Capítulo 25
Lennon Campbell
No tienes ni idea de lo que acabas de decir, Daren De Luca.
Voy a confesar que sus palabras me han impactado.
Sin embargo, no puedo perder los estribos, él no es merecedor de mi mal genio.
—Lo que diga —suspiré.
—¡¿Qué dices?! —preguntó Gwen.
—¡Lennon! —estalló Zila.
Me encogí, restándole importancia a sus palabras y me giré para marcharme.
De hecho, sí me molestó su comentario y me afectó que dijera que soy alguien inútil al momento de ayudar a mis compañeros, al igual que una vergüenza a la hora de representar a Tempus. No obstante, debo agachar la cabeza por mi bien y hacer caso omiso a esta clase de parloteo.
Me basta con saber que puedo superar las expectativas de cualquier maestro.
Fatheree lo dijo una vez y eso me es suficiente, quiero decir, el viejo comprende la magia mejor que cualquiera de estos estúpidos que se le ha subido la fama.
Estoy bien.
César, quien va en mi hombro, apoyó su cráneo en mi cabeza y acarició mi mejilla con cuidado.
—Todo está bien —parloteé sonriendo para darle seguridad—. No estés triste, César.
Él hizo crujir sus huesos mostrando su desacuerdo.
—Detente, Lennon.
Zila se aferró a mi hombro.
—¿Cómo puedes decir "Lo que diga"? —cuestionó molesta—. Se trata de nuestro futuro.
—Mi futuro no es ser un Milagro —respondí con calma.
—Pero... —balbuceó entristecida.
—Anda —canturreé, tocando el dorso de su mano—. Todo está bien.
Sí, estoy acostumbrada a fingir que no me afecta. No te preocupes por mí, Zila.
—Al menos vas a librarte de mí —tarareé con malicia.
—Va a ser aburrido —murmuró Gwen, aferrándose a mi brazo—. ¿Quién será el dúo de Zila?
—Tú —dije.
—Es mucha responsabilidad —lloriqueó.
—¿Qué hacemos con esto?
Las tres giramos al momento de oír a Duncan, quien está a un lado de Tania.
La acompañante de Gwen se aferra con fuerza a la compañera de Daren De Luca.
—¿Venderla?
—Eso es sádico —murmuré.
Miré de reojo a Duncan.
—Pagaría mis heridas —confesó, por lo que señalé a Gwen.
—Ella puede hacerlo.
—No es una mala idea, Lennon —declaró la recién nombrada—. Ese bicho intentó deshacerse de Tania —apuntó molesta.
—¿Quién es? —preguntó Zila con confusión.
—La acompañante de Daren De Luca —cantamos al unísono los tres.
—¡Vaya! —estalló sorprendida—. Jamás creí ver a un mago como acompañante de otro —suspiró—. Esperen, ¿un bebé te hizo pelea? —preguntó con perversidad.
Duncan blanqueó la mirada.
—De hecho, él controla Tempus. La convirtió en un bebé —se burló Gwen de la niña, generándole un sollozo—. Además, por poco hiere a Lennon.
La sonrisa macabra de Zila nos hizo erizar.
—Después de todo, la idea de venderla no suena tan mal.
—Qué despiadada —farfullé alarmada.
Lo malo de haber sido suspendida de esta clase es que no voy a poder disfrutar con mis amigos. Supongo que tendré que aprovecharlos al máximo en otras asignaturas.
—¡Disculpe! ¡Alumnos! ¡No den un paso más!
Los gritos hicieron que volteáramos en dirección a la persona que hace tanto escándalo.
¿El secretario?
Aunque no es difícil de adivinar la razón de por qué se encuentra tan agitado. De hecho, dirigimos la vista a la bebé que carga Tania.
—El hechizo se puede revertir, ¿no? —preguntó Gwen, analizando a la pequeña.
—Te llevas Segundo —parloteó Zila, burlándose de ella.
—Gracias por detenerse. Les agradecería... —hizo una pausa para recuperar el aire— me entregarán a Dava —suspiró agotado.
Sin decir más, Duncan se aferró a la prenda holgada de la bebé como si se tratase de un simple morral y la lanzó al secretario. El segundo perdió los colores del rostro y con mucha torpeza la atrapó en el aire.
—No seas bruto —bromeó Zila, cruzándose de brazos.
Él subió los hombros sin ganas.
—¿Quién es el joven mago que controla Tempus? —preguntó.
Todas señalamos al guerrero, quien hizo una mueca.
—Podría quedarse de esa forma... —Duncan se inclinó, enseñando su gran tamaño a diferencia del lacayo— ¿qué piensas, Conan?
—Deja de jugar con él —murmuré divertida.
El nombre del secretario se encuentra en el prendedor de la camisa que lleva puesta.
—Está bien —afirmó Duncan, irguiéndose para cumplir.
Colocó la palma abierta enfrente de la bebé.
—Per tempus —murmuró con simpleza.
Su cuerpo se iluminó, de todos modos, no alcanzamos a ver los resultados porque se desvaneció delante de nosotros.
—Pretendes que vuelva el tiempo atrás, ¿eh, mocosa? —advirtió.
Abrí los ojos con sorpresa, ya que la pequeña castaña se encontraba aferrándose al cuello del guerrero con mucha facilidad.
No obstante, al oír tal amenaza se apartó como si fuera un gato.
—Idiota.
—¡Qué boca! —chilló a modo de broma Gwen.
—Ya ves —siguió Zila—. Los niños de hoy en día no respetan a sus mayores.
—Malditos —rugió.
—Es hora de marcharse, Dava. El maestro De Luca nos está esperando —aconsejó Conan.
La niña lo miró mal.
—Tú también eres un idiota —escupió antes de desaparecer.
—Qué estrés —suspiré alarmada.
(...)
Narrador Omnisciente
—Fue un día... asqueroso —exhaló observando a su acompañante—. Me apetece una buena comida y descansar... todo un día... —farfulló.
Lennon se encuentra hambrienta.
A su vez, no puede seguir de pie, desde que salió de la Academia se ha sentido somnolienta porque no descansó lo suficiente. Además, no fue capaz de caminar correctamente, por lo que fue inevitable tropezar con más de una baldosa y pedir disculpas a la hora de chocar con las personas de su distrito.
La puerta fue cerrada.
Entonces una sensación de escalofríos recorrió su cuerpo.
Lennon quedó paralizada en la entrada debido a que la magia en su interior se exaltó como si se estuviera hablando de la Eagna de un mago al destruir una ciudad entera. Al mismo tiempo, el estigma en su espalda empezó a quemarle el cuerpo y la sensación de estar en llamas está lejos de ser agradable.
—¿Por qué? —balbuceó atónita.
Se llevó una mano al pecho gracias a sentirse sobre estimulada por la magia que empezó a circular por su cuerpo. Incluso se siente extraño el sentimiento de miedo o alegría por volver a sentirla.
Sin embargo, se vio obliga a levantar la mirada del suelo para frenar tal conmoción, ya que, en la oscuridad del pasillo, aparecía la silueta de un extraño.
Retrocedió sintiéndose atemorizada.
De todos modos, en el momento que el brillo electrizante se dio a conocer, su corazón dejó de latir ante la emoción de peligro y su estigma renunció a la producción de dolor.
—¿Qué ocurrió?
Por alguna razón, una sensación de miedo la obliga a estar erguida en el momento que cruzó miradas con su maestro.
Date poseía un aura confusa, difícil de descifrar, y ese sentimiento le aterra.
Lennon es consciente de la relación que lleva con un futuro heredero al trono y comprende que solo ella ha sido tratada con amabilidad. Ya que los emperadores son monstruos para simples mortales y no deben tomarse a la ligera.
—No temas, Lennon —susurró con delicadeza.
El rostro de Date se iluminó por la luz de la luna que ingresa por las ventanas sucias de la casa.
En el instante que su mirada se suavizó, Lennon dejó de sentirse amenazada y la sensación de peligro se disipó.
—Pareces un ciervo asustado —bromeó a fin de calmar los feroces latidos de la menor.
Entonces Lennon se exaltó.
—Ya quisieras que lo sea, me atrevería a comerte vivo si no fuera por esta porquería —escupió con ferocidad.
Él carcajeó con fuerza, observándola tambalearse.
—Me necesitas, ¿lo has olvidado? —afirmó, viéndola caer de rodillas gracias a su desgaste físico —. César gastó por completo su energía y ahora está consumiendo la tuya con el objetivo de no desvanecerse —musitó, acuclillándose a la altura de la chica.
Date levantó con lentitud la mano para acariciar el mentón de Lennon y elevar su mirada.
—Por esa razón, yo permití que puedas usar magia.
Ella rio con amargura.
—No fuiste honesto conmigo —susurró exhausta—. ¿Hay más magos como yo en Urbs? —preguntó viendo sorpresa en los ojos contrarios—. ¿Por qué ellos pueden ser libres? Daren escupió enfrente de todos que soy alguien inútil —murmuró rabiosa—. Eso no es justo.
—Los demás no son como tú y como yo —respondió con simpleza—. Sé que no lo entiendes, pero te produciría más dolor utilizar la magia de lo que piensas —aconsejó, poniéndose de pie con ella en brazos—. Todavía no eres consciente de lo peligroso que es el mundo para ti.
—Corro riesgo de ser lastimada sin ella —escupió.
—¿Ah, sí?
—No juegues conmigo —dijo Lennon, sintiéndose afligida—. Algún día tendré que usar la magia por el bien de Urbs.
Ella guardó silencio observando el rostro sereno de él mientras suben por las escaleras.
Está ignorándome.
—Vas a tener que dejar de protegerme en algún momento, ¿qué harás cuando eso suceda? —preguntó, por lo bajo.
Entonces Date se aferró con fuerza a Lennon y un sentimiento de impotencia lo invadió. Y antes de ingresar a la habitación, él observó el rostro somnoliento de la menor.
—La fiebre está afectando tus sentidos —se burló Date.
A cambio, ella frunció el ceño al ser recostada en su cómoda cama.
—Vive en el castillo, Lennon —aconsejó casi rogando—. Este lugar... no es para ti.
—¿Y ver tu cara todo el tiempo? —cuestionó con ironía—. Olvídalo.
—Deberías vivir cómodamente —afirmó.
—Esto es lo que me queda de mis padres —bufó—. Estoy aquí por ellos —confesó.
—No has cambiado nada —suspiró derrotado.
—¿No deberías irte? —preguntó molesta, volteando a verlo porque la cama se hundió de un lado.
—Me lastima tu indiferencia —fingió lloriquear—. Es un presente para ti —musitó.
—No es mi cumpleaños —chilló al sentarse y apoyar su mentón en el hombro de él, viendo una enorme caja blanca en las manos de Date—. ¿Qué es?
—La coronación ha sido programada para fin de año. Mi padre está de acuerdo y nos deseó un próspero... —su voz titubeó debido a la ansiedad.
Lennon vio con cuidado su semblante sombrío y una curva nació en la comisura de sus labios.
—Gracias. ¿Pero qué es? —repitió.
—No te preocupes por lo que es, sino por lo que significa —susurró—. Irá bien contigo —aseguró dejándola confusa—. No puedes abrirla. Es una orden que lo lleves puesto.
El estigma en la espalda de Lennon ardió por la petición, a lo que la mirada rabiosa de ella lo hizo esbozar una sonrisa.
—Descansa, querida.
El ceño fruncido de la chica al ver la espalda del heredero no se desvaneció, incluso cuando él desapareció en las sombras de la habitación.
Entonces el estómago de Lennon rugió.
—Tuvo que haberme traído algo de comer —farfulló molesta—. Podría ir al bosque... —murmuró, pensando en la magia que circula por su cuerpo.
Se siente bien tenerte devuelta.
Luego corrió la cabeza para contemplar a su compañero desprender un aura oscura gracias a estar alimentándose con rapidez de su magia.
—Lo lamento, César. Tú serías el mejor acompañante de Urbs y por mi culpa debes vivir en las sombras —murmuró entristecida.
Los ojos de César se iluminaron de un intenso carmesí al escuchar las palabras de la humana.
Sin embargo, solo atinó a acomodarse en el suelo de madera, mostrándose agradecido por la inmensa cantidad de magia que está recibiendo gracias a su maestra. Después de todo, los acompañantes de Mors solo eligen a magos que poseen un flujo de magia superior a la media.
Un maestro sano con la suficiente vitalidad para alimentarlo continuamente sin correr el riesgo de morir.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top