Capítulo 30

Lennon Campbell

Qué fascinante.

Miro asombrada a la persona que está de pie delante de mí. No soy capaz de parpadear porque estoy cautivada.

Me encuentro enfrente de un Milagro y no puedo evitar que mis mejillas se acaloren por lo que mis ojos ven. Ella no deja de ser un encanto porque se trata de una mujer de piel pálida, abundante cabellera lacia de color negra al igual que sus ojos.

Es una dama alta, tal vez, de ¿1,80 centímetros? No podría ser exacta porque mi mirada se centra en su expresión calmada y femenina. Posee unas pestañas voluptuosas, las cuales son preciosas y la curva en sus labios rojos me deja sin aliento.

Sus uñas largas y afiladas llaman mi atención, ya que sus manos son delicadas e igual de blancas que su rostro.

Ella no despega la vista de su bastón, al cual se aferra con elegancia para estar de pie manteniendo un porte distinguido.

Jamás había visto a alguien tan encantadora.

-¿Por qué? -titubeé.

Me siento nerviosa y es inexplicable porque mis pensamientos se dispersan en mi cabeza.

No puedo encontrar las palabras adecuadas para expresarme, por lo que busco a Date a fin de obtener una respuesta por este encuentro inesperado. De hecho, cuando recibí la noticia gracias a Duquesa no creí que fuera para algo así.

Sin embargo, muy en el fondo tuve un cosquilleo anormal, sé que él no sería capaz de divulgar mi verdadero yo con las demás personas de Urbs sin mi consentimiento. Muy pocos saben de mi vínculo con el emperador, su mano derecha, Fatheree y nadie más, antiguamente, sus padres.

-Ginebra del Clan Byrne irá a Vulgus con Tercer Año -anunció Date viéndome con calma, curvando la comisura de sus labios en una sonrisa.

Sus palabras me toman por sorpresa y aún soy la persona que no (entiende) cuál es el fin de esta reunión.

-Byrne sabe de tu condición Lennon -seguido de la pausa, me confiesa lo que estaba rondando por mi cabeza desde que entre a la habitación de juntas.

Quedo helada e incapaz de moverme en el momento que los ojos más negros que he visto me contemplan con encanto.

Me percibo extraña, ya que por alguna razón me siento incapaz de controlar los latidos apresurados de mi corazón cada vez que esa mujer pone la vista en mí.

-¿Por qué? -volví a preguntar, sintiendo mis manos sudar por la presión-. ¿Date? -llamé desesperada, empezando por sentirme descompuesta de repente.

Él mostró sorpresa por mi reacción.

Retrocedí en dirección a la puerta. Es automático, siento que el miedo empieza arrasar en mi interior haciéndome dudar. Pero por qué me percibo asustada, como si ella fuera peligrosa.

¿Qué debo aprender? ¿Qué necesito ver?

La poca magia de mi cuerpo explota en mi interior, la sangre empieza a deslizarse de mi nariz y los ojos de César se vuelven rojos. Él toma una actitud errática comenzando a correr por la habitación.

-¡Corta el flujo de magia! -grité furiosa.

¡Qué irónico! Un simple mago dándole órdenes al Emperador.

-Ginebra -advirtió Date.

No puedo ver más allá de lo que ocurre porque estoy de rodillas en el suelo.

La magia está enloqueciéndome como nunca antes lo ha hecho y me perturba no ser capaz de controlarme.

Me agarró la cabeza sintiendo un dolor intenso en ella y teniendo náuseas porquemi estómago se revuelve.

Entonces levanto la cabeza del suelo encontrándome a esa mujer de cabello largo de cuclillas enfrente de mí. Ella envuelve mi rostro con una de sus pálidas manos, enterrando con cuidado sus dedos finos y largos en mis mejillas.

-Soy un espejo -murmuró con malicia.

A continuación, apareció una curva en la comisura de sus labios rojos haciéndome enfurecer.

-Maldita -escupí, apartando el agarre de un manotazo.

Soy el reflejo de la magia que circula en ella, por eso mi cuerpo se está comportando así. No suelo ser inestable a menos que la facultad de otros derrumbe el control que poseo en la mía.

No puedo soportar más esta falta de respeto, incluso si tengo que aguantar enfrente de estos mediocres... estoy harta de que se burlen de mí. Nunca me interpuse en su camino, ¿entonces por qué ellos lo hacen a menudo?

Y por mucho que le pese a mi maestro me limito a desobedecer sus asquerosas órdenes. Mi magia se dispersó por la enorme habitación de reuniones.

Mi poder no es para tenerlo bajo las sombras. Delante de mí, apareció un hilo mágico que conecta con el corazón Ginebra y antes de aferrarme a él, la miro con determinación para que comprenda que mi presencia no es un "chiste".

Enarco una ceja mostrándome arrogante.

¿Acaso pretendías burlarte de mí, Antiguo Milagro?

Me aferro al hilo mágico con rabia, apretándolo con fuerza con el objetivo de doblegarla.

Ginebra se da cuenta en ese instante de mi poder porque las pupilas en su mirada oscura se dilatan por el horror.

(...)

Narrador Omnisciente

La mirada de Lennon adquirió un azul electrizante dejándola helada. Ginebra se alejó en el instante que la vio a los ojos, ya que se sintió amenazada. Y se percató de que se trata del mismo mirar que se asomó en el sujeto que está a espaldas de ella, el actual emperador, él se posicionó detrás de la joven maga como si fuera una leona protegiendo a su cría.

Date colocó una mano en la cabeza de Lennon.

-Es suficiente -susurró para ambos.

Luego se puso de rodillas a fin de limpiar la sangre que desciende de la nariz de su acompañante.

Deslizando el pulgar con paciencia sobre las facciones de la chica.

-Lennon -llamó.

Ella no despegó la mirada de Ginebra. A su vez, su pulso no tiembla al seguir aferrándose a la magia de la contraria con ira porque realmente desea ponerla de rodillas.

-Escucha... -murmuró. En ningún momento dejó de mirar a la mujer-. Vuelve a pasarte de lista conmigo y te prometo que vas a lamentarlo, ¿he sido clara? -preguntó alzando la voz, haciendo brillar sus ojos-. No pienses que por tu jodida posición puedes tratarme como una maldita mascota enfrente de su dueño, ¿oíste? Porque voy a matarte -sentenció, deshaciendo el hechizo. Siendo nuevo en ella mostrarse hostil ante alguien. -Vete a la mierda -escupió rabiosa.

Y, por primera vez, Date cerró los ojos, sintiéndose afligido por la decisión de haber revelado a Lennon.

Sin embargo, es lo que debía hacer a fin de que ella aprenda, Ginebra es la única que puede instruirla gracias a que sus talentos son similares, más no iguales. La diferencia la haría más inteligente.

Las puertas fueron azotadas por la menor.

-Ella es una chica peligrosa, ¿no es así, su Alteza? -comunicó Ginebra, frunciendo el ceño con fuerza al ver con la mirada entrecerrada a Date.

En cambio, él elevó una de las cejas y sonrió con perversidad.

-No vuelvas a pasar la raya -aconsejó, poniéndose de pie con lentitud- o voy a darle el libre manejo de su magia para darte una lección.

Ella sonrió divertida.

-Ahora sé de donde viene esa actitud arrogante -carcajeó, refiriéndose a la chica-. ¿Padre está al tanto de esto? -preguntó.

-Fatheree fue maestro de Lennon -anunció, viendo la sangre en la yema de los dedos-. Él la protegió para traerla a mí -confesó, viéndola con cuidado-, ¿comprendes?

Date levantó la cabeza con el objetivo de ver a Ginebra, quien se mostró afligida por sus palabras.

-No va a la guerra por Urbs -balbuceó aterrada-. Es por ella -titubeó.

-Estás sacando conclusiones apresuradas -suspiró frustrado-. A pesar de este primer encuentro desfavorable para todos. Tú estás obligada a cumplir con la tarea que voy a darte.

La maga de mirada oscura hizo un mohín.

-¿Acaso voy a tener en mis manos a una rata de laboratorio? -dijo abrumada, fingiendo malestar.

No obstante, la mirada filosa que le lanzó su superior la dejó devastada.

-Eres un niño maleducado -bramó-. Debes guardar admiración por mí, después de todo, también te enseñé.

-Habla de Lennon con respeto porque es la única en Urbs con una posición similar a la de una emperatriz -exigió molesto, frunciendo el ceño al ver la expresión divertida de la mayor-. ¿Comprendes, Ginebra? -amenazó e hizo brillar sus ojos, ya que está decidido a cumplir con su palabra.

-¿Por qué no es más claro respecto la chica? -preguntó con malicia.

En cambio, él corrió la mirada a su mano derecha. Se sintió atrapado.

-¿Su Alteza? -llamó con picardía.

-No vuelvas a cruzar la línea, ya lo hiciste una vez enfrente de mí. Asegúrate de no volver a cometer el mismo error, ¿oíste, Ginebra?-advirtió-. Me retiro.

(...)

-Creí que te habías marchado.

Lennon levantó la mirada del suelo y subió los hombros, tratando de verse desinteresada por lo que pasó entre la mujer y ella.

Se tomó la osadía de ir hacia la sala del trono para meditar sentada en los escalones mientras la reunión de mierda concluía. Se siente frustrada viendo la alfombra carmesí con bordados de hilo dorado, los ventanales dejan que se cuele mucha luz y las armaduras la están alterando.

Muy en el fondo desea que todo termine con rapidez, pero solo la muerte le daría la tranquilidad de no seguir siendo parte de este circo.

-Lo lamento -suspiró por lo bajo, viéndose arrepentida por el comportamiento desvergonzado-. Me dejé llevar por mis emociones... yo perdí el control -ocultó su rostro en las rodillas para que sus mejillas coloradas no sean vistas.

De todos modos, la ronca y profunda carcajada que se liberó de la garganta de él la obligó a verlo a los ojos.

-¿Te estás riendo de mí? -susurró abrumada, haciendo una mueca en el momento que aquella mirada se posó en ella.

-Es la primera vez que te veo arrepentirte por algo, Lennon -Él se sentó a un lado viendo en dirección a la entrada de la inmensa instancia-. No te preocupes más por Ginebra, es alguien complicada de entender, pero te ayudará mucho -la observó a los ojos, encontrándose con unas mejillas sonrojadas, y le sonrió abiertamente en el momento que ella desvió la mirada.

-Está bien -oprimió los labios, encogiéndose por la vergüenza-. ¿A qué me voy a enfrentar en Vulgus? -preguntó ocultando el miedo en sus palabras, pero lo cierto es que él la conoce mejor que nadie.

-Lennon.

-Date.

Llamó tomándolo por sorpresa.

-¿A qué voy a enfrenarme? Dímelo, necesito saberlo -tragó con dificultad, acomodándose el cabello detrás de la oreja-. Confío en ti, pero no tengo la misma seguridad cuando se trata de mí -se aferró al dije del collar con fuerza, sintiéndose ansiosa.

La mirada del emperador se vio conmocionada en el momento que aquellas palabras salieron con tanta naturalidad de su acompañante. Y no pudo evitar envolver con cautela las manos que se aferran al regalo que le dio, realmente, le inquieta que Lennon esté abriéndose como nunca antes lo ha hecho.

-¿Te estás despidiendo de mí? -se acercó con cuidado con el objetivo de encontrar su expresión. Entonces, ella lo miró con los ojos cristalizados-. ¿Qué ocurre, Lennon? -preguntó, mostrándose preocupado en el momento que acuno la mejilla contraria.

-Tengo miedo -confesó haciendo un mohín, tragando las ganas de llorar, pero fue en vano-. Y si todos terminamos como en la Arena. No quiero encontrarme con el hombre que mató a mis compañeros, él iba a asesinarme -lloró, recordando la sangre en su espada.

Recuerda muy bien los golpes y el fuego a su alrededor, le da escalofríos saber que quizás la siguiente en morir sea ella.

Había un brillo extraño en la mirada del emperador, pero se refugió en la idea de que Lennon era imposible de tocar, incluso bajo sus manos, porque no se atreve a siquiera pensar que podría pasar si a Lennon le ocurriera lo peor.

-Yo siempre estaré ahí para ti.

Sus ojos brillaron con la misma intensidad que los contrarios que están viéndolo con tanta atención. Podría soportar las Dagas del Juicio o la destrucción total o parcial de su persona, pero las lágrimas de Lennon le revolvían el estómago haciéndolo sentir descompuesto.

La conexión que tienen lo sofoca.

La sala del trono se tornó oscura, las luces desaparecieron; el asiento del emperador se desvaneció; las alfombras y banderas habían dejado de existir ante la vista, incluyendo las armaduras de hierro y todo relacionado con la grandeza de los dioses de Urbs.

La magia de Date es tan espesa que asfixia y presiona como si se estuviera en el fondo del océano. La oscuridad enferma y paraliza, pero sobre todo lo hace la idea de que puede cambiar, moldear y recrear su alrededor a su antojo.

-¿Dónde estamos? -se puso de pie con la boca abierta al contemplar una sala oscura de paredes de piedra.

Observó asombrada lo único y relevante de la instancia, una estufa de hogar inmensa que ilumina y sobre ella, en una barra oscura de madera, una vela encendida.

Y sintió escalofríos en el momento que volteó a ver al mayor.

-Tu vida -Él caminó hacia el fuego, tomando con calma la acción de agarrar el candelabro de oro con cuidado-. Cuando peligres la llama intentará apagarse... incluso si estás alejada de mí podré saber en dónde te encuentras. Yo siempre voy a estar ahí, Lennon. Así que no tengas miedo de partir a otro imperio sin mí.

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