Capítulo 29

Narrador Omnisciente

—A un año de la coronación me atrevo a decir que Urbs está en buenas manos —siseó Fatheree.

Luego de años sin ver a su exalumna en la oscuridad, pudo encontrarla titilando a un lado del hombre que lleva la corona del imperio.

Le dio gustó volver a verla de pie, pero sobre todo comprendió que la magia de la menor se desarrolló en su ausencia. El emperador había tomado una buena decisión al retener el poder de su acompañante o llamaría mucho la atención.

La presencia de Date sentado en la sala del trono y Lennon a un lado de pie definía claramente un nuevo comienzo para el imperio.

El control de las regiones estaría en manos de la Sombra de Urbs y su espada. Sin embargo, antes de llegar a ese punto tendrá que poner de rodillas a los magos que desean doblegar a los imperios y Date piensa cumplir con su palabra.

—El primer paso será esparcir por las regiones personas de Urbs para obtener la delantera. Tus magos aprendices irán al frente bajo el liderazgo de Milagros con la excusa de viajes académicos —hizo una pausa, observando de reojo a la chica—. Deben adquirir experiencia porque no estamos lejos de una guerra por el poder. Los imperios vecinos han empezado a preocuparse.

—La inexperiencia puede acarrear errores severos —dijo Fatheree.

—Confío en ellos, si no tendré que entrar yo en escena y no le conviene a nadie.

—Su seguridad es arrogante —expresó.

—Por su puesto que lo es —murmuró Lennon, blanqueando su mirada gracias a la confianza de su emperador.

—Es necesario tener seguridad para alejar al enemigo o Urbs será el primer imperio en caer —apuntó con seriedad—. No voy a poner en peligro a la plebe, ya demasiado ha sufrido con la perdida de sus hijos en el accidente de la Arena y la reciente muerte de los emperadores.

Lennon bajó la mirada al suelo, sintiéndose atormentada por las emociones frías de Date, quien parece haberse cerrado de un día para otro por un bien mayor, Urbs. Sin embargo, el gusto agridulce se instala en sus labios cada vez que observa aquellos ojos azules oscurecerse.

A ti también te duele, ¿por qué te empeñas en ocultarlo?

—Aún no tengo noticias de Los Antiguos, pero cuando se presenten daré el primer paso y no voy a detenerme —sentenció alzando la voz—. Fatheree, enséñale bien a tus alumnos porqué no voy a tolerar una muerte.

—¿Cuándo les he enseñado mal, Su gracia? —preguntó.

Lennon sonrió debido a la lengua afilada del viejo, viéndose reflejada en él.

—Entonces ya está hecho.

(...)

Las mejillas coloradas de Lennon resaltaban en la palidez de su piel gracias al frío del terrible invierno que azota los territorios de Urbs.

La temporada no podría ser peor porque gran parte del agua de las ciudades se congeló. Por lo que, la casa Reagan era un pilar importante para Urbs y los imperios vecinos que limitaban con su frontera.

La existencia de un fuego abrasador en una época congelada era lo mejor que podía pasarle a las regiones.

—¡Gemas de Mors!

Los presentes en la Bahía giraron a fin de encontrar a la causante de tanto alboroto. Asimismo, la mirada de Zila se suavizó, ver correr a Lennon hacia ellos le produjo gracia, más con la sonrisa en el rostro que lleva al cargar un morral con gemas.

Ella había estado gran parte de la mañana merodeando por la Bahía porque César se mostró inquieto cuando llegaron y el estigma en su espalda no dejaba de arder gracias a la magia de su alrededor.

Los de Tercer Año de Tempus debían encargarse de la Bahía congelada bajo las órdenes de la joven Reagan. El liderazgo de la próxima Duquesa tenía que ser impecable en aquellas tareas que la Academia le encomendaba, ya que eran enviadas por el emperador.

—¡Miren! ¡Encontré diez gemas! —gritó siendo eufórica.

—¿En serio nos dejaste por eso? —balbuceó Gwen.

La chica de ojos verdes hizo un ademán para ir a almorzar. No se sentía bien porque sus dedos se congelaron por haber proporcionado gran parte de su maná a Zila, quien se encargó de descongelar la Bahía.

Lennon arrugó la frente al enarcar una de las cejas confundida por el disgusto de su compañera.

—¿Por qué Gwen tiene esa cara? —preguntó curiosa—. No es habitual en ella.

—Será porque no ayudaste a proporcionarle maná a Zila y nos dejaste toda la tarea a nosotros —Duncan apoyó el brazo sobre la cabeza de Lennon, quien lo vio ligeramente con pena.

—No asistí a la expedición anterior... —murmuró avergonzada.

No fue capaz de presentarse porque tuvo una tarea más importante y era concurrir a una reunión del imperio, en realidad, a la que fue en la mañana con el viejo y el otro tonto. Date se había puesto estricto con las obligaciones, así que faltar no era una opción, no cuando ahora tenía un cuarto de su magia a disposición.

—Así que, podría decirse que estoy perdonada, ¿verdad?

Duncan se encontró con las mejillas coloradas y suavizó su expresión e inevitablemente una curva nació en la comisura de sus labios con picardía. La mirada de Lennon transmitía inocencia, por lo que con la mano libre se aferró a las mejillas contrarias para apretarlas con cuidado.

—Tal vez... —susurró pensativo cerca del rostro de ella.

En cambio, la de ojos azules se encendió debido a la vergüenza y trató de alejarse dando un paso hacia atrás.

No obstante, el acercamiento era evidente, por tanto, no podía salir de las garras de su amigo.

—Deja en paz a Lennon, guerrero —escupió Zila.

Ella se cruzó de brazos al ver las intenciones del mayor, quien le dio un vistazo y se encogió mientras tomaba distancia de la chica.

—Eres tan aburrida —masculló.

Blanqueó su mirada oscura gracias a la hostilidad de la maga de fuego.

—No juegues con ella —gruñó molesta, fulminándolo—. No veo intenciones buenas en ti.

Los celos de Zila por su amiga eran evidentes, pero más lo era la atracción que Duncan no se molestaba en ocultar cada vez que veía a Lennon.

Han pasado un año juntos y todos sus compañeros sabían sobre la amistad que llevaban. De hecho, ya estaban a nada de recibirse como magos y emprender un nuevo camino.

Y Zila sabe a la perfección que Lennon es alguien genuina a pesar de estar a punto de cumplir dieciocho años, por lo que está lejos de sentir tracción cuando se trata de seres masculinos. A su vez, la simple razón de que el mago de Aeternam se le insinúe a su amiga en más de una oportunidad le molesta. Es decir, entiende que si Duncan llega a cortejar a Lennon podría arrastrarla con él a su imperio.

La idea de saber que puede robarle a su mejor amiga le fastidia de una forma terrible.

Por otro lado, ignorando la guerra de miradas de sus compañeros, Lennon se puso de rodillas en la nieve y abrió el morral con el objetivo de darle una gema a César.

Los ojos del pequeño esqueleto destellaron al digerirla, por lo que le tendió otra antes de cerrar la bolsa y verlo temblar debido a la sobrecarga.

—Qué extraño —murmuró, ya que percibió inestabilidad en él—. Vamos a tener que hacerle una visita a Van der Veen —suspiró abrumada.

Miró a su acompañante, sonriéndole cuando la observó con devoción.

A pesar de ser un esqueleto, la conexión que ambos tienen es clara, porque ella percibe cada sentimiento y emoción que sacude a su hueso amigo.

—Por cierto, ¿cómo les fue al descongelar la Bahía?

Levantó la cabeza.

Aun así, el ceño fruncido de Zila y la mirada desganada de Duncan hizo que se mordiera la lengua.

Ya van a empezar otra vez.

—El problema fue resuelto —contestó a secas Zila.

Lennon se erizó por la respuesta. Así que, desvió la mirada al dragón carmesí que descendía detrás de ella.

—¡Eh, Willow! —bramó, haciéndola gruñir. Entonces lanzó una gema de Ignis. —Un regalo para ti.

La atrapó en el aire sin dificultad, abriendo la boca y desvelando colmillos brillantes, y se mostró contenta una vez tragó el aperitivo.

A continuación, se hizo pequeña para mayor comodidad y voló a la cabeza de la persona que le había concedido Ignis.

Lennon miró hacia arriba, encontrándose con el ser de escamas. Entonces no pudo evitar ver a su amigo de otro imperio con tristeza, porque sabía el motivo de la ausencia de su acompañante.

En el mundo existe una gran cantidad de magos que no tienen compañeros por las siguientes razones: todavía no lo han encontrado, murieron por negligencia o en batalla y, por último, ellos decidieron sacrificarse para salvar a su maestro. Y la respuesta es obvia cuando se trata de un guerrero, la acompañante de Duncan había muerto a fin de no ver morir a su amo en batalla.

No sabría explicar la angustia que la atraviesa cada vez que tiene en mente la idea de que César pueda dejar de existir.

Para ella, él es su compañero de travesuras, confidente y familia. ¿Cómo podría seguir con su vida sabiendo que ya no lo tendría?

La conexión de ambos es única y se atreve a afirmar que sin él su existencia carecería de sentido, porque César es la esperanza que necesita para estar pie.

—¡Por cierto!

El grito de Zila la hizo soltar el morral que tenía abrazado, por lo que la miró de mala manera.

—¿Era necesario? —farfulló, juntando las gemas del suelo.

—¡Claro que sí! Lennon, ¡iremos a otro imperio de visita! Es nuestro viaje por ser de último año —chilló a los cuatro vientos, llamando al parloteo emocionado de sus demás compañeros de clases.

Lennon se congeló en el instante que escuchó tal revelación, es más, su mano tembló cuando contempló a su mejor amiga.

—Oh, se me había olvidado —susurró por lo bajo, desviando la mirada hacia el mar.

Muy en el fondo desea no partir a el Imperio de Vulgus porque el aroma a la sangre le trae malos recuerdos. No obstante, comprende que tarde o temprano tendrán que dejar de ser niños para proteger a Urbs.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top