Capítulo 18: Estoy harto
Canción para este capítulo: Elastic heart-Sia.
Mi vista está clavada en la imponente ciudad situada delante de mi. Después de abrazarnos, nos subimos a la moto y conducimos durante horas hasta llegar, por fin, a la Sede.
Mi boca está seca y hago un intento fallido de tragar saliva. Bastantes edificios que me recuerdan a la Nueva York de hace años se encuentran iluminados en la oscuridad de la noche. Cole ha hecho desaparecer la ilusión que me impedía ver la ciudad.
Una mano se posa en mi hombro y no me molesto ni en volverme. La verdad es que impacta ver tales construcciones después de haber vivido diez años en la absoluta miseria.
––Ese edificio, ––su mano señala al más alto e iluminado.––Es la Sede.
Asiento de forma apenas perceptible y me paso la lengua por los labios resecos. Un escalofrío recorre mi cuerpo solo de imaginarme la cantidad de Visitantes que viven en ese lugar.
––¿Y cómo me ocultaré? ––mi voz suena un poco angustiada. Carraspeo deseando que Cole no lo haya notado.––O más bien a mis pensamientos. Algunos de los tuyos pueden leer la mente.
Le oigo resoplar y en un segundo está delante de mi, bloqueando mi perfecta visión de la ciudad.
Sus ojos verdes brillan un poco en la oscuridad de la noche y eso solo consigue ponerme aún más nerviosa.
––Yo me encargaré de eso.
Asiento no muy segura.
––¿Y cómo vamos a entrar?
––¿Puedes dejar de hacer preguntas? ––gruñe molesto.
––Solo cuando tú te dignes a responderlas. ––me cruzo de brazos y alzo una ceja.
Él suspira sonoramente y se muerde el labio inferior mirando a un punto invisible a su derecha. No puedo evitar desviar mi vista a su boca e imitar su gesto.
––Mira, vamos a hacer un trato––dice por fin.––Tú me haces caso en todo lo que te diga hoy, sin preguntar nada ni poner pegas.––frunzo el ceño.––A cambio mañana por la noche te contaré absolutamente todo lo que quieras saber.
Las comisuras de mis labios se quieren alzar pero me contengo. Simplemente musito un "de acuerdo" y le sigo cuando se pone en marcha.
Caminamos por un sendero saliendo del parque natural que tanto tiempo nos ha llevado recorrer. Alzo mi vista al cielo, y por primera vez me doy cuenta de algo: la única estrella que se puede ver en la zona es Potestamen, situada justo encima de la Sede. Hago una mueca y continúo.
Poco a poco el ambiente va cambiando. Las luces cada vez me ciegan más y los árboles y arbustos desaparecen. El suelo que antes estaba un poco encharcado ahora se convierte en asfalto.
La ciudad está rodeada de una pequeña verja. No le encuentro mucho sentido, ya que no sería muy complicado saltarla, pero me imagino que en ella residirá la ilusión que impide que los humanos vean lo que hay en su interior.
Hay algunos alienígenas en las puertas. Unos van vestidos de calle, con camisetas y pantalones sucios, por lo que sospecho que son los encargados de patrullar por el parque natural. Otros llevan ropas normales pero limpias. Los dos grupos de extraterrestres conversan entre sí y el hecho de que haya más de diez hace que se me pongan los pelos de punta. Si pudiera, los mataría a todos, a todos y cada uno de los Visitantes. Se lo merecen. Y quién sabe, tal vez en el futuro lo haga. Pero por ahora lo importante son mis padres.
Cole agarra mi muñeca con fuerza y me atrae hacia él. Rodea mis hombros con su brazo derecho sin siquiera mirarme, y cogiendo mi mano, hace que la coloque sobre su pecho. Voy a abrir la boca para quejarme pero la cierro inmediatamente al acordarme de nuestro trato. Baja la cabeza, tanto que nuestras narices se rozan. Nuestros alientos se han mezclado y cuando habla, su voz suena ronca.
––Finge estar cómoda y cuanto más actúes pareciendo interesada en mi, mejor. ––susurra con una sonrisa, para que parezca que se está riendo de algo que he dicho. Desviando un poco la vista a los Visitantes, me doy cuenta de que ellos nos miran sin molestarse ni en disimular.
Todo sea por recuperar a mis padres.
Sonrío al alienígena y me acerco a él, besando su mejilla de forma lenta. Río un poco contra su piel y noto como un escalofrío recorre su cuerpo. Su brazo desciende hasta mi cintura y aprieta su agarre. Con delicadeza deslizo mis labios por su pómulo hasta llegar a su oreja. Me detengo un poco, fingiendo susurrarle algo. Cole atrapa su labio inferior con los dientes en respuesta y yo aprieto en un puño su camiseta. Le muerdo el lóbulo de su oreja y esta vez el Visitante se vuelve hacia mi. Sus pupilas están un poco dilatadas y me mira con intensidad.
En vaya líos me meto...
Giro mi cabeza hacia las puertas y me percato de que los alienígenas nos observan con las comisuras de sus bocas alzadas, todos menos una. Carraspeo tratando de quitar el picazón que se ha instalado en mi garganta e intento alejarme disimuladamente de Cole. Él me deja ir pero no aparta sus pupilas de mi cara. Toma mi mano y caminamos un par de metros hasta llegar a la verja.
––¡Cole! ¡Cuánto tiempo! ––grita una chica, bueno, más bien una Visitante. Su piel es pálida, sin ningún tipo de mancha o cicatriz, a diferencia de la mía. Su cuerpo es perfecto: tiene curvas y está delgada, mientras que yo... yo parezco un jodido espagueti con patas. No puedo evitar sentir un poco de envidia.
En un segundo está situada delante de él y lo abraza con fuerza. Mi compañero no tiene más remedio que soltarme para responderla. Se quedan así lo que a mi me parece una eternidad y hago todo lo posible paro no cogerla de su cabello pelirrojo y apartarles.
Y no, no son celos. Simplemente me molesta que monte tal espectáculo delante de todo el mundo. ¿No pueden hacerlo en otro momento?
Por fin se separan y se miran a los ojos unos segundos. Después, la Visitante me mira y suelta un bufido.
––¿Qué es esto? ––pregunta.
Aprieto mis puños con fuerza.
––Un regalo para el Presidente.––responde Cole con voz neutra.
––¿Y por qué habéis estado a punto de enrollaros delante de nuestros ojos hace unos momentos? ––vuelve a preguntar con molestia.
Su voz me recuerda a la del Pato Donald. Irritante.
––No he podido resistirme. ––murmura mi compañero esbozando una sonrisa.
Já, al parecer tu querido amigo prefiere a "esto", puta.
En mi interior estoy burlándome de la pelirroja pero por fuera mantengo mi expresión carente de emociones.
Ella hace una mueca y en menos de un segundo se encuentra pegada a la entrada junto a los otros seres, que se han mantenido en completo silencio. Las puertas se abren y Cole no duda en cruzarlas a paso rápido. Yo lo sigo por detrás intentando ir a su ritmo.
De pronto un brazo sujeta mi hombro y cuando me vuelvo, la pelirroja me mira con una sonrisa lobuna.
––Os he dejado entrar porque sé lo que nuestro líder hace con las zorras como tú.––ladea la cabeza.––Veremos cuanto tiempo duras.
Me libero con brusquedad de su agarre y me muerdo la lengua para no soltar uno de mis comentarios. Lo único que necesito ahora es meterme en más problemas.
Cuando alcanzo a Cole me doy cuenta de que estamos circulando por las calles más solitarias de la ciudad. La luz aquí no es tan intensa.
––¿No se supone que no nos podían reconocer? ––pregunto frunciendo el ceño.––Por eso íbamos a ir al baile de máscaras...
Antes de que pueda continuar, me interrumpe deteniéndose.
––En primer lugar, donde no podemos permitirnos que nos reconozcan, es aquí dentro. Esos Visitantes nunca están en el interior, viven por los alrededores vigilando y por tanto no corremos ningún riesgo al haberlos mostrado nuestros rostros... ––entrecierra los ojos.––Y en segundo lugar, pesaba que teníamos un trato...
––Tenemos un trato. ––corrijo intentando no sonar borde y remarcando la primera palabra.
Llevamos media hora andando, aproximadamente. Solo nos movemos por las sombras, cuidando que nadie se percate de nosotros. Estoy cansada. Y aburrida. Cole no habla y me ignora olímpicamente. Está perdido en sus pensamientos y empiezo a creer que se ha olvidado de que estoy a su lado.
Por fin, se detiene delante de un gran edificio y llama a uno de los timbres.
––¿Sí? ––contesta una voz anciana.
––Charlize, soy Cole. ––dice.
Las puertas se abren casi al instante y nos adentramos en la construcción.
Subimos al ascensor y el Visitante pulsa el botón con el número "49". Suspiro y echando un vistazo al pequeño recinto, me percato del espejo que hay a mi derecha. Observo mi reflejo con tristeza. Grandes ojeras pasan por debajo de mis ojos. Una pequeña cicatriz está situada en uno de los laterales de mi frente, pero por suerte no se nota mucho. Mis labios están resecos y mi pelo grasiento y enmarañado. Mis pómulos están marcados y mi piel morena sucia. Aparto la mirada y la dejo en el suelo. Nunca me ha importado mi apariencia, pero el hecho de haberla visto de una forma tan clara... no es agradable.
Me giro en dirección a Cole. Me ignora y no entiendo por qué. Desde hace unas horas está mucho más distante. Cuando damos un paso hacia delante, retrocedemos dos.
––¿Por qué te estás comportando así? ––digo. Él parece reaccionar y se vuelve hacia mi.––Tan... frío.
Suelta un bufido.
––Verás, Astrid... ––trago saliva al darme cuenta de que no ha incluido la palabras "Pequeña" en esa frase.––Estoy harto de pasarme el día intentando acercarme a ti, haciendo todo por ti e intentando ser mejor por ti. A partir de ahora voy a comportarme como tendría que haberlo hecho desde el principio, distante y frío, justo como tú has sido
conmigo todo este tiempo.––abro la boca pero me impide hablar.––Haz lo que quieras, siempre lo haces.
Las puertas del ascensor se abren y sale con prisa, dejándome ahí, quieta, pensando en sus palabras.
Como he tardado tanto en actualizar, he hecho un capítulo largo :3 Espero que os haya gustado.
Ahora que están en la Sede, la historia avanzará bastante. Aún queda la mitad del libro aproximadamente, pero aún así, a partir de ahora muchas cosas serán desveladas.
¿Qué opináis de la decisión de Cole?
-Lau
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