14| La Hora Maligna

       Un clon de sombra de Kotetsu se acercó al acantilado con precaución. Sin embargo, en cuanto pisó el pasto seco que rodeaba este, el clon desapareció.

       —Demonios —exclamó Shikamaru observando como el pasto bajo ellos se comenzaba a secar también, obligándolos a saltar a los árboles.

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       —Te he dicho que no, Naruto —le regañó Tsunade, pues era la 3° ves que Naruto se acercaba a ella para pedirle permiso de ir donde la pelea— Quédate quieto en tu puesto.

       —¡Pero...!

       —¡Ve! —le gritó Tsunade levantando el puño en forma de amenaza, haciendo que una gota de sudor se resblara por la sien de Naruto.

       —Esta bien —susurró molesto saliendo de nuevo de la oficina y dirigiéndose al norte de la aldea.

       —Es un bonito cielo carmesí —le dijo un Shinobi con el que compartía el área. Naruto observó como el sol se comenzaba a ocultar entre las montaña, pintando el cielo— El ocaso es la frontera entre el día y la noche —empezó a comentar este—aquellos en este mundo le temen a la obscuridad y se esconden de ella...

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        Desde el árbol observaron como los Shinobis que rodeaban el acantilado brincaban dentro de este.

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       —...Mientras que aquellos del otro mundo se mezclan en la obscuridad y se vuelven locos... —dijo aquel extraño acompañante, confundiendo a Naruto.

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       Pronto, del acantilado comenzó a salir una especie de plasma negra, similar a las sombras de Shikamaru, sin embargo estas eran enormes, tanto así que de un movimiento podrían destruir 40 metros del bosque en que estaban.

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       —...El sol ocultándose cubre todo de una tonalidad roja. Mientras las sombras de la noche crecen más profundas y obscuras...

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      Un presentimiento espantoso recorrió la espina dorsal de todas las aldeas de al rededor. Consiguiendo así que voltearan hacia el causante de esto. Observando sólo el ocaso.

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        —...Ahora es cuando aquellos en la división pueden cruzar la frontera más fácil....

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        Del acantilado, entre las plastas de sombra obscuras y tenebrosas comenzó a formarse una figura humana.

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       —...La gente dijo que esta era la hora del día cuando los monstruos salen... —bajó su mirada del cielo hacia el confundido Naruto quien comenzaba a sentir un mal presentimiento, apretando con fuerza su sudadera por aquel sentimiento— ...Naruto, eso es ahora... La hora maligna... —dijo este.

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      —La hora maligna... —dijo una voz tenebrosa saliendo de la figura del acantilado a la par del acompañante de Naruto.

      Dicha figura comenzó a transformarse en un Takeshi con su característica capucha, sin embargo esta estaba rasgada, dejando ver sus ojos verdes, sus mejillas no estaban rasgadas, parecía más humano.

       Pronto se enderezó entre la plasma que hacia sus pasos torpes e indecisos. Esta comenzó a subir por la capucha, sanando las partes rotas de esta, rodeando el cuerpo del peliblanco, llegando finalmente a su cuello, subiendo por él hasta sus mejillas.

      Takeshi sonrió, rasgándole las mejillas de nuevo para completarla mientras finalmente comenzaba a meterse dicha plasma en sus ojos con velocidad hasta que en el claro junto al acantilado, sólo se encontraba un Takeshi aterrador con las mejillas rasgadas en una tétrica sonrisa, sus nuevos ojos negros con pupilas blancas, y una vestimenta que consistía en su característica capucha abierta, dejando ver su ropa de cuero negra con cadenas que rodeaban todo su torso, piernas y terminaban en sus hombros.

      —¿Lo... Lo absorbió? —preguntó asustada una shinobis de Konoha.

       —Creo que es hora de usar la 2° Fase del plan, Shikamaru —comentó una Ino algo asustada. A lo que Shikamaru asintió.

      —Recuerden no tocarlo —les aconsejó este mientras Ten ten sacaba uno de sus pergaminos y con un jutsu, un sello se mostró sobre el papel— Nuestro objetivo es sellarlo. Lo ha hecho la Hokage personalmente, deberá funcionar.

       Todos asintieron mientras, Sakura, Ino y Shizune concentraban su Chakra en la yema de sus dedos para después colocar estos sobre el sello en forma de 3 llaves al rededor que al comenzar a separar el sello del pergamino se convirtió en flujos de Chakra fuertes que desaparecieron en las yemas de las tres.

      —Bien, sólo hay que encargarnos de hacer aparecer el sello al mismo tiempo con el enemigo en el centro para que este termine sellado instantáneamente —comentó Shizune mirando con determinación a sus compañeras— El plan de Shikamaru nos protegerá de cualquier ataque.

     —¡Si! —dijeron Sakura e Ino asintiendo mientras se separaban para rodear a Takeshi ocultas entre las ramas de los árboles.

        —Lee, Temari; Protegan a Ino. Kotetsu, Izumo, Gai; Protegan a Sakura. Raido, Aoba, Genma; Encargense de Shizune —les indicó Shikamaru. Los mencionados obedecieron, dejando a Shikamaru y Ten ten con los de la arena.

       Ten Ten una vez más sacó de sus pergaminos kunais con hilos prácticamente invisibles, con los que Shikamaru juntó su técnica de sombra para atrapar a Takeshi sin arriesgarse demasiado.

      Ten Ten lanzó la Kunai con velocidad y precisión hacia la sombra de Takeshi, este último ni se inmutó en esquivarlo.

       —¿Qué demonios? —susurró Shikamaru desconcertado sin moverse— No me puedo mover —comentó, dejando confundidos a sus compañeros. Unos segundos después liberó su propio jutsu, logrando moverse de nuevo. Entonces lo entendió— Me lo temía... Es el acantilado.

      —¿De qué hablas? —preguntó Ten ten confundida.

       —Tal como te sucedió a ti con los pergaminos cuando llegaron los de la arena. Tus ataques se regresaron. Conmigo sucedió igual. Caí en mi propio jutsu.

        —¿¡Como es eso posible!? —dijo Kankuro molesto.

       —Como dije antes; Debe ser ese acantilado del que salió antes y al que saltaron los demás ninjas. Es fácil llegar a esta hipótesis ya que en nuestro primer encuentro, esto no sucedía.

       —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó uno de la arena con molestia— Es un enemigo intocable —Shikamaru simplemente guardó silencio.

       —Sabía que algo como esto podría suceder, así que utilizaremos el plan B. Ten Ten, tu te encargarás de comunicárselo a los demás. Es este...

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       —Te he dicho que no, Naruto. Obedece. -dijo ya molesta la Hokage.

       —Pero abuela Tsunade. No tengo nada que hacer aquí! Me necesitan haya. Al parecer tengo algo que me impide caer en el control del enemigo, a parte de que soy capaz de liberar a los demás de Takeshi -Tsunade suspiró.

       —Debes quedarte a proteger la aldea, Naruto. A demás, están muy lejos de aquí -ordenó la rubia.

       —Pero tenemos refuerzos de los de la arena, ellos son muy fuertes. Podrán con esto —respondió Naruto tratando de persuadirla.

        —Dame otra buena razón para dejarte ir. Que no sea aquel 'don' del que no nos podemos fiar y te dejaré partir —esta vez fue Naruto quien suspiró

     —... Ya perdí un amigo antes. No puedo perder otro. Me encargaré de Takeshi y rescataré a Nozomi y los demás, a como dé lugar... Se lo prometo... —Tsunade colocó sus manos con los dedos entrelazados frente a su boca, pensando.

        —Esta bien. Adelante —le dijo con confianza y una ligera sonrisa de lado. Naruto le sonrió enormemente colocando la mano sobre su frente.

       —Déjemelo a mí. Yo me encargo, de verás —le dijo saliendo con rapidez por la ventana de la oficina de la Hokage directo al combate. Ignorando aquél terrible presentimiento.

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