Capítulo 05

Lennon Campbell

—¿Por qué? —pregunté, cruzando los brazos a la hora de ver a Zila.

Ella imita mi acción y voltea el rostro para evadir mi mirada.

Luego de la incómoda situación que pasamos en las gradas, en el receso arrastré a mi amiga hacia los sanitarios de la Arena para charlar sobre lo que dijo.

—No eres así, ¿qué viste? —pregunté, haciendo mención a su mirada, que todo lo ve.

De hecho, no me sorprende que Benjamín también haya notado el repentino cambio en Zila respecto a Maeve. Quiero decir, ambos sabemos que mi amiga proviene de una familia distinguida y esa clase de comportamiento es inaceptable.

Lo digo porque conocí a su padre, el señor Reagan, es un sujeto estricto con la enseñanza de las personas de su casa. Él es un hombre aterrador, todavía recuerdo como me trató de indagar con su Ojo de Argos, el hecho de no haber podido ver nada hizo que su persona sea hostil conmigo.

—No me complace —respondió a secas, por lo que arqueé una de las cejas.

Ella me da la espalda.

—¿Ah, sí? —murmuré, haciéndome la tonta—. ¿No te agrada o no te gusta como traté a Maeve? —pregunté divertida, aferrándome a su hombro mientras ella se lava las manos.

Veo con atención el reflejo de su expresión, la cual se suaviza y, sin querer, nace una curva en la comisura de sus labios.

—Quizás —contestó, alzando los hombros para restarle importancia.

—Comprendo —musité, subiéndome al mármol—. ¿Acaso es esa la única razón? —insistí.

A cambio, esta vez sí obtengo su atención, su ceño fruncido me produce gracia. Ella se acomoda los cabellos detrás del hombro de manera exagerada, poniendo una mano en la cintura.

—Sin Die es repugnante —escupió molesta, cruzando los brazos—. Es desagradable la práctica de incesto en su reino, ¡asqueroso!

—Tienes razón —respondí, inclinándome hacia ella—, pero debemos confiar en el juicio de nuestro príncipe —murmuré, llevándome un dedo a los labios.

La conversación se terminó en el instante que los sanitarios se llenaron de chicas, por lo que me aferro a los hombros de mi amiga y nos marchamos de ahí.

—Además —susurré, por lo bajo, haciendo una pausa al momento de poner mi mentón en su hombro—. Tú eres irreemplazable —sonreí.

(...)

—¿Vas a ir? —pregunté desganada, apoyando la espalda en los casilleros mientras la veo vestirse.

Bebo de mi zumo.

—¡Por supuesto! —chilló emocionada—. Te aseguro que ganaré.

La próxima prueba que se aproxima para los ganadores de los encuentros es más difícil de lo que parece. Se llama "Cazador de Magos".

Si no recuerdo mal el número de participantes, se está contando con mil alumnos de la Academia, de los cuales solo uno será el ganador. Mejor dicho, uno se va a llevar la mayoría de los puntos, en el caso de recolectar las cien papilio de maná que hay en el bosque, el mismo va a ser transmitido por la arena.

¿A qué llamamos papilio de maná? A las mariposas de cristal, ¿cuál es la dificultad de cazarlas? Que ellas pueden romperse.

Y, espero que también se lo hayan preguntado, ¿por qué la prueba se llama "Cazador de Magos"? ¡Qué fácil! Esto se debe a que los participantes tendrán que cazar a sus propios compañeros para arrebatarles las papilio, de esta manera, serán capaces de obtenerlas. Obviamente, ella no tiene que romperse o sus esfuerzos habrán sido en vano.

En esta etapa solo los verdaderos cazadores de magos serán los ganadores.

—Ten cuidado —carraspeé preocupada, llamando su atención—. No tienes a Willow —recordé, por lo que ella, asintió.

—Lo sé. No será para nada fácil —lloriqueó, sentándose a mi lado—, pero voy a intentarlo. Papá está muy contento de que haya pasado la actividad anterior —confesó emocionada, por lo que la codeé.

—No es para nada fácil sorprender a ese viejo —reí—. Tienes mi apoyo.

(...)

Hay muchas cosas que debo pensar con detenimiento.

Sin embargo, ver a Zila sonreírme y saludarme desde la Arena antes de ingresar al portal hacia el bosque me alivia el corazón. No soy capaz de dudar de su capacidad para manejar la situación, ya que ella es una maga habilidosa y, por alguna razón, asumo que mi mejor amiga será un Milagro.

No tengo miedo de lo que pueda llegar a ocurrir, porque ella tiene toda mi confianza y eso lo sabe a la perfección.

Levanto la mano, devolviendo el saludo desde las gradas. De igual forma, César se sube a mi cabeza y salta sobre ella a fin de brindarle apoyo.

Espero que la ausencia de Willow no sea un problema.

Reitero; confío a ciegas en Zila.

No obstante, un acompañante es necesario para su maestro, más cuando se realizan actividades que conllevan un riesgo hacia la propia integridad física. Siendo honesta, creí que Fatheree iba a denegar su participación porque no cumple con los requisitos, pero parece que el anciano tiene otros planes para los integrantes.

Me recuesto en el asiento, oprimiendo los labios cuando veo ingresar a mis compañeros al portal que los enviará a una isla remota exclusiva de Tempus. En la misma se ejecutan actividades educativas.

No solo se van a enfrentar entre sí, hay plantas, animales y trampas peligrosas, por eso me siento incómoda al respecto. Además, Fatheree puede cambiar el clima a su antojo para aumentar la dificultad.

—¿Qué sucede, Lennon?

Mi vista se dirige a Maeve, quien se muestra curiosa por mi actitud. En cambio, subo mis hombros, mostrándome desganada.

—Las pruebas para calificar como un Milagro son una completa pérdida de tiempo —confesé, acomodando a César en mi regazo.

—Oh —suspiró. Ella decidió guardar silencio antes de retomar la palabra. —¿Por qué crees que es una mala idea? —preguntó.

De hecho, mi pensamiento tiene una razón de ser, una vez escuché a Date charlar con Fatheree y otros sujetos. Honestamente, no recuerdo sus caras, pero la conversación iba dirigida a la idea de que hace mucho tiempo Tempus dejó de crear magos únicos, es decir, ahora solo se está tratando de una tradición el hecho de realizar las pruebas una vez al año.

Ellos generan esperanzas y no tiene ni idea de cómo mis compañeros se esfuerzan para estar ahí.

—Solo pienso que es así... —murmuré.

Contemplo la exclusividad del asiento de la realeza, las gradas "VIP", encontrándome con varios sirvientes de la familia real y en medio me encuentro a Date, quien con su corona hecha de oro, la cual posee diamantes únicos, destaca por su tapado de color negro aterciopelado.

Él es asistido por las personas de su al rededor y su mano derecha se encuentra a un lado de su "trono" conversando con ese fastidio.

En medio del bullicio no me percato que quede ensimismada, admirando el aburrimiento de la familia real, por lo que es vergonzoso conectar miradas con ese zafiro opresivo. Mi ceño se frunce con molestia, por lo que desvío mi visión hacia la pantalla que transmite la actividad del día de hoy.

Un fastidio.

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