Capítulo 14

Lennon Campbell

—Su siguiente clase será en el Playón del gimnasio —comunicó—. Recuerden que Fatheree hizo modificaciones en el plan de estudio —recalcó, haciéndome refunfuñar—. Gracias por asistir, Campbell —siguió, por lo que asentí.

Luego se retira del aula junto a mis demás compañeros.

No era broma cuando decía que me saltaba las clases, pero se me tuvo consideración por ser alguien dejada e inteligente.

El ingenuo no prospera en el mundo, a menos que este dispuesto a caer de rodillas una y otra vez hasta aprender de sus errores.

—Tenemos que irnos, César. Despierta —llamé su atención, picando su cabeza—. Necesito almorzar —suspiré, viéndolo tendido sobre la mesa.

Me encojo, agarrándolo con cuidado con el objetivo de ponerlo en mi cabeza.

—Zila y Willow ya habrán ocupado lugar —murmuré aliviada, escuchando mi panza rugir.

Me giro a fin de marcharme, pero encontrar a Armstrong sentado a solas me produce desconcierto.

Debe ser difícil integrarse con magos, sabiendo que sus cualidades son la fuerza y ser tácticos cuando se trata de la pelea. De hecho, ellos pueden hacer uso de la magia, pero decidieron prescindir de ella.

—Es hora del almuerzo —señalé.

—No necesito almorzar, mago —respondió.

Enarco una de las cejas, sintiéndome divertida por su respuesta.

Sus manos ocultas en los bolsillos del pantalón y su cuerpo extendido sobre la silla mientras mantiene su mirada sellada son señales de su comportamiento bohemio e indiferente.

—Yo también sé luchar, guerrero —confesé haciendo énfasis, cruzándome de brazos por su actitud desinteresada—. Déjame decirte que es necesario tener un cuerpo saludable —afirmé, esbozando una sonrisa al captar la atención de su mirada.

Curva la comisura de los labios, mostrándose divertido.

—Arrogante —escupió—, mago —suspiró, volteando la cabeza en mi dirección.

Me quedo en silencio, viendo su mirada negra contemplarme. Sin embargo, no es nada cómodo ver a alguien desde las alturas.

Me inclino a él, haciendo que se sorprenda por mi acción descarada.

—¡Anda! ¡No deberíamos ser tan duros! La alianza es para fortalecernos —canturreé, sonriendo con encanto—. No me gusta ver a las personas desde las alturas, me siento superior si lo hago —aclaré mi acercamiento indebido, produciendo una curva en sus labios.

César se remueve sobre mi cabeza, dando indicios de que despertó.

—Mi nombre es Lennon —anuncié—. L, E, N, N, O, N. No "mago" —deletreé con claridad.

Luego mi compañero salta a la cabeza de Duncan, captando mi atención por su conducta, quiero decir, no suele ser amigable con otros magos.

No obstante, siendo inesperado, la mordida que el esqueleto deja en la cabeza del guerrero me genera una carcajada y a él una mueca.

—Igual que su maestra —balbuceó, liberando un suspiro cuando quita a César de su cabeza.

—Mi pequeño amigo huesudo hace y deshace a su voluntad —comenté, recibiéndolo en brazos—. Entonces, ¿vamos a almorzar o vas a seguir siendo un marginado? —animé.

Él se pone de pie, quedando más alto. Aunque César en mi cabeza me ayuda a estar a su altura.

—No tengo otra opción —farfulló—. Dime, Lennon. ¿La mayoría de los magos tienen esa actitud? —preguntó.

Camina a un lado mío, captando la atención de las personas a nuestro alrededor en dirección a la explanada.

—Oh, ¿te refieres a la mía? —contesté, recibiendo una mirada de soslayo—. No, no lo son. El futuro es la excepción —sonreí, oprimiendo los labios por saber lo que significa el cambio—. Eso me alivia.

Hay tantas cosas que debemos crear, modificar o extinguir.

—Comprendo —respondió tranquilo.

Bostezo.

Observo a lo lejos a Zila sentada debajo de un árbol. Ella es acompañada por Maeve y Benjamín, quienes mantienen una conversación tranquila.

A su vez, a la distancia, se acerca en un trote suave Gwen con una bandeja de aperitivos y las otras las lleva su hada flotando a su lado.

Me pregunto cómo Benjamín se hizo amigo de Maeve. Quiero decir, Farrell es alguien hostil cuando se trata de considerar la presencia de otro debido a la figura de sus padres en el Podio y su intachable personalidad en la Academia.

No es fácil estar a la altura del futuro Chamán de los Farrell.

—Chicos —llamé, llegando a su posición—. ¿Qué vamos a almorzar? —pregunté, sentándome a un lado de Zila.

La mirada de todos recae en nuestro nuevo compañero, Duncan, quien toma asiento en el otro extremo del árbol, dejando atónitos a los presentes.

—¿Y yo soy babosa?

Zila se burla de mí, enarcando una ceja divertida por mi expresión.

—¿Qué estás diciendo? —pregunté, tomando distancia.

—¿Los modales Campbell? —carraspeó Benjamín.

Siento que están reprochando mis decisiones.

—¡Oh! El chico de Aeternam —exclamó eufórica, Gwen, llegando a un lado de nosotros.

—¡Oh! A nuestro año asignaron a cinco, la mayoría está en Primer Año —aclaró Maeve, acomodando su cabellera lacia detrás de sus orejas para almorzar.

¿Con qué todos están en Primer Año? Debe ser porque entrenan la fuerza y la técnica antes que la magia.

Nuestro Imperio es superior, no por nada Tempus es una Institución que alude al prestigio. Supongo que Duncan es alguien especial, al igual que Maeve, si no su presencia en la Academia sería absurda.

—Se llama Duncan —hablé con la boca llena, por lo que Zila cubrió la mitad de mi rostro por educación.

—Las viejas costumbres nunca cambian —rió Gwen, tendiendo una servilleta en mi dirección—. Duncan, ¿deseas una bandeja? —preguntó siendo amable, dirigiéndose al recién nombrado—. Me llamo Gwen; la rubia es Zila; el único chico Benjamín y por último Maeve, ella también es un estudiante de intercambio como tú.

—Un honor, magos —hizo una pausa—. Te lo agradezco.

Entrecierro los ojos, sonriendo de lado cuando lo escucho hablar.

—Bienvenido a Tempus —anunciamos al unísono.

(...)

Me sorprendo por lo que tenemos enfrente, de hecho, estoy obligada a estar de pie cuando lo único que deseo es tomar asiento y disfrutar del silencio de mis pensamientos.

—¿Lennon? —preguntó Zila, colocando una mano en mi hombro—. ¿Estás bien? —susurró preocupada, frunciendo el ceño.

—Sí —suspiré, sintiéndome fría.

No esperaba que Los Antiguos aparecieran de la nada.

Mi corazón palpita con lentitud, ya que no estoy preparada para asumir mi verdadera identidad.

—¡Hola a todos! —estalló con fuerza—. ¡Soy Bjorn, Tercer Milagro, voy a enseñarles el honor de la batalla! —gritó siendo elocuente, dejando atónito al alumnado.

Mis compañeros intercambian miradas entre sí, de hecho, nadie se esperaría que la primera clase del nuevo plan de estudio sería con Bjorn.

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