Capítulo 15: Carnada.
Esta vez, los sonidos provenían de las exclamaciones de felicidad de los aldeanos, celebrando la victoria. Todos, menos Klaus.
-¿Qué pasa? -pregunté mientras la primer gota de lluvia caía sobre mi rostro. No pude evitar contagiarme del júbilo del resto, habíamos ganado. Mi compañero miraba seriamente los alrededores a la espera de algo. No quise inquietarme pero su mirada daba escalofríos.
-Aún no ha terminado- mi sangre se heló ante su respuesta y mis nervios estaban a flor de piel. Comencé a evaluar la situación más detenidamente.
Las personas reían y se abrazaban bajo la lluvia repletas de alegría, ajenos a lo que estaba por venir. Me pegué aún más a Klaus, casi tocando hombro con hombro. De pronto, se oyó un grito agudo, distinto a cualquier cosa que hubiera escuchado. Los aldeanos se callaron y quedaron quietos. Me pareció que tenían miedo de articular palabra alguna y simplemente se quedaron congelados de pie. La lluvia apagaba las casas que se encontraban incendiándose y silenciaba algunos sonidos, pero se escuchaba el desesperante ruido de los árboles al caer.
Lo que sea que venía, era enorme. Todos miramos hacia arriba y nos encontramos con una bestia de cinco metros. Cubierto de pelo y caminando sobre sus dos piernas, una criatura de aspecto de mono con dientes de tiburón se aproximó a la aldea.
Sólo escuchaba el latido desbocado de mi corazón en mis oídos. Estaba temblando, no sabía si por miedo o frio.
El tiempo pareció detenerse mientras la criatura nos observaba como evaluando a sus presas, sus ojos reflejaban voracidad pura. Nadie se atrevió a realizar movimiento alguno hasta que la voz de Klaus interrumpió el silencio.
-¡Corran!
No necesitábamos otra orden, nos movimos frenéticamente buscando un lugar donde refugiarnos o simplemente alejarnos lo máximo posible. Nos dispersamos rápidamente mientras la bestia atacaba.
Algunos no pudieron escaparse y se vieron atrapados entre sus garras y posteriormente devorados por los grandes dientes afilados provocando el sonido de los huesos al romperse, mientras que otros, como en mi caso, huimos despavoridos.
-¡Haga algo sacerdotisa!- gritó un hombre más petiso que yo bloqueándome el paso.
-¡No sé que hacer!- miré había ambos lados intentando encontrar una solución. Si me enfrentaba al monstruo, moriría de seguro. Además no tenia arma que me sirviera, ya que la espada parecía ser inútil ante semejante bestia. Varios aldeanos intentaron cortarlo con sus afiladas armas pero ninguno pudo llegar siquiera a acercarse. Me sentía tan indefensa.
-Sacerdotisa- susurró una voz conocida que provenía de mi izquierda. Agazapado junto a una caja grande de madera, estaba Theus. Me acerqué y tomé la misma posición que él al mismo tiempo que escuchaba las voces de sufrimiento-Tenemos que hacer algo o arrasará con el pueblo entero.
- ¿Qué podemos hacer?
-Usted puede hacer conjuros, nosotros no. Eres nuestra única esperanza.
La mentira había ido muy lejos y ya no podía hacer nada que estuviera a mi alcance. Me sentía culpable por seguir diciendo falacias, ellos creían que podían poner sus vidas en mis manos y no sabían la triste realidad.
-¡No soy sacerdotisa! He mentido y lo lamento mucho- confesé con voz temblorosa esperando su reacción, y vi como su expresión se transformaba, pasaba de confusión y miedo a ira. Me asusté al verme a través de sus pupilas dilatadas.
-¡¿Cómo te atreviste a engañarnos?!- pasó su mano por el rostro exasperado, creo que estaba debatiendo que hacer conmigo. El piso temblaba a cada paso de la bestia y debíamos sujetarnos de la caja. Tomó mi brazo con fuerza y me amenazó: - O haces algo, o te asesino aquí mismo.
Tragué saliva y humedecí mis labios ante la rudeza de sus palabras. Confié en cada palabra y la amenaza se hizo latente en mi mente.
-Te ayudaré, no pensaba huir.
Asintió frustrado y vi como su mente trabajaba para encontrar alguna salida.
-Será mejor que sepas al menos, usar la espada- alzó su cabeza desde donde estábamos parcialmente escondidos y comenzó a mirar los alrededores trazando un plan, retomó su posición junto a mí- haremos esto, tu vas a ser la carnada y tendrás que llamar la atención de la criatura. Hablaré con los aldeanos para capturarlo y asesinarlo.
Listo, mi muerte sería inminente pero debía ayudarlos, a pesar de haber mentido, prometí que haría algo.
-¿Hasta donde lo llevo?
-Hasta el lago, allí lo atraparemos.
No confiaba del todo en su palabra. ¿Cómo podrían capturar a algo tan grande y salvaje? Probablemente correrían en dirección contraria dejándome con la criatura.
-¿Cómo puedo estar segura que no me dejarán a mi suerte?
-No lo sabrás, sólo hazlo.
Oh por Dios.
Asentí y salí del escondite, podía sentir el retumbar del suelo y como las piedritas se sacudían de un lado a otro. Afortunadamente tenía una vaga idea de haber visto el lago que dijo Theus pero parecía estar lejos. Caminé sintiendo mis manos sudar y las froté contra la capa oscura que llevaba encima. Parecía que me estaba enfrentando a mi final y que no volvería a ver a mi madre. Alejé ese pensamiento ya que de nada me serviría ponerme triste. Mis pasos sonaban sigilosos y apagados por el caos que generaba la bestia, sus aullidos podrían hacer temblar a cualquiera.
Giré en una esquina y retrocedí. La criatura estaba destruyendo todo a su paso, recogiendo a personas que chillaban desesperadas sobre su agarre. Su cola se arrastraba detrás de ella, barriendo todo a su paso. La lluvia caía estrepitosamente empapando todo y tomé un par de respiraciones intentando calmar mi respiración y coloqué mi cabello mojado tan blanco como una pared dentro de mi capa para evitar darle algo sobre lo que agarrarse. Observé detenidamente en las cercanías y divisé una piedra que podría servirme para utilizarla. Me moví en dirección al centro de la calle pero una mano me agarró del brazo.
-¿Estas loca?- exclamó Klaus enfadado.
-Tengo que distraerlo, Theus me lo ha pedido.
-¿Acaso haces todo lo que te piden?
-No, pero me comprometí a ayudar y eso haré.
-¿Sacrificando tu vida?- lo tenía muy cerca, tanto que su respiración hacia cosquillas en mi rostro. Donde estaba su mano, mi piel hervía.
-Cumplo con mis palabras.
Resopló frustrado y acotó un "estas loca" y se alejó en dirección contraria al montruo. Esperé unos cinco minutos que parecieron siglos esperando darle el tiempo suficiente a los aldeanos para que se agrupen. Inspiré y exhalé forzadamente y tomé coraje y caminé hacia la calle decidida a llamar su atención.
-¡Oye sucia y asquerosa alimaña! - grité a todo pulmón intentando que mi voz sonara por encima de sus gruñidos y del sonido de la fuerte lluvia que caía sobre nosotros. Movió una oreja puntiaguda en mi dirección pero continuó en lo que estaba haciendo, al parecer me ignoraba. Refunfuñando lancé la piedra lo más fuerte que pude apuntando hacia el lomo del monstruo y le di de lleno en la espalda.
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