Capítulo 8: Guardia del Rey
-¿Qué es lo que quieres saber joven? - preguntó el anciano mirando a Klaus.
-Estoy buscando a Ekaitza, dime donde está.
La revelación me dejó inmóvil. Él también está buscando a la sacerdotisa. ¿Qué querrá de ella? ¿Qué es tan importante como para atentar contra la vida de alguien?
-Aunque lo supiera, no podría decirte.
-Si lo sabes, me lo ha dicho Eleonor.
-Ella sólo es una vieja chismosa. No sabe la verdad.
-Yo también tengo que ver a la sacerdotisa- interrumpi provocando que ambos me miraran con curiosidad.
-¿Para qué?
-Tengo que hablar con ella.
-Es una mujer muy peligrosa, Amairani. -dijo Alden seriamente- si lo que buscas es que te lea tu futuro, no seas tonta. Te pedirá algo a cambio y te puedo asegurar que no va a ser nada bueno.
-No importa, Isleen dijo que debía verla y eso haré.
-¿Isleen? ¿La sacerdotisa de Daelyn? - preguntó el anciano con interés creciente.
-Si.
Klaus no paraba de mirarme fijamente.
-Deja de mirarme, me pone nerviosa- pedí enojada.- ¿Sabes donde está? -volví a mirar al anciano mientras él pareció pensarlo un poco y suspiró.
-Vive recluida entre las montañas de Lyios. Es complicado llegar ya que es muy lejos y está rodeada por numerosas bestias. Se dice que muchos intentaron llegar por la codicia y el deseo de conocer su futuro pero nadie llegó con vida.
-Es imposible ir a Lyios- dijo Klaus resignado. Parecía aceptar el hecho de que ir sería un suicidio. Mi mente no paraba de trabajar a toda máquina para ver que podría hacer.
-Sería muy peligroso y no creo que valga el riesgo.
-¿Podrías indicarme como ir?
-¿Acaso tienes pensado viajar hasta allí? No sobrevivirás- exclamó el hombre mayor.
-Es mi única opción, la necesito.
-Estas loca- comentó Klaus mofándose de mi. En cambio yo lo fulminé con la mirada.
-Si tu eres un cobarde y no quieres ir, no es mi problema. Yo iré.
-Ni siquiera puedes defenderte sola- argumentó él- te matarán mucho antes de llegar.
-No hace falta que te preocupes por mi, ya te he dicho que me cuido sola.
-No me preocupaba por ti, sólo te informaba los hechos.
Rodee los ojos ante su brusquedad y miré al anciano para que me diga como llegar.
-Está bien, te diré. Pero después no digas que no te he avisado.
Le dediqué una sonrisa halagüeña.
-Gracias.
No había vuelto a ver a Klaus después de que Alden me diera un pergamino y me enseñara como llegar. Ya era de noche por lo que no me quedó más remedio que el de aceptar el ofrecimiento del anciano y dormir allí. Tendría que estar loca para salir de noche con todas las sombras rodeándome.
Suspiré y me envolví en la tibia manta que me habían ofrecido y miré el techo pensativamente. A partir de ahora tendría que ser más valiente de lo que alguna vez fui si quería volver a casa.
-¿Estas segura?- Preguntó Alden la mañana siguiente cuando me acompañaba hacia la salida del pueblo. Estuve mucho tiempo inspeccionando el mapa ya que no habían podido dormir mucho durante la noche.
-No- reí nerviosa y agregué: -pero tengo que hacerlo.
-Será mejor que evites el bosque, ya que es terreno de las sombras.
-Isleen me comentó un poco de eso.
-Yo era joven cuando me encontré cara a cara con una. Es algo que uno nunca más olvida.
-¿Cómo era? - pregunté dejándome llevar por la curiosidad.
-Es difícil explicar, yo en ese momento trabajaba en el Palacio. Creí que nunca vería una pero cuando lo hice, automáticamente me paralicé del miedo. No han enseñado de chicos que debemos tenerles miedo, que no hay nada mas tenebroso que ellos.
-Aun no lo entiendo, ¿Por qué esas almas no han descansado en paz? ¿Qué los detiene?
-Tienen algo pendiente que aún los ata a este mundo. No se sabe que es.
Otra tema cruzó por mi mente.
-Has dicho que Klaus es un Guardia del Rey, ¿Sabes porque está aquí y no en el Palacio?
-Eso es algo que deberá contarte él, no está en mis manos.
Que lástima, me interesaba saber.
Llegamos hasta el puente, donde pasaba por debajo un pequeño arrollo.
-Gracias por todo Alden.
-Tengo fe que nos volveremos a ver.
Le dediqué una sonrisa y un asentimiento. Marché a ritmo acompasado, sintiendo el arrastre de la capa oscura que me había dado el anciano mientras me decía: Será mejor que ocultes que eres una mujer, hay muchos viajeros que no dudarían en aprovecharse.
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