capítulo 11: ¿Sacerdotisa?

-¡Estoy cansada de caminar!

-¿Puedes callarte?

Refunfuñé mirando mis pies avanzar por el terreno. Si tuviera una pala cerca y él no tuviera reflejos de felino, probablemente lo golpearía hasta el cansancio. Se mostraba reacio a mirarme o hablarme, simplemente caminaba escrudiñando todo a nuestro alrededor.

Suspiré sintiéndome morir de aburrimiento. No quería admitirlo pero junto a él me sentía más segura. Como si creyera que podría protegerme de todos los peligros, excepto de él mismo. Parecía ser un sádico psicópata.

Nuestra rutina se basaba en parar a comer o descansar. Nos turnábamos para hacer guardia y para comer. Con el paso de los días me hacía más hábil, ya no dudaba en despellejar al pobre animal.

Al tercer día llegamos a una aldea justo cuando el sol se escondía.

-Será mejor que ocultes tu rostro y cabello- dijo murmurando mientras avanzábamos.

-¿Por qué?

-Si no te has dado cuenta, nadie tiene tu apariencia. -me observó detenidamente y yo desvié la mirada colocándome la capucha. Espero que no se haya dado cuenta que me incomodaba- Jamás he visto un pelo tan blanco como el tuyo.

-En mi tierra es conocido, solo que con tinturas.

-¿En tu tierra? ¿De donde eres? - Me observó extrañado y yo quise golpearme la cabeza por mi estupidez. Me paralicé por mi error y mi mente buscaba una explicación coherente.

-Quise decir en mi aldea, allí es conocido el color.

-Has dicho tierra, como si no fueras de aquí.

-¿De que hablas? He dicho tierra, que es lo mismo que sitio, lugar, terreno, pueblo, aldea. Es sinónimo.

No dijo nada, se limitó a observarme con semblante serio mientras yo le devolvía la mirada intentando no dejar entrever nada. Debía ser más cuidadosa.

-¿Quiénes son ustedes? - una voz masculina se hizo presente una vez que entramos al pueblo. Era un hombre de unos veinticinco años con cabello castaño y ojos avellana. Nos apuntó con su espada y mi acompañante se tensó.

-Somos simples viajeros- contestó Klaus y yo permanecí callada obedeciendo, a pesar de que no quería seguir sus órdenes.

-Ya hemos tenido visita de supuestos viajeros que nos han robado. Vándalos.

-Nosotros no lo somos, estamos de paso - replicó Klaus.

-Lárguense entonces.

-Necesitamos un refugio hasta que pase la tormenta- Respondió mi compañero y yo no pude evitar observar el cielo. A pesar de que era de noche, visualicé las nubes aproximándose pero nada indicaba tormenta. Me pregunté como fue capaz de notarlo.

-No.

-Le pagaré.

-No, ¡Largo! Estamos cansado de ser estafados. - Me sorprendí por la forma abrupta en que lo dijo y decidí interrumpir:

-Señor- llamé su atención dando un paso adelante, esperaba que saliera bien- No queremos molestarlo pero necesitamos un lugar para hospedarnos, al menos por hoy. Estamos muy cansados de vagar sin un lugar donde dormir. Le prometo que no haremos nada que vaya en contra suyo.

-¿Y como yo puedo confiar en tus palabras niña?

¿Y ahora que digo?

-Porque soy sacerdotisa y nosotras no podemos mentir.

-¿Sacerdotisa?- el hombre me miró a los ojos intentando ver si mentía o no y luego a los gritos llamó: - ¡SALGAN TODOS! ¡TENEMOS UNA SACERDOTISA!

Esto no podía ser bueno. Comencé a lamentarme por mi gran boca mientras Klaus me fulminaba con la mirada. No sabia nada de sacerdotisas y ni siquiera si no podían mentir.

Personas comenzaron a salir asustados y otros entusiasmados desde sus casas. Rápidamente nos vimos rodeados por una gran multitud de aldeanos que nos observaban detenidamente y susurraban. Muchos de ellos tenían cicatrices muy feas en sus rostros y a otros les faltaban miembros.

Un niño de unos cinco años se acercó y tironeó de mi capa. Me agaché hasta estar a su altura y le pregunté:

-¿Qué pasa pequeño?

-¿Has venido a proteger al pueblo, sacerdotisa? -preguntó con una voz tierna y yo le sonreí. Odiaba mentir pero no sabía que hacer. Isleen probablemente se decepcionaría si estuviera viva o estaría de acuerdo de que mintiera para ocultar la verdad, no sabría decirlo. No tuve bastante tiempo para pensar si era una elegida o no, no creía que tenía poderes ni nada eso, nunca fui capaz de hacer algo increíble.

-¿Protegerlos de qué?

-De los monstruos. Tienen garras así y dientes así- me sonreía y mostraba como eran las bestias con gestos. Mi estómago se apretó.

-Veré lo que puedo hacer- respondí intentando sonar tranquila mientras la gente continuaba murmurando.

-Entonces, ¿Es cierto?- preguntó esta vez una mujer con expresión de desconfianza- ¿Te sacrificarás por el pueblo?

Wow. Esto estaba yendo de mal en peor.

-Nadie habló de un sacrificio y aún no me han ofrecido nada - comenté tragando saliva fuertemente. Recordé que Isleen intercambió protección a cambio de cobijo, pero en mi caso yo no podría permanecer tanto tiempo. Debía de encontrar a Ekaitza pronto ya que Klaus no toleraría que demorara o que cambiara de planes. Tenía un trato. Debía conducirlo hasta la madre sacerdotisa o me mataría.- Además sólo puedo quedarme hasta que pase la tormenta.

-Está bien. Si nos proteges por ese tiempo, nosotros te daremos refugio y comida- propuso el hombre que habíamos encontrado al llegar. Miré a Klaus a la espera de su confirmación y este pareció evaluar la idea y al final, la encontró correcta. ¿Qué tan difícil podría ser? Seguramente no pasaría nada, y la supuesta tormenta duraría poco así que no había nada que perder.

-Tenemos un trato entonces - Le extendí mi mano para cerrar el acuerdo pero me interrumpió:

-Primero quítate la capucha- sabía que eso pasaría así que me limité a asentir y lentamente lo hice mientras escuchaba las exclamaciones de sorpresa y luego el murmullo comentando a que se debía mi piel, el cabello y los ojos.

-Es increíble- se acercó una anciana y tocó mi cabello. Klaus se tensó a mi lado y llevó su mano a la espada. ¿Iba a matar a una anciana? ¿Qué le preocupaba? - parece enviado del cielo.

-Es hora de que dejen en paz a nuestros invitados- anunció otro hombre y la multitud comenzó a disiparse.

-Espero que tengas un plan sacerdotisa- comentó Klaus con una mirada burlona. Parecía disfrutar de la mentira- la tormenta no viene sola, dentro de poco estaremos rodeados de bestias.

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