Capítulo 3: "Si sobrevives..."

Canción para este capítulo: Breath of life–Florence and The Machine.

Trato de calmar mi respiración mientras camino por el bosque. Me llevo una mano al pecho y trago saliva. No estaba preparada para encontrarme con él. Suspiro entrecortadamente y aprieto mis manos en puños. Siento como mis ojos se llenan de lágrimas, pero haciendo uso de todo mi autocontrol, consigo que ninguna sea derramada. Niego con la cabeza y decido centrarme en lo que tengo que hacer: encontrar a Thomas.

Los minutos pasan y me queda poco tiempo antes de que amanezca. De pronto, el olor a moras llega a mis fosas nasales. No puedo evitar que una sonrisa se forme en mi rostro. La trampa gracias a la que encontré a mi amigo tenía como base estos frutos. Es raro encontrar comida en el bosque, por lo que imagino que al igual que la última vez, será un truco de los humanos que habitan en los alrededores de la ciudad.

En menos de un segundo me encuentro delante de un arbusto repleto de moras. Me paso la lengua por el labio inferior al percibir el movimiento de hojas a mi espalda: quien quiera que esté a cargo de la trampa ha salido de su escondite.

Me vuelvo con rapidez y sonrío ampliamente al ver a Thomas mirándome con la misma expresión de felicidad.

––Astrid...

Se detiene abruptamente.

Sus cejas se alzan con preocupación y sus labios se entreabren.

Niego la cabeza intentando acercarme a él. Ha visto mis ojos ahora verdes: piensa que soy un Visitante. El brazo que sujeta la pistola, se alza y su rostro ahora solo expresa frialdad y enfado.

––Sal de mi mente. ––ordena.

Ruedo los ojos al darme cuenta de que nos hayamos en la misma situación que cuando le encontré hace meses.

––Tengo muchas cosas que explicarte... ––un disparo en mi pierna derecha me corta a mitad de la frase. Aprieto los labios.––Thomas... ––advierto con un gruñido.

El chico de cabello castaño no se inmuta, sino que se prepara para volver a apretar el gatillo. Intento usar mi velocidad para apartarme, pero un fuerte pinchazo en la zona herida me impide moverme. Gimo de dolor.

Mis ojos se abren con sorpresa al darme cuenta. Las balas están envenenadas.

––Soy yo, Astrid... hice un trato con uno de ellos para... ––me muerdo la lengua para no gritar cuando Thomas dispara en el mismo lugar. Suspiro entrecortadamente antes de continuar.––Me prometió que me ayudaría a encontrar a mis padres, pero todo... todo era una mentira para convertirme en esto. ––digo atropelladamente.

Mi amigo frunce el ceño y noto como todo su cuerpo se tensa. Consigo dar un par de pasos hasta quedar cara a cara con él. Con cuidado, alzo mi mano en dirección a su arma, pero antes de que pueda hacer nada, sujeta mi muñeca y me empuja hacia delante, ocasionando que me estrelle contra el suelo. Haciendo acopio de todas mis fuerzas y usando mi enfado como motor, me levanto a una velocidad que los ojos humanos son incapaces de percibir y clavo mi puño en su mandíbula. Thomas se tropieza y cae de espaldas, oportunidad que aprovecho para adueñarme de su pistola.

––Si he venido hasta aquí a buscarte, ha sido porque quiero ayudar. ––explico.––Coloqué una bomba en Japón y pertenezco a la resistencia. ––hago una mueca al introducir mis uñas en la herida, tratando de sacar la bala envenenada.

––¿Cómo puedo saber que no me estás mintiendo? ––cuestiona.

––No puedes. Solo te queda creer en mi palabra. ––trago saliva.––Si realmente estuviera en tu cabeza, tendrían que haber espejos alrededor, son la única forma de entrar y salir de las ilusiones que los Visitantes crean. ––confieso.

––¿Cuál es mi color favorito? ––pregunta tras unos segundos, como si quisiera asegurarse de que soy yo.

––¿Cómo mierda pretendes que me acuerde de eso? ––gruño. Las comisuras de mis labios se alzan levemente cuando atrapo la bala con mis dedos. La saco con cuidado.

––Tienen veneno, la herida no se te va a curar tan fácilmente... ––murmura. Me muerdo el labio y me agacho a su altura. Decido ignorar su comentario.

––Lo que sí recuerdo es que eras mi mejor amigo antes de que todo esto empezara. Siempre estuviste ahí para mí, y cuando te encontré hace unos meses... Me sentí tan feliz... Si no accedí a marcharme contigo fue porque creía que mis padres estaban vivos, y que el Visitante con el que hice el trato me llevaría con ellos. ––con cuidado, acerco mi mano a su rostro y aparto un mechón de pelo rebelde que caía por su frente.––El problema es que era todo mentira. El único trato que el ser tenía, era con su líder. Me engañó y me convirtió en esto.

Thomas se pasa la lengua por el labio inferior y veo a través de sus ojos el debate que está teniendo en su interior. Me comienzo a poner nerviosa al ver que el sol está saliendo.

––Mira, mañana, cuando el sol se ponga, ven a este lugar. Prometo explicártelo todo, pero ahora tengo que irme. ––mi voz tiene un deje de súplica.

Aunque al principio duda, finalmente asiente lentamente. Sonrío forzadamente y me levanto. Dejo caer la pistola a su lado y me doy la vuelta, dispuesta a marcharme.

––Va a ser un día difícil para ti... si sobrevives hasta mañana, te llevaré al campamento, donde podrán curar la herida. ––musita. Trago saliva. "Si sobrevivo..."



















Cuando llego a la ciudad, los Visitantes ya se están moviendo de un lado a otro por el lugar, en tiendas y cafeterías. Me sorprende que actúen como humanos y la curiosidad por saber como vivían en su mundo me invade.

Noto como mi estómago gruñe y frunzo el ceño, ya que no tengo hambre. Solo tengo que alimentarme (necesariamente) cada dos meses, y no me toca todavía. Supongo que será uno de los efectos del veneno. Maldigo internamente.

Camino hasta la Sede y rezo porque Jack no me vea, ya que si repara en la sangre de mi pantalón, me someterá a un interrogatorio.

Entro en el edificio y pulso el botón del ascensor, esperando a que este llegue. Me cruzo de brazos al sentir una oleada de frío inundarme. Soy fuerte, sobreviviré, estoy segura. He pasado por cosas peores.

Las puertas del cubículo se abren y me introduzco en él junto con una Visitante de cabello pelirrojo.

"No... no puede ser... no puedo tener tan mala suerte..."

La alienígena que nos recibió a Cole y a mi cuando llegamos a la ciudad me observa sonriente. Aprieto mis mano en puños, reprimiendo las ganas que tengo de golpearla.

––Qué placer volver a verte por aquí. ––dice sarcásticamente. Me mira de pies a cabeza y bufa, intentando reprimir una carcajada.

––¿Qué te causa tanta gracia? ––gruño entre dientes.

––Nada, nada... ––su sonrisa se ensancha.––¿A qué piso vas?

––Al último, a los dormitorios. ––aclaro con un deje de orgullo.

La Visitante asiente y pulsa el botón que lleva a la planta más alta para después mirar sus uñas como si fueran lo más interesante del mundo.

"Aprovecha, rómpele la maldita cara, que ni la cirugía pueda solucionarlo."

––¿Tienes tu propia habitación? –cuestiona haciendo una leve mueca.

––Sí. ––sonrío y entrecierro los ojos.––¿Tú? ––me llevo una mano a la boca, fingiendo sorpresa.–– Oh, lo siento, ignora eso, se me había olvidado que no eres lo suficientemente importante como para tener un dormitorio en la Sede.

Las puertas del ascensor se abren y la Visitante sale antes que yo, pero se detiene de golpe, sonriendo socarronamente.

––Tranquila, duermo en el de Cole. ––alardea para después girarse y perderse en la oscuridad del pasillo.

Cojo una gran bocanada de aire y camino con paso decidido hasta mi habitación. Entro y cierro de un portazo, sintiendo la frustración y la ira correr por mis venas.

¿Cómo ha podido acostarse con ella? Dios... Seguro que cuando me dejaba sola en el bosque, era para meterse entre las piernas de esa zorra.

Me siento sucia. Sucia por haberle entregado mi confianza, mi cuerpo y mi corazón cuando lo único que él hizo fue traicionarme y romperme en mil pedazos.

Me dirijo al mini-bar y saco una botella de alcohol. Nunca lo he probado, pero supongo que hay una primera vez para todo. Saco un vaso y cuando voy a servir el líquido, mi mano tiembla bruscamente, y el objeto de cristal cae al suelo. Dejo la botella encima de la encimera.

––Mierda... ––musito. Me paso una mano por el cabello con nerviosismo. Mi estómago ruge con más fuerza y corro hasta el baño al sentir una arcada.

Me paro delante del espejo y sin poder hacer nada para impedirlo, el vómito sale de mi boca. Siento como me vacío por dentro y el dolor aumenta. Abro los ojos y ahogo un grito al ver todo lleno de sangre.

He vomitado sangre.

Todo está lleno del líquido rojizo: el suelo, el espejo y el lavabo. Me muerdo el labio y me apoyo en la pared. Me deslizo hasta que quedo sentada y entierro mi cabeza entre mis rodillas. Todo mi cuerpo tiembla y el ardor de mi garganta es cada vez más fuerte.

Las palabras de Thomas se repiten una y otra vez en mi mente.

"Si sobrevives..."








Intentaré subir otro capítulo mañana :D

–Lau

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