Capítulo 02


"Su carácter era similar al cielo, y no porque fuera bello, sino porque podía pasar de ser un cielo despejado a un tormentoso y lleno de nubes."

Lan-Sui

En venganza a la caída que tuvo por culpa de Lan-Sui, Mo-Quing ideó un plan perfecto para atormentar a la princesa de rostro bonito y apariencia divina. Como encargada de la seguridad, y básicamente cualquier detalle, grande o pequeño, que involucrara a Lan-Sui, todo el tiempo tenía que estar a su lado, eso fue una ventaja.

Comenzó ordenándole pequeñas tareas, recados o asuntos banales, tales como que le llevara agua, o que buscara a alguna bruja en específico para motivos que no le concernían; Lan-Sui obedeció sin protestar al principio, pero apenas descubrió qué era lo que Mo-Quing planeaba hacer comenzó a rezongar.

A la vista de todos, en los lugares donde los ojos podían verlas, Mo-Quing se transformaba en un panecillo dulce bañado en néctar, hacía su trabajo mejor que bien, atendía a Lan-Sui, complaciéndole caprichos y berrinches, algo que no era demasiado difícil ya que, aunque no se lo hubiera esperado en absoluto, Lan-Sui era muy simple.

Pero, cuando solo eran dos, aprovechaba para mandonear a la princesa como mejor se le antojara. Al comienzo pensó que Lan-Sui la tiraría a loca y no volvería a obedecerla, pero al ver que después de una semana en la misma situación, Lan-Sui dejó de hacer comentarios a cerca de ser una esclava, Mo-Quing decidió seguir ordenando, y para su sorpresa Lan-Sui siguió obedeciendo, de mala gana pero lo hacía.

Mo-Quing sonrió satisfecha al ver que su venganza resultó exitosa, y sonrió más en el momento que Lan-Sui entró a su tienda, tomada por Mo-Quing durante el día, llevando consigo la charola de bocadillos y postres que Mo-Quing había ordenado a las cocineras, diciendo que eran para la princesa cuando en realidad era su estómago el que anhelaba comer algo dulce y rico.

—Ya no sé quien es la sirvienta de quien. —Lan-Sui se sentó en uno de los canastos forrados en seda. —Se supone que tú debes atenderme, y por lo que veo es al revés. ¿No te da pena tener de esclava a una princesa?

Para callarla, Mo-Quing le metió un pastelito de loto a la boca, ella sostuvo otro al que le dio una mordida antes de responder sin pena.

—No. Es grandioso ser atendida por un princesa, lo haré más seguido.

Lan-Sui terminó de masticar, y, acostumbrada ya a la sinceridad inusual de Mo-Quing para hablar con todos, volvió a encararla.

—Eres comandante de un ejército muerto, te temen en todo el mundo, te idolatraron en una era pasada. ¿Y qué es lo que en realidad haces? ¿Uh? Comer pastelillos, vagar por ahí, engordando sin parar. ¿No te da pena?

—Poquita nada más. —Mo-Quing agarró otros dos postres. —Pero me la aguanto. 

—Comandante. —Lan-Sui se había acostumbrado a ser inexistente para las demás brujas, así que no tuvo problemas para ignorar a la joven que entró en su tienda sin avisar, pedir permiso o ser llamada con anterioridad, también ignoró el hecho de que no la saludó y fue directo a Mo-Quing. —Su majestad solicita verla, dice que es un asunto urgente.

—¿Qué es lo que quiere ahora?

—No me lo dijo, pero me pidió que la llamara y le dijera que acuda cuanto antes. 

De mala gana Mo-Quing se levantó, le hizo una seña a Lan-Sui para que también se levantara y se apresurara a seguirla.

—Comandante. —La bruja se interpuso entre Mo-Quing y la entrada, impidiéndole a ella y a Lan-Sui pasar. 

—¿Ahora qué quieres? Vamos habla, no estoy de humor así que date prisa si no quieres formar parte de mi ejército.

Sin mostrar signos de temer a la amenaza por parte de sus superior, la bruja mantuvo su tono firme, Lan-Sui lo percibió arrogante también, pero como no era de su incumbencia proteger el respeto de Mo-Quing no hizo nada por poner a la bruja en su lugar.

— Debe ir sola.

—¿Con quién crees que hablas? ¿Eh? —Lan-Sui sonrió para sus adentros, igual, aunque no defendiera el respeto de Mo-Quing ella sola se encargaría de darse su lugar, no hacía falta intervención de su parte. —Ella es la princesa Lan-Sui, no vuelvas a ignorarla como si fuera decoración pasada de moda, estoy a cargo de cada movimiento que haga, y por lo tanto irá conmigo. No eres quien para darme órdenes.

—Pero, la reina...

—La reina debe de entender que la emperatriz me encargó la tarea. Suficiente charla. —cortó al ver que la bruja volvía a abrir la boca para protestar. —Lan-Sui, andando. 

Lan-Sui se despidió con una sonrisa de medio lado y una inclinación demasiado sutil de cabeza, después avanzó apresurándose para que Mo-Quing no descargara su ira con ella. 

Al acercarse a la tienda real las guardias quisieron evitar el paso de Lan-Sui al interior de la carpa verde, pero Mo-Quing las retuvo en su lugar. Su humor empeoró al ingresar y ver que la reina no estaba sola, en su amplio espacio lleno de lujos y cristales, sus otras tres hijas se aglomeraban como mosquitos a su alrededor; y lo que irritó a Mo-Quing no era que estuvieran ahí, sino el motivo por el qué estaban, seguro escucharon que su madre la mandó llamar y vinieron como buitres carroñeros en busca de diversión a costa de otros.

Era en momentos así que Mo-Quing entendía un poco a su madre, y el rechazo constante que demostraba al clan amatista y a sus miembros.

Mo-Quing se arrodilló apenas entró, Lan-Sui en cambio, permaneció de pie, con las manos unidas al frente y una postura relajada.

—Majestad. —saludó Mo-Quing desde el suelo. 

—Arriba. —Lan-Sui pateó su costado, Mo-Quing no se movió. —Eres mi niñera ahora, que te arrodilles en frente de ellas es una ofensa, así que arriba.

—¡Lan-Sui! —La reina destruyó la copa de vino que sostenía en sus manos, su rostro se volvió rojo por la ira y la indignación. 

—Reina Prax. —Lan-Sui suspiró al ver que Mo-Quing no iba a obedecerla. —Eres humillante, pero si este es tu modo de hacer las cosas entonces que así sea. 

Acto seguido Lan-Sui se dejó caer, siendo un espejo de la posición de Mo-Quing. Prax se mostró complacida ante tal inesperado acto, Mo-Quing por su lado se levantó enseguida, aterrada por la osadía de Lan-Sui. 

—¡¿Estás loca?!

Las manos de Lan-Sui sacudieron el polvo de sus túnicas. 

—No, pero solo así te levantarías. 

—¡Mo- Quing!

—Majestad. —Ahorrándose la reverencia, Mo-Quing giró de nuevo para quedar frente a su reina. —¿Necesita algo?

Prax era una mujer esbelta, desde joven fue atesorada por sus atributos físicos y eróticos, tenía una magnífica piel marmoleada y unos ojos que imitaban piedras de río, su talle era delgado, frágil, como si fuera una varita que en cualquier momento se partiría en dos. Toda su descendencia era similar, vivos retratos de su persona, a excepción de Armin, su hija mayor y predilecta, y también el motivo por el que ahora odiaba a Lan-Sui.

—He recibido quejas, quejas y más quejas.

—¿De qué su alteza?

—¿No lo sabes?

Cruzándose de brazos Mo-Quing no se molestó en dar la negativa con la cabeza cuando tenía boca para usarla.

—Si lo supiera, majestad, no estaría preguntando. ¿Me cree idiota acaso?

Tosiendo para ahogar su risa, Lan-Sui tuvo que pedir unos minutos para recomponerse y no soltarse a reír a carcajadas, si lo hiciera quedaría muy mal, y seguro causaría que la pobre mujer pasara de ser un tomate a ser un muerto, lo que, tampoco sonaba tan mal.

—Nuestra gente se queja Mo-Quing, dicen que la princesa a tu cuidado no es más que una floja, ineficiente, consentida y caprichosa.

Sombras de anochecer rodearon cada parte del azul eléctrico en los ojos de Mo-Quing, su expresión amable cayó, desapareciendo detrás de una fría máscara amenazante.

—Cuidado con lo que dice majestad, usted podrá ser una reina, pero no olvide nunca que el imperio está por encima de su cabeza.

—Ese no es el punto Mo-Quing. Las nuestras trabajan día y noche para mantenernos, y ella, —Señaló a Lan-Sui con un dedo esquelético y lleno de anillos extravagantes. —no hace más que pedir y tragarse nuestro trabajo como si no costara. No sale de su tienda a menos que vaya a las aguas termales o a reclamar las bandejas de dulces que pide como si mantuviera una tropa y no una sola boca. Sé que es nuestra invitada pero debe conocer los límites, ser abusiva con lo que la rodea habla muy mal de ella y  de su clan. Si tan solo hiciera algo su actitud podría quedar justificada, pero en todo el día no se dedica a más que calentar las sábanas.

Lan-Sui no dijo nada, manteniéndose en silencio y lejos de la conversación, Mo-Quing giró para verla, buscando disculparse por el hecho de que la inculparon injustamente por su culpa, pero al verla jugando con las borlas de oro de colgaban del techo supo que ni siquiera le interesaba el problema. 

Pidiendo paciencia a los dioses y la madre naturaleza, Mo-Quing asumió la responsabilidad por su venganza y se dispuso a aclarar el asunto. Entonces entendió el mensaje completo que la reina transmitía y encontró una buena solución.

Prax quería usar a Lan-Sui como su sierva, que trabajara para ella pagando lo que comía y gastaba, Mo-Quing no iba a tolerar tan descarada humillación.

—Para aclarar, ¿quiere que Lan-Sui haga algo aparte de holgazanear conmigo todo el día?

La reina sonrió complacida y asintió.

—Lista Mo-Quing, justo eso quiero.

—¿Si sabe usted que es impropio hacerle eso a una invitada? Dígame, ¿le gustaría que envíe un informe a la ciudad Blanca para que ponga a la princesa Armin a trabajar para que pague cada pequeño gasto que genera?

—No te atrevas.

—Me lo imaginaba. —Mo-Quing se frotó la barbilla mientras andaba de un lado a otro, poniendo una actitud pensante. —Aún así puede estar tranquila, no haría algo como eso. Y respecto a lo otro tampoco se torture más majestad, a partir de mañana Lan-Sui hará algo productivo.

Lan-Sui y la reina se mostraron interesadas.

—¿Qué es lo qué hará? —preguntó la reina, sus dedos jugaban sin parar con la cinta dorada que ataba el cabello de una de sus hijas más cercanas.

—Entrenar. —Mo-Quing brilló como un sol de verano. —Desde hoy tomo a Lan-Sui como mi discípula.

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