Capítulo 6: Acechada




Apenas me adentré en el oscuro bosque cuando sentí pasos detrás de mí, al parecer no había sido tan sigilosa como pensé. Aceleré el paso y comencé a moverme zigzagueando mientras escalofríos recorrían mi cuerpo desde la punta de mis pies hasta mi cabeza, provocando que me estremeciera.

El frío provocaba que mis dientes castañearan, tenía temor de que eso me delatara. Era difícil divisar una posible ruta de escape, debido a la densa niebla que me envolvía.

El silencio del lugar era tenebroso, sólo se oían los graznidos de los cuervos sobre mi cabeza que no cesaban.

Con el corazón en un puño por la muerte que acababa de presenciar y por el miedo que me provocaba la oscuridad, avancé abriéndome paso por la maleza.

Los sonidos de mis perseguidores se acercaban, a tal punto que comencé a correr. Mi respiración era irregular, lo que provocaba que me doliera el cuerpo por él esfuerzo. Tenía los músculos tensos del pánico y duros por el frío. Mis extremidades se dormían pese a mis esfuerzos por seguir adelante.

Estaba concentrada en el hecho de tener que huir que no vi a la sombra que me cubrió de golpe. Una mano cubrió mi boca impidiendo que gritase. Con su otro brazo, me tomó de la cintura y me empujó contra su cuerpo hacia la oscuridad. Con mi espalda fija sobre el pecho de mi captor, me removí histéricamente entre sus brazos con la esperanza de que aflorara su agarre.

Luché con todas mis fuerzas y envié patadas al aire sin éxito alguno. Quedé inmóvil cuando escuché su voz:

-Cálmate- profirió una voz grave en mi oído. Pude notar que no era una sombra, sino una persona. Mi pecho subía y bajaba por el esfuerzo de respirar ya que su mano prácticamente tapaba mis fosas nasales.- Están cerca.

Me tensé al recordar los pasos que me seguían y en ese instante vi pasar a las bestias. No podían vernos ya que parecía ser que estábamos refugiados por las sombras que producía un árbol. Mi sangre se heló al ver la apariencia de los seres, parecían seres humanos pero tenían más extremidades de las normales y la piel era escamosa y lucía a simple vista, pegajosa. Tragué saliva dificultosamente e intenté calmar mi corazón que parecía como si fuese a salir de mi caja torácica.

Al cabo de unos instantes, se marcharon y el agarre de mi captor aflojó. Aproveché la oportunidad y me libré completamente volteando y empujándole el pecho para establecer un poco de distancia entre nosotros.

- ¿Así es como me agradeces? - preguntó irritado.

-No necesitaba de tu ayuda.

El hombre se acercó y yo retrocedí. Me sorprendí al ver que era el mismo joven que había visto en la aldea observándome. No llevaba la capucha así que pude ver que tenía el pelo lacio oscuro, no muy corto. No era mucho más grande que yo pero no me gustaba la forma en la que me observaba, entre la burla y el interés.

-No hubieras escapado con vida.

-Puedo cuidarme sola.

-No lo parece.

-¿Y a ti qué te importa? Mi muerte no te afectaría de nada.

-Eso es cierto, pero no puedo evitar sentir curiosidad. ¿Por qué la sacerdotisa dijo que te conocía?

-Era su sobrina- mentí sintiendo la tristeza en mi voz.

Me miró y supe que estaba planteándose si creerme o no.

-¿De dónde eres?

Recordé las palabras de la sacerdotisa. No podía confiar en este desconocido a pesar de que me haya ayudado. De seguro tenía motivos ocultos así que no figuraba en mis planes revelárselo. Opté por no responder eso.

-No confío en ti. ¿Quién eres?

Dudó un poco antes de responder:

-Mi nombre es Klaus.

Ante la revelación de su nombre, decidí presentarme pero en ese preciso instante, escuchamos un ruido, semejante al murmullo de voces a lo lejos y fue una señal para que el joven diga:

-Será mejor que nos vayamos.

-No iré contigo- declaré casi al mismo tiempo rehusándome a acompañarlo a quien sabe dónde. Levantó sus cejas como dudando de lo que yo iría a hacer. ¿Y ahora qué hago?

Miré frenéticamente pensando en qué dirección ir. No recordaba por donde había llegado pero debido a mi suerte, de seguro acabaría en el camino de las bestias.

Klaus emprendió la marcha sin esperar que lo siguiera. Me dejó sola en ese terreno desconocido, donde las sombras se habían apoderado de todo lo conocido, volviendo el lugar aún más tétrico. Arrugué la nariz cuando me llegó un olor nauseabundo, como el de cuerpos descomponiéndose.

Elegí la opción inteligente y comencé a correr detrás de Klaus.

Al poco tiempo lo alcancé, iba con una mano apoyada en lo que parecía la funda de una espada mientras escrudiñaba los alrededores. Evité mirarlo para que él no pudiera ver mi expresión, sin saber lo que podría encontrar. Quizás miedo.

-¿A dónde vamos?- pregunté en susurros. No sabría decir que era lo que ponía a mis nervios crispados pero no era nada bueno. El silencio y la quietud del bosque era lo más preocupante, no había señales de ningún animal en él.

Decidió ignorarme porque no respondió. Su semblante era serio y preocupado, podía ver su figura tensa a pesar de que llevaba la capa.

Crucé mis brazos y comencé a frotarlos intentado alejar el frío. Probablemente moriría de una hipotermia.

-Quédate quieta- murmuró con una voz apenas audible.

Cuando abandonamos el paisaje frondoso, y llegamos a un sendero similar al que había sido capturada por los aldeanos, estaba agotada. Arrastraba mis pies por lo que parecieron horas. Me sentía un zombie sacado de la televisión.

-Tengo sed - exclamé en un hilo de voz. Tenía los labios secos y mi garganta dolía por la falta de agua. Necesitaba hidratarme con urgencia. El sol ya se alzaba sobre nuestras cabezas en todo su esplendor provocando que mi cuerpo se calentara. Mi extraño acompañante no me dirigía palabra alguna pese a que varias veces intenté entablar conversación. Lo observé de reojo y me percaté lo sigiloso que se movía, sin hacer ruido alguno. En cambio, en mi caso parecía Godzilla aplastando las hojas y ramas.

- Ya casi llegamos- puse mis ojos en blanco ante tal respuesta.

-¿ A donde vamos?

- A una aldea.

Aproveché que al parecer tenía ganas de hablar y pregunté:

-¿ Que hay allí?

- Un amigo.

Que respuesta tan tajante. Así no íbamos a llegar a ningún lado.

-Yo necesito ir a ver a una sacerdotisa.

- ¿Para qué? - preguntó levantando sus ojos interés.

-No es de tu incumbencia.

-Lo es, ya que me estás persiguiendo.

-No te estoy persiguiendo - me defendí cruzando los brazos.

Suspiró de manera exagerada.

-Tengo que hablar con un hombre en la aldea, él tiene información que necesito.

Dicho esto volvió a guardar silencio. Me sumergí en mis pensamientos intentando desconectarme un rato de la realidad.

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