Capítulo 2: "No voy a rendirme contigo."
Canción para este capítulo: Knocking on Heavens door-RAIGN (amo esta maldita canción #Bellarke T.T)
Doy un sorbo a mi bebida intentando pensar en una buena frase para iniciar conversación. Me esperan varias horas de camino y si Jack habla conmigo será más llevadero, además de que tal vez consiga enterarme de alguno de sus planes.
––¿Qué haremos en Nueva York? ––cuestiono deslizando mi dedo índice por el borde de la copa delicadamente, siguiendo el trazado con la mirada.
––La Sede está ahí y soy el Presidente, por si lo has olvidado. Tengo asuntos que resolver. ––responde tras carraspear. Odio que sea tan escueto con sus contestaciones. Asiento sin detener el movimiento de mi dedo.
––¿Es muy grave lo que ha ocurrido?
––Nada que yo no pueda solucionar. –gruñe acomodándose más en el asiento.––No soy de esos cuyo único objetivo es mantener a raya el problema, soy más de los que prefieren cortar la amenaza de raíz. Y es lo que voy a hacer.
Me muerdo el labio y dejo que el silencio reine entre nosotros hasta que el Visitante lo rompe.
––Él estará allí. ––aparto bruscamente mi dedo del borde de la copa y alzo la mirada en dirección a Jack, él cual me observa sin ningún tipo de emoción.––Solo quiero advertirte... Cole ya ha pasado página. Deberías hacer lo mismo.
Un nudo se forma en mi garganta aunque yo no lo quiera. Una grieta más se forma en mi destrozado corazón. Le odio. Le odio por haber conseguido meterse bajo mi piel. Y me odio a mi misma por habérselo permitido.
––¿A qué te refieres con que ha pasado página?
––Está con otra, Astrid. –suelta. Las palabras me sientan como una patada en el estómago.
"Él nunca te quiso."
––Entiendo, ¿y eso debería importarme? ––musito para después sonreír, tratando de parecer indiferente.
La mano de Jack se coloca sobre la mía y la aprieta levemente. Tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas para no apartarme.
––No espero que lo hayas superado: tú le querías y él te engañó, traicionó tu confianza, a ti. No merece ni respirar el mismo aire que tú. ––susurra.
––¿Y tú eres mejor? ––me arrepiento de haber dicho esas palabras en el preciso instante en el que salen de mi boca.
Jack aumenta su presión en mi mano y estoy segura que de haber sido humana, me la habría roto.
––Hice lo que tenía que hacer, Astrid. No vuelvas a responderme. ––ordena entre dientes y con el ceño fruncido.
Mi subconsciente me grita que me calme, que necesito que coja confianza en mi, no que se enfade y sospeche.
––Lo siento, es solo que... sigo sintiendo algo por Cole y es difícil para mí oír como hablas mal de él a pesar de lo que hizo. ––me excuso con voz débil. Es mentira, y a juzgar por su expresión, no parece que se haya creído mi justificación. Apoyo la cabeza en su hombro, tratando por todos los medios de respaldar mis palabras.––Me siento sola, Jack.
Él suspira, y aunque al principio duda, finalmente acaricia con suavidad mi cabello, tratando de darme el consuelo que no necesito.
––No estás sola... ––susurra.––Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites.
Puto mentiroso.
––Lo se, y te lo agradezco. ––trato de sonreír.
Jack asiente y deposita un beso en mi cuero cabelludo. Decidido. Lo primero que haga cuando lleguemos a la Sede será lavar esa zona de mi cuerpo.
Nos quedamos en silencio y no puedo evitar que mis ojos se cierren poco a poco. El último pensamiento que surca mi mente antes de quedarme dormida es que al menos conseguí iniciar una conversación.
La mano de Jack acariciando mi hombro es lo que me despierta. Abro los ojos lentamente y me aparto de su cuerpo..
––Ya hemos llegado. ––informa levantándose de su asiento sin molestarse si quiera en esperarme. Carraspeo y juntos salimos del jet.
Miro a mi alrededor, es de noche y hay varios Visitantes dándole la mano a Jack. Al ser el Presidente, todos quieren llevarse bien con él y cumplir con las expectativas que tiene sobre ellos. Recorro con la mirada la fila de alienígenas buscando a uno determinado. Dejo escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo al ver que no está. Me muerdo el labio con fuerza y bajo las escaleras hasta posicionarme al lado derecho de Jack. Los Visitantes me observan con adoración, saben quién soy, o más bien qué soy. La primera híbrida.
Algunos me extienden la mano y yo no tengo otro remedio que responder a su gesto con una sonrisa forzada. Jack coloca su mano en la parte baja de mi espalda y me obliga a caminar en dirección a las puertas que conducen al interior de la Sede. Dirijo una última mirada a los alienígenas que ahora conversan animadamente entre ellos y dejo que el ser me guíe.
Nos adentramos en el inmenso edificio y un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar la última vez que estuve aquí. Trago saliva con nerviosismo pero trato de no cambiar mi expresión.
––Tranquila. ––susurra Jack en mi oído. Asiento sin hacerle mucho caso y entramos juntos en el ascensor.
El Visitante pulsa la tecla que conduce al último piso y el cubículo se pone en marcha. Permanecemos en silencio y pienso una forma de convencerle para que me deje ir al bosque. Tengo que encontrar a Thomas. Estoy segura de que mi amigo pertenece a la resistencia.
Tras un par de minutos, las puertas se abren dejando ver un amplio pasillo.
––En esta planta vivimos los Superiores y algunos altos cargos del ejército. ––explica.
Caminamos hasta una puerta blanca donde se detiene. Saca una llave de su bolsillo y la abre para después darme el pequeño instrumento.
––Este es tu dormitorio. ––dice sin apartar la vista de mis ojos. Asiento y antes de que se de la vuelta para marcharse, sujeto su brazo.
––Voy a ir al bosque. ––murmuro. Más que como una pregunta, suena como una afirmación. Jack se encoje de hombros.
––De acuerdo, pero tienes que volver antes de que amanezca. ––sonrío y le doy un beso en la mejilla. Me giro pero Jack coloca su mano en mi hombro.––Confío en ti, Astrid. ––hace una pausa.––No hagas que me arrepienta.
Asiento y me meto la llave en el bolsillo para después ir en dirección al parque natural.
Agradezco mentalmente contar con súper velocidad, ya que ahora puedo llegar fácilmente a cualquier lugar. Tardé días en recorrer el bosque con Cole, mientras que ahora tan solo me ha llevado minutos. La adrenalina puede conmigo, salto troncos y esquivo cualquier tipo de obstáculo que se cruza en mi camino. Es increíble, tengo que reconocerlo. Supongo que algo bueno tenía que salir del Cambio.
Me detengo de golpe al pasar por un lugar que reconozco a la perfección. Mi respiración se torna levemente agitada al ver el agua brillar bajo la luz de la luna de nuevo y dejo que los recuerdos vengan a mi.
Me acerco a la orilla e introduzco un pie en el agua. Al instante gran cantidad de ondas se forman, pero de un color verde brillante, como los ojos de Cole. Meto todo mi cuerpo en el lago. Un montón de burbujas de colores salen a la superficie, pero la belleza de la tranquilidad que emana este sitio se ve destruida al aparecer el rojo intenso que mi cuerpo desprende. Me muerdo el labio y nado hasta llegar a una parte más profunda donde el agua me llega a la cintura. La suciedad se ha quedado atrás y aprovecho para sumergir mi cabeza. Mi cuerpo se relaja instantáneamente, al principio tiembla, pues no está acostumbrado a ello, pero después me alzo completamente serena. Muevo mis manos y el color de la hierba en primavera me rodea. Ojalá esto pudiera ser así siempre.
No se cuanto tiempo permanezco ahí inmóvil, pero salgo de mi ensoñación en cuanto una mano aparta el cabello de mi espalda y me lo coloca a un lado. Por el escalofrío que me ha recorrido al sentir su tacto en mi piel, reconozco a la perfección quien es.
Noto como mis ojos se cristalizan y pego una patada a un trozo de madera que hay a mi lado. Este sale disparado y vuela unos metros hasta chocar bruscamente contra un roble. Me odio a mi misma. No solo por haberme convertido en lo que más detesto, sino porque aún me duele recordar a ese idiota. Le odio, sí, pero eso no hace desaparecer los recuerdos que tengo con él.
Dudo al principio, pero finalmente me dejo llevar e introduzco mi cuerpo en el agua, sin molestarme ni en quitarme la ropa.
El agua se mueve como la primea vez que me sumergí en este lago, y muevo mis brazos delicadamente sobre la superficie, originando ondas. Me muerdo el labio y me quedo observando el paisaje que hay a mi alrededor, perdida en mis pensamientos. Aún quedan horas para que amanezca, tengo tiempo de sobra para encontrar a Thomas.
Mi cuerpo está tenso, y ni el tranquilo lugar en el que me encuentro consigue relajarme. Llevo meses así, preparada para cualquier cosa. He aprendido que no puedo confiar en nadie, y creedme cuando os digo que no lo hago.
Los Visitantes y los humanos son iguales en ciertos aspectos, y uno de ellos es el egoísmo. Harán lo que les convenga a ellos mismos, sin importar a quien tengan que aplastar.
Me sobresalto al oír algo a mis espaldas. El agua se mueve levemente, y por ello deduzco que alguien ha entrado en el lago. Aprieto los dientes y me giro, preparada para atacar.
Mis labios se entreabren y me quedo muda. Todo a mi alrededor se detiene. Simplemente estamos él y yo. Mi corazón late cada vez más frenético en respuesta a su presencia: el alienígena siempre tuvo ese efecto en mí. Quiero pegarle un puñetazo pero también quiero besarle. Quiero estar a su lado pero también quiero desaparecer.
Cole me observa con el ceño levemente fruncido, pero no en un gesto de enfado, sino de confusión. Sigue igual que la última vez que lo vi, aunque su pelo está un poco más largo.
––Pequeña Astrid... ––susurra. Su voz está más ronca de lo normal. Me quedo totalmente quieta, perdida en sus ojos verdes.
Cuando por fin salgo de mi shock, intento usar mi súper velocidad para salir del agua, pero el Visitante es mil veces más rápido que yo y consigue cogerme la muñeca antes de que pueda hacer nada. Me estremezco por el pequeño contacto que estamos teniendo después de meses sin vernos. Somos como fuego y gasolina. Toda mi piel arde bajo su atenta mirada.y los recuerdos golpean mi corazón una y otra vez, destrozándome.
––Suéltame. ––exijo. Recupero la compostura y consigo que mi rostro exprese únicamente frialdad. O al menos eso espero.
En menos de un segundo, me encuentro tumbada en la orilla, con el agua aún rozándome las piernas y Cole encima de mi. Un jadeo escapa de mi boca y el rostro del Visitante se ilumina. Intento liberarme de su agarre en mis muñecas, pero tiene mucha más fuerza que yo.
––Te he echado tanto de menos... ––susurra deslizando su nariz por mi mejilla. Cierro los ojos con fuerza y muevo mi cabeza de un lado a otro, intentando que aleje su rostro del mío.
––Yo a ti no. ––espeto. Los dedos de Cole se posicionan en mi barbilla y me obligan a mantener contacto visual directo con él. La comisura derecha de sus labios se alza.
––Y ya veo lo que me has echado de menos... ––sonrío.––Estando con otra ¿no es cierto? ––digo riendo levemente. No quiero dar una imagen de celos, sino de burla ante su poco creíble confesión.
Cole se pasa la lengua por el labio inferior pero no me suelta. Aparta la vista unos segundos y de no ser porque tiene aprisionadas mis piernas con las suyas, le habría dado un rodillazo en su amiguito para librarme de él. Me está poniendo nerviosa, y tenerle sobre mi cuerpo después de tanto tiempo, no ayuda.
––Tenía que hacer algo para olvidarte, Astrid. Pero es imposible, te has metido bajo mi piel.... ––hace una pausa.––No tengo una relación formal con ella, es solo... sexo, ¿entiendes? No la quiero, no como te quiero a ti.
Suelto una carcajada.
––Ees tan hipócrita y mentiroso...
––Te estoy diciendo la verdad. ––dice angustiado.
––Me da igual lo que hagas o dejes de hacer, Cole. Siempre y cuando tus acciones no influyan en mi. ––confieso con seriedad.
Imaginar al Visitante durmiendo con otra solo hace que mi mal humor empeore. ¿Cómo puede tener el coraje de mirarme a los ojos y decirme que me ama, aunque se haya acostado con otra?
––Por favor, pequeña Astrid...
––¿Por favor qué, Cole? Si estamos en esta situación es por tu culpa. Me engañaste y jugaste conmigo, ahora atente a las consecuencias. ––exclamo furiosa.
El alienígena me suelta y se levanta. Le imito y quedamos cara a cara. Antes de que me marche, su voz me detiene.
––No voy a rendirme contigo. ––afirma seguro de sí mismo. Niego con la cabeza y desaparezco del lugar, cada vez más decidida a lograr mi propósito.
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