Capítulo 12: templo
Avanzábamos hacia nuestra casa que iba a sernos asignada por Theus, el hombre que me contrató para protegerlos, era quien dirigía el sitio.
-¿Qué quieres decir con eso? - pregunté mientras caminábamos a Klaus.
-Antes de que hubieras abierto la boca, podrías haberte informado. Además deberías saberlo ¿Cómo ha sobrevivido tanto tiempo tu pueblo?
- He conseguido refugio, no vengas con quejas ya que tu persuasión apesta- crucé los brazos al sentirme insultada.
-Tendrás que hacer conjuros o algo para salvarlos porque no pienso hacer nada.
-¿Acaso los dejarías morir sin hacer nada? -pregunté esperando que negara pero al no hacerlo, agregué:- ¡Pero si eres un espadachín, samurái o lo que sea! ¿No tienes sentimientos?
-No.
Miré hacia otro lado para no insultarlo. ¿Cómo podría quedarse aquí y ver gente morir?
-¡Yo voy a hacer algo!- exclamé.
-Morirás.
-Si muero, al menos moriré luchando y no escondiéndome como un cobarde.
Me alejé un par de pasos pero una mano me sujetó fuertemente del brazo, e hizo que girara. Klaus estaba furioso.
-No me llames así. Tu no sabes nada de mi y tampoco de las bestias. Te matarán en un parpadeo porque eres tonta, si hubieras dejado que yo hablara tal vez hubiéramos conseguido refugio sin tantas promesas.
Dicho esto soltó mi brazo y entró a la casa. Estaba muy enojado y no entendía el porqué. Exhalé sonoramente e ingresé a la casa. Era mucho más grande de la que había estado y tenía aspecto de ser un templo. Realmente extrañaba las puertas y ventanas, ya que no sabría como nos protegeríamos del clima que se avecinaba.
-¿Quién vive acá? - pregunté insegura de romper el silencio.
-Mi padre y yo. Era el templo de mis ancestros- respondió Theus.- en seguida podrán asearse y cenar.
-Gracias por su hospitalidad.
-Es un placer, sacerdotisa- anunció mientras daba una pequeña reverencia y yo no pude evitar sonreír alagada. No era más que otra estafadora y me sentía mal por ello.
Cuando mi cuerpo tocó el agua, me embargó una sensación de alivio. Sentí como la tensión abandonaba mi cuerpo y suspiré alegre por la sensación.
Refregué mi cuerpo lo mejor que pude, intentando eliminar toda suciedad y resto de los días pasados. Me habían dado una pequeña tina donde apenas entraba pero aún así, era un lujo.
Me recosté un poco y dejé que mi mente vagara mientras con un cuenco colocaba más agua. Cada vez estaba más cerca de mi hogar, y no pude evitar querer abrazar a mamá. En ese instante me sentí sola y perdida, vagando por un planeta desconocido.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que interrumpieron mi momento de tranquilidad.
-¿Vas a estar toda la noche ahí?- preguntó Klaus apoyado sobre la pared adyacente a la puerta, con los brazos cruzados.
-¡¿Cómo te atreves?!- grité y le arrogué el tazón que tenía a mano. Si no fuera por sus reflejos, le hubiera dado en el rostro. Que lástima.-¡Vete!
Intenté cubrir mi cuerpo de la mejor manera posible.
-¿Por qué haces tanto escándalo? Ya he visto a otras mujeres desnuda.
-¡Lárgate o te golpeo! - seguía gritando histérica, estaba roja por la vergüenza. Durante un momento no hicimos nada, él se limitó a observarme detenidamente y luego pareció entender que no quería que esté allí porque se marchó, dejándome otra vez sola. Lo mataría. Salí del agua y me cambié lo más rápido que pude, me coloqué un vestido turquesa un talle mas grande de lo que realmente era.
Entré al cuarto contiguo, donde estaba él, sin mirarlo. Me senté sobre unas mantas que hacían de colchón y lo observé de reojo.
-Se que me estás observando.
-Es que eres un idiota.
-Todavía no entiendo porque te has enojado.
-Quería privacidad.
-Tal vez en tu pueblo es distinto, pero aquí no existe eso- comentó desde donde estaba sentado, apoyado sobre una pared.
-¿Por qué no estás en el Palacio? - contraataqué esperando que responda esa duda.
-No es de tu incumbencia- desviaba la mirada.
-¿Te echaron?
-No- por su expresión supe que había acertado pese a que lo negara.
-Puedes contarme...
-¡¿Por qué eres tan metida y no cierras la boca de una vez?!
Me puse de pie y salí de la habitación enojada. ¿Quién se creía que era? Sólo intentaba ser amable y entender un poco la razón por la que es tan frío y distante. Si no quería que le hable, por mi bien. No gastaría más saliva en ese imbécil.
-¿A dónde va sacerdotisa? - en mi trayecto hacia el patio, me encontré con otro hombre.
-Afuera, necesito un poco de aire fresco - No pensaba decirle que mi acompañante me había ofendido.
-Tenga cuidado, es peligroso- sin que me viera, rodee los ojos. Ya estaba cansada de que me dijeran eso, ¿Que podría pasar?
Llegué al exterior y me senté sobre las maderas de los escalones. Quizá estaba destinada a la soledad y no podía hacer nada para evitarlo. Una fresca ventisca alborotó mi cabello, al parecer Klaus tenía razón después de todo.
Ven.
Ven Amairani.
Me dio escalofrío escuchar la voz que me llamaba. Sin poder entender el porqué, tenía la imperiosa necesidad de ir. Me puse de pie para regresar al templo pero giré mi cabeza hacia la voz.
Un paso mas.
Me dirigí hacia donde provenía la voz y me adentré en el bosque. Era gracioso porque siempre me quejé de las mujeres en las películas de terror cuando tomaban decisiones tontas e iban directamente al peligro.
Estaba tan oscuro que no veía por donde caminaba y tropecé varias veces pero la voz me guiaba. Por una extraña razón, me sentía en mi hogar. La alegría me embargó por un momento y seguí avanzando. Con cada paso que daba en esa dirección, bajaba cada vez mas la temperatura, parecía apunto de nevar.
Escuché gritos a lo lejos, eran voces humanas que sonaban desesperadas. Ruido de espadas y órdenes se alzaron en el aire. Parecía que había empezado una batalla. Sin embargo, no paré.
Estas más cerca.
Ven.
-¡Estoy llegando! - reí ante la emoción que sentía.
-¿Que haces Aira? - Unas manos me tomaron de la cintura y yo seguía intentando avanzar. Me removi inquieta mientras me sujetaban. Me dieron vuelta y terminé viendo a unos ojos verdes que creí conocer.
Ven Aira.
-No puedo- intenté zafarme del agarre del hombre pero no pude. La tristeza me envolvió y sentí lágrimas caer de mis ojos.- Déjame ir.
-¿Que te pasa Amairani? - el hombre me sacudió y al ver que no respondi, me pegó una bofetada. Reaccioné y lo empujé.
Miré frenéticamente alrededor y no sabía donde estaba. ¿Que había pasado?
- ¿Donde estamos? - pregunté con voz temblorosa y miré más allá de Klaus y vi un barranco. No recordaba haber caminado hasta acá.
-Parecías en trance, tenias los ojos negros.
-No entiendo.
Se escuchó un grito a lo lejos.
-Vamos, han atacado el pueblo- Klaus parecía alterado y preocupado por mí. Mis piernas no me respondían pese a mi esfuerzo, hasta que él tomó mi mano y tironeó de mi para que lo siguiera.
Sentí como las sombras me seguían llamando.
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