Capítulo 10: Es un trato.
Es ella.
Tráiganla.
Debe venir con nosotros.
Oh no, podía sentir como las sombras susurraban a mi oído, percibí a la perfección las voces que me llamaban. Un escalofrió recorrió mi cuerpo.
Creí que estaba muerta porque podía sentir el calor del fuego cerca de mi, ¿El infierno, tal vez? Me removí inquieta al pensar en todos los demonios que podrían haber y que estarían listos para devorarme. Horrorizada ante ese pensamiento abrí los ojos pero en vez del infierno, me encontré con una pequeña fogata.
¿Como había logrado encender una? No recordaba haberlo hecho y menos tenia la habilidad... Klaus.
Me senté bruscamente y miré el frenéticamente a mi alrededor.
-Despacio o te volverás a desmayar.
-¿Yo...que?
Resopló cansado.
-Es increíble que hayas sobrevivido tantos días, al parecer no eres tan idiota como pensé.
-¿Como te atreves?- me puse de pie irritada- Al menos a ti no te persigue un sádico que quiere robarte y asesinarte.
-Si me hubieras hecho caso y entregado el mapa, no estaríamos así.
-No te lo hubie...- me sonrió triunfalmente y yo comencé a palpar mis ropas desesperada. No tenia el pergamino.- Dámelo.
-No.
-He dicho que me lo devuelvas.
-No.
-¡Lo necesito!- casi supliqué. Sin mapa no tenia oportunidad de nada y quería volver a casa.
- Yo también- comenzó alejarse y yo aterrada y decidida a conseguirlo, corrí detrás de él y al parecer lo tomé por sorpresa porque lo tumbé y ambos caímos al suelo, junto al fuego. Aproveché su asombro y busqué el papel en su capa. ¿Donde estaba? ¿Donde estaba?
Cuando al fin lo encontré, el se percató de mi intención y me empujó lejos. Caí de espaldas contra el suelo y mi aliento se cortó. Eso había dolido pero afortunadamente, había valido la pena porque tenia en mis manos el mapa.
Me puse de pie lentamente y él se acercó mientras yo retrocedía.
-Eres una bribona, pero no te va a servir de nada.- dijo lentamente mientras sacaba su espada y la movía de un lado a otro, como cortando el aire. La sonrisa tenebrosa que tenia en el rostro, heló mi sangre.
-Me sorprende que un guardia de la realeza no pueda con una bribona- espero que mi voz haya salido confiada y despreocupada, no aterrada como me sentía -¿O acaso eres tan imbécil que te dieron el trabajo de lastima?
-Te vas a arrepentir de cada palabra.
Lo vi acercarse decidido a atacarme y descuartizarme, asique yo me acerqué al fuego lo mas rápido posible y tiré el mapa. Klaus se detuvo en seco y me gritó cuando supo lo que iba a hacer, sin poder creérselo.
Ambos mirábamos como el papel era envuelto por las llamas y se quemaba lentamente.
Mi corazón palpitaba rápidamente mientras intentaba buscar una salida. Correr estaba descartado, ya que él era mas rápido y yo sin comer, no tenia las fuerzas necesarias para hacerlo.
-Ahora si nada me detiene- su mirada se asemejaba al hielo mientras que con la punta de su espada me levantaba el mentón para que lo mirara a los ojos. Tan frío y distante que daba miedo.
Tragué saliva.
-No deberías hacerlo.
-¿Y por que no?- rio.
-Por que yo me se el mapa de memoria, soy la única que puede llevarte hasta Ekaitza.
-Mientes- me observaba fijamente.
-No.
Pareció dudarlo, se pasó la mano por el pelo y pude ver que estaba pensando en creerme o no. Una idea cruzó por mi mente.
-Podemos ir juntos o podrías matarme y nunca encontrar a la sacerdotisa.
-O podría obligarte a que lo escribas.
-No lo haré, ya que una vez terminado, se que me vas a matar. Así que o vamos juntos, o no la encuentras nunca.
No entendía de donde había sacado tanto valor para hacerle frente, pero no podía ser siempre la víctima. En algún momento debía plantarme y enfrentar los problemas.
-Se que me voy a arrepentir... esta bien.
Yo estaba dando saltos y gritos en mi interior ya que al menos no enfrentaría el camino sola. Y por más que él fuera peligroso, tenía que cuidarme sólo de él ya que Klaus combatiría con las bestias.
-Pero primero necesito comer- le informé cuando mi estomago comenzó a hacer ruidos. Klaus se limitó a resoplar y maldecir algo como " ¿Por qué tengo que ir con alguien tan inútil?" pero yo me digné a mirarlo más mientras él se internaba entre los árboles.
-Ya regreso.
Pareció que pasó menos de una hora cuando volvió y me lanzó un animal muerto en el regazo. Me quedé helada por semejante horror. Mi vestido blanco se había ensangrentado y tenía restos de los órganos del animal. Lo miré lanzándole una expresión de confusión y enojo.
-Límpialo y ponlo sobre el fuego.
-Yo no puedo, no...
-Hazlo, sirve de algo o no te compartiré mi comida.
No respondí. Por un lado tenía razón, debía hacer algo, y además cuando me separara de él, no podía estar indefensa y desmayarme por no comer.
Mientras aguantaba la respiración, comencé a cortar piel y tripas y creí que vomitaría pero no lo hice. No me mostraría débil ante Klaus. A pesar de ello gimotee hasta que coloqué lo que se comía sobre el fuego.
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