Capítulo 3: Trato

Canción para este capítulo: The Monster-Eminem feat. Rihanna


No sé si estar cagada de miedo o directamente volverme más loca de lo que ya estoy. Un Visitante buscando venganza... eso no puede significar nada bueno. Si confío en él mi vida estará en juego.

¿Y si es todo mentira?

Mis padres podrían estar vivos, y si es mi vida o la suya... Nunca dudo.

Le extiendo la mano al alienígena con un suspiro pesado. Él sonríe y me la estrecha, provocando, una vez más, que un escalofrío recorra mi cuerpo. Cuando mi piel entra en contacto con la suya, noto lo que se siente cuando abrazas a alguien del que te han separado, como un... reencuentro. Ignoro ese sentimiento y me aparto.

A veces hay que tentar a la suerte. Es como jugar a las cartas: puedes perderlo todo o ganarlo todo.

––¿Cómo te llamas, pequeña?

Pongo los ojos en blanco. No me gusta que me llame pequeña, y menos aún cuando soy alta. Que me llame así me parece casi un insulto, porque siento como si me considerase débil aún habiendo escapado de su ilusión.

––Me llamo Astrid, no pequeña, idiota.

Suelta una pequeña carcajada y siento como me sube la sangre a las mejillas.

––Bueno... pequeña Astrid, yo soy Cole.

Aprieto los puños, y creo que parece que voy a estallar o echar humo por las orejas en cualquier momento. Me sorprende que un extraterrestre tenga nombre humano, pero oye, hasta hace unas horas nunca había visto ni conocido a un Visitante.

Le ignoro y comienzo a caminar. No le oigo seguirme, pero por alguna extraña razón, le siento.

Lo que en un pasado fue Times Square, ahora solo son unos edificios destruidos por los que suben enredaderas y suciedad. Recuerdo que antes del Apocalipsis, mis padres siempre me traían en verano a ver actuaciones o simplemente a admirar la arquitectura moderna. Son recuerdos vagos y dispersos, pero pensar en ello y en mi familia me sienta como una patada en las costillas.

––Estás sangrando.

"No fastidies"

Me giro. Cole me mira con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos.

––¿Qué esperabas? Tuve que lanzarme contra un espejo para que mi cabeza no acabara rodando a tus pies.

––Ya, bueno, pues tápate eso o límpiatelo. No puedo andar contigo así delante.

––Uy. ––me llevo una mano a la boca, fingiendo sorpresa y angustia.––Lo siento. A lo mejor mi señor tiene fobia a la sangre... Qué tonta he sido... Debería haberme quedado allí para que no tuvierais que ver heridas que no habéis causado. Qué egoísta y desconsiderado por mi parte...

Pone los ojos en blanco y en un segundo se encuentra delante de mí, sosteniéndome el brazo magullado.

––Por lo que veo, no sabes nada acerca de los Visitantes.

No puedo dejar que sepa otro de mis puntos débiles. Desconozco todos los datos importantes del enemigo, de Cole.

––Más de lo que tú piensas, E.T.

Suelta una pequeña carcajada sin humor, pero aumenta su presión alrededor de mi muñeca. Dejo escapar un gemido, pues me está rozando algunos de los cortes más profundos.

––Escapaste de mi ilusión, sí... Pero no por eso te creas más inteligente o más astuta... Porque créeme, podría matarte de un solo manotazo, como a una simple mosca.

Alzo las cejas, tratando de ocultar mi miedo cada vez mayor.

––Qué agradable eres ¿no?¿Sois así con todos o debo sentirme halagada por tu simpatía?

––No tientes a la suerte, pequeña Astrid. ––susurra.

––La suerte siempre ha estado, y siempre estará de mi parte. ––trato de sonreír.

Cole se da por vencido y me suelta el brazo.

––Vamos a buscar un coche, tal vez tengamos suerte y encontremos alguno.

Se lleva una mano a la frente, intentando ver mejor bajo el sol abrasador y señala con el otro brazo en dirección al norte.

––Debemos ir por ahí. Después de unos kilómetros llegaremos a un parque natural... O lo que queda de él. Allí hay un lago, el agua no está contaminada y podrás limpiarte los cortes; más adelante se encuentra la Sede.

Asiento y bajo la mirada. No me hace mucha gracia tener que confiar en él. Pero la decisión ya está tomada. Cole camina delante de mí, y durante un buen rato no nos dirigimos la palabra. Supongo que es mejor así.

Doblamos una esquina. Hay una entrada subterránea a lo que debía ser un Parking, pero está cubierta por inmensas rocas.

El extraterrestre se para enfrente y alza una ceja para a continuación soltar un bufido. Antes de que yo pueda hacer uso de mi "humor", las piedras empiezan a flotar, como si tuvieran cuerdas sosteniéndolas y tan solo fueran títeres. De pronto, se dejan caer al lado contrario de la calle, formando una nube de polvo a su alrededor.

Lo más posible es que tenga la boca abierta, por lo que Cole me dedica una sonrisa, se mete las manos en los bolsillos y entra en el pasadizo, no sin antes hacerme un gesto con la cabeza, indicándome que lo siga.

Joder.

El lugar es enorme, con gran cantidad de columnas y plazas. Está en perfecto estado, el único problema que puedo percibir es que hay un extraño y repugnante olor en el aire.

Una hilera de unos treinta coches nos espera. Me llevo las manos a la boca, intentando ahogar una carcajada de pura alegría. Miro a Cole, pero él está en modo "soy guay y ver todo esto me da igual".

––Adelante, elige uno.

Empiezo a correr por todo el garaje, mirando cada vehículo y analizándolo. Me muerdo el labio inferior, intentando no ensanchar aún más mi sonrisa cuando veo un todoterreno negro impresionante e impoluto, salvo por una abolladura en la puerta del copiloto.

Cole vuelve a alzar una ceja y yo le señalo satisfecha al elegido. Se encoge de hombros y se acerca a la puerta. La mira fijamente apenas un segundo y esta se abre.

Me dan asco. Él y sus estúpidos poderes.

El olor que antes impregnaba el aire se ha hecho mucho más intenso, hasta llegar al punto de resultar insoportable. Trago saliva al ver lo que descansa en el interior. No puedo apartar la vista.

Es una mujer. Tiene la piel reseca y pálida. Los labios entreabiertos, llenos de cortes y grietas. Sus ojos están cerrados, pero parece que en cualquier momento vaya a abrirlos. Viste una chaqueta de cuero roja y un vestido ajustado negro que resalta lo esquelético que ha quedado su cuerpo; se puede distinguir una enorme masa de carne seca en su estómago, e incluso puedo ver algo colgando. Su pelo está enmarañado y desnutrido, sin vida, al igual que el resto de su ser. Tiene un brazo extendido hacia el asiento trasero. Una parte de mi dice que no mire, pero cuando me quiero dar cuenta, tengo mi vista clavada en un bebé, con el mismo aspecto demacrado de la mujer y un inmenso corte en el cuello. Los ojos del niño están abiertos, y lo único que reflejan es sorpresa y temor. Nada más. Ni luz, ni vida, solo horror.

Los ojos se me humedecen. Todo es culpa de los Visitantes. Me llevo una mano a la boca, tratando de ahogar un sollozo. No voy a llorar; no puedo.

Una mano me gira lentamente y me encuentro con los ojos de Cole mirándome fijamente.

––Vamos a elegir otro coche... ––murmura mientras aparta la vista para buscar otro vehículo.

¿Cómo no puede afectarle? Es un Visitante, pero tiene que tener emociones, ¿no siente culpabilidad? Todo esto es culpa de su gente, y por lo que he comprobado, seguro que él no se queda atrás. Estoy en este lío por su culpa, en realidad todo el planeta lo está. Nadie eligió tener que vivir así: escondidos y rezando por no ser descubiertos. Nadie quería esto. Pero los Visitantes no nos dieron elección. Son monstruos.

Me alejo del todoterreno tambaleándome. Me siento en el suelo y me rodeo las piernas con los brazos. Estoy cansada, cansada de sentir, cansada de huir, cansada de correr, cansada de la soledad... cansada de vivir.

Si en el futuro tengo hijos, ¿es esto lo que les espera? ¿un final cómo el de la familia del todoterreno?

Una moto se acerca. Cole la conduce y tiene cuidado de no aplastarme.

––Sube. ––ordena haciendo una seña con la mano.

Ni hablar. No quiero estar tan cerca de él. Niego con la cabeza.

––Todos los coches tienen cadáveres en su interior. Probablemente algo los atacó y luego cerró la entrada por si quedaba alguno vivo. La moto es lo único que no tiene tanto olor impregnado y cuyo propietario no ha muerto en ella. Además es rápida y tiene el depósito lleno.

Se me forma un nudo en la garganta. Tanta gente ha muerto por su culpa...

Me subo al vehículo a regañadientes, pero me agarro en la parte trasera de este.

––Si te pones así va a ser incómodo y tienes más posibilidades de caerte.

––Preferiría caerme mil veces a establecer contacto físico contigo. ––espeto con seriedad.

Él se limita a encogerse de hombros y murmurar un "Tú misma...". La moto arranca, y por un segundo me dan ganas de seguir su consejo, pero descarto inmediatamente la idea.

De pronto, me surge una pregunta.

––¿Cole...?

Vuelve su cabeza lentamente.

––¿Si?

Me paso la lengua por los labios resecos.

––¿Cómo supiste quiénes eran mis padres?

Se lo piensa unos segundos antes de responder.

––La canción... tu madre la tararea cada noche.


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