Capítulo 19: La Inquisición
Canción para este capítulo: Never say never-The Fray ( amo esta canción y aunque no tenga mucho que ver con el contenido del capítulo, la pongo c: )
Reacciono y salgo del pequeño espacio. La espalda de Cole está tensa y no se relaja hasta que una anciana de ojos verdes aparece.
Yo me dedico a observar el apartamento con los ojos muy abiertos. Es totalmente blanco y negro. Supongo que de haber crecido en un planeta normal, me habría gustado tener un hogar como este. No hay ni un solo cuadro o foto en las paredes, lo que le da un aspecto aún más limpio e impoluto. Los muebles son modernos y los sofás de cuero. Unas grandes escaleras se encuentran situadas al lado de la amplia cristalera que permite ver la ciudad. Las luces de esta ya se han apagado, puesto que ya ha amanecido.
La voz de Cole me saca de mis pensamientos.
––Astrid, responde.
Sus ojos están fijos en mi y los de la señora también. La diferencia es que unos me observan duros y fríos, y otros con, incluso, ternura.
––¿Cuál es tu edad? ––dice la anciana sonriendo. Cole rueda los ojos como si le molestara que ella me hubiera repetido la pregunta.
––Diecisiete años... Creo. ––he perdido la cuenta de los días. Tal vez ya haya cumplido los dieciocho, aunque si es así, poco o nada me importa.
Aquí da igual si eres grande o pequeño, la mierda te traga de todas formas.
La señora asiente y se coloca un poco el despeinado moño en el que lleva recogido su pelo blanco. Hace un gesto con la cabeza, indicándome que la siga.
Cuando paso por delante de mi compañero, él no me dedica ni una mirada.
Suspiro y subo las imponentes escaleras con Charlize (creo que se llama así). Cruzamos el pasillo de la planta superior hasta detenernos delante de una puerta de madera oscura. La abre y hace un gesto con la mano para que pase. Me adentro en el dormitorio con lentitud y en cuanto veo los muebles, me llevo las manos a la boca y ahogo un grito: una cama de matrimonio se encuentra en el centro del lugar. Hay un armario enorme (no se para qué si no tengo ropa) y una puerta. Todo, al igual que el resto de la casa, está decorado en diferentes tonos de negro y de blanco. Va a ser la primera vez en años que duerma cómoda. Charlize avanza y abre la misteriosa puerta, permitiéndome ver un gran baño.
––Me voy a mi casa, vosotros podéis quedaros aquí el tiempo que necesitéis. Mañana vendré para que te pruebes el vestido. ––sonríe y yo lo hago de vuelta. No he entendido nada de lo que ha dicho, pero le estoy agradecida por dejarnos el apartamento. La anciana sale de la habitación y yo prácticamente corro hacia el cuarto de baño.
Abro el grifo de la ducha y me desvisto. Me quedo de pie bajo el agua caliente, dejando que se lleve toda la suciedad que había en mi cuerpo. Cojo algo de champú y lavo mi cabello. Me quedo ahí varios minutos, perdida en mis pensamientos, con la frente apoyada en la pared y los ojos cerrados.
Me pongo una toalla y salgo del baño mientras me cepillo el pelo. Me cuesta varios tirones y bastante dolor desenredarlo y ni siquiera lo consigo del todo. Encima de la cama hay un pijama. Me imagino que Charlize lo habrá dejado ahí antes de irse. Me visto y me lanzo sobre el colchón. Es extraño dormir en una superficie tan cómoda después de haber pasado años haciéndolo en piedras o en el suelo. Cierro los ojos y me sumerjo en un profundo sueño.
Cuando despierto, ya es de noche. Camino por el pasillo en dirección a la planta baja y una vez allí, busco a Cole. No voy a pedirle disculpas porque no lo siento. ¿Qué pretendía, que sabiendo lo que es y lo que su raza ha hecho fuera su amiga?
El Visitante se encuentra sentado en el sofá, mirando a la nada. No se ha dado cuenta de mi presencia, así que, dudando al principio, coloco mi mano en su hombro. Él se estremece y se gira. Sus ojos verdes hacen que se me ponga la piel de gallina y escrutan mi cara con indiferencia.
––Prometiste darme respuestas. ––digo.
Él frunce el ceño unos segundos para después apretar los labios y hacer un gesto con la
cabeza indicándome que me siente a su lado. Me coloco a su derecha con las piernas cruzadas y mirándole, aunque mi compañero tenga la vista perdida en la ventana situada delante suyo.
––¿De qué conoces a Charlize? ––pregunto.
––Era amiga de mi familia.
Dudo antes de preguntar. Odio dudar. Antes no lo hacía, pero desde que lo conocí, la cosas han cambiado drásticamente.
––¿Familia?
––Todos muertos. ––murmura sin cambiar su expresión.
Un nudo se forma en mi garganta y no puedo evitar compadecerme de él. Decido no tocar más el tema.
––¿Es cierto que... los Visitantes siempre habéis estado entre nosotros?
Su cabeza se vuelve hacia mi bruscamente, pero no parece sorprendido.
––¿Quién te ha contado eso?
Me paso la lengua por el labio.
––Cuando me dejaste sola aquellos días, me crucé con dos Visitantes y...
––¿Cómo? ––gruñe bufando.
––Sí, acabé con los dos. Uno de ellos me contó eso, que vosotros no llegasteis hace diez años, sino que llevabais aquí mucho más tiempo. ––suspiro.––¿Es cierto?
Cole parece dudar un momento.
––Sí. Hemos estado en la Tierra desde hace siglos. ––echa su cuerpo hacia delante y apoya sus codos en las rodillas. Carraspea y se pasa una mano por el cabello.––Los Visitantes procedemos de un mundo paralelo a la Tierra. Somos exactamente iguales a los humanos físicamente, salvo por los ojos. ––se vuelve hacia mi.––Nosotros teníamos a algunos de los nuestros infiltrados en vuestro planeta, pero allá por la Edad Media os distéis cuenta de que algo no marchaba bien. ––hace una pausa para tomar aire.––¿El producto de todo eso? La Inquisición.
Mi ceño se frunce y me dejo llevar por la confusión.
––¿La Inquisición?
––No tenía nada que ver con lo religioso en el fondo, pero se encargaron de dejar las suficientes pistas falsas para que generaciones de humanos lo creyeran. Todo era una campaña contra los Visitantes y una forma de sacarles información de Sanguinem, nuestro planeta.
Las palabras no salen de mi garganta y me muerdo el labio con fuerza.
––El hecho de que hayamos venido a por vosotros no fue por capricho, pequeña Astrid. ––mis ojos se abren un poco más (si es que eso es posible) al darme cuenta de que he recuperado ese mote que tanto odiaba pero que he acabado cogiendo cariño.––Es una venganza, un ojo por ojo diente por diente. En el año 1969, los humanos destruisteis nuestro mundo, era cuestión de tiempo que contraatacáramos. ––finaliza.
Bajo la mirada a mis manos. No sé como reaccionar a esto. Todo mi odio hacia los Visitantes, todo lo que he hecho contra ellos...
Y ni siquiera fueron los que comenzaron esta guerra.
Niego con la cabeza y sigo con mis preguntas, sin parar de darle vueltas a lo que me ha contado.
––¿Y tu venganza personal? ¿El motivo por el que has hecho un trato conmigo?
Sus pupilas bajan a mis labios pero regresan a mis ojos rápidamente.
––El Presidente me lo arrebató todo. Solo he amado a dos mujeres en toda mi vida. ––su voz se torna ronca.––Las dos humanas. El Presidente se encargó de quitármelas, tanto a ellas como a mi familia.
Frunzo el ceño.
––¿Las mató?
Un bufido escapa de sus labios.
––Peor. Las... engañó, volviéndolas suyas ante mis propios ojos.
Asiento levemente. Un sentimiento de decepción se ha instalado en mi al oír que solo ha amado a dos personas, y que yo no he sido una de ellas. No debería importarme pero lo hace.
¿Qué me está haciendo?
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