Capítulo 14: Simulación de amor
Parte 1
Después de haber derrotado al «Rey Demonio Yatogami», los Supernovas salvaron Tokio, y Joseph había ganado la apuesta que había realizado con Simeon tras su salida del hospital. Tras festejar un poco en la calle —o más bien lo que quedaba de ella—, se percataron de que, quizás, y solo quizás, deberían salir de ahí lo más pronto posible. Debido al subidón de adrenalina y el uso de técnicas devastadoras el estado de Shibuya era deplorable, y eso era quedarse corto. Un barrio tan icónico de la ciudad había quedado en ruinas tras la colisión entre Supernovas y el Comandante. Y con total seguridad G.U.N. haría su movimiento para aprehenderlos ahora que estaban vulnerables tras semejante lucha. Por lo que provisionalmente decidieron retirarse al Ocean Tornado y ya decidirían qué hacer con Kusanagi Aogami y Shisui.
Aogami descansaba en la cama tras ser curado por Goldie. Parecía mentira que hacía un rato hubiera recibido una paliza por parte de su hermano. Huesos rotos, cortes y magulladuras por todo el cuerpo, los ojos morados y perdió algunos dientes. Tuvo suerte, pensó. Pudo haber sido peor. Ella podía sentirlo en su estómago, de lo que realmente eran capaces su prima y su hermano menor. Y Goldie ya dio una muestra: sin tener que mirar a Aogami lo hizo papilla, únicamente con su telequinesis. Salió vivo por el anillo mágico, un verdadero milagro.
Abandonando el cuarto, agarró una silla y se sentó a la mesa. El tema principal era simple y lógico: ¿qué hacer? La posición de ventaja respecto a los Comandantes era tan clara como el agua. Claudia y Kyle estaban en casa del enemigo, no podían ponerse farrucos. Y también estaba el chaval ese de los rayos de luz, Ike. Recién acababa de llegar. La bella albina lo miraba fijamente. A sus pies había bolsas de ropa de marca, muchas bolsas.
—¡Ike! ¡¿Trajiste mi compra?! ¡Qué buen chico, deja que te dé un abrazo!
—Las encontré de casualidad. Espera, espera. Claudia, t-tus pechos... Ehehehe...
«Disfruta tu regalo, Ike. No tendrás otra oportunidad igual», pensó Kyle, volviendo la mirada al cocinero Jose, quien vestía un kimono morado de estar por casa.
—Anda, pero si sigues vivo —bromeó la dueña del fénix.
—¡¿En serio me dices eso?! ¡Pensé que era mi fin! Realmente pensé que moriría triturado por el ataque de vacío ese de Aogami, pero una cosa como una venda o cinturón me agarró por la pierna y me lanzó a otro lado.
—Oh, esa fui yo.
Brillantes partículas mágicas se arremolinaron. Materializándose en el mundo real, la kitsune albina hizo acto de presencia. Largo cabello blanco, ojos rojos como piedras preciosas y una sedosa yukata azul con estampado de flores rosas y un obi del mismo color. Su amo se encontraba en la cocina preparando la cena. Si bien el barco tenía capacidad para diez personas, esta vez tendrían que sacar la mesa plegable fuera, en la cubierta, de lo contrario no podrían comer todos. Las hermanas Makishima y el hombre lobo Ichigo se habían marchado a casa agotados y tenían clase al día siguiente.
—Eh... ¿Y tú de dónde coño sales?
—Estaba descansando.
—No, no, no. No te estoy preguntando eso. Te pregunto que de dónde carajos has salido.
—Os observaba desde otro plano astral.
—¡¿Puedes cruzar entre dimensiones?!
Jose miró de refilón, preguntándose si él estaba ahí. No lo vio.
—¿Sí? ¿Estabas ahí? Quizás estaba demasiado centrado yo en Blau como para mirar a mi alrededor —se excusó mientras hacía bailar el arroz frito en la sartén—. Shiro-chan, ¿me ayudas?
—Yo también te ayudo, Jose-san —se ofreció Shiori.
—¿Qué cocinas? —preguntó a la par que saltaba del sofá—. Huele rico.
—Un poco de todo. ¿Sabes? Durante el combate, no sabía qué hacer de cenar esta noche. Si temática colombiana o tailandesa, o incluso china. Karin me pasó algunas que tienen muy buena pinta.
—Oooh. ¿Y qué lleva el plato principal, senpai?
—Pensé en hacer platos típicos de Colombia, pero son muy contundentes para la noche. Arroz, frijoles, morcilla, chorizos... Es muy pesado para cenar, por lo que tiramos de tailandés y pollo con bambú y setas. ¿Quieres colombiano para almorzar mañana?
—Um, ¡me encanta!
—Sé hacer algo de eso, deja que te guíe, Jose-san.
—Oye, la espada no saldrá volando y se clavará en el cuello de alguno de nosotros, ¿no? —preguntó Marina, temiéndose un ataque sorpresa.
—Ni te rayes, Mari, conmigo esta no se atreverá ni a ir al baño. Y podrías responder, no te hagas la dormida, Shisui.
La katana negra no contestó.
—¿Los espíritus vais al baño? —preguntó Emma.
—Eh... No. ¿Por qué preguntas, Emma?
Sosteniendo un lápiz y golpeando la goma de borrar contra su labio, se acercó a inspeccionarla. Dio dos vueltas a su alrededor, observándola muy atentamente.
—No irás a desvestirme, ¿verdad? No estoy llevando nada debajo de esta yukata, para que lo sepas. Shiro, que te veo, ni se te ocurra levantarme la yukata.
—Okaaaaaaay. Sigo ayudando a senpai, que esta noche es noche de sexo.
—Konnie —la llamó Phoebe—. ¿La yukata es parte de tu cuerpo o la creas tú con tu magia?
—¿Eh? No. Es un regalo que me hizo el Maestro Jose por mi cumpleaños. Puso todo su amor y cariño en ella.
—Sí, je, je. Me voy a sonrojar si dices eso. Y, porfa, deja de llamarme «Maestro», anda. Me haces sentir raro, no soy maestro de nadie. Si lo dices en mayúscula das a entender que soy alguien muy importante y poderoso. Y no lo soy.
—Pero es que eres increíble, Jose. Y no vuelvas a decir algo así, ¡eres muy importante para todos nosotros! ¡Ay!
Empleando el borde metálico que unifica el borrador con el lapicero, Emma le hizo un corte en la mano. La kitsune rápidamente la retiró y un poco de sangre comenzó a manar de la herida, y en cuestión de segundos se cerró, sanando completamente.
—Oh, that's so cute.
—¿Qué haces, Emma?
—Hmm... Blood? ¿Que no los espíritus estáis hechos de magia?
—Y lo estoy. No hagas eso, que duele, joder.
—¿Entonces también vais al baño?
—No necesito comer, beber o respirar oxígeno. Y no es nada fácil matarme.
—¿Entonces por qué te atiborras a pan, pasta y magdalenas?
—¡Porque me gusta! Déjame en paz.
—¿Entonces también puedes tener hijos?
Al formularle esa pregunta, el rostro de la chica se volvió tan rojo como el de una remolacha, hasta la parte trasera de las orejas.
—Me tomaré eso como un sí.
—He oído historias de magos que tuvieron sexo con sus familiares y sus hijos nacieron con gran poder mágico, pero jamás he conocido a nadie así. Son solo rumores.
Todas las miradas se centraron en la espada descansando en el cojín cuadrado blanco sobre el brazo del sofá.
—Ah, ahora sí hablas, ¿no? —gruñó Goldie.
—Entonces, ¿tus futuros hijos podrán transformarse en una espada? ¿O manifestarán cualidades de una espada, como que sus manos sean afiladas como cuchillas? —razonó Marina Hala—. Aaah, ya me dejaste con la duda, Shisui. ¿Por qué eres tan mala?
—...
—Oh, c'mon! Are you for real?! Just answer me!
—Dudo que una katana japonesa de hace 600 años entienda el inglés, Marina —comentó Kyle.
«Entonces, esa fuerza invisible que me impedía el acceso a la casa era ella».
Como si pudiera leer el pensamiento, Kon miró al mago alemán cuyo sobrenombre era el dios nórdico del trueno y, sonriendo, lo saludó ondeando la mano. Como cortesía este hizo lo propio.
—Me cago en tus muertos... ¡Que ese rayo me cayera encima fue cosa tuya!
—Hay una cosa que me ha estado rayando tela marinera desde que te he visto. —Selene se levantó de su asiento y camino hasta ella, colocándose frente a frente—. ¿Por qué razón te pareces tanto a mí? Somos calcos. Misma altura, facciones, y hasta me arriesgo a decir que hasta la talla de pecho.
—Sí, lo sé. Jose, ¿por qué me hiciste tan parecida a Selene?
Era algo que, sinceramente, intrigaba a todos. Incluida Bonnie. Ni siquiera su prima sabía qué lo llevó a la creación de Kon como compañera tomando como base la apariencia de una de sus mejores amigas, pues era su primera vez viéndola en persona. Aunque a ese punto se podía decir que Selene y él eran «más que amigos, menos que amantes».
—Me da vergüenza decirlo... —admitió sonrojado—. ¿De veras queréis que os diga? Ja, ja, ja —rio nerviosamente.
Al unísono, asintieron con sus cabezas.
—Bueno, si tanto insistís... La verdad es que me sentía muy solo, y Selene me gusta mucho. Lo admito, me pones. Me la jalé muchas veces pensando en ti...
Su rostro se iba poniendo cada vez más y más rojo a diferencia de sus ligeramente sonrojadas mejillas, iba a gritar. ¿Creó a Kon como copia de Selene para desfogar su lujuria, pero se arrepintió al último momento porque sería inmoral y le dio rasgos suyos para no sentir excitación sexual por su creación?
—Y tuve una idea y pensé: «Oye, ¿y si hago a mi compañera ideal como si fuera nuestra probable hija? Eso sería tan guay». Es por eso que te pareces tanto a ella como a mí. Tienes su físico, y mi color de pelo y ojos. Y la cola más fluffy del universo, como tú.
Vapor. Vapor comenzó a salir de la cabeza y orejas de Selene, quien estaba a punto de desmayarse. La información que había revelado tan de golpe era demasiada para procesar tan rápido. Eso no solo explicaba su apariencia, sino también el profundo amor que procesaba por él. No solo como amo, sino también como padre. En la mente de la escocesa las órdenes dadas tras su creación cobraron aun más sentido: amar, cuidar y proteger, en ese preciso orden. No solo hacían referencia al deber de Jose como padre, sino también a la retribución que una hija tendría que pagar cuando sus progenitores se hicieran mayores, devolviendo el favor.
El amor que Kon sentía por Jose no era romántico.
Era un amor filial. Esos sentimientos de cariño y apego que se da en los miembros de una familia, caracterizado por ser fuerte e inquebrantable como un diamante.
Un amor que se debía cultivar, cuidar, proteger y valorar.
Hasta ahora, ¿cuántas veces ella los había protegido en secreto? A ellos, los Supernovas, quienes son como una familia.
Realmente era un ángel guardián.
—¡Selene, ¿estás bien?!
—Te la has cargao, animá' —le gritó Aitor.
Rosie se reía, estando de brazos cruzados; pero se relajó y abandonó la postura defensiva.
—Iba a declarar lo celosa que estoy de que haya estado junto a ti todo el tiempo, siempre. Pero ahora que sé que no es más que vuestra hija, no tengo por qué estar así. ¡Y eres una monada! Pero ¿por qué no has podido manifestarte antes, Konnie?
—Ah, eso es porque Jose no era lo suficientemente fuerte en ese entonces. Después de la pelea con Simeon podía haberme materializado, pero enfermó gravemente y fue ingresado en el hospital, debilitándome yo también.
—Sí, es por eso que no os presenté antes. Quería que fuera una sorpresa, pero pasó lo que pasó.
—A todo esto, muchas gracias por darme tu vitalidad llevando la bufanda ese tiempo, Rosie.
—No hay de qué. Para eso están los amigos, para ayudarse mutuamente.
—¿Aunque sea ocultar un cadáver? —bromeó el novio de la francesa.
—Sí. Aunque sea ocultar un cadáver.
Acto seguido, lo golpeó.
Entendió la referencia.
—¿Estáis haciendo alguna referencia de anime? Porque Shiro no lo ha pillado.
—Higurashi, Shiro-chan. Higurashi no Naku Koro ni es la serie.
Parte 2
Phoebe observaba a Aogami durmiendo plácidamente. Aunque a momentos este comenzaba a retorcerse en la cama y murmurar entre sueños el nombre de su prima, Honey.
—La culpa que debes sentir es grande como para ponerte a sudar así, ¿no? —dijo la gatita blanca, sabiendo que no podía escucharla ni responderle.
Phoebe se sentó al borde de la cama y puso su mano sobre la frente del chico, retirando el sudor y acariciando su pelo. Estaba sufriendo. Sonrió un poco. «¿De dónde ha salido la moda esta de hacerse algunas mechas de un color?». Aitor había hecho lo mismo con su pelo, tiñendo su flequillo de un llamativo verde. Aogami, por el contrario, tenía varias mechas de color azul por todo su pelo. «Blau» lo apodó su hermano gemelo, «azul» en alemán. La muchacha acariciaba su rostro con su suave mano. Él tan solo quería encontrar a su familia y protegerla, por eso buscaba poder.
—Mmm... ¿Hmmm...?
Él abrió los ojos. Una chica tan preciosa casi encima suya, sosteniendo su rostro y a punto de darle un beso con esos carnosos labios y la vista de su escote, no pudo evitar quedarse paralizado y sonrojarse.
—A-ah...
Ella también se quedó completamente bloqueada.
Cazada en el acto. No esperó por nada del mundo que justo se fuera a despertar ahora.
—H-hola...
—¡N-no estaba haciendo nada raro! —declaró alejándose y levantando las manos—. Tenías mala cara, eso es todo.
—V-vale... A todo esto, ¿dónde estoy? Parece un barco...
—Es que es un barco. Estás en el Ocean Tornado, nuestra segunda casa.
Aogami hizo el intento de incorporarse; ella instintivamente le atendió la mano y él sin pensarlo dos veces la tomó.
—¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera pasado un camión por encima. Me duele todo el cuerpo.
—Normal, te quedaste sin magia. Idiota —murmuró—. ¿Te traigo algo de comer y beber? Dentro de poco vamos a cenar.
—Sí, por favor. Si no es mucha molestia.
Phoebe se levantó de la cama y caminó hasta la puerta. Antes de que la cerrara, la detuvo pronunciando su nombre.
—¿Sí?
—Esto... ¿Qué hay de cenar?
—Chino y tailandés. Estará muy rico, ya verás.
Todos oyeron su voz, estaba despierto. Phoebe cogió un pequeño cesto de mimbre de un armario de la cocina, abrió un paquete de pan de pipas y se sirvió dos refrescos de la nevera. No tardó mucho en volver.
—Ya estoy.
—Ha sido rápido.
—¿Prefieres Pepsi o Cola?
—Me da igual, la verdad.
De manera amigable, le ofreció la lata azul, a lo que respondió con un tímido «Gracias», y colocó el cesto en el centro de la cama. Ella estaba sentada frente a él, con las piernas cruzadas. Abrieron los refrescos y dieron un trago. Tímidamente y en silencio comenzaron a picotear.
—Está muy dulce. ¿Tienes té frío?
—Sí, hay en la nevera. ¿Te traigo uno?
—No, gracias. Ya he abierto esto; voy a tomármelo. Era para tomar durante la cena. Mmm... ¿Eres tú quien va a interrogarme?
—Sí. ¿Es que prefieres a Goldie?
—Esto... ¿No vas a torturarme ni nada? ¿Solo vamos a hablar y ya?
—¿Por qué haríamos eso? No somos monstruos. Eres una persona, Aogami.
—Conque una persona, ¿eh?... ¿Qué es lo que quieres saber?
—Por qué has montado todo este paripé, en lugar de pedir ayuda a tus amigos. Incluso podrías habernos pedido ayuda a nosotros. Técnicamente somos aliados ahora.
—¿Aliados, dices? No me he enterado.
—Así es. Sucedió mientras tú te habías dado a la fuga con tu nueva espada. Mi hermano y Simeon han hablado para establecer una alianza y derrotar a G.U.N. Sabemos de vuestras circunstancias. Además, Simeon está invitado a la cena. Podrás explicarle todo lo sucedido.
—¡¿Simeon también viene?! Oh, espera, es cierto. Lo de la barbacoa.
—Bueno, esa es otra. Lo de la barbacoa iba a ser con todos los Comandantes presentes, pero faltabas tú.
—¿Claudia y Kyle, cómo están? ¿Les habéis hecho algo?
—Están en el salón, charlando y viendo la tele. En todo caso tú eres quien debes pedir disculpas.
Avergonzado por su manera de actuar, agachó la cabeza. La había metido hasta el fondo, no pudo caer más bajo. Abandonó la base sin decirle nada a nadie, se aventuró a rescatar a su prima él solo, fue poseído por su espada maldita, peleó con sus amigos y tomó como rehenes a la población de todo Tokio.
—No te preocupes, te ayudaremos a encontrar a tu prima.
—¡¿Lo dices en serio?!
—Te lo prometo, la encontraremos.
Para animarlo, le metió un trozo del palito en la boca. Sus mejillas se sonrojaron; ella solo le dedicó una amable sonrisa.
—¿Por qué estás haciendo esto? He hecho cosas muy malas, ¡no deberías estar siendo amable conmigo! —gritó, dando un puñetazo al colchón.
—Oh, ¿prefieres que te interrogue Rosie?
—¡No, por Dios!
—¡Ja, ja, ja! Esa fue una buena reacción. Me pregunto qué habrías dicho si mencionaba a Goldie primero.
—¡Esa aún menos! —Recordando lo que le hizo solo con una mirada, se encogió de brazos y comenzó a temblar—. Me hizo un Twister humano, ¡qué miedo!
—Perdón, perdón. Solo bromeaba. No quería hacer eso, de veras. Dime, ¿puede ponerte en pie? Vamos a bañarnos y a cenar.
—¿Vamos a bañarnos juntos?
—¡Claro que no, bobo! —negó inmediatamente cruzándose de brazos. La cola se movía de un lado a otro, y sus orejas estaban caídas—. ¿Qué te has creído? Vas tú. Anda, venga, andando. No estás en un anime, ¿sabes?
—Je, je, cierto. Aunque...
Su rostro se puso totalmente rojo. Se reprodujo una proyección mental ante sus ojos, viendo a Phoebe con su Vestido Mágico de Suzaku en lugar de su sudadera gris parda y pantalón de pijama rosa.
—¿Qué, qué pasa?
—No, nada. N-no pasa... nada...
«¿Pero y a este qué le pasa? ¿Se ha enamorado de mí?».
Parte 3
—Bueno, la cena está casi lista —dijo Jose—. ¿Ayudáis a poner la mesa?
No lo estaba pidiendo por favor, era una orden. Habiendo captado el mensaje, Ike, Claudia y Kyle se pusieron firmes como soldados y se dispusieron a montar la mesa plegable afuera en la cubierta del barco, colocar las sillas, poner el mantel, los vasos, platos y todos los cubiertos. En una de los viajes por la cocina, Kyle intentó darle un manotazo en el culo, pero su instinto se activó y agarró su mano con fuerza, rompiéndole la muñeca y cayendo el Comandante bajo el alias del dios nórdico del trueno al suelo, llorando de dolor
—¡¿Qué coño tratabas de hacer, eh?! Porque esté entretenido en el fuego no quiere decir que no vigile mis alrededores.
—¡Buaaaaah! ¡Mi mano, mi manoooo!
—Ay, qué imbécil eres. Voy a curarte, así que deja de llorar. Me cortaron un brazo, ¿sabes? Un puto brazo. No tienes idea de lo que duele eso, ¿verdad?
Goldie y Kon se le acercaron. Fue una vista rara de ver, las dos correteando como niñas alegres. Lo extraño de la escena era que ambas llevaban delantales, en especial el que llevaba puesto Goldie le quedaba exageradamente grande, y ni siquiera habían ayudado a hacer la cena. Tanto Shiro como Shiori se les quedaron mirando. «Estas traman algo».
—Primo, vamos a ir nosotras dos a recoger a las niñas y Simeon en tu lugar.
—Amo Jose, ¿me das un trozo de pan de semillas?
—Tampoco me llames así. Toma, aquí tienes. ¿Y a qué viene eso? Que yo sepa.
—Vamos a gastarle solo una bromita, nada más, kukuku.
—Esa risa tuya a Shiro no le gusta un pelo. ¿Qué estás tramando ya? —rechistó la gatita de bolsillo.
—¡Sí, sí! Nos vamos a reír.
—No le haréis nada malo, ¿verdad?
—¡Qué va, qué va! Como el hombre que es, le encantará. Te lo aseguro. ¿Verdad, Konnie?
—¡Así es! Será muy divertido.
—En fin... —respondió rascándose la oreja—. Como queráis. No me hago responsable si se me cruza el cable.
—¡Yahoo! Vámonos, Konnie.
—Vale. Dame la mano, Goldie. Te llevo enseguida.
Levantando el brazo al grito de «Let's go!», las dos desaparecieron. Jose solo sonrió.
—Me alegra ver que se llevan tan bien. Pensé que las cosas se pondrían más difíciles con ella rondando, pero parece ser que no.
—Shiro quiere acariciar la cola de Konnie-chan.
—Yo también quiero, Shiro-chan. Yo también quiero.
—¿Queréis que os muerda? ¡Oh! Eso me recuerda... ¡Aitor! —gritó para que se le escuchara bien—. Tío, ¿nos mostrarás tu nueva habilidad manual hoy?
—¿Eh? Ah, sí, sí, eso. Os la mostraré.
—«¿Habilidad manual?» —se preguntó Claudia—. ¿Qué es eso?
—No sé, es lo que dice. La descubrió estando a solas con Goldie en su cuarto.
—¡Uy! —exclamó la gata tricolor Akane fingiendo inocencia—. Quién sabe qué harían esos dos a solas.
—No lo sabes tú bien, mamá.
—Hmm... ¿Juego de dedos, se pregunta Shiro? Pero si es algo para enseñar no puede ser desvergonzado.
Bonnibel bajó las escaleras. Ella había también preguntado lo mismo, que de qué iba el tema, pero no le contó nada. Solo que quería voluntarias.
—De hecho, Aitor me ha dicho que quieres que tú también participes.
—¿Yo? Uy, qué curioso. Ahora quiero saber más de su habilidad. ¿Será un nuevo superpoder?
Todas y él se encogieron de hombros. A saber.
—Yo también quiero participar —expresó su deseo Claudia.
—¿Puedo yo? —preguntó animado el alemán.
—¿Eres una chica? —objetaron los cinco.
Parte 4
Siete horas de diferencia con España. Mientras que en Japón eran las 22:00 horas, allí en Canarias eran las 14:00, una hora menos que en la península. Simeon había llevado a las niñas a la playa para que les diera el aire un rato. El Emperador disfrutaba de las vistas sentado en la toalla, resguardado de los feroces rayos solares por la sombrilla. Las vigilaba para que no se alejasen demasiado. Y sobre todo que no se repitiera el incidente del tiburón. A su lado estaba Anna Flores, en traje de baño y aún en silla de ruedas, echándose algo de crema. Los dos estaban charlando amistosamente, espectando el partido de voleibol que se desarrollaba entre las chicas, el cual estaba muy reñido. Deseaba haberse traído sus prismáticos para ver mejor. Los chicos jugaban al fútbol tranquilamente cerca de la orilla.
—¡La prestamista ha llegado!
—¡Coño!
—¡Su puta madre!
Gritando eso, Goldie apareció literalmente de la nada delante del más poderoso, asustando a los dos. La Comandante incluso se levantó de un salto de la silla, ¿de dónde diablos había salido la chica esa?
—Je, je, je. Veo que aún no te acostumbras, ¿eh?
—¡Y nunca lo haré! Siempre apareces en el momento menos oportuno. Y, ¿qué llevas puesto?
—Oh, ¿no ves? Claramente es un delantal, de eso no cabe duda alguna —contestó jugueteando y meneándolo—. ¿Um? ¿Te preguntas si llevo algo debajo, Simeon?
—O-olvídame —protestó, forzándose a apartar la mirada—, ¿a qué has venido? Paso de jugar a la consola contigo.
—Oooh, ¿Simeon tiene miedo de perder contra una chica al Smash? Es eso, ¿no?
—Viniste a recoger a las niñas, ¿cierto? Y habéis encontrado a Aogami.
—¡Bingo y dos veces bingo! Dame los 100 pavos.
—Goldie, no te voy a entregar a ti el dinero. Sospecho que te los quedarás.
Con esa sonrisita de diablo en su cara, comenzó a abanicar el delantal, peligrosamente levantándolo.
—Uff, qué calor que hace. Hace taaaaanta calor.
La línea del tejido estaban tan cerca del horizonte de los muslos que la línea del interior de los mismos ya era hasta visible. Si subía un poco más algo peligroso podría ser expuesto.
—Entonces, haré que me des unos extra.
—¡Quieta pará! —gritó la mexicana.
Fue fútil, la albina se quitó el delantal por completo... revelando un traje de baño escolar.
—¡¿Un bañador, en serio?!
—Oya, oya, ¿por qué la cara tan roja, Simeon? ¿Esperabas verme desnuda? Simeon no ecchi, kyaaa!
Por detrás y sin poder preverlo, alguien le tapó los ojos. Se trataba de una chica, lo supo al instante por la calidez de su cuerpo, la delicada fragancia a jazmín que se desprendía de su cuerpo y al notar la presión que ejercían dos suaves y elásticos bultos en su espalda. Anna alucinaba, ¿de dónde salió esta ahora?
—¿Quién soy...? —le susurró una dulce voz a su oído, solo para luego soplarle.
—¡Eeeu! —Alejándose, tembló un poco. ¿Qué fue eso? Se sintió tan endiabladamente erótico.
Al girarse, pudo ver a la hermosa kitsune de cabello platino y ojos rojos vistiendo únicamente un delantal. No, seguro que también llevaba un bañador o un bikini debajo, no iba a picar nuevamente en esa tontería. Aunque viéndola bien, era tan hermosa... La belleza sobrenatural dirigió su mirada discretamente hacia su entrepierna y soltó una risita «ji, ji». Percatándose de la indirecta, el muchacho se cubrió sus partes con ambas manos.
—Fu, fu, gracias —se rio—. Las albinas te la ponen muy dura, ¿eh?
—U-uuhhh... —avergonzado, agachó la cabeza.
—Encantada de conocerte, Simeon. Soy Konnie.
—A-ah... El placer es mío.
—Oye, no te preocupes, eso es un halago.
—¿Verdad que está tan buena como la dueña de la cafetería? —le preguntó Goldie.
—S-sí. Es bellísima. ¿También es un espíritu?
—¡Aaaaaaaah! ¡Se lo voy a decir a mamá! —amenazó su hija, acompañada de su mejor amiga Chocola. Hacía nada que regresaron al verlas a las dos a lo lejos.
—¡N-Nana, eso no!
Las dos niñas se abrazaron a Goldie, desapareciendo esta con un teletransporte, dejando tirados a Simeon, Kon y Anna en la playa. La kitsune se le acercó y le dio dos palmaditas en la espalda, consolándolo.
—Tranquilo, no creo que te pase nada. Te ayudo a recoger sus cosas y te llevo. Anna, ¿te vienes?
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Fui yo quien te trajo de vuelta, esas lucecitas no habrían logrado nada. ¿Te vienes a la cena?
—No, lo siento, estoy muy cansada. Y acabo de comer hace nada.
Parte 5
En un flash, aparecieron en el barco. Nada más llegar, Kon tiró el delantal a un lado y se deshizo en partículas de luz. Llevaba debajo un bikini azul y rayas blancas. Lo sabía.
—¡Papá! ¡Mamá!
—¡Mami! —gritó Nana corriendo hacia Claudia Kaiser.
La pequeña niña gato de cabello castaño corrió hacia ellos y los abrazó. Las gatas tricolor madre e hija se iban a derretir viendo a esa cosita tan linda.
—¿Cómo estás, preciosa? ¿Te lo pasaste bien?
—¡Sí! Hemos jugado a muchas cosas, y terminamos los deberes. Mamá, ¿puedo jugar a la consola?
—Luego, ¿vale?
—¡Bien! ¡Uugh!
Akane la abrazó, achuchándola como un peluche. Shiori hizo o propio.
—Soltadme... Akane, Shiori, me hacéis daño... Aay.
—Perdón, perdón.
En silencio y temblando de los nervios, Shiro se le acercó y se puso de rodillas en el suelo para hablarle.
—H-hola, Shiro desu.
—¡Hola, Shiro! Como siempre, papá está rodeado de chicas bonitas. ¡Ja, ja, ja!
Al decir eso, las mejillas de Shiro se iluminaron con un tinte cerezo.
—Chocola-chan, ¿puedo ser tu mamá?
—Mi mamá es Rosie.
Eso fue un cañonazo directo al pecho que dejó fuera de combate a la loli neko de cabello blanco y ojos ámbar.
—¡Coño! La ha dejado tiritando —exclamó Rosie Redd.
—Un punto o dos de vida creo que le quedan —bromeó Simeon—. Jose, ¿la curas dándole un abrazo?
—Eso haré. Shiro-chan, ¿terminamos de hacer las cosas? Aún queda por servir la bandeja de pimientos.
—Sí... —contestó con el corazón roto—. Miaooo...
Simeon estaba dándole vueltas a la cabeza, quería preguntar cómo podían hacer eso, y no debería ser muy diferente del hechizo que Kyle empleaba para saltar por el espacio mediante el uso de runas que dejaba por muchos lugares. De hecho, ¿el botón que Jose le dio no contaba como una de esas runas? Sacándolo del bolsillo de su bañador, lo presionó.
—No va a funcionar porque te tengo delante.
—¿Cómo funciona? Es solo un botón.
—Está unido a mí. Al pulsarlo envía una señal de estrés y entenderé que mi hija Choco está en problemas, por lo que me desplazaré hasta el lugar donde se encuentre el botón instantáneamente. Eso es todo.
Jugando con el botón, seguía presionándolo una y otra vez.
—¿Sientes la onda de socorro?
—No seas idiota. ¿Estás molesto por algo?
—Para nada. Solamente me dejaste al cargo de tu hija para que no pudiera participar en la caza de Aogami. Eres muy listo tú.
—Oh, no me vengas con que no fue una buena jugada. ¿Y Aogami cuándo va a salir de la ducha? Tampoco es que tenga mugre vieja. ¡Illo, que tenemos que cenar! La comida está en la mesa. ¡Deja las pajas pa' luego!
El líder de la facción esper rebelde lo miraba de arriba a abajo.
—¿Soy yo o has vuelto a coger color? Al salir del hospital estabas superpálido.
—Tres días de viaje en barco, es lo que hace. Soy de coger morenito rápido.
—Igual que Claudia entonces. Kyle se tiene que embadurnar en crema o termina de color salmón, y no, no se pone moreno, se quema.
Mucho no tardó en salir Aogami del cuarto de baño, vistiendo ropa prestada de Aitor y quitándose el sudor de la cara con la toalla blanca. Se detuvo frente al Supernova. Al parecer su look le llamaba la atención.
—¿Qué? ¿Te gusta?
—Pareces un yakuza con ese kimono —respondió—. ¿De dónde lo has sacado?
—Ja, ja. Lo hizo mi hermanita para mí. ¿Quieres que te haga uno? Están a 38 €.
—¿Y esos cuántos yenes son?
—4930,14 yenes —dijo Phoebe.
—¡Eso es muy caro!
—Pero es que los hago a mano, guapo.
Enseguida notó que se sonrojó. Por lo que procedió a repetirlo varias veces seguidas.
—¡Guapo! ¡Guapo, guapo, guapo, guapo!
—P-para ya...
—No dejes de mirarme. Eh, mírame a los ojos cuando te hablo, Aogami. —Sonriendo, agarró sus mejillas—. ¡Aaaay! Qué mono eres. No eres popular con las chicas, ¿no? Ja, ja, ja, pues aquí vas a aprender. Venga, vamos a cenar.
—Jo... Dejadme en paz.
—¡Venga! Vamos.
Phoebe agarró su brazo y se lo llevó a rastras a la cubierta. Simeon se llevó la mano a la frente. ¿Tan difícil era hacer una aproximación con los dólares americanos o con tiendas que conociera?
—¿Le decimos que tiene yukatas por 14 €? —sugirió el Emperador.
—Vale. ¿Y te has fijado de lo amable que está siendo con Blau?
—Sí... A ver qué tal, Aogami se traba hablando con Claudia y son amigos, a saber estando rodeado de chicas.
—¿Tuvo problemas en el instituto? ¿Acoso?
—Qué va. Es lo que definirías como el chico normal, de notas promedio, con dos amigos contados y que está en el club de irse a casa. Es muy tímido, se pone muy nervioso, en especial si son bonitas.
—Ay, pobre. Se lo van a pasar en grande con él. ¿Debería llamar a las hermanas?
—Y que lo digas. Y ella sigue con el bañador escolar puesto.
Con una pícara mirada, le transmitió el pensamiento de: «Ooh, ¿te gusta?».
—¡Cállate!
—¿Y si Claudia llevara uno de esos puestos? O aún mejor, ¿qué tal un delantal al desnudo solo para ti?
Qué fácil era hacerlo fantasear. Solo podía reírse con las caras que estaba haciendo Simeon. Y un grito de Rosie para que subieran a comer los sacó de onda. «¡Que ya vamos!», respondieron los dos.
—Adrede, no seas demasiado duro con Aogami-kun, lo está pasando terriblemente mal.
—No, tranquilo. Estoy al tanto de lo que ha pasado. Oye, ¿sabías que nuestras hijas pueden ver espíritus?
—Lo sé. Mi hija es que tiene su bufandita, por lo que es normal. Pero la habilidad de tu hija es muy bonita, el poder ver las emociones de los demás.
Parte 6
—¡Está buenísimo! Estos fideos están de vicio.
—Gracias, Ao-chan —le agradeció Shiori—, los hice yo.
—¿«A-Ao-chan»?
—Um, eres muy lindo. —Akane lo abrazó, poniéndolo aún más nervioso—. Dime, Aogami, ¿quieres pasar la noche conmigo? Oh, espera, no puedo. Es verdad, que estoy casada.
—Brr... Dejad de tomarme el pelo, ¿queréis?
—Toma, Ai-Ai, di «aaah».
—Aaah... ¡¡Mmm!! Shiro, el pollo te ha salido perfecto. El bambú está tan crujiente.
—Ja! Gracias, Aitor.
—...
Kusanagi se sentía mal. Sin comerlo ni beberlo, estaba rodeado de parejas. Jose estaba sentado con su novia Rosie, quien se podría decir que era la reina del barco y no Bonnie, la verdadera dueña. Y Claudia también le estaba dando de comer a Simeon.
—El arroz frito a Jose-san le ha salido de muerte.
—¡Cuidado, que tiene arsénico, ja, ja!
—El curry cada vez le sale mejor... Tengo que aprender —murmuraba la bruja del hielo—. Quizá debería dejar de depender tanto de las apps de comida a domicilio...
—¡Um! ¡Pica, este pica! —se quejaba la escocesa Emma.
—Es curry rojo, ¿no va a picar? —le dijo Marina.
Una cuchara entró en su rango de visión, sostenida por el ángel de cabello blanco en bikini. Contenía un poco de curry amarillo y arroz.
—Abre bien grande y di «aah».
—¿Y tú qué quieres? Konnie, ¿no?
—Te noto amargado, así que seré tu pareja solo por esta noche. ¿Te hace?
—Em... Vale. Aum...
—La comida sabe mucho mejor cuando compartes con una chica, ¿no?
—Aogami, toma —le ofreció Phoebe un poco de pan—. ¿Quieres que te dé de comer yo también?
—¡No digas que no, Aogami! Phoebe quiere entablar conversación contigo. Déjala.
—Mooo. ¡Está bien!
—Un cosilla... si no es de mucha importancia. Lo de la «Superforma», ¿me podrías enseñar cómo se hace?
Goldie dejó el cubierto sobre la servilleta y bebió un poco de agua.
—Deberías ser capaz de usarla. Eres igual de fuerte que Rosie. La gracia es... que no sabemos cómo llamarla realmente.
—¡¿Eh?!
—¿Ah?
Era normal que las caras de los Comandantes fuera esa. Pero era cierto, solo le dieron un nombre provisional. Recién la descubrieron y aún no se decidieron por un nombre.
—¿E-entonces...?
—Yo fui quien eligió «Superforma». Es una forma superior a tu yo habitual, tiene sentido, ¿no? —explicó Rosie su punto de vista.
—Yo lo veo muy de Sonic, ¿eh? —opinó Kyle.
—Era una referencia a Super Vegeta de Dragon Ball Z. Hasta hice el gesto del dedo y todo.
—Mmm... Veamos. Shiro piensa que como reunimos energía natural y la sincronizamos con nuestro ki, «Modo Espiritual» entonces.
—No gusta como suena, koneko-chan. Es muy simple.
—Oh...
—Vestido Mágico —dijo Phoebe—. Después de todo es lo que más destaca de la forma, junto al aumento de poder mágico.
Todos se miraron. Suena bien, pensaron.
—Esta milf tricolor tiene una pregunta.
—¿Sí, Akane?
—Es acerca de los vestidos. Aogami no es capaz de acceder a la forma por sí solo, por eso emplea el poder prestado de Shisui, quien es un Tesoro Sagrado. ¿Eso no lo haría un Vestido de Tesoro Sagrado?
—Mmm... Tienes razón. Qué complicado.
—A mí me preocupa el hecho de que un psíquico como Selene sea capaz de usarlo. ¿No hay efectos adversos? —resaltó el mago alemán cruzándose de brazos—. Yo pregunto.
—No, porque es desatar el poder interno de uno mismo —intervino Bonnie—. Si bien cualquiera puede obtener la forma entrenando, controlar el ki no es en absoluto sencillo, requiere de una gran fuerza de voluntad y concentración. Efectivamente, fue Shisui quien permitió a Aogami acceder temporalmente a la forma.
—Eh, que estoy aquí. No habléis de mí así, como si fuera invisible, ¿queréis? Me hacéis parecer débil.
—El caso de Phoebe es el mismo —le dijo su amiga Claudia.
Simeon y Jose se rieron. Joder, vaya si era verdad que solía pasar por invisible.
—Phoebe-san, ¿tu arco del Amanecer no es un Tesoro? —preguntó la gata tricolor.
—No, es solo un arco que perteneció a mi madre. No es extraordinario ni nada parecido, solo es un arco con alto valor sentimental. Si lo comparamos con Shisui, no vale nada.
—¡No digas eso, hermanita!
—Jose-san, ¿qué hay del tuyo? ¿El kimono lo creó Konnie-chan?
—Así es. ¿Se notó? Je, je... Es bonito, ¿verdad?
—A Jose-san le gustan los kimonos, ¿eh?
—Recuerdo que cuando gritaste «¡Fusión Espiritual!» en la pelea que tuvimos en Hawái, la bufanda creció y vendas cubrieron tus brazos y piernas. Pero no lucía muy fuerte.
—Es que estaba incompleta, Simeon —rechistó Joseph.
—Sí, sí. Jose no era lo suficientemente fuerte como para manifestarme por completo en el plano físico, y luego enfermó gravemente, por lo que estuve fuera de escena aún más tiempo.
—... ¿Qué es este pedazo de déjà vu que acabo de tener, loco?
—Ojo, así que eres capaz de volverte «super» sin su ayuda.
—Y, dime, Jose —cuchicheaba la novia del Emperador—, ¿quién es más fuerte? ¿Rosie o tú?
Pensativo, respondió que «Empate». Selene, su esposa y él eran igual de fuertes.
—Eso me recuerda... —Marina pareció rescatar algo importante—. Goldie, ¿ese vestido de fiesta negro con listones rojos, era un prototipo?
—No —lo negó de inmediato—. Eso solo fue un vestido que improvisé con un poco de magia que me sobraba, no iba a pelear en cueros.
—Gracias a Konnie yo tengo a este chiquitín y puedo tener mi propio Vestido Mágico, aunque más bien es una armadura. —Emma tocó con el dedo la pantalla de su reloj inteligente y una bola azul emergió, adoptando la forma de un león caricaturesco muy lindo—. Esa cosa realmente aumenta la defensa, ¿eh?
Viéndolo, Chocola y Nana se levantaron de sus asientos y comenzaron a acariciar al pequeño felino de color cobalto holográfico que levitaba sobre el dispositivo inteligente.
—¡Qué suave! ¿Puedo cogerlo, tita Emma?
—¿Se alimenta de la batería del Smart Watch?
—¡Oh! ¿Así que ese es tu espíritu, Emma? —dijo Kate.
—¡Qué cosita! ¿Cómo se llama? —preguntó Claudia, acariciándolo. Mediría unos 15 centímetros tal vez.
—Star Leo. Konnie me ayudó a crearlo, no quería quedarme atrás. Aunque solo puedo usarlo durante 15 minutos.
—Nada, nada, yo no hice nada, je, je, je —reía poniéndose colorada.
—Yo quiero cambiar el diseño del mío —comentó Rosie—. No sé, me hace parecer demasiado macarra. ¿Qué cambios podría hacerle?
—¿Por qué no usas el vestido de novia, Rosie? —le sugirió su mejor amiga—. Es precioso y te queda fenomenal.
«El mío tengo que hacerlo más sexy», pensó Selene. «Pero es que me gusta que sea ropa casual».
—¡Me da mucha vergüenza! ¡Es demasiado transparente!
—Oh, yo quiero ver eso. Porfi, Rosie, hazlo. Te lo pido por favor, churri.
—El Vestido Mágico de Shiro está bien, a Shiro le gusta. Aunque Goldie-senpai me riñó mucho diciendo que puedo hacerme mucho daño si me vuelvo adulta, aunque sea temporalmente.
—Te lo expliqué ya, ¿no? Gasta demasiada energía, es peligroso. No lo uses.
—Yo te propongo un cambio, Shiro-chan. ¿Qué tal si haces más corto el kimono y sustituyes la falda larga por una minifalda azul?
—¡Ooooh! Phoebe-chan, eres un genio.
—Ja, ja. ¿Tú crees? Es solo que la costura es lo mío.
—Y las finanzas —añadió Bonnibel.
—¡Yo quiero el mío también, jooo! Soy la única que aún no tiene... Estoy triste, dame un abrazo, darling.
—Marina, ¿alguna idea de qué vaya a ser?
—¡Sí! Será un bikini con un pareo de agua.
—Me gusta, me gusta. Espero ansioso disfrutar de las vistas. ¿Será transparente el sujetador y el bañador también?
—Darling!
—Yo digo que Bonnie cambie el suyo de monja y forma adulta por uno que vaya más acorde con una bruja del hielo, ¿no creéis, chicos? —los animó Goldie.
—¡SÍ!
—Eso no va a pasar.
—¡Una monja loli debe ser! Y en su forma real, que se vean esas inumimis y la cola.
«Me cago en tus muertos, Phoebe. ¿Le dijiste a Aogami acerca de mi verdadera apariencia?».
—No, no, no —se negó Aitor apoyando un pie en la mesa—. ¡Una brujita lobo loli! Que el traje exponga mucha piel, lleve medias altas, sombrero de bruja grande y cetro. ¡¡La forma de Bruja Loli del Hielo suprema!!
Goldie dio un testarazo a la mesa.
—¡APROBADO POR UNANIMIDAD!
—¡¡¡SÍÍÍ!!!
—E-eh... Vale... Lo probaré.
Akane se partía la caja. «Esto fue cosa tuya, ¿verdad?».
—Chicos —les llamó la atención la sirvienta inglesa Kate Onion—, la espada está brillando.
—¿Eh?
Parte 7
La katana negra que fue dejada en un cojín en el piso inferior estaba parpadeando con un color morado. Cualquiera diría que por estar levitando se lanzaría a la yugular de uno de ellos. Sin embargo, partículas mágicas se reunieron alrededor de su afilada hoja y desarrolló una forma humana, sorprendiendo a todos, incluido Aogami. Hasta el momento él solo había visto su forma real en su subconsciente.
Shisui apareció tal y como fue traída al mundo. Piel blanca y tersa, abundantes pechos y excelentes proporciones que seducirían a cualquier hombre, larga cabellera púrpura hasta la parte baja de su espalda y ojos del mismo color. Con mirada seria como si tramara asesinar a alguien y, apretando sus puños, caminó como un soldado hacia el líder de los Supernovas y se sentó en posición seiza. Increíblemente, lucía muy dócil.
—Joseph. D Lemon... No, Jose. Yo, Shisui, he tomado mi decisión. ¡Deseo que me haga suya!
—¡¿Eeeeeeeh?!
—O-oye, oye, más despacio.
—¡¿Pero tú quién coño te crees, espada maldita?! —se le encaró Kon, su espíritu contratado—. Veo que necesitas gafas. ¿No me ves que estoy aquí? ¿Y qué es eso de «quiero que me hagas tuya»? Ve a ponerte algo de ropa, ¡desvergonzada!
—Estoy hablando muy seriamente —respondió a la kitsune de las nieves sin pestañear lo más mínimo pese a encontrar su rostro a centímetros del suyo—. Deseo que me haga su hoja, Lord Jose; seré su espada y serviré de escudo; seré su sombra; lo acompañaré como su escolta, tanto en las laboriosas actividades del caluroso día como en las frías noches en el lecho. Podrá usarme como usted desee; soy suya en todo aspecto, sea cuerpo, mente o alma.
—¡Increíble, esa espada se robó hasta mis diálogos! —exclamó realmente frustrada la sirvienta inglesa.
—Pero... ¿Por qué yo? ¿No habías elegido ya a Aogami como tu dueño?
—Usted ha demostrado ser un mucho mejor amo y un genio de la batalla; nos derrotó a mi amo y a mí fusionados estando en nuestro cénit aun conteniéndose. Por favor, se lo ruego desde lo más hondo de mi corazón. —Shisui se arrodilló, agachando la cabeza—. ¡Hágame su espada!
«¡A la mierda! ¿Cómo se supone que actúe en una situación así?».
—E-eh... Ciertamente la oferta es muy suculenta, pero... Aish. Me sabe mal, pero voy a tener que declinar la oferta, Shisui. Ya tengo a mi compañera, Kon. Tengo novia, hija y amantes. Siento mucho si decirte que no hiere tus sentimientos. ¿Vale?...
—... Entendido.
Diciendo eso, regresó a ser una simple espada de acero negro. Todos se quedaron en silencio. ¿Qué demonios acababa de pasar?
Parte 8
Aitor se levantó de la mesa, decidido a mostrar su habilidad oculta finalmente (aunque presionado por Phoebe). Se aclaró la garganta y dijo:
—¡Damas y caballeros, y niñas! Si me permiten, voy a hacerme con mi arma especial para que vean cuán habilidoso soy. ¿Les importa esperarme?
Las risas no se hicieron esperar. ¿Qué iba a hacer? El muchacho de cabello castaño con el flequillo mojado de musgo bajó las escaleras y se dirigió al cuarto de baño. Unos segundos más tarde regresaba con un cepillo en sus manos y retiró una de las sillas, ofreciendo a cualquiera de las chicas a sentarse.
—¿Mm? ¿Nos vas a peinar, Aitor? —se preguntó Emma.
—Sí.
—¡Así es, se le da muy bien cepillar el pelo! —lo halagó la prima de su novia.
«Y no es solo el pelo. Esto es más bien un castigo, ¡una ejecución!».
—Qué asco, Phoebe-senpai está haciendo la misma sonrisa que su hermano.
—¿Eh? ¿Qué? ¡C-claro que no!
—¿Quién quiere ser la primera?
—¡Yo misma! —se ofreció voluntaria Kate—. Sé gentil, por favor.
—Sí, tú tranquila, yo nervioso. A ver, primero debo usar mis dedos.
Acomodándose en la silla, se sentó recta, y él procedió a cuidar de su cabello. Primero, sosteniéndolo con sus manos y formando con sus dedos una garra, iba deshaciendo los nudos. Las mejillas de Kate se sonrojaron.
—Ah~. Eso hace cosquillas.
—Tienes el pelo muy largo, hay que deshacer los enredos primero. ¿No tienes calor?
—No, me siento bien así.
—No lo dudo, es un pelo muy bonito y brillante. Es como el de Goldie, pero en negro.
Mientras le daba conversación, mejor aspecto iba tomando la melena de la autoproclamada sirvienta.
—Bien, voy a cambiar al cepillo.
Brush, brush. Brush, brush. Un sonido que parecía una canción. Mientras le iba arreglando el cabello, el tono rojizo de sus mejillas se hizo aún más evidente.
—¡Ah~! —Avergonzada, fingió toser y se cubrió la boca.
—¿Te duele? ¿Se me enganchó en alguna parte?
—N-no, no. No es eso. Sigue, por favor.
Se mostraba inquieta, su respiración algo agitada y había hasta cerrado las piernas. Sus ojos brillaban como dos luceros. Se sentía tan bien. Su voz se había hecho de repente mucho más pesada y lágrimas aparecieron en las orillas de su ojos.
—Aitor... Aaahn~.
—¿Pasa algo?
—N-no, nada. Continúa, por favor.
—O-okay.
Brush, brush. Brush, brush.
—~~~. Aitor... ¡Hyan~!
—¡¿Eh?!
«¿Eso fue lo que creo que fue?».
Un gemido. Realmente Kate soltó un gemido de placer ahí mismo.
—A-ah... —Aitor estaba temblando, metió la pata, hasta el fondo.
—¡Sigue, n-no hay problema! Mmm~. ¡Aaahn~! Uuuh~.
—¿Podríamos decir que «se la está cepillando»? —dijo Simeon.
—Sí... Totalmente.
—Ku, ku, ku —rio Goldie—. Parece que Kate por fin se ha dado cuenta de qué tan terrible es este castigo. El ángel servidor está ahogándose en placer.
—Bien, listo.
Cuando anunció que la sesión había terminado, la chica de 14 años se desplomó igual que una marioneta a la que le cortaron los hilos, finalmente pudiendo respirar. Su pelo quedó precioso. No sabían qué responder. Por un lado, eso era demasiado vergonzoso, y por el otro claro que querían que las peinara.
—¿Quién es la siguiente? ¿Nadie?
—Ara, ara, entonces yo me apunto. Seguro que no es para tanto.
La cara de Simeon no tenía precio.
—A eso llamo yo una habilidad aterradora.
—Jose-senpai, ¿me cepillarás también el pelo?
—Sí, por supuesto.
—Gracias —le dijo apoyando su cabeza en su pecho.
Al final, aunque si bien Akane aguantó mejor que Kate conteniendo sus gemidos, terminó en un estado aun mucho peor que ella.
Parte 9
La cena y el ambiente de fiesta continuó sin más incidentes. Preocupante desde luego eran las palabras que Shisui le había dedicado al albino. Esta quería abandonar a Aogami. ¿Se debía a que había sido deshonrada al ser violentamente derrotados? Y no solo ya por él y Kon, de no contar con rehenes, Rosie y Selene habrían podido derrotarlos también.
Nana quería quedarse en el velero de Bonnie y viajar a España, logrando convencer a sus padres de ello. Total, sería un intercambio. Primero Simeon se quedaba con las niñas, ahora le tocaban a él. Despidiéndose los Comandantes, se teletransportaron dados de la mano con Simeon a la isla. Pasarían la mañana de compras y, una vez salieran ellas del instituto, irían a darse un relajante chapuzón a unos baños termales bastante conocidos.
Tranquilamente tendido en el sofá, eran ya más de las doce de la noche. Estaba tendido en el sofá viendo un concurso en la televisión con su amante felina Shiro y su hija, mientras comía pimientos. No podía parar de darle vueltas a la cabeza por lo que había hablado en privado con Claudia antes de irse estos.
—Dime, ¿de qué quieres hablar?
—Verás. Es algo muy importante para mí. Me gustaría que no le dijeras a nadie, solo puedo confiar en ti, Jose.
—Claudia, me estás asustando. ¿Qué es tan importante como para que ni Simeon pueda saberlo?
—Escúchame bien, con los cuatro oídos. Quiero que...
Sacudiendo su cabeza, era imposible que durmiera en condiciones esa noche. ¡Eso era un recado demasiado importante! ¡Por no decir un proyecto de vida! Pero... Quizás no había de otra. Solo les quedaban dos años de vida en este mundo. No podía negarse, era su mayor deseo. Y se lo había confiado a ellos, sus «enemigos». En ese momento, un brillo púrpura y una adolescente desnuda de grandes pechos interrumpió sus pensamientos. «¿Otra vez?», pensó.
—Amo Jose.
—¿Quieres uno? —le preguntó, ofreciéndole un pimiento marrón.
—Luego. Deseo hablar seriamente con usted. En privado, si es posible.
—¿Tan importante es como para que no puedan escucharlo Shiro-chan y mi hija?
—Mmm... No. La verdad que no.
—Ay... —suspiró—, cuenta.
—Deseo reconsidere su opinión. Por favor, hágame su hoja; seré plenamente feliz.
—¿Por qué precisamente yo? No soy ningún espadachín. Elegiste a Aogami porque te recordaba a tu dueño original, Kusanagi Yato.
—Su maestría con la espada no tiene igual; por favor, piénselo.
—Shisui, soy un luchador mixto. ¿Por qué no se lo pides a Aitor mejor?
—¡Ni de coña! —gritó Goldie desde la cubierta.
—Por eso mismo —señaló la espada—. Usted fue capaz de no solo igualarnos, sino de superarnos; comprendió, se anticipó y reflejó todos y cada uno de nuestros movimientos; incluso nuestra mejor técnica juntos.
—Ese no era yo, apenas sé usar una espada bien. Solo copiaba con mis ojos. No he aprendido nada, aun si te empuñara no podría hacer todo eso.
—¡Yo puedo enseñarle! Soy una espada maldita, con mi posesión aprenderá a usarme en poco tiempo. Nos volveremos uno solo, un único corazón en el feroz y ardiente campo de batalla.
—Lo siento, pero no me interesa el camino de la espada.
«Eso, y me da mucha pereza tener que mantener un arma».
—¡Por favor se lo ruego! ¡Le debo la vida! Me salvó entregándome su energía vital para que no desapareciera.
—¡Cualquiera haría eso! Los espíritus necesitáis un dueño que os provea de magia, si no desaparecéis en cuestión de tiempo. No debes sentirte en deuda conmigo. Aogami y tú estabais en drenado mágico, podríais haber muerto. Adrede, he visto tus habilidades, ¿desearías que levantara tu maldición? Puedo hacerlo, es tan sencillo como que expulses el miasma y lo agarre.
—Siento decirle que eso no será posible. No soy comparable a otras herramientas malditas.
—¿Cómo dices? —interrumpió Shiro.
—Mi corazón, el odio y la maldición corren por mis venas; yo nací maldita; fui forjada a partir de acero negro, a partir de otras herramientas malditas como espadas, lanzas, martillos y escudos. Las pulsaciones de la oscuridad y demonios laten dentro de mí, deseando la destrucción. La maldición es el núcleo de mi mismo ser, de mi existencia. Eliminarla significaría devolverme a la nada, a muerte, una normal espada.
—Mmm... Te digo yo que eso no funciona así, no morirás si te la quito. Respecto a tu habilidad, que es producir sangre venenosa, ¿cuál es tu desventaja? Pregunto.
—Preciso beber un litro de sangre de mi contratista al menos dos veces por semana, a veces tres. Y es posible que, conforme pase el tiempo, requiera de más sangre, o incluso tener que asesinar a otros. No desearía tener que llegar a tales extremos, no después de haber disfrutado de la paz y felicidad que se viven en esta época gloriosa.
—Tranquila, te la quitaré, te prometo que no morirás. He escuchado de un pajarito que te gusta el anime y los videojuegos como Aogami, ¿quieres jugar con nosotros luego?
—Por supuesto, Lord Jose.
—Eh... Te equivocas, aún no he aceptado ser tu amo. Y, dime, ¿es necesario sellar el pacto de esa manera? ¿Es que Yato jamás te tocó?
—No; jamás sintió atracción sexual alguna hacia mí. Fui robada por él y me dio forma; me dijo que le recordaba a su fallecida hermana pequeña.
«Increíble, incluso ese monstruo tenía su corazoncito... Aunque no quita que fuera un hijo de la gran puta infinito».
—Un beso sincero en los labios basta.
—Nope —se negó de inmediato.
—Me niego —dictó sentencia Shiro.
—¡Mmm! ¡Papá, se lo voy a decir a mamá!
—Je, je, como ves, no va a poder ser. Dime, ¿no quieres volver con Blau?
—Si ese es el caso, regresaré. Pero me gustaría, si fuera posible, quedarme con ustedes de vez en cuando.
—Sin problema.
—También, desearía dormir esta noche con usted para seguir platicando y, ya sabes, quizás podríamos...
—Hoy es nuestra noche de sex... —Enseguida le cubrió la boca, metiéndole un chile habanero—. ¡Mmmm! ¡Que pica!
—¡Delante de la niña no, Shiro...!
Mientras ellos dos jugaban y Chocola se llevaba otro pimiento a la boca mirándolos pelear, Shisui con curiosidad cogió un pimiento de la bolsa de plástico adornada con colores mexicanos. Pensó que no picaría tanto, pues ellos dos los estaban comiendo sin problema como aperitivo aun después de haber cenado. De inmediato comenzó a llorar. La curiosidad mató al gato, pero este murió sabiendo... o con la lengua chamuscada por la capsicina.
—¡En serio, ¿cómo pueden comer esto?!
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