❋Bud of a Rose❋

[ღBrote de una rosaღ]

Ya tiene diez años y sus habilidades con el martillo han mejorado muchísimo.

Ahora Sonic y Tails la llevan a misiones importantes, y Knuckles (que siempre está en su isla cuidando la esmeralda maestra) le ha enseñado algunos movimientos de pelea, los cuales le han servido mucho en las batallas contra los malvados.

Todo era perfecto en ese momento de su vida, excepto por un "pequeño" detalle...

Su adorado erizo azul cada vez se hacía más apuesto, y las niñas empiezan a darle muchos halagos y obsequios, él no les es indiferente y los recibe contento. 

¡INCLUSO HA ESCUCHADO QUE A VARIAS LES DEVUELVE LOS HALAGOS!

La eriza rosa no lo entiende...¿Por qué Sonic actúa así? ¿Por qué nunca halaga la belleza de ella pero sí la de las otras niñas? ¿Por qué siente una horrible opresión en el pecho y ganas de llorar cuando ve esas escenas? 

Escenas como la que en ese mismo instante estaba presenciando.

—Amy...¿Te encuentras bien?—preguntó Tails, preocupado al ver los ojos de su amiga llenarse de lágrimas—¿Alguno de los robots de Eggman te hizo daño?

—No, tranquilo, estoy bien...—mintió la eriza, le otorgó una sonrisa a su querido amigo para tranquilizarlo— Seguro alguna basurita se metió en mi ojo, que molestia ¿no?

—Oh, me ha pasado muchas veces.— la voz de Tails demostraba que estaba aliviado por la respuesta de ella— Realmente es muy incómodo cuando algo así sucede. 

—Sí, de verdad lo es.—contestó un poco tensa.

Pero ella no estaba hablando de la basura en absoluto.

El reloj marca las doce, al fin tiene once años.

Sus amigos le llevaron un pastel, y también hicieron la clásica tradición de embarrarle pastel en la cara después de cantar "Feliz cumpleaños".

—¡Muchas gracias por el detalle, chicos!— exclamó la tierna eriza rosa con mucha alegría.—El pastel estuvo delicioso, me encantó este regalo.

—Y eso no es lo único que habrá para ti esta noche.— señaló el equidna con una sonrisa. 

—Hey, Knucklehead, arruinaste la sorpresa de Tails.— intervino el erizo cobalto, dándole un codazo al mayor para fastidiarlo. 

—¿Sorpresa?— cuestionó la eriza, notablemente confusa. 

—Bueno, en realidad los tres ayudamos, así que el regalo es de todos.— agregó el zorro de dos colas, sabía que era injusto llevarse todo el crédito solo— Ven, síguenos...no está muy lejos de aquí. 

Salieron de la carpa con rapidez para poder salir de la isla con rapidez.

Por cierto, habían colocado unas carpas que se encontraban cerca de Ángel Island para poder alojarse momentáneamente, ya que ninguno tenía una casa propia donde vivir.

Knuckles tomó los pies de Tails y ambos se elevaron, dejando a Sonic y Amy en el suelo. 

—Yo te llevaré.— anunció Sonic mientras la tomaba en sus brazos. 

La eriza solo asintió, y disfrutó del viento en su rostro mientras el erizo cobalto corría con rapidez hacia el lugar donde se encontraba su regalo la sorpresa.

Cuando llegaron no pudo creer lo que sus ojos estaban viendo. 

—Waoooo, e-esto es increíble...—murmuró aguantándose las lágrimas de felicidad.— ¿De verdad es para mí?

—Sí lo es.— respondió el menor del grupo, al tiempo que aterrizaba junto a Knuckles— Bienvenida a tu nueva hogar, Amy Rose. 

Ella seguía sin habla, limitándose a observar la bonita casita que estaba delante de ella. 

—Sé que no es tan grande...—continuó el menor, un poco avergonzado—Pero te juro que por dentro es muy acogedora, yo hice los planos, Knuckles y Sonic me ayudaron a poder amueblarla...tuvimos algo de ayuda con la mano de obra porque unos obreros nos debían un favor, pero estuve siempre supervisando.

El menor del grupo suspiró, sentía temor de que a la eriza no le gustara su regalo.

—Es mi primera vez construyendo algo además del taller, que aún no está terminado...p-pero si no te gusta la casa está bien, quizás me falta experiencia en estas cos...

Amy interrumpió al joven zorro con un fuerte abrazo, lágrimas en los ojos y una gran sonrisa. 

—Gracias, es el regalo más hermoso que alguien podría desear.

Acto seguido atrajo a los otros dos para que tuvieran un abrazo grupal, ellos protestaron pero terminaron aceptando el gesto a regañadientes. 

Todo parecía ser perfecto hasta ese momento, pero pronto las cosas empezarían a cambiar...y ella sería la responsable principal.


Hace algunos días fue su cumpleaños, ahora tiene una casa y nuevas responsabilidades.

Aprovechaba que vivía cerca a la ciudad para realizar las compras. Además, había descubierto que la cocina era algo que le apasionaba y que realmente era buena en eso, así que comprar ingredientes para experimentar nuevas recetas le parecía un excelente idea.

Quizás podría preparar chillidogs para el almuerzo. Oh, y también quiero comprar uvas frescas para regalárselas a Knuckles, cada vez lo veo menos, supongo que es por su trabajo como guardián...


La eriza iba sumergida en sus pensamientos hasta que algo llamó su atención.

A su lado caminaban un grupo de chicas que parecían tener su edad, solo que eran muy diferentes a ella, o al meno así lo sintió Amy.

"Lucen más bonitas y maduras...lucen como las chicas que le gustan a Sonic."

Observó su reflejo en la vitrina de una tienda de ropa. Se dio cuenta que ya estaba cansada de esa apariencia infantil que tenía, que era hora de un cambio radical en su apariencia. Como si fuera una especie de señal del universo, frente a ella había un salón de belleza con ofertas increíbles. No lo pensó dos veces antes de entrar.

Una nueva versión de Amy Rose estaba por llegar, y nada ni nadie podría evitarlo. 


A sus once años, Amy Rose estrena un nuevo look. Las púas desordenadas y la ropa desaliñada son parte del pasado. Ahora camina por la ciudad con una apariencia más juvenil, sus púas están perfectamente planchadas y viste un precioso vestido rojo con botas a juego. 

Se siente increíble, y espera que los demás halaguen su nueva forma de vestir. 

Además, no solo regresa a casa con ropa y cabello distinto, sino que también con una fabulosa idea que le dio la chica que le arregló el cabello; aquel consejo fue como una iluminación para ella y solo se preguntaba a sí misma cómo no lo había pensado antes. 

¡Iba a invitar a Sonic a una cita por primera vez en su vida!

Fue directo al taller para cumplir con su propósito, su nueva apariencia la hacían sentirse más confiada. Estaba segura de que el erizo no negaría su propuesta.

Al llegar no solo se encontraban Sonic y Tails como había imaginado al inicio, sino que también estaba Knuckles, lo que significa que Eggman estaba tramando algo...de nuevo. Parecía ser un asunto realmente serio porque ninguno de los tres se dio cuenta de su presencia en el lugar, pero esto no fue problema para Amy, quien tosió para llamar su atención.

Los tres se giraron, y reaccionaron de forma diferente por el cambio de su amiga. Tails quedó boquiabierto, aún así terminó halagando a la eriza rosa diciéndole que se veía muy bien, pero que le costaría un poco acostumbrarse a su nueva apariencia. Knuckles lucía nervioso, algo que nunca antes le había pasado con ella, pero acabó dándole un cumplido a medias. Finalmente, llegó el turno de Sonic, quién la miraba con mucha curiosidad.

—¿Q-qué opinas tú, Sonic?— preguntó la eriza, levemente sonrojada— ¿Crees que me veo bien?

—Bueno, luces diferente y lo diferente está bien.— contestó con una sonrisa, y también la despeinó un poco para molestarla de forma amistosa.  

Amy decidió no darle más vueltas al asunto y tomar las palabras del erizo como un cumplido, aunque en el fondo no estaba muy segura de aquello. Ahora venía la fase dos, preguntar por la cita. 

—Sonic...yo...bueno lo he estado pensando y pues...quiero invitarte a una cita hoy.— habló un poco nerviosa pero con mucha determinación.

—¡Wao!—exclamaron sus amigos al mismo tiempo, se giraron hacia Sonic para escuchar su respuesta.

Es decir, los sentimientos de Amy por Sonic nunca fueron un secreto, ella siempre iba comentando que estaban destinados y cosas similares, incluso a veces lo perseguía a modo de juego; sin embargo, lo que solo era (hasta ese momento) un "inocente amor infantil" ahora había pasado totalmente a otro nivel. 

—¿Con que una cita, eh?—cuestionó el héroe, llevándose una mano a la barbilla como si lo estuviera meditando.—Seguro. 

—¡WAOOOO!—volvieron a exclamar los otros dos presentes, definitivamente no esperaban una respuesta así de parte de Sonic. 

—¡¿En serio?!—exclamó Amy emocionada.

—Sí, pero solo si logras atraparme.—respondió con tono juguetón y se echó a correr hacia la salida. 

Sonic se lo había tomado como un juego, como aquellos que siempre solían haber entre ambos desde que eran niños. Ella lo persigue y él escapa, así funcionaba, luego se reían y continuaban con sus actividades. 

Pero esta vez no era así, lo que para Sonic era un simple juego...para Amy Rose se volvió una meta de vida. Se sintió herida por la fría respuesta del "amor de su vida" pero eso no la detendría, ellos estaban destinados y si él no quería darse cuenta por sí mismo, entonces lo ayudaría a notarlo.

Sonic The Hedgehog sería suyo, cueste lo que cueste

—Te atraparé, si esa es la única forma en la que podrás amarme.— susurró para sí misma, y salió corriendo detrás de él.


Ha pasado un año, trescientos sesenta y cinco días sin haber cambiado de objetivo, persiguiendo a Sonic todos los días que podía. Inclusive hubo ocasiones en la que logró atraparlo, por supuesto que su gran sentido de la orientación nunca le fallaba y por eso lo conseguía.

Y él prometía, prometía que saldría con ella, que le daría una oportunidad...y aunque sabía que solo lo decía para que dejara de asfixiarlo, una parte de ella esperaba que las cosas cambiaran y cumpliera su promesa.

En el fondo, Amy sabía que Sonic no era del todo culpable, y ella tampoco era ninguna víctima. Porque él le pidió que se detuviera, que lo que estaba pasando entre ellos ya no era divertido y que estaba empezando a cansarse.

Ella fue la que no quiso escuchar.

—Amy, no sé a qué estás jugando pero tienes que parar.

—Para mí nunca fue un juego, yo realmente quiero que me ames.— soltó furiosa y golpeó su martillo contra el suelo, amenazarlo con su martillo ya estaba volviéndose algo habitual.

Sonic estaba sorprendido por sus palabras y actitud, pero también se sintió culpable y, principalmente, preocupado por ella. Después de todo, él fue el que inició con ese estúpido "juego".

Yo, lo siento... no quiero malentendidos entre nosotros, eres mi mejor amiga y te quiero mucho... pero no puedo hacer lo que me pides, sé que lo entenderás.

Se fue luego de pronunciar aquello. Amy no podía creerlo, ni tampoco quería hacerlo. Se convenció de que Sonic estaba algo "confundido" con sus sentimientos porque era demasiado tímido.
Sabía que se mentía a sí misma, pero era mejor que aceptar la realidad de que Sonic solo la veía como una amiga.

No sabía por qué, pero se había obsesionado con el objetivo de lograr que Sonic se enamore de ella.

Lo único que podía hacer era seguir intentando, ¿verdad?...


Tiene doce años, y si tuviera que elegir entre el mundo y Sonic, escogería a Sonic.

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