[000] the tears in your eyes make it blurry

El ritmo de la música era lo único que se podía escuchar con claridad. No la voz del cantante, ni siquiera podías distinguir qué instrumentos formaban la banda. Las luces de neón del club eran las encargadas de iluminar el lugar y facilitar que la gente se moviera, aunque no cumplían demasiado bien su cometido. De eso se dio cuenta nada más entrar, ya que había un pequeño peldaño que casi causa que se caiga de bruces contra el suelo.

Su amigo le sonrió dejando ver sus hoyuelos. Era quien le había traído a esa fiesta. Después de rogarle durante una semana entera que lo acompañara, el joven solo aceptó en el último momento, justo cuando ya se había hecho a la idea de que iría solo. El club estaba en la zona norte de la ciudad y, en esa ocasión, había sido alquilado por uno de sus colegas en la facultad, por ello había sido invitado y por eso Min Suga había acabado allí también.

"¿Dónde está la barra, Hoseok?" Gritó a todo pulmón mientras agarraba del hombro a su compañero. Este solo le señaló el lugar con la mano antes de mirarse y asentir. El chico de pelo castaño comenzó su andar hacia la pista de baile, mientras que, su amigo de pelo negro como la noche se acercaba a pasos lentos a la barra.

Después de obtener su bebida, se giró sobre el taburete que estaba ocupando y observó la situación. Nunca le había gustado estar rodeado de gente, menos sitios como estos, llenos de personas sudorosas, baños rara vez limpios y suelo pegajoso. ¿Quién hubiera pensado que acabaría allí? Aunque él se acordaba muy bien de cuándo había tomado esa decisión.

Había llegado a casa a eso de las 12. Le daba tiempo a ducharse, repasar y comer antes de su clase a las 4. No era un examen importante, pero le serviría para subir su media y lo veía importante. Sus dos compañeros no aparecieron, por lo que ni siquiera se tomó la molestia de almorzar y continuó con su trabajo. Cuando salió de su clase, encendió el teléfono y se dio cuenta de que un número desconocido le había llamado varias veces en la última hora. No le dio importancia, supuso que sería una compañía telefónica en busca de clientes nuevos, así que le puso un mensaje a su novia y otro a su amigo Namjoon de que se encargaría de hacer la compra antes de volver al piso. Siguió escribiéndose con su novia mientras se paseaba por el supermercado en busca de lo que tenía que comprar. Y continuó respondiendo aun estando en el autobús de vuelta a casa.

Subió las escaleras con las bolsas de la compra que ni siquiera soltó para abrir la puerta. A pesar de escuchar barullo en el salón, se dispuso a caminar hacia la cocina para dejar la compra allí. Dudó entre colocarla o no, pero al escuchar a Namjoon, decidió dejarlo así y acercarse.

"Hobi, si quieres ir, ve. Pero yo no voy a ir contigo."

El chico alto y rubio empezó a mover la pierna con impaciencia tratando de ver la televisión, mientras que, su otro compañero se había puesto entre él y el televisor para que le hiciera caso. Yoongi se quedó en el umbral de la habitación mientras sus ojos viajaban de uno a otro. Seguían discutiendo sobre la famosa fiesta del compañero de clase ricachón del bailarín. Obviamente, y para fardar, había invitado a toda su facultad y había dado vía libre para que los alumnos también esparcieran lo de la fiesta e invitasen a más personas. Este había sido el tema de conversación desde el miércoles, debido a que los demás amigos del grupo no podían ir de ninguna manera porque tenían exámenes al día siguiente y solo le habían quedado sus dos compañeros de piso. Quienes no tenían ganas de ir. Yoongi no era de fiestas, ni de multitudes en general, y Namjoon estaba ocupado con los últimos arreglos a su trabajo de fin de curso.

"Pero también le he preguntado a Suga y no quiere... y yo no quiero ir solo."

"¡Oh, vamos! Conoces a todos los que van, seguro que para ti es muy sencillo acercarte y hacer amigos." Finalizó Namjoon mientras apartaba al castaño con un brazo y este hacía una mueca, como un puchero, pero bastante gracioso.

Yoongi iba a hablar cuando el número desconocido volvió a llamar, Hoseok ya se estaba acercando para saludarle, pero el chico de pelo negro alzó la mano para que esperara y la agitó a modo de saludo mientras se ponía el móvil al lado de la oreja y comenzaba su andar hacia su habitación. Cerró la puerta, bajó las ventanas y encendió la luz del escritorio mientras esperaba a ver si escuchaba algo, al no hacerlo se decidió a hablar. Era extraño, las compañías telefónicas te bombardeaban rápidamente con información y varias preguntas.

"¿Hola?"

"¿Min Yoongi?" Una voz masculina se escuchó de la otra línea. El nombrado frunció el ceño.

"¿Quién eres?"

"Creo que sabes quién soy, te hablé por Instagram pero has acabado por bloquearme."

Suga sonrió mirando a la pared, sabía quién era, había hablado demasiadas veces con él. Pensó en sentarse en su cama, o incluso en su silla, pero creyó que sería algo corto y decidió seguir con la llamada de pie. "Y por eso has decidido conseguir mi número. Eres un desesperado."

"Tal vez lo sea, pero la verdad es que voy a conseguir a tu chica"

"¿Sigues con eso?" Aunque no le viera, rodó los ojos. "Eres amigo de mi novia, ella se lleva bien contigo, pero ahora mismo está conmigo, no me va a poner los cuernos."

"Claro que no, ella es demasiado buena para eso... pero tú no te puedes comparar, Min Yoongi. Nunca estás en sus ensayos, no la esperas a la salida y en algún momento cometerás un error que deje ver lo malo que eres para ella." El chico soltó una risotada. "Cuando empiece a ver lo mal que está contigo te dejará y ahí entraré yo porque estaré en todo momento junto a ella."

"Suenas como un desquiciado." Susurró mientras suspiraba. Sin notarlo había mantenido la respiración mientras el chico hablaba.

"Llevo enamorado de ella desde el primer curso, parecía ser el chico más afín a ella y entontes apareciste tú, Min Yoongi."

"Pues no serías tan afín entonces." Contestó sonriendo sarcásticamente. "Voy a colgar, no me llames que estoy ocupado."

Respiró hondo y lo soltó. Ese tipo le disgustaba de sobremanera. Abrió la puerta, caminó hacia el salón y miró a sus compañeros de piso sentados juntos en el sofá. Ambos ni se inmutaron al sentirle entrar en la sala, no fue hasta que habló cuando lo miraron sorprendidos:

"Hobi, si quieres que te acompañe a esa fiesta, mete la compra en la neveras y las estanterías."

Y así es como había acabado apoyado en la barra mirando hacia la pista de baile, con su amigo por ahí danzando y con la quinta copa casi acabada en su mano. Su novia era estupenda y mucho mejor que él en todos los sentidos. Era alegre, sociable, amable, muy inteligente y brillante. Se había sentido cohibido durante los primeros meses de noviazgo porque nunca se sintió en la misma liga que su pareja. Él era un hombre solitario, poco hablador y amante empedernido de la música, de una manera casi insana. Aunque ella, junto con su grupo de amigos, se había encargado de intentar meterle en la cabeza todas esas virtudes que él no veía cuando se miraba al espejo, aunque se le veía muy confiado, tan solo hacía falta recordarle lo que él mismo pensaba para derrumbarle en menos de un segundo. Siempre había tenido estos problemas de autoestima que, poco a poco, iban mejorando, pero aun así tenía ciertas recaídas.

Giró el vaso en su mano para que los cubitos de hielo dieran vueltas antes de tomarse el último trago y girarse para pedir otra copa al barman. Pero entonces su cuerpo chocó con el de otra persona, ésta se tambaleó y casi perdió el equilibrio de no ser porque fue lo suficientemente rápida como para aferrarse a la barra.

"Perdona." Balbuceó sin prestarle más atención de la necesaria. Se cercioró de que estaba bien y sus ojos se volvieron para buscar al camarero mientras alzaba el vaso vacío. Éste le hizo caso en seguida, le sirvió otra copa y Suga se dispuso a beberla de un trago.

"No te preocupes, creo que ha sido mi culpa después de todo."

Entonces reconoció la voz y giró la cabeza para ver a la chica que estaba a su lado. Era una joven de más o menos la edad de su novia, con el pelo lacio y largo hasta la cintura, la piel pálida y los ojos rasgados y de color jade. Llevaba un vestido rosado, corto y ceñido a su pequeño cuerpo. Seguía siendo bajita pero, al parecer, llevaba tacones.

No se acordaba muy bien del nombre, pero sí de la chica porque, mientras trataba de quedar con su novia antes de que fueran pareja, esta chica lo esperaba a él, pensando que tenía alguna oportunidad al verlo todos los días parado junto a la puerta de su facultad.

"Yoongi... ¿eres tú?"

Así comenzó una pequeña charla de cómo les iba a ambos por ahí. Suga había dejado de ir todos los días a recoger a su novia a cambio de tener más tiempo para sus trabajos y maquetas, así que hacía muchísimo que ninguno de los dos se veía. No era una mala chica, era muy amigable y bastante parlanchina, lo que le causaba risa. Copa tras copa, canción sin canción, la mente del chico de pelo negro cada vez se iba nublando más y, en vez de olvidar la famosa llamada del número desconocido, no hacía más que reproducirse en su cabeza como un disco rayado sin parar.

La chica se empezó a acercar más. Su cuerpo rozaba su antebrazo mientras seguía hablando. Pero él ya no la escuchaba, realmente no oía nada, estaba como en trance, ni siquiera había notado el tono meloso e insinuante de su ahora compañera de tragos. Él estaba en otra parte. Y cuando la vio acercarse a él, apoyarse en él y buscar su boca, solo tuvo que bajar la cabeza para llegar a sus labios pintados. Fue entonces cuando abrió los ojos de golpe, la apartó y se restregó la mano sobre su boca. Volvió en sus sentidos mientras negaba con la cabeza y se tambaleaba para alejarse de la barra, debía encontrar a Hoseok. No podía haber hecho lo que acababa de hacer, era imposible. Su cabeza se alzó intentando encontrar a su amigo, pero la música lo aturdía y la marea de gente solo empeoraba la situación, cada vez estaba más nervioso, más triste, más enfadado. Necesitaba salir de allí ya.

Así fue como se encontró con los grandes y acuosos ojos de la mujer de la que estaba enamorado. No se fijó en cómo iba vestida o con quien estaba. Sus ojos no se separaron de los suyos mientras sentía la necesidad de pestañear porque le empezaban a picar los ojos y le entraban ganas de llorar. Intentó hablar pero no tenía voz. ¿Cómo podía haberlo hecho? ¿Cómo podía haberle fallado a ella?

De pronto, un brazo pasó por sus hombros mientras que con el otro su amigo intentaba apartar a la gente para llegar a la salida con el maldito escalón que casi logra que tropiece de no ser por el castaño. Lo ayudó a llegar al coche mientras murmuraba algo que no llegaba a escuchar, o tal vez no quería, seguro que era una mezcla de ambas. Estaba demasiado ocupado con la memoria de sus ojos vidriosos clavados en su retina y con las incipientes ganas de llorar que se agarraban a su pecho y le creaban un nudo en la garganta. No supo muy bien cuánto tardaron en llegar al piso. Hoseok lo ayudó con las escaleras y lo guio hasta el baño para que vomitara. Dios, estaba hecho una mierda y se sentía como ella.

Tras limpiarse la cara, y aclararse un poco las ideas, llegó a escuchar lo que decía su amigo.

"Te vas a arrepentir de todo."

Yoongi sonrió con tristeza.

"Ya me estoy arrepintiendo."

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