Capítulo 31

Narrador Omnisciente

La sangre desciende por la frente de la chica, manchándole la mejilla derecha y cae sobre su pecho, ensuciando la ropa sucia por la tierra gracias haber recibido un ataque por la espalda. No obstante, Lennon sigue de pie observando el horizonte, el barro se ha adherido por completo a su cuerpo débil porque no se ha detenido, nadie lo ha hecho y le aterra la idea de caer vencida cuando se encuentra en su límite.

La guerra estalló en el Imperio de Vulgus, la sangre caía de las escaleras del castillo y el emperador había muerto. El pueblo estaba furioso, deseoso de venganza, y los enemigos entusiasmados por recibir el primer golpe de sus adversarios.

Las tierras fértiles se habían convertido en campos de batalla, el césped fue reemplazado por el lodo y cuerpos en descomposición. Las aves carroñeras merodeaban las zonas en donde se hacía el silencio con el objetivo de comer.

Todo era un caos.

Lennon se lleva una mano hacia el torso para hacer presión en él, dejando que la sangre brote de la herida y manche la holgada camiseta que le arrebato a un cuerpo muerto. Las piernas le tiemblan porque no puede con las emociones que hacen una revolución en su estómago, pero no está dispuesta a ponerse de rodillas.

No va a dejar expuesto a sus amigos.

—Un minuto —suspira aterrada, tratando de armarse de valor porque ahora es ella. Gran parte de sus compañeros había sufrido ataques severos del enemigo y la que única que permanecía en el frente era ella porque los demás estaban cuidando la entrada de los pueblos vecinos... no tenía otra salida.

Mira de reojo a César, quien se hace inmenso desvelando sus ojos rojos y bufa percibiéndose molesto.

—Los hilos de magia... son lo único que tengo ahora mismo... y a ti... —respira con dificultad, ahogando un gemido por el dolor. Entonces levanta la mano, viéndola manchada de su sangre—. Les dije que iba a volver y voy a hacerlo —sonríe en medio del temblor que proviene de aquel inmenso escuadrón que se asoma en la lejanía, el horizonte.

Esa fue la primera vez que Lennon dejó lo poco que le quedaba para salvar a sus amigos mientras el pensamiento de que ya no podía continuar de pie por mucho tiempo abarcaba su cabeza.

Sin embargo, antes de llegar a la batalla se debe retroceder para comprender por qué todo se convirtió en caos y desesperación.

—¡Prepárate, César! Ahí vienen.

(...)

Lennon Campbell

—Fatheree —llamé.

Él se enderezó levantando la vista de los papeles.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó enseñándome una sonrisa.

—¿Qué hay en Vulgus? —murmuré, desviando la mirada porque me siento ansiosa—. No quiero cometer un error y Date no piensa hablar —gruñí.

El viejo liberó un suspiro repleto de frustración.

—Es normal cometer errores.

—Perodijiste que la inexperiencia puede tener consecuencias terribles, ¿lo recuerdas?

—Sé lo que dije —murmuró con pesar—; pero deberías dejar de darle vueltas al asunto. Por tu bien despeja la mente y ve fresca.

Enarqué una de las cejas, oprimiendo los labios por el desconcierto que generan sus palabras.

—Tú sabes algo —escupí molesta, apretando los puños con fuerza gracias a la impotencia.

—Vulgus es un imperio pequeño que no cuenta con suficientes magos, la mayoría son veteranos incapaces de luchar —soltó dejándome en blanco—. Una epidemia de ancianos que podría extinguir el imperio si los más jóvenes no logran detener los ataques.

Mi mirada se abre al igual que mi boca y si existiría una posibilidad ella hubiese caído al suelo. Soy capaz de quedarme sin palabras y mis pulmones retienen gran parte del aire.

Trago con dificultad, llevándome una mano temblorosa hacia la cabeza.

—¿Vamos a proteger a Vulgus? —exhalé abrumada con el pulso acelerado—. ¿Ataques? ¿Cómo ocurrió en la Arena? ¿Qué hay del emperador? ¿Qué les hace creer que seremos lo suficientemente aptos para acabar con el enfrentamiento?

—No te equivocas, van a ser el escudo y la espada de Vulgus porque su emperador no puede actuar a menos que desee ser enjuiciado —explicó haciendo una pausa para recuperar el aliento—. El futuro que recibe en Tempus es más capaz de lo que piensas, Lennon. Solo deberías verte, ¿acaso tienes miedo de fallar?

—Fracasar no es el problema, lo es la posibilidad de ver a mis amigos morir —repliqué con fuerza, viendo que se pone de pie y se encamina hacia la ventana detrás del escritorio—. ¿No te preocupa ver al futuro morir? —titubeé en el momento que se giró lanzándome una mirada de reojo.

—Más de lo que crees.

Bajó la cabeza.

—Sin embargo, es necesario pelear cuando se trata de un bien mayor. No solo ustedes, sino el pueblo entero va a luchar... lo que ocurre en las sombras no debe pasar desapercibido. Nunca más —suspiró, viendo por la ventana y a juzgar por su triste sonrisa, sé que se trata de los alumnos de la Academia.

Oprimo los labios ansiosa por las palabras que no puedo conectar en mi cabeza para expresar lo qué siento.

—Me esforzaré por volver, Fatheree —suspiré antes de voltearme con el objetivo de partir hacia Vulgus—. No recibirás una mala noticia.

—Sé que vas a volver, Lennon. Tú siempre lo haces.

La comisura de mis labios se extiende y deseo llorar porque él más que nadie sabe que puedo hacerlo.

Tú nunca me subestimas, viejo. ¿Acaso estás tan seguro que soy capaz de no equivocarme?

(...)

Narrador Omnisciente

—Es una fiesta de bienvenida... —suspira Zila, asombrada, girando en el lugar para contemplar el bullicio acalorado de las personas a su alrededor.

Los ojos de Lennon se posan en ella con curiosidad y asiente al comentario porque realmente le sorprende la emoción de la plebe en Vulgus. Es como si ellos fueran su última esperanza.

Las guirnaldas, las personas gritando con euforia, la orquesta enfrente del castillo, es un regalo de Dios ser recibidos de esa manera. La alegría de la gente les genera cobijo y serenidad. Los nervios empiezan a desaparecer al aceptar las flores de ancianas orgullosas de los más jóvenes.

Aunque el motivo de su visita sea poner el pecho por ellos, Lennon no puede evitar sentirse contenta al ver las miradas iluminadas por la fe. Supone que ese sentimiento de seguridad les produjo saber que sí había una alternativa a tanto escándalo por las muertes que venían sufriendo. Si no estuviera a un lado de Date está claro que una información tan importante como esa no estaría en sus manos y sería presa de la ingenuidad al pensar que solo están de paseo.

—¡Los ojos de Dios!

Las manos de la adolescente son envueltas por una anciana encapuchada, quien aclama con emoción al verla bajo la luz del sol. Entonces Lennon se siente incómoda y desvía la mirada en busca de sus compañeros, pero al cabo de unos segundos sonríe y acepta el cumplido al hacer una reverencia con la cabeza en el momento que deshace el agarre.

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