¿Fantasmas? [ACTUALIZADA]


Después de eso me desperté sobresaltada y vi a Dairion frente mía, había pasado un buen rato así.

—Ves a terminar—me ayudó a que me levantara y antes de que me fuera él me digo—Hoy no estaré en casa, cierra bien y ten cuidado, recuerda lo.—después de levantarse e irse yo fui a la cocina en donde mi amiga me había estado interrogando un buen rato.

—Venga cuenta tía ¿Qué te ha dicho? Te ves algo... ¿Decaída?

—No a pasado nada, solo me desmayé pero estoy bien, él me ha ayudado—sonreí y cogí una bandeja, siguiendo con los pedidos como si nada hubiera pasado.

Aún cuando terminé mi turno y me disponía a irme a casa me seguían retumbando las palabras de Dairion.

Decidí pasarme por una biblioteca cercana antes de ir a casa, mientras caminaba por las calles ajetreadas no podía parar de pensar en esa extraña visión, por decirlo de alguna forma.

Cuando llegué comencé a buscar libros de brujería y maldiciones, o algo que tuviera que ver con el tema, al final solo encontré dos libros; "el libro rojo", con una hermosa cubierta roja de terciopelo y unas garras cerrando el libro y otro titulado "maldiciones de brujas", con una cubierta púrpura y una mano esquelética que cerraba el libro. Luego de ir al mostrador me fui observando los dos libros.

Una vez en casa me empape de libros a más no poder. Al día siguiente era festivo allí en Dublin, por lo que tenia todo el tiempo y más sabiendo que Dairion no estaba en casa.

Pasadas ya doscientas páginas del libro púrpura comencé a sentir que alguien o algo me observaba.

"No hay nadie, es tu imaginación" me decía para mi misma.

Tanto leer me provocaba alucinaciones, o eso pensaba yo hasta que...

¡CRASH CRASH!

Dos golpes fuertes se escucharon desde la cocina, que estaba cerca del salón—uno grande de color blanco y con muebles caros— , dirigí la mirada instintivamente hacia los golpes pero no veía a nadie. Ya que no vi a nadie me puse otra vez a leer pero esta vez mirando a cada momento hacia el pasillo.

¡CRASH CRASH!

¡Otra vez esos golpes! Asustada me levanté de la silla y cogí lo que más cerca tenía; un candelabro, cuando lo cogí fui hacia donde provenían los ruidos pero una vez llegué no vi a nadie. No había nadie, opinaba yo.

¡TOC TOC !

Pero escuché detrás de mi alguien tocando la puerta. En ese momento caí en que a lo mejor Dairion había regresado y yo no me había dado cuenta de tan absorta que estaba en la lectura.

—¿Quién es? —no hubo respuesta—

¡¡TOC TOC!!

Los ruidos se hacían cada vez más intensos y fuertes hasta que vi como un armario comenzaba a abrirse solo y en un simple parpadeo  todos los platos y cubiertos volaban hacia mi, gritando pude esconderme debajo de una mesa que tenía, sin no antes haberme rozado un cuchillo. Con un poco de sangre en mi mejilla me tapé los oídos hasta que se detuvieron los acontecimientos.

—¿Quién eres? ¿Porqué me haces esto? —estaba gritándole a la nada ya que yo no percibía a nadie.

—¿Quién eres? —volví a preguntar, pero esta vez si que hubo respuesta.

"NO...DEBERÍAS...ESTAR...VIVA...TÚ...VAS...A MORIR"

Esas palabras sonaban como de otro mundo, mi piel se erizó y comencé a sentir que mis piernas flaquean y me tuve que coger a la mesa antes de caer al suelo, pero eso no detuvo mi caída.

Cuando me encontré en el suelo hice ademán de levantarme mas no resultó, mis piernas estaban paralizadas, como si una fuerza invisible se esforzara por apretarlas con una cuerda de hierro al rojo vivo; me dolían y me pesaban, no podía gritar, no podía huir. En ese momento hubiera dado todo por haberle pedido el numero a mi hermano y llamarlo. Cuando, haciendo una fuerza sobrehumana, miré hacia mis piernas vi que había algo cogiéndome, tan solo pude ver unas fuertes garras y una mancha negra antes de caer en un estado semejante al sueño que me hacia perder las esperanzas.

Mi temor me comenzó a cautivar ¿Sería que de verdad iba a morir en ese momento? No podía, yo tenía que conseguir averiguar algo más sobre mí, lo necesitaba, ese era el único objetivo de haber llegado hasta allí, no podía dejar a mi padre sin hija, eso no podía pasar. Haciendo un gran esfuerzo logré mover mis piernas a pesar de estar atrapadas por esa cosa, arrastrándome conseguí llegar al sofá, agarré lo primero que cogí —vale, sí, lo sé, es algo estúpido sabiendo que no es de aquí pero algo tenía que hacer— le arrogué un cenicero de cristal y eso bastó para que se separara un poco aunque no me soltó, le di patadas y nada, entonces lo vi, miré una estantería que había cerca y haciendo fuerza logré que venciera cayendo sobre la cosa, me levanté corriendo y fui hacia la puerta, cuando iba a abrir algo me lanzó hasta la escalera de caracol que daba a los dormitorios, en ese momento, mientras se cerraban mis ojos vi a un bello ser de cabello rubio, hermosos ojos verdes selva y piel pálida como la cerámica, alto con su pecho desnudo y en la cintura una especie de túnica caída adrede, estaba frente a mi y, después de eso mis ojos se cerraron. 

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