Capítulo 23
Lennon Campbell
Qué hermosas vistas.
El grito del bosque está en llamas por la magia de los Reagan. ¡Son extraordinarios! Más que eso, realmente, admiro a Zila porque es única.
Al provenir de una familia noble es alguien superior y se aprecia en sus movimientos, hechizos y comportamiento.
Por mi bienestar, Zila decidió que Gwen, Duncan y yo vayamos sobre el lomo de Willow mientras ella dirige a nuestros demás amigos contra Daren De Luca.
—¿No es espectacular? —murmuró Gwen.
Desvíe la mirada para encontrarme con ella.
Sus ojos verdes brillan gracias al fuego que liberó Willow e invocó Zila, quienes son las protagonistas de la batalla.
Sonreí.
—Sí, lo es —confesé.
Aunque no puedo contemplar por más tiempo a mí mejor amiga por el dolor en mi brazo.
Comprendo que César es un usuario de Mors, pero a pesar de ser compatible con los usuarios de Gehenna no evita que remendar las heridas hechas por los segundos sea menos doloroso.
A su vez, mi compañero huesudo está lejos de poseer años de experiencia, no solo él, sino yo también, por lo que debe estar esforzándose al máximo para protegerme de los dolores y ahora mismo estoy obligada a resistir.
Entiendo que Date curaría cualquier herida, incluso permitiéndome usar la magia las cosas serían más fáciles para nosotros. Pero pienso demostrarle a todos que César y yo sí podemos juntos.
—Lo está haciendo bien —farfulló Duncan, viendo de reojo la pelea.
Willow gruñó y por su comentario lanzó fuego al bosque.
—Te recuerdo que estamos montando a la compañera de Zila. Cuida tus palabras, Duncan —bramó Gwen.
—Relájate —sugerí divertida—. Willow es una cascarrabias —bromeé.
Las dos empezamos a reír.
—No está yendo bien —comunicó Duncan.
Dirigimos nuestras miradas al campo de pelea dándonos cuenta de que Zila está siendo acorralada por los muertos que invocó Daren.
—Utiliza a Tania —ordené, viendo a Gwen—. La luz desvanecerá a los putrefactos —declaré.
Su rostro se descompuso.
—No funciona así —replicó.
—¿Cómo que no? —reté.
—Tania puede hacerlo, pero no a grandes escalas. Ella necesita ser ascendida. ¡Estamos lejos de enfrentar a un escuadrón de esa magnitud!
—Entonces tu deber será avivar el maná de los demás. Eres una curandera, ¿puedes hacerlo? —cuestionó Duncan siendo duro con Gwen.
Ella vaciló, encogiéndose al momento de apretar los puños con fuerza gracias a la pregunta.
Yo puedo notar como oprime los labios y cierra los ojos con el objetivo de buscar ánimos para sí misma. Siendo sincera, comprendo los sentimientos que ella tiene sobre la situación, es más, puedo empatizar con Gwen en el momento que se mostró dudosa.
Es muy habilidosa proporcionando asistencia a los demás magos, ya lo hemos visto antes en las innumerables actividades que tuvimos e incluso es la que destaca entre todos nosotros al curar heridas con una rapidez admirable. No obstante, es una maga insegura a pesar del potencial que la hizo resaltar en más de una oportunidad.
Los nervios son el peor enemigo de Gwen y Tania, su acompañante.
—Eh, mira esa cara —parloteé.
Por un momento, me veo obligada a callar mientras ella levantó la vista de sus piernas porque la fiebre me está sofocando.
—A poco piensas dudar de ti cuando los demás te necesitan —declaré, tomándola por sorpresa—. Has lo que mejor sabes hacer, Gwen.
Una curva nace en la comisura de mis labios en el momento que sus ojos empiezan a brillar por la emoción.
—Tienes razón —dijo—. No tenemos tiempo para dudar.
Se puso de pie de manera energética con el objetivo de entrar al escenario. Luego miró con confianza a su pequeña amiga.
—Vas a ser mi catalizador. Así que, necesito que me proporciones gran parte de tu magia, ¿puedes hacerlo, Tania?
El hada de tamaño pequeño y ojos marrones contempló a Gwen pensativa.
—Debemos mantenernos aquí... —suspiró, moviéndose de un lado a otro sobre el lomo de Willow analizando el panorama—. Ir allí es un riesgo para nosotras si no tenemos a un maestro que nos proteja —aconsejó antes de sentarse en el hombro de la recién nombrada.
—Estoy bien con eso —asumió—. Hace tiempo no usaba este hechizo... —susurró, estirando los brazos—. Manus Dei —suspiró con delicadeza.
Mis ojos se abren por la magnitud de la magia.
Según Fatheree, es uno de los más eficaces para proporcionar energía a los demás y curar las heridas de la batalla. Y sobre todas las cosas es un hechizo precioso porque logra iluminar los tiempos oscuros, ya que deslumbra a los desamparados. Solo hay que verlo para que el corazón se exalte y empiece a palpitar con fuerza.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho al momento de adoptar una postura erguida. A su vez, de nuestro alrededor empezó a desprenderse un aura cálida que brilla con intensidad, la cual rodeó su cuerpo mientras su cabello se zarandea por el viento.
De la misma manera, Tania decidió posicionarse enfrente de Gwen a un metro de ella y adoptó una forma de esfera esmeralda como el color de ojos de su maestra.
Entonces Gwen estiró los brazos en dirección a la bola, sin tocarla, y la alzó sobre su cabeza.
La magia que antes rodeaba su cuerpo se disipó para ser contenida y explotó en todas las direcciones a fin de conectar con los magos que están peleando con Daren De Luca. Ella es brillante como el sol, por lo que no puedo evitar admirarla.
Qué talento.
—¿Por qué el hechizo no conecta con tu cuerpo? —preguntó Duncan, por lo bajo.
La respuesta es más simple de lo que parece y es porque en estos momentos Date tiene prohibido el uso de la magia en mí, por ende, no hay maná el cual avivar.
—Se debe a que César está drenando mi magia gracias haber sido infectada por Gehenna —murmuré, sintiéndome temblorosa en sus brazos.
Soy una mentirosa.
—Es más complicado de lo que parece —farfulló.
—Así es —respondí.
Aun así, el rugido de Willow llamó la atención de los dos.
Duncan me apartó con violencia de él en el momento que un cuerpo ajeno voló sobre nosotros.
—No es cierto —mi mentón empezó a temblar.
Las pupilas de Duncan se dilataron al momento de haber frenado un ataque de una niña pequeña y su ceño fruncido detonó confusión.
Las venas de los brazos de mi compañero saltaron con violencia por la fuerza que está tratando de evitar que llegue a Gwen, ya que ella gracias al hechizo se encuentra fuera de batalla.
La sangre con rapidez empezó a deslizarse de sus brazos marcados por haber detenido la espada con ellos, por el hecho de que la niña de cabellera castaña tiene intenciones de atacar a nuestra amiga médica.
Por qué no me lo dijiste, Date.
En mi cabeza nacen nuevas preguntas, pero ahora mismo no importan porque puedo reconocer a otro acompañante gracias al estigma que hay en mi espalda. Él arde por muchas razones y reconozco esta, ya que cuando veo a quién tenemos enfrente me doy cuenta de que estamos ante otro mago acompañante... como yo.
—Tonto —liberó la niña.
—¿Qué? —preguntó atónito.
Ella estiró una mano en mi dirección mientras seguía haciendo presión en el arma blanca.
—Dejaste al descubierto a esa rata —escupió.
El miedo me paralizó porque la fiebre no me permite ponerme de pie y los dolores me obligan a estar de rodillas.
—¡Tírate! —ordenó.
Su desesperación me alteró, pero más lo hace la magia que va a impactar con mi cuerpo.
—¡Lennon!
—Confío en ti —murmuré.
Me deslice al vacío y al instante pude apreciar una luz cegadora iluminar el cielo.
Supongo que se trata del hechizo que lanzó una maga con mi misma capacidad, pero a diferencia de que ella sí puede usar su magia.
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