Capitulo 3: La búsqueda

- ¡Estas hermosa! - exclamó Marc cuando me vio entrando a la fiesta. Él vestía un jean con camisa azul oscuro haciendo juego. Me sonrojé ante el comentario. - las chicas están en el fondo.

-¡Gracias Marc! - alcé mi voz para que se escuchara por encima de la estridente música proveniente del Dj que estaba cerca nuestro. Cuando llegué no pude evitar ver la mansión que tenían los Stevens y como en cada rincón que se veía estaba repleto de gente vestida de todo tipo. El vestido que llevaba era veraniego, largo y negro. Ajustado en las partes correctas y suelto llegando a mis pies, acompañados de unas de plataformas que hacían juego. La espalda llevaba descubierta y el pelo recogido en una trenza sobre un hombro. Marc me tendió un vaso de esos rojos descartables que se usan en todas las fiestas. Tomé un sorbo y no pude evitar hacer una mueca, era demasiado fuerte para mí. Probablemente 100ml de jugo multifruta y medio litro de vodka, casi puro. Me armé de valor y lo bebí completo. Avancé empujando a varios cuerpos que bailaban para hacerme paso y llegar hasta el patio trasero. Las personas bailaban pegados unos con otros y besándose. Continué como en una odisea hasta llegar y ver a mis amigas bailando y riéndose. Me hicieron señas y cuando llegué a ellas, me abrazaron. Si, estaban borrachas.

No dudé en bailar con ellas. Levanté los brazos por encima de mi cabeza y moví mis caderas al compás de la música. Más vasos nos tendieron y brindamos y bebimos. Cuando comencé a ponerme eufórica y supe que estaba llegando a mi límite y decidí detenerme justo ahí. No sería bueno para mí llegar ebria a casa, mi madre me mataría.

-Vamos Airi- me dijo una Sídney ebria- uno más no te hará nada... Mira.. me.. yo... ejemplo.

No pude evitar echarme a reír y me encogí de hombros. Era imposible negarme asique opté por una excusa.

-Voy a buscar un baño- les dije y asistieron.

-No tardeas amea- sonreí ya que ni la palabra amiga pronunciaba bien Anna.

Caminé siguiendo con la vista a una multitud de personas agrupadas que gritaban eufóricas. Saltaban y chocaban sus cuerpos unos con otros.

Me dirigí hacia la casa para encontrar el baño pero una voz proveniente de la zona del Dj, llamó mi atención.

-Bueno, bueno. -dijo Kate sobre un cajón de cervezas vacío. Hablaba fuerte y claro. Le hizo señas al joven moreno que pasaba música y ésta se detuvo- supongo que ya saben para que es esta fiesta anual - todos vitorearon y las mujeres chillaron- ¡hoy es el día del reto!

¿Qué diablos?

-Todo aquel que quiera participar, se va a colocar a la derecha desde donde estoy yo y se les va a dar un mapa, una linterna y un compañero. Aquel que logre encontrar el tesoro ganará.

Todo aplaudieron emocionados y yo pensé que no había cosa más estúpida. ¿Quién pondría a jugar de noche a un montón de adolescentes borrachos? ¿Cuál era la sorpresa? ¿un kinder o un pack de cerveza?.

-El premio de este año, será una televisión de 50 pulgadas y un equipo de música para cada miembro del equipo. ¡Que comience la diversión!

La multitud se dispersó y hubo muchos interesados en participar que se dirigieron hacia una mesa.

Esto se estaba poniendo muy interesante. Me vendrían bien para mi casa los premios, pero no era incentivo suficiente como para arriesgarme a ser comida de noche por un oso. Retomé mi plan para ir al tocador pero una mano me sujetó de brazo y me obligó a voltearme.

-Oye Aira...- empezó Marc titubeante- ¿podrías hacerme el honor de ser mi compañera?

No demoré en replicar.

-Ni hablar. Sería un suicidio.

-Por favor- juntó sus dos manos de manera de súplica y me hizo puchero. Lo vi a los ojos y supe que estaba sobrio. Realmente quería participar- nos vamos a divertir. Ya he participado varias veces y es muy excitante. Vamos, no seas aburrida.

-No lo sé, suena peligroso. - Murmuré más para mí y agregué intentando no sonar ofensiva- ¿no tienes alguien más?

-¡Están todo borrachos! Haré tu tarea por un mes, te llevaré los libros. Haré lo que quieras si me ayudas a ganar.

Lo sopesé un momento. Había más pros que contras pero se veía en su rostro las ganas de participar y como mi nuevo amigo, no quise defraudarlo por lo que le respondí:

-No.- I'm sorry pero mi núcleo de la autopreservación me decía a gritos que no lo haga.

-Puedo elegir a alguien mejor para ti Marc- respondió "la reina de la fiesta" ingresando en la conversación sin ser llamada.- No te conviene aliarte con personas ineficientes.

Ah no, esta muñequita de barro y estiércol no podría retarme de esa manera. Le iba a mostrar que era mejor que ella e iba a ganar su estupido juego.
Miré más allá de él, hacia el bosque. Una ráfaga de viento sopló como empujándome hacia los árboles. Sentía desde algún lado de mi cuerpo, el ansia de ir. Quería que vaya hacia él.

Sin darme cuenta, lo había decidido.

Sabía que me arrepentiría pero mientras asentí afirmando que iría con él. Marc arqueó las cejas en admiración y dejándose llevar por las emociones, me abrazó. Me alentó a que fuéramos a buscar las cosas y dejamos a Stevens allí. Le sonreí cantándole victoria.

-Tienen cuatro horas- nos informó un hombre con semblante serio, debería de tener al menos 25 años.- cronometren el tiempo y no se excedan. Si se exceden, se anula la competencia. Ya no sirve el tesoro. Que la suerte los acompañe.

Asentí. El joven me miró extrañado de que participara. Cuando vi al resto de jugadores, vi el porqué. Todos y cada uno de los competidores eran hombres. Tragué saliva, ya lamentándome de mi decisión.

Mi amigo me guió a la línea de salida y esperamos hasta la señal. Sonó un ruido de bocina que daba comienzo a la locura.

Partimos a las 12 de forma precisa.

Recuerdo haber mirado mis plataformas y preguntarme como haría para caminar con ellas en medio del bosque. Suspiré y caminé, mientras los hombres con la adrenalina y su característica testosterona volaban por las nubes y los hacían corrieron aforadamente.

-¿Que se supone que dice el mapa? - pregunté intentando que mi voz sonara aburrida y no atemorizada.

Ya habíamos caminado por lo que creí una hora y seguíamos sin indicios de nada. No hablé mucho con Marc, ya que él estaba concentrado en guiarnos mientras que yo hacía malabares para no caer. Si me hubiera consultado, yo hubiera tomado otro camino pero conociéndolo sabría que su orgullo no le iba a permitir que una mujer acotara. Ahora lamentaba no haberme puesto zapatillas, el irregular suelo y el calzado iban a provocar que me salieran ampollas.

El silencio del bosque me inquietaba. Además del hecho de haber perdido al resto de los jugadores hace un largo rato.

Me preguntaba si tal vez ya alguno había ganado y nosotros estábamos a la intemperie sin sentido. Avanzábamos lentamente por mi culpa pero mi compañero no se quejó en ningún momento.

Con tanta oscuridad rodeándome, hice mi mejor esfuerzo por apartar los recuerdos de mi mente e intenté concentrarme en los pasos que daba.

Escrudiñé el cielo ya oscuro con la esperanza de recibir alguna señal para que este juego termine.

-Ya falta poco.

Eso venía repitiendo desde que salimos.

Exhalé anhelando mis zapatillas. El alcohol de mi sangre ya se había ido de mi sistema y ahora estaba muy alerta. Apenas se percibían los ruidos de la naturaleza probablemente por nuestra causa.

Los animales eran astutos. Al momento de nuestro avance, silenciaban sus sonidos con cautela.

Creo que si hubiéramos jugado a algo, hubiera sido más divertido. Tal vez un veo veo o un piedra, papel o tijeras hubiera matado el aburrimiento. Mi mente no paraba de divagar hasta que por fin escucha la palabra que había estado anhelando oír desde que esta tonta competencia comenzó.

-Llegamos- dijo triunfal Marc, pero yo aún no veía nada más que maleza. La linterna que llevaba mi compañero apuntó hacia delante y lo que vi me obligó a detenerme.

Oh por Dios.

Esto no puede estar pasándome.

El parque de diversiones se hallaba frente a mí.

Mi aliento se cortó y sólo escuchaba latidos de mi corazón golpeando mis oídos. Esto debe ser una broma.

Marc rio y corrió hacia el parque buscando entre la reja algo. Yo seguía parada en el mismo lugar que antes cuando me hizo señas para que me acercara. Había encontrado lo que buscaba, una brecha en la reja. La misma por la que iba a entrar mi perro Máx el lunes pasado.

De ninguna maldita manera iría.

Me obligué a respirar hondo varias veces seguidas para reponerme.

-¡Ven! - siseó mi amigo para que me acercara. Procuraba que nadie más escuchara por si había otro jugador cerca- ¡Ven Aira! - al ver que yo no me movía. Se acercó a mí- vamos, no seas niña.

-No... no es eso- contesté confiando que mi voz sonara despreocupada. Era mentira. Estaba aterrada.

-Yo te protegeré- quise reírme ante su ofrecimiento pero nada salió de mi boca. Realicé una leve negación con la cabeza.- tenemos que irnos. Alguien más vendrá. Tenemos ventaja.

Al ver que no me movía me dio un ultimátum:

-O vas, o te quedas aquí sola. Tú decides.- al ver que lo miraba fríamente, hizo una mueca y agregó- Por favor, así termina rápido.

Miré hacia atrás en el bosque y era oscuridad absoluta. No me serviría de nada quedarme pero los vellos de mis brazos sentían que encontrase lo que encontrase ahí dentro no me iba a gustar. Inspiré profundamente y decidí moverme maldiciendo mi mala suerte.

Obligué a mis piernas ir una por delante de la otra. Agaché mi cabeza para pasar por el agujero pero mi vestido se enganchó. Tironee y lo saqué pero una parte de él, quedó ahí como recuerdo.

Nos adentramos por el parque, sigilosamente para no llamar a atención.

La linterna apuntaba de lado a lado y hacia adelante. Lo que me preocupaba era nuestras espaldas. Estábamos desprotegidos.

Me pegué al lado de Marc y éste me miró sonriendo para tranquilizarme.

Es ella.

Ha venido por nosotros

Está aquí.

-¿Escuchaste eso? -le pregunté. Estaba muy tensa y respirar me dolía. Mis manos sudaban y las pasé sobre el vestido a nivel de las piernas.

- No, ¿Qué fue? - contestó y preguntó sin mirarme. Atento a lo que nos rodeaba. Creo que él estaba como yo.

Avanzamos un par de pasos más cuando la linterna alumbró un cofre. Marc corrió hacia él.

-Lo hemos encontrado. Hemos ganado Amairani- exclamó lleno de alegría pero no se sintió como una victoria. Y menos aun cuando la luz de la linterna se apagó- pero ¿que mierd...?

Yo ya estaba gritando cuando algo tocó mi hombro y pegué un brinco que me llevó al suelo. Tanteé el suelo en busca de la pierna de mi amigo pero escuché a Marc gritar mi nombre pero se escuchaba lejos. ¿Se había ido sin mi?Me puse de pie tambaleándome y salí despavorida de allí. Tenía que llegar a la reja. Cubrí mis orejas para apagar las voces de las sombras.

Es ella. Ha venido. Es la elegida. Tráiganla.

Seguí corriendo sin importar como.

Sentir las voces tan cerca provocó que se crisparan mis nervios.

Mis pies se raspaban ante el duro suelo de cemento. La Luna apenas alumbraba así que choqué contra algo duro y caí de bruces en el suelo. El cemento fue reemplazado por barro sin darme cuenta. Seguía dentro del parque, de eso estaba segura. Me removí para colocarme de rodillas y pararme pero una mano me tomó del tobillo. Comencé a forcejear pero no me soltaba.

La tierra debajo de mi comenzó a hundirse, cada vez más profundamente, como si el hueco quisiera tragarme. De la desesperación, lancé patadas en todas direcciones pero la mano no me soltaba. Sentía sus uñas y dedos sucios sobre mi tobillo.

Clavé mis uñas en la tierra húmeda y sentí como la suciedad se encarnaba en ellas. Lágrimas saltaron de mi rostro y me sacudí para que no me arrastrara. Logré alejar los dedos de un puntapié pero fue en vano.

Más manos se unieron en mi tobillo hasta que me llevaron por completo, me succionó la tierra como arenas movedizas.

Cerré los ojos esperando el golpe.

Caí y caí.

Me sentía flotando.

Era como tirarse de un paracaídas sin equipo.

Abrí los ojos aterrada debido a que literalmente estaba cayendo. El viento agitaba mi ropa violentamente. Era de noche y yo descendía por los cielos nocturnos aleteando frenéticamente como un ave inútilmente para ayudarme en algo pero de nada sirvió.

Caí sobre un montón de árboles y sus ramas y troncos me cortaban y lastimaban mi piel mientras descendía. Pero al menos, lograron amortiguar un poco el descenso. Cuando aterricé sobre un arbusto no supe como logré sobrevivir. Fue un milagro.

Golpee contra algo duro y supe que por fin había alcanzado el suelo.

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