Capitulo 2: Día de compras

-¿Se puede saber en qué estás pensando? - una voz me sacó de mis cavilaciones. Era Marc. Se había sentado a mi lado en el autobús. No llevaba puesto sus anteojos, así que se veían resplandecientes sus ojos.

-En la fiesta de mañana- mentí. No tenía ganas de asistir pero Sídney estuvo insistiendo toda la semana y no pude negarme. Era un placer ser invitada pero no había dormido bien últimamente. Cada día los sentía más cerca de mí, a cada momento estaban susurrándome. Cerrar los ojos ya no era una opción. Tenía que estar alerta otra vez. Me había tomado demasiado café y puesto cubre ojeras para parecer alguien relativamente normal y no un mapache con las prominentes ojeras.

-Ya compramos el alcohol. - dijo Marc sintiéndose orgulloso. Comenzó a relatarme los sucesos de su aventura comprando en el mini mercado. Le rogaron a Peter, un vendedor de helados del puesto de enfrente y tuvieron que pagarle 20 pavos. No quise faltarle el respeto, pero mientras él hablaba, mi mente no paraba de procesar los acontecimientos del lunes. Volví a comenzar con la medicación. Procuré no decirle a mamá por si se obsesionaba con llevarme al psicólogo. Hasta ahora, yo lo estaba manejando bastante bien. Sólo necesitaba descansar, cosa que suena fácil para todos, menos para mí. Marc se rio y yo volví a la conversación. Sonreí para que no pensara que no lo estaba escuchando, aunque eso era lo que realmente pasaba. - ¿tienes planes para hoy?

-Quedé con Sídney y Anna para ir a comprar la ropa para mañana- dije mientras me ataba los cordones. Se me cruzó una idea- oye, ¿de qué va el parque de diversiones?

-¿Acaso lo has visto? - preguntó alzando las cejas con incredulidad. Asentí- es mejor que te mantengas alejada. Todas las historias de terror que nos contaron de niños, provienen de ese espantoso lugar. Por lo que me contaron, hace unos 13 años, se descarriló una montaña rusa, donde murieron decenas de personas. Antes nuestro pueblo, era un centro turístico, algo como Disney World pero versión pueblerina. Se dice que fue por la falta de personal y por un error humano. Pero las historias de terror se basan en que justo en ese lugar, hay una puerta a otro sitio. La mayoría dice que al infierno pero son sólo cuentos para espantar a los pequeños, o ¿ya te asustaste?

No pude evitar que mi estómago se revolviera. Oh por Dios. ¿Una entrada a otro lugar? Tragué la bilis que subió por mi garganta. Porque justamente, de todos los Estados del país, vine a parar a un sitio tan macabro.

Por supuesto que no- respondí tajante. Cuando iba a realizar más preguntas, el colectivo frenó de golpe.

-¿Acaso quieres morir? - le gritó el chofer a un joven en bicicleta que había cruzado mal. Furioso el conductor, apretó el acelerador y continuamos. Al cabo de unos instantes, se detuvo frente al colegio.

Descendimos y nos dirigimos a nuestros respectivos salones. Mi primera hora era sobre educación sexual. Fue algo humillante y entretenido para los hombres. La profesora balbuceaba sobre el uso del condón y los jóvenes inmaduros le silbaban y vitoreaban con cada demostración que hacía. Sólo quise hundirme en el asiento y que la tierra me tragara. Mejor, retiro lo dicho.

Gracias al cielo, la hora transcurrió rápido y cuando nos vimos liberados de esa tortura, nos fuimos al salón de arte. El día pasó igual de veloz que la primera clase.

Me sorprendí gratamente cuando fue la hora de salida y me dirigí al auto de Ana. Un C3 sino me equivoco. Me senté en el asiento de atrás y nos dirigimos al centro escuchando música de la época a todo volumen. Cuando bajamos del automóvil, mis oídos pitaban pero los ignoré. Podría pasar un tren junto a mí y no lo sentiría. Fuimos a merendar a un café bar de lo más cutre.

-Aira, ¿acaso te gusta Marc? - pregunto Sídney de repente provocando que casi escupiera mi bebida.

-Se los ve juntos seguido- acotó Anna y pude sentir como sus ojos me miraban con ¿celos? ¿Envidia? Respondí rápidamente para disipar las dudas.

-Claro que no, sólo somos amigos.

-En la escuela rumorean que se conocían desde antes. Y que él te pidió varias veces salir pero siempre le has dicho que no.

-Eso es ridículo- aclaré al instante. Era ciertamente estúpido el humor.- nunca lo había visto en mi vida.

-¿Pero te gusta? - contraatacó una Anna recelosa.

-¡No! - respondí de golpe y riendo para disminuir la tensión en el aire. No niego que Marc es atractivo pero no pienso que haríamos buena pareja. Siempre creí que cuando conociera a mi otra mitad, sentiría ese flechazo que sintieron mis padres cuando se vieron por primera vez. Me acomodé en el asiento incómoda y no pude evitar que el recuerdo floreciera en mi cabeza y me sacara una auténtica sonrisa. Extrañaba a papá con cada fibra de mí ser. El hecho de que haya muerto por un estúpido accidente de tráfico es lo que más me dolía. Porque murió por culpa de otra persona, y eso podría haberse evitado. Yo lo tendría aquí conmigo apoyándome y aconsejándome.

- Está bien, no te sobresaltes- río Sídney y cambio bruscamente de tema. Creo que percibió los sentimientos de Anna. - vengan, vayamos a comprar.

Estuvimos unas dos horas hasta que entramos a la casa de vestimenta correcta. Se podría decir que no había ropa ni zapato que no gustara. Era todo demasiado lindo y por supuesto, caro. Suspiré y me senté en el sillón mullido rosa del local. Tenía en la mano derecha, el vestido que me había gustado. Me encantó apenas lo vi y estaba un poco por fuera de mi presupuesto pero debía comprarlo. Las chicas continuaron probándose vestidos y no pude evitar divertirme con la situación. Mientras yo estaba sentada, ellas salían de los probadores y desfilaban. Era una competencia digna de ver. Mientras Sídney le ganaba en altura, Anna la igualaba con su caminar, digno de una modelo de Victoria Secret.

-¡Lo he encontrado! - chilló Anna. Tenía puesto un vestido corto rojo con escote en v y con un cinto de perlas que le marcaba su delgada cintura. Era realmente bello.- es perfecto ¿no creen?

Con Sídney la alentamos a comprarlo. Salimos del local y aún faltaba una de nosotras para encontrar uno. Entramos a un par de tiendas más y Sídney se probó varios. Cuando se probaba uno, decidí ver más de la tienda. Era un local alargado. Los vestidores estaban al principio de la tienda y la ropa colgada hasta el fondo. Miré todas las remeras y encontré una camisa que me gustó. Voltee hacia el espejo que había a mi izquierda y coloqué la prenda por delante de mí para ver sin probarme qué tal se vería. La camisa blanca combinaba a la perfección con mi jean gris desgastado. Me había puesto mis zapatillas verde agua que jugaba con tonalidades de negro, blanco y azul. Decidí llevarla.

-Ya nos vamos Aira! - gritó Anna.

-Ahí voy. - dije mientras sujetaba la percha que tenía la prenda pero ésta se deslizaba hacia el suelo. - ufff- exclamé mientras que agachaba a recogerla.

Es ella.

Sentí como respiraban en mi oído, los pelos de mi oreja se erizaron del terror. Mis piernas se debilitaron y quedé de rodillas en el suelo. Tragué fuertemente y miré hacia dónde provenía la voz. No veía nada raro. Ropa, ropa y mi sombra. Concentré mi atención a eso. Era imposible que mi cuerpo proyecte una sombra tan grande dentro del local por la forma en la que entraba la luz. Parpadeé para ver si no estaba imaginado pero en ese momento se movió y yo grité.

Rodeé mis rodillas con mis brazos y continué gritando hasta que percibí una mano sobre mi hombro. Me moví rápidamente y en mi intento desesperado por quitarme la mano de encima, choqué con una pared.

-¿Que ha pasado? - murmuró extrañada Sídney con Anna a su espalda, quien tenía una mano en el corazón como si casi la hubiera matado del susto. - ¿Aira estas bien? .

Miré hacia todas las direcciones y ya no estaba mi sombra. Por Dios. ¿Que fue eso? Definitivamente no lo había soñado. Me puse de pie temblando y tomé la camisa del piso.

-Lo siento. Creo que vi una rata- dije intentando que me creyeran y que no me tomaran por loca. Sé que dijera lo que dijera, no me creerían. Ante mi respuesta Anna abrió muchos los ojos y miró el piso. Salió disparando de la tienda por la fobia que les tenía a esas alimañas. Regresamos al auto y nos fuimos a nuestras casas. Nadie dijo nada hasta que me dejaron en casa.

Mientras bajaba, me despedí y les agradecí por la tarde que tuvimos.

Esperaba que continuaran siendo mis amigas. Eran agradables pero y hoy sí que las espanté.

Crucé el patio y saludé a mi perro. Movía la cola de lado a lado feliz por verme. Le acaricié el lomo y lo abracé para calmar mis nervios. Quise evitar a mamá pero sabía que tarde o temprano iba a subir a mi cuarto a ver el vestido.

-Es maravilloso!- exclamó al verlo.-ojalá me entrara.

- Podrías empezar a correr conmigo- propuse aunque ya sabía la respuesta. Mamá amaba comer y no hacía actividad física pese a mis consejos. Todo lo que comía se convertía en tejido adiposo, es decir, grasa.

-Que va Aira. - rio como si lo que le hubiera dicho fuera un chiste- sabes que tengo un fantástico físico femenino.

Hizo alusión a su frase favorita de una propaganda.

-Hablando de comida. Tengo hambre- comenté. No éramos de comprar cosas hechas pero tampoco de cocinar. Si tenía hambre, atacaba una lata de arvejas o atún y listo. En cambio mamá comía comida chatarra.

Pedimos pizza de roquefort, que cabe aclarar que es mi favorita. Nos sentamos en el living y pusimos una peli de amor. Acabamos lagrimeando al final de la película. Me despedí deseándole las buenas noches y subí las escaleras arrastrando los pies. Creo que no podría resistir otra noche de insomnio. Máx trotó escaleras arriba y se acomodó en mi cama. Me bañé y me puse el pijama. Até mi pelo con una gomita dorada y me recosté y me tapé con el edredón. Estaba tan cansada que lo último que vi fueron las sombras deslizándose por la alfombra y no pude evitar sumergirme en un profundo sueño.

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