Capítulo 21: Imposible
Canción para este capítulo: Give me love-Ed Sheeran
Las personas no elegimos de quien nos enamoramos. Este sentimiento simplemente florece poco a poco, y no te das cuenta de que está ahí hasta que simplemente ya no hay vuelta atrás. Supongo que es lo que me ha pasado con Cole. Cada momento, cada instante, nos ha llevado hasta donde estamos ahora.
Contemplo mi reflejo. En unos instantes partiremos al baile. Lo único que quiero ahora es hablar con Cole y decirle lo que siento, pero debo ceñirme al plan. No tengo ni la más remota idea de lo que haremos una vez lleguemos, y eso me inquieta. Pero confío en él.
Mi pelo está recogido hacia un lado y Charlize me ha maquillado. Admito que estoy guapa, aunque lo más probable es que no tenga comparación con las Visitantes que habrá en el acto.
Mis ojos captan a Cole apoyado contra el marco de la puerta y de brazos cruzados. Lleva un traje negro con una camisa blanca y una pajarita negra. Su máscara es oscura y hace que un aura misteriosa lo rodee. Está guapísimo. Sus ojos verdes resplandecen, como siempre, aunque hoy parecen haber perdido esa picardía que tanto los caracteriza.
––Es hora de irnos. ––dice para después salir rápidamente de la habitación.
Suspiro y camino hasta la cama. Saco mi navaja de debajo del colchón y la meto en mi bolso. Estoy casi segura de que la voy a necesitar. Cojo la máscara dorada y marrón y me la pongo con un poco de dificultad. Me dirijo al salón, donde Charlize y Cole parecen estar discutiendo.
––No creo que estés haciendo lo correcto... la quieres Cole, deja de ser un estúpido. ––oigo a la anciana musitar enfadada.
––Ya es tarde para dar marcha atrás. ––susurra con el ceño fruncido y puedo notar el nerviosismo que destila su voz. Abre los ojos como platos y gira su cabeza en mi dirección al darse cuenta de mi presencia.
Carraspeo y me acerco a Charlize, no sin antes dirigir una mirada a mi compañero. La Visitante me envuelve en sus brazos y yo hago lo mismo. Le estoy muy agradecida por
todo lo que ha hecho por nosotros. Además ha sido muy agradable conmigo y se ha ganado mi cariño.
Me alejo un poco sonriendo.
––Muchas gracias por todo.
Ella asiente y acaricia mi mejilla para después alejarse y abrazar al Visitante, el cual la devuelve el gesto con efusividad. Charlize le susurra algo que mis oídos humanos no son capaces de captar, pero que produce que el cuerpo entero de Cole se tense. Frunzo el ceño levemente cuando él se acerca a mi y coloca su mano en la parte baja de mi espalda para conducirme al ascensor. Una vez en el reducido espacio, le dedico una última sonrisa a la anciana y las puertas se cierran.
Tomo aire. Puede que este sea el único momento a solas que tengamos en toda la noche, y quiero aprovecharlo. Quiero decirle lo que siento. Necesito decirle lo que siento.
––Cole... ––susurro.
––El plan es el siguiente, ––me interrumpe.––Cuando bailemos, habrá una parte determinada en la que tendremos que cambiar de pareja. Me encargaré de que el Presidente sea el que me sustituya. Tienes que hablarle, cautivarle, hacer que se interese por ti... ––a pesar de estar hablando fluidamente, sus puños están cerrados y su mandíbula apretada. ––Lo demás será pan comido. Por ahora esa es tu misión esta noche.
Asiento y giro todo mi cuerpo en su dirección.
––Tengo que hablar contigo sobre algo... Es muy importante y... ––las puertas se abren y sale con prisa, sin dirigirme ni una mirada.
Gruño. A la mierda. Estoy harta de arrastrarme. Tengo dignidad y orgullo, y no los voy a perder porque un estúpido Visitante pase de mi. Si quiere jugar a quien es peor, jugaremos.
Salimos del edificio y caminamos por las calles. Se oyen risas y voces alegres. Todo está iluminado y los Visitantes caminan animados. Muy pocos llevan ropas elegantes, por lo que me imagino que a la celebración solo podrá acudir un grupo reducido de seres. Es increíble como ha cambiado mi opinión sobre ellos. Me refiero a que hasta hace poco lo único que deseaba era acabar con la mayor cantidad de estas criaturas posible, mientras que ahora simplemente me es indiferente.
Los edificios son modernos y me recuerdan a la antigua ciudad de Nueva York. Me llevo una mano a la boca para morderme las uñas, pero al ver como han quedado después de que Charlize consiguiera adecentarlas lo máximo posible, me detengo. Pronto recuperaré a mi familia, y aunque suene estúpido, por mi cabeza no paran de pasar imágenes de como me imagino que será nuestro reencuentro. Una sonrisa se forma en mi rostro y cuando me quiero dar cuenta, Cole se ha detenido delante del edificio más alto. La Sede. Me extiende el brazo.
––¿Preparada?
Suspiro y entrelazo nuestros brazos mientras asiento. Él me dedica una sonrisa torcida.
Nos adentramos en la construcción. Las paredes son de mármol en tonos crema y el suelo está hecho del mismo material. Hay dos inmensas escaleras de caracol que conducen a un balcón interior, desde el que se puede ver todo el salón de baile. Muchos Visitantes se han girado en nuestra dirección, seguramente porque habrán percibido el olor a sangre fresca. Algunos me observan con curiosidad, otros con asco. Yo, por mi parte, solo destilo indiferencia y frialdad, como de costumbre.
Un alienígena pasa a nuestro lado para coger nuestros abrigos y mi bolso. Quiero quedarme este último, pero la mirada que Cole me dedica hace que finalmente se lo entregue.
Coloca su mano en mi cintura y me obliga a avanzar por la habitación. Hasta que ve a un grupo de personas a lo lejos y se detiene abruptamente. El Presidente.
Una dulce melodía comienza a sonar. Carraspeo y bajo la mirada. Cole me extiende la mano sonriendo, aunque esta no llega a sus ojos.
Me acerca a él y comenzamos a movernos al son de la música, al igual que varias parejas más. Una vez más, nos perdemos el uno en el otro. Bailamos con rapidez e intensidad. Por primera vez en toda la noche, parece prestarme verdadera atención. Nos separamos en dos filas las chicas y los chicos. Esto no es lo que habíamos practicado, pero aún así, se cada movimiento que tengo que hacer. Nos volvemos a acercar, alzando una de nuestras manos y dando lentas vueltas, pero sin llegar a establecer contacto físico. Cole tiene los labios entreabiertos y me sonríe. Por un segundo la escena se me hace familiar. Volvemos a la posición original y un escalofrío recorre mi cuerpo al sentir de nuevo su piel en contacto con la mía.
Y entonces llega el cambio de pareja. Los labios de Cole se convierten en una fina línea cuando no tiene otro remedio que soltarme. Al segundo me encuentro envuelta en otros brazos. Los brazos del Presidente. Frunzo el ceño en cuanto alzo la vista para ver por su rostro.
Un grito ahogado escapa de mis labios cuando la chispa del reconocimiento se enciende en mi. Apenas ha cambiado en todo este tiempo. Mis ojos se cristalizan y me detengo.
––Jack... ––susurro con voz rota.
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