Capítulo 13: ¿Que ha pasado?

-¿Qué te ha pasado? Estabas como poseída- comentó Klaus sin dejar de caminar. En ese momento pareció darse cuenta que sostenía mi mano y la soltó como si le quemara. Estaba demasiado concentrada en no mirar hacia atrás, que no presté atención a lo que significaba ese gesto. Miré de reojo a mi acompañante y vi que parecía apunto de echar a correr.

-Yo... no lo sé- confesé apretando el paso, no podía decirle lo de las voces o me tomaría como loca o un bicho raro. Una parte de mi creía que podía confiar en él, pero estaba asustada. Por lo tanto, decidí cambiar de tema- ¿Qué ha pasado en la aldea?

- Cuando te fuiste aparecieron bestias. La tormenta las atrae.

Miré el cielo y me asusté, no me había percatado el momento en que el horizonte había oscurecido tanto. No se observaba ni la luz de la Luna ni las estrellas por la niebla. No era una noche normal, podía sentirlo.

-¿Qué vamos a hacer?

- Has sido tu la que ha prometido algo- se oyeron gritos de angustia y de terror. Mi corazón palpitaba salvajemente y sin control.

-Está bien- pasé las manos por mi cabello y lo peiné hacia atrás. Tenía que pensar que haría. Había mentido y no era sacerdotisa, no podía hacer nada que resultara útil- Necesito una espada- anuncié en el momento que salimos del bosque y llegábamos a la aldea. Con terror observé lo que sucedía.

Fuego.

Las llamas se alzaban como extendiéndose hacia el cielo, el humo prácticamente tapaba toda posible visión de lo que sucedía. Cubrí mi boca y las fosas nasales con el brazo para no intoxicarme.

Numerosos cuerpos se hallaban en el suelo y supe que era mi culpa. Debía haber estado aquí cuando atacaron, tal y como prometí.

El Guardia del Rey estaba junto a mi sin hacer nada, pero yo me agaché junto a un cuerpo y rebusqué en su ropa. Nada. Continué con el cadáver de otro hombre y encontré su espada y la tomé. Al menos ahora haría algo, aparte de limitarme a mirar. Con un arma en mis manos me sentía más segura, pese a la mirada que me dio Klaus que creía que no podría utilizarla. Mis ojos picaban y tuve que refregármelos varias veces.

Me dirigí tosiendo por entre las casas para encontrar un sobreviviente, dejando a Klaus allí de pie. Mi mente me decía que debía de haber alguien con bien con vida, tal vez se había escondido y refugiado. Por favor, por favor repetía. Jamás me perdonaría por haberlos abandonado.

Parecieron pasar siglos hasta que escuché un llanto y el alivio me embargó. Corrí lo más rápido que pude bordeando casas que se derrumbaban, siguiendo el sonido humano hasta que lo encontré. Visualicé a el niño que me había preguntado si había venido a salvarlos. Se encontraba acostado sobre el piso y tenía una bestia encima.

Mi impulso fue blandir la espada de manera desafiante pero sentía como me temblaba la mano.

-¡Oye bestia! - grité para que me escuchara por encima de los gritos del niño- Ven por mi, sucia y asquerosa alimaña.

La criatura realizó un sonido gutural y se alejó del niño que permaneció recostado en el duro suelo. Presté atención a la bestia y vi que tenía aspecto de oso, pero tenia grandes colmillos y los ojos le colgaban de sus fosas. Se movía sigilosamente bamboleándose de un lado a otro, como si su avance dependiera de la presa. Mi corazón parecía que estaba por salirse de mi pecho.

Caminé hacia mi izquierda en silencio pero la criatura no me siguió con la vista. ¡Era ciego! Aquel descubrimiento me alegró, si hacia silencio tal vez no atacaría. Di un paso pero hice un mínimo ruido al deslizar mi pie sobre la tierra y el animal gruñó. Mi aliento estaba atrapado en mi garganta.

El niño ya no gritaba, nos sumergimos en un extraño silencio.

Me puse en cuclillas y tomé una piedra del tamaño de mi puño y la arrojé lo más lejos posible de nosotros. El animal avanzó salvajemente y yo tomé la oportunidad de correr hacia el niño. Lo agarré de los brazos y lo puse de pie, comprobé rápidamente si no venía el animal y comencé a inspeccionar al chico.

-Shhh, no hagas ruido- murmuré en su oído y lo abracé. Sentí un alivio inmenso de haber encontrado a alguien.

-Mi... mamá- susurró el pequeño, estaba aterrado.

La criatura volvía hacia nosotros arrastrando lo que parecía ser el miembro de otra persona y tuve que tragar la bilis que amenazaba por salír. Gruñó al escuchar el quejido del niño y yo me coloqué delante de él para protegerlo. Avanzaba decidido a atacar y yo alcé la espada para defendernos y la blandí tal y como había hecho Klaus pero mi temblor y la inexperiencia no dejaba que ni siquiera se asemeje.

Sucedió en cámara lenta, cuando el animal arremetió contra mi espada y ésta cayó al suelo por la fuerza de la criatura. Acercó su garra sobre mi dispuesto a matar y yo extendí mi mano por delante de mi para protegerme. Era absurdo pensar que yo podría haber hecho algo, pero me limité a cerrar los ojos esperando el impacto pero nunca sucedió. En cambio, fue reemplazado por un destello blanco y negro que hizo a mis párpados elevarse para ver que estaba pasando.

Mi mano extendida era la causante de la luz. La bestia chillaba mientras que yo asustada cerré los dedos en forma de puño y miré incrédula como la bestia se desintegraba.

¿Qué había sido eso? ¿Qué fue el destello? Aún sentía a mi mano arder y la miré incrédula. Esto era extraño, ¿Desde cuando podía hacer eso?
Visualicé alrededor y sólo quedaban los restos de la bestia, había sido yo, la había matado con mi mano. Me llevé la mano al corazón y en ese instante sentí el gimoteo de alguien a mi espalda y recordé al niño.

-Tranquilo, ya ha pasado- intenté que mi voz sonara normal. Por suerte, tenía los ojos cerrados y no creía que haya presenciado el reciente acontecimiento. Tomé su mano y con la otra recogí la espada, y juntos fuimos en busca de más sobrevivientes.

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