, con suerte lo suficientemente cansada como para no pensar demasiado.

Pero sus planes se deshicieron en el instante en que chocó con alguien en el pasillo.

¿Es que hoy tengo un imán para los choques?
El pensamiento fue seco, frustrado, casi cómico en su cabeza.

—Lo siento —murmuró sin mirar al frente, con la voz baja y apática. Sabía cómo iba: si era alguien de Slytherin, lo más probable era que le devolvieran el golpe con una burla o un empujón. Ya estaba acostumbrada.

Siguió caminando, sin darle importancia.

Detrás, la voz masculina del chico resonó brevemente:

—¡Oye...!

Pero Amily ya estaba lejos, tragada por las sombras del corredor.

🕸️🐾🕸️

No muy lejos, al borde del mismo pasillo, una pequeña cadena dorada descansaba en el suelo, abandonada. Había resbalado de su cuello durante el choque, deslizándose entre los pliegues de su túnica sin que ella lo notara.

Una mano lo recogió, con dedos largos y delgados.
Theodore Nott lo sostuvo entre los suyos, observando el colgante con atención.
La pequeña "W" grabada en su superficie brillaba tenue bajo la luz de las antorchas.

Desde una distancia prudente, una voz chillona interrumpió su contemplación:

—¿Qué es eso, Nott? —preguntó Pansy Parkinson, entornando los ojos con picardía—. Es un colgante precioso. ¿Acaso tienes admiradoras secretas?

Nott guardó el collar con un movimiento lento y medido, sin perder la compostura.

—No es asunto tuyo, Parkinson —respondió con frialdad, sin molestarse en mirarla.

Y sin añadir nada más, se alejó, dejando atrás el murmullo curioso y la sonrisa burlona de la chica.

En su bolsillo, el colgante ardía levemente. No por su temperatura.
Sino por que todo lo que estaba atado a Amily White lo atraía extrañamente.


🕸️🐾🕸️

Theodore Nott llegó a la sala común más tarde que de costumbre esa noche.
El fuego chispeaba bajo la serpiente tallada en la chimenea, y la mayoría de sus compañeros estaban demasiado ocupados discutiendo sobre los dementores o el "teatro" de Potter como para notarlo.

Con paso indiferente, subió a su habitación, dejando atrás el ruido, como siempre.

Pero no estaba solo.

En el interior de su túnica, el colgante seguía allí.
Liviano en peso.
Pesado en todo lo demás.

Se sentó en el borde de la cama, sacándolo con lentitud.

La pequeña cadena dorada se enredó en sus dedos.
La "W" grabada, apenas perceptible, le devolvía la mirada.

¿White? ¿White-Roses?

La reconocía, claro.
La chica silenciosa, la de los ojos marrones grandes y cansados.
La que nunca hablaba, la que leía en vez de reír.
La que caminaba con cuidado, como si el suelo le fuera ajeno.

Amily.

El colgante debía ser suyo.
Lo sabía.
Lo había visto caer, casi de forma imperceptible, en el momento en que se cruzaron en el pasillo.

Pudo devolverlo entonces.
Pudo alcanzarla.
Pudo decir su nombre.

Pero no lo hizo.

¿Por qué?

Quizá porque no supo cómo.
Porque en ese instante hubo algo en ella —en su mirada rota, en su forma de pasar de largo— que le hizo pensar que si hablaba, lo arruinaría.
Que si la llamaba, se rompería aún más.

Y él no sabía reparar nada.

Además...
la "W" no era solo una letra.
Era una historia.
Un símbolo.
Una promesa ancestral, quizás.
Y él quería entenderla.
Quería saber por qué alguien como ella —invisible para todos— llevaba algo tan antiguo, tan lleno de intención.

🕸️🐾🕸️

La mañana siguiente comenzó igual que cualquier otra: gris, silenciosa, cargada de una incomodidad que solo ella parecía notar.

Despertó con un sobresalto, una pesadilla más que se evaporaba en la bruma del amanecer. Kali dormía a sus pies, tibia y enredada como una manta viva. La acarició con suavidad, aún con el pulso desordenado.

Se vistió en silencio, recogiendo su mochila y atando con descuido los cordones de sus botas. Solo cuando su mano fue instintivamente al cuello, como cada mañana, el vacío se hizo palpable.

El colgante no estaba.

Su cuerpo se quedó inmóvil.
El pecho se le encogió.

—No —susurró, más para sí misma que para el mundo.

Rebuscó en los pliegues de la túnica. En la mesita de noche. En la cama.
Nada.

¿Cuándo fue la última vez...?

El pasillo. Después de la cena. El choque.

La desesperación fue sutil, pero constante, como una gota que no dejaba de caer dentro de su garganta.

Papá me lo dio porque confió en mí. Porque creyó que era suficiente. Responsable. Cuerda.

Se sentó al borde de la cama, con las manos temblorosas sobre las rodillas.

Kali levantó la cabeza y gimió suave, como si entendiera la herida sin nombre.

Amily no lloró.
Pero esa mañana no probó bocado.
Ni siquiera miró los flanes de caramelo


🕸️🐾🕸️


Desde su asiento habitual al borde del comedor, Nott observó. No por costumbre, sino por intención.

La vio entrar.

Ella no lo vio a él.

Amily caminaba como quien ha olvidado cómo caminar.
Como si arrastrara un peso invisible, clavado entre los omóplatos.

Se sentó sin decir nada.
Ni una palabra.
Ni un gesto.

Se sirvió comida con movimientos automáticos, pero no comió.
Kali se acurrucó a sus pies. Ariana la saludó con dulzura, pero incluso esa chispa fue mínima.

Lo notó.

Theodore bajó la mirada a su túnica, al bolsillo interior donde aún descansaba el colgante.

Podía levantar la mano.
Podía acercarse.
Podía decir "esto es tuyo."

Pero no lo hizo.

Porque aún no entendía por qué no podía.
Porque devolverlo implicaba más que un gesto.

Era abrir algo. Una conexión. Un puente que no estaba seguro de poder cruzar.

Y ella... se parecía demasiado a él para no entenderlo.
A veces perder algo es una forma de proteger lo que queda.

Así que lo guardó un día más.

Solo uno más.


🕸️🐾🕸️


La clase con Hagrid fue un pequeño alivio.
El aire del bosque olía a madera húmeda y hojas antiguas.

Amily caminaba detrás del trío dorado, ignorando los susurros.
Se detuvo cuando Hagrid gritó emocionado:

—¡Hoy tengo algo especial! ¡Acercaos todos!

La emoción que Amily sintió al ver por primera vez a los hipogrifos fue genuina.
Por un instante, el miedo y el peso en su pecho se disiparon.
Eran majestuosos. Desafiantes. Orgullosos.

Como ella alguna vez soñó ser.

—Preciosos... —susurró, apretando su libro contra el pecho. El cuero desgastado del lomo crujió, pero ella no lo notó.
Solo tenía ojos para ellos.

Los hipogrifos respiraban pesadamente. Sus alas agitaban el aire.
A algunos alumnos les pareció aterrador. A Amily, reconfortante. Como si esas criaturas supieran quién temía de verdad... y quién fingía.

—Muy bien —gruñó Hagrid, frotándose las manos enormes—. ¿Quién quiere ser el primero?

Un murmullo generalizado de negación se extendió por la clase.
Malfoy fingió una tos exagerada. Crabbe y Goyle se escondieron detrás de un árbol.
Hermione bajó la cabeza.
Harry miró a Hagrid, con algo de compasión.

—Vamos... ¿nadie?

El silencio pesó más de lo necesario.

Y entonces, sin saber del todo por qué, Amily dio un paso al frente.

—Yo —dijo, apenas audible, pero con el mentón en alto.

Hagrid parpadeó sorprendido.

—¿Seguro, Amily?

Asintió.

El hipogrifo que tenía delante —plumas gris plateado, ojos como carbones ardiendo— la miró directamente.
Amily se inclinó, con respeto. Esperó.
Y esperó.
Su corazón latía como un tambor.

El hipogrifo le devolvió la reverencia.

—¡Bien hecho! —gritó Hagrid entusiasmado—. Puedes acercarte.

Dio un paso. Luego otro.
Su mano se alzó temblorosa, pero segura.
Y tocó el plumaje del pecho del animal.

Calidez.
Fuerza.
Confianza.

El hipogrifo cerró los ojos y apoyó el pico suavemente sobre su brazo.
Amily sonrió. Pequeño, apenas un gesto, pero real.

Detrás, escuchó risas ahogadas. Una voz conocida.

—Claro, la rarita tiene que ser la que se lleva bien con los monstruos.

Pansy.

Amily no reaccionó.
Pero sí lo hizo Ariana, que cruzó los brazos y murmuró con suficiencia:

—Al menos no tiene que fingir que tiene personalidad para que la escuchen.

Malfoy soltó una risa nasal, pero Nott, en silencio, la miraba desde el borde.
No a los hipogrifos.

A ella.

🕸️🐾🕸️

El viento silbaba en sus oídos mientras Romi se elevaba del suelo con un salto ágil y poderoso. Amily sintió cómo su estómago se quedaba atrás por un segundo, y se aferró con fuerza al lomo del hipogrifo. El aire frío le golpeaba el rostro y le erizaba la piel, pero en su interior algo más cálido palpitaba: libertad.

Volaban.

Por encima de los árboles, sobre la línea del Bosque Prohibido, con Hogwarts haciéndose pequeño a lo lejos. Los ojos de Amily se llenaron de lágrimas, no por el viento, sino por algo que no sabía cómo nombrar. Tal vez la sensación de que por una vez —una sola vez— no era invisible.

Romi descendió con un graznido elegante, aterrizando sobre sus patas con una sacudida suave. La chica se bajó aún con el corazón desbocado, sus manos temblando por la adrenalina.

—Eso fue... —susurró, acariciando el plumaje oscuro de la criatura— increíble.

La voz que vino después fue un látigo.

—Mira nada más... la marginada de Slytherin haciendo acrobacias —dijo Malfoy con su sonrisa torcida, cruzado de brazos, con Crabbe y Goyle detrás como sombras sin pensamiento propio—. ¿Ahora te crees valiente por montarte a una criatura? ¿Te crees especial?

Amily no respondió. Su pecho seguía agitado, pero esta vez no por el vuelo. Tragó saliva, intentando controlar el temblor que amenazaba con devolverla al suelo. No debía hablar. Lo sabía. No debía dejar que él la viera derrumbarse.

—¿O tal vez querías impresionar a alguien? —continuó el rubio, con una sonrisa más cruel aún—. Porque déjame decirte, ni aunque volaras sobre un dragón dejarías de ser un bicho raro, White-Roses.

Una carcajada aguda de Pansy, que se había acercado justo a tiempo, rebotó como un eco molesto. Romi batió las alas, inquieto.

Y entonces, una sombra cruzó entre ellos.

—Eso basta, Malfoy —dijo Theo Nott, colocándose sin vacilar entre Amily y el grupo.

Su voz era tranquila, pero cada palabra pesaba como plomo.

—¿Tú también ahora te crees Gryffindor, Nott? —burló Draco.

—No. Yo solo sé cuándo algo deja de ser divertido y se vuelve patético —contestó sin mirarlo—. Si quieres seguir haciendo el ridículo, adelante. Pero no frente a mí.

El silencio que siguió fue incómodo. Malfoy soltó una risa forzada, fingiendo indiferencia, y se dio media vuelta.

—Vamos —ordenó a los demás. Pansy lanzó una última mirada despectiva a Amily antes de seguirlo.

Amily seguía en el mismo lugar, inmóvil. Theo se giró despacio hacia ella.

—¿Estás bien?

Ella asintió, apenas. Romi se acercó a ella, como queriendo consolarla. Amily posó una mano en las plumas del hipogrifo sin decir nada.

—No necesitas demostrarle nada a nadie —murmuró Theo—. Mucho menos a él.

Y por primera vez, ella le miró directamente a los ojos.

No dijo "gracias".

Pero lo pensó.

Y eso, para ella, ya era un paso enorme

🕸️🐾🕸️

Después de la demostración, cuando fue el turno de Harry y Buckbeak, todo sucedió demasiado rápido: el ataque, el grito, el caos.

Amily sintió que todo lo hermoso del momento anterior se quebró.

Siempre algo lo rompe.

Apretó los puños, mirando cómo se llevaban a Potter, y escuchó a Malfoy revolcarse de risa.

Hagrid temblaba. Hermione discutía.
Todo era ruido.

Y ella deseaba solo volver al momento en que el hipogrifo la miró como si fuera alguien que valía la pena.

El camino de regreso al castillo estaba embarrado, y los murmullos de los alumnos resonaban pesados entre los árboles. Amily caminaba sola, como siempre, sintiendo cómo el peso invisible del día se acumulaba sobre sus hombros.

Sabía que alguien la seguía.
Y esta vez, no lo ignoró.

Se detuvo. Giró un poco.
Y allí estaba él.
Nott.

—¿Vas a seguirme todo el camino o planeas decir algo? —preguntó sin levantar la voz, sin amargura, pero con esa fatiga propia de quien se ha cansado de fingir que no siente.

Nott pareció dudar por un instante, como si no esperara que ella lo enfrentara tan directamente.
Luego se encogió de hombros, bajando la mirada al suelo lodoso.

—Solo quería ver si estabas bien.

Amily arqueó una ceja, sorprendida.
No por la preocupación.
Sino por lo poco que disimuló.

—¿Por qué?

Él tardó en responder.
Como si las palabras no fueran lo suyo.

—Porque tú... no pareces encajar con los demás. Y eso me pareció... familiar.

Amily parpadeó.
No se esperaba eso.
No de él.
No tan simple, tan honesto.

—No necesito que me salves —dijo al fin, no con rabia, sino con una especie de escudo suave pero firme.

—Lo sé —respondió Nott, encogiéndose apenas de hombros—. Tampoco vine a salvarte. Solo... quería ver si seguías entera después de que todos se rieron. No lo hiciste mal con el hipogrifo.

Ella bajó la mirada. Algo tibio se agitó en su pecho.
No era felicidad.
Era algo más tranquilo. Más silencioso.

—Gracias —susurró, apenas audible.

Él asintió, sin decir nada más.

Por un segundo, ninguno se movió.

Y luego, Amily dio un paso al frente. Pasó por su lado. Rozó apenas su brazo con el suyo.

—No me gusta que me sigan —dijo sin volverse, con una voz más ligera.

—Lo tendré en cuenta.

No se miraron al irse.
Pero algo había cambiado.

Nott metió la mano en el bolsillo de su túnica.
Tocó el colgante.
Sonrió, apenas.

Aún no. Pero pronto

🕸️🐾🕸️

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