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Aquella mañana el sol resplandecía incluso más que en muchas ocasiones haciendo que las escamas de Fuegosol se fundieran con él cuando esta pasaba por delante. Pero el dragón de Aegon no iba solo, aleteando varios metros por encima de él iba la vieja Vhagar quien rodeaba poniente en círculos precisos iguales a los que trazaba el dragón más joven a una distancia más cercana al suelo donde todos los ciudadanos salían eufóricos de sus casas para verle.
Aquel vuelo conjunto condujo a la multitud a donde en realidad eran citados: En pozodragón, únicamente para presenciar la coronación de su nuevo rey Aegon Targaryen.

Las personas aclamaron cuando los dragones tocaron la tierra haciendo retumbar el suelo, de Fuegosol había descendido Aegon y le seguían de cerca a sus acciones Aemond acompañado de Valerys para sorpresa de todos.

Aegon echo una mirada rápida a su hermano y esposa antes de tomar una bocanada de aire y comenzar a avanzar directo a las puertas de pozodragón rodeado de guardias que le abrían el paso entre las multitudes, Valerys había sonreído mientras realizaba un leve gesto con la cabeza que el rubio bien sabía lo que quería decir, ella estaba allí acompañándole por lo que no tenía nada de lo que temer o avergonzarse.
Aunque toda esa situación le causaba una inexplicable sensación que no podía reconocer, tal vez eran nervios sin embargo estaba seguro que eso no era lo único que le sucedía. Si se ponía a pensar en profundidad encontraba una gran responsabilidad el hecho de ser rey como tal, él no quería eso, nunca había querido eso más su madre se había encargado de repetirle un sin fin de veces que era lo que le había tocado simplemente por respirar; pero él no lo quería realmente y le asustaba el hecho de sentarse en un trono sin saber absolutamente nada de las decisiones que debería tomar.
Pero le dejaba tranquilo el que Valerys y Aemond estuviesen a su lado, por un lado su hermano era muchísimo más vivaz y estaba completamente relacionado con la corte. Por no hablar de que era un guerrero excelente. Y cuando sus deseos nublaran su juicio, era usual que Aemond se dejase llevar en ciertas ocasiones, tendría a Valerys que le había demostrado el estar convirtiéndose en una mujer fuerte e imponente. Incluso más que cualquier persona que él hubiese conocido.

No supo cuándo se implantó aquella idea en su cabeza, pero siempre supo que Valerys y Aemond podrían conquistar los siete reinos si actuaban en conjunto. El ingenio y la audacia de su hermano encajaban perfectamente con lo humana e intrépida que era la castaña; aunque fuesen dos personalidades completamente diferentes veía como Aemond se dejaba llevar cuando de ella se trataba.

De igual forma en la que habían rodeado al futuro rey, los caballeros de la guardia real se colocaron en círculo rodeando a Aemond quien tenía la mano de Valerys sobre su antebrazo desafiando a cada una de las miradas de sorpresa que las personas esbozaban a su alrededor. Más ninguna se comparó con la cara de su madre al verles de ese modo, su sonrisa se desdibujó y tuvo que sostenerse de Otto Hightower, quien refunfuñaba por lo bajo, para no caer sentada al suelo mientras su hijo mayos avanzaba delante y lo seguían la futura reina, no junto a su esposo sino, junto a su hermano.

Más los tres jovenes avanzaban a paso firme sin abstenerse a mirar a nadie aun así sabiendo que incluso el consejo privado les observaba con desaprobación.

Aquello lo había propuesto Aegon, no el hecho de sobrevolar poniente y aterrizar en sus dragones ya que eso era obra únicamente del tuerto, sino el que los demás comenzasen a reconocer tanto a Valerys como a Aemond como autoridades iguales de importantes que él en su totalidad.

Aunque al principio los ciudadanos se mostraban algo estupefactos, y dudosos acerca de su nuevo rey, la coronación terminó llevándose a cabo de una forma muy fructífera donde incluso vitorearon con esmero al rubio cuando esté levando la espada de Aegon el conquistador mientras en su cabeza portaba la corona de rubíes perteneciente también a su antecesor.
Valerys no pudo evitar sonreír luego de soltar un respingo al ver a su esposo sonreír a la aglomeración dejando de llevar por sus vítores enloquecidos. Le querían, le aclamaban y confiaban en el como un rey incluso aunque hacía momentos hubiesen dudado.
La castaña había tenido que morderse el labio para calmar en frenesí que le causaba ver a Aegon convertirse en el monarca más importante de los siete reinos, el cosquilleo se extendía por su cuerpo completo llegando a detenerse en la zona baja de su barriga. Trago saliva con dificultad al notar que aquello le generaba esa clase de sensaciones más no se sintió avergonzada, era su rey y lo que le generaba aún más entusiasmo, era su esposo.

Al igual que habían arribado allí los nuevos monarcas se habían retirado junto a sus dragones observando que, de igual forma en la que habían ingresado, Valerys no volaba con Aegon en Fuegosol sino que la castaña montaba a la majestuosa Vhagar con Aemond cuidando su espalda.
Y aquello era en parte por qué Fuegosol aún no estaba acostumbrada a la presencia de la castaña junto a ellos a diferencia de Vhagar quien estaba vieja y resignada.
Fuegosol no sería tan fácil de montar como la dragona de su hermano, Aegon bien sabía que si bestia al ser más joven era más irascible y se enfadaba con facilidad. No correría el riesgo de volver a poner a Valerys en peligro con un dragón; cada vez que lo recordaba se decía a sí mismo que había sido un completo idiota y le causaba escalofríos el pensar que Fuegosol podría haber cometido el acto atroz de matar a la Tyrell por una broma suya de mal gusto.

Ambos dragones se pasaron lo que quedaba del día sobrevolando poniente, incluso trazaron un recorrido sobre el ojo de los dioses mientras intercalaban sus alturas. Volar era una de las actividades que más les conectaban, además de sus aventuras nocturnas.
Era algo que encontraban en común para pasar un tiempo más a solas, algo que era satisfactorio para los tres y que les encajaba de una manera que era más que difícil de explicar. Como si una fuerza invisible les abrazara, y no, no era solo el hecho de volar, era el estar haciéndolo juntos interaccionando por encima de los cielos.

Lo primero que Aemond vio al poner los pies en la tierra fue el rostro de su madre que le hizo querer voltearse y subir a su dragón de nuevo.
La mujer estaba pálida, con los brazos cruzados sobre el pecho y con una mueca asesina que le hacían saber que estaba completamente en desacuerdo con lo que había visto, la mirada de Alicent se clavó en su hijo menor con sosiego ya que fue al primero que vio bajar.

—Esto es completamente incomprensible —chilla sin poner su vista en la castaña quien acababa de dar un salto que le había dejado con los pies sobre la tierra.

Alicent frunció la nariz cuando llegó a sus fosas nasales el aroma hediondo de los dragones que poco soportaba.

— ¿El que madre?

— ¡Todo este circo! —vuelve a vociferar. — ¿Como quieres que te tomen en serio de este modo, Aegon? ¿Paseos en dragón? ¿Tu hermano sosteniendo el brazo de tu esposa?

Le cuestiona a su hijo mayor desviando la mirada por sobre el hombro de la actual reina.
La castaña entonces se giró apenas encontrándose con que su esposo estaba a su lado retirando los guantes de sus manos.

Aegon dejó caer una mano sobre la cintura de su esposa y le atrajo apenas contra su cuerpo antes de responderle a la mujer.

—No le veo lo malo, madre.

—Es majestuoso; ¿no lo crees? —la Tyrell observó a la mujer mientras se sentía algo reconfortada por su esposo para comenzar a hablar —. Dos hermanos, la sangre del dragón conjunta compartiendo el poder —Alicent abre la boca algunos centímetros incrédula de lo que está oyendo.

— ¿Te has vuelto loca cariño?

—Es lo que Aegon el conquistador hizo —reafirmó ella.

— ¡Pero Aegon no es el conquistador! —su grito hace que los tres jóvenes se estremezcan apenas — ¡Las personas sólo lo verán como una calumnia! No pueden hacerle esto a nuestra familia —de pronto el tono de voz de Alicent se había suavizado y en sus ojos habían comenzado a acumularse lágrimas que no tardaría en soltar.

—Jamás vieron como una calumnia la unión entre Aegon y sus dos hermanas —insistió el mayor.

— ¿No estarás insinuando que...? —la madre de ambos se encarga de pasar su mirada por cada uno de ellos mientras soltaba una exclamación ahogada. —Ustedes... hundirán el reino —refunfuña por lo bajo —.Los dioses nos castigaran por esto.

Señala y no deja que ninguno de los jóvenes pueda responder antes de tomar sus faldas y dar media vuelta para salir de la fosa con paso rápido y las lágrimas deslizándose por sus mejillas, por no hablar de su corazón que parecía que iba a saltarse de su pecho.
Jamás podría odiar a Valerys pero ella tenía absoluta culpa de todo aquello, había corrompido a sus hijos desde el momento en el que había incitado a Aemond a conseguir un dragón y ella no lo había podido ver. Ahora era demasiado tarde, ahora era ella la que gobernaba los siete reinos y estaba haciendo lo que se le daba la gana sin pensar en el deber o las consecuencias. Tal y como Rhaenyra lo había hecho pero Valerys era diez veces más silenciosa y eso la convertía en un peligro más imponente.

—Eso fue intenso... —comentó el rey mientras palmeaba a su dragón antes de que los entrenadores se lo llevaran de nuevo a la fosa.

—Un poco descarado por su parte —sugiere el tuerto mientras apoyaba las manos sobre los hombros de la joven —ambos podrían haber sido algo más suaves. —Recalca —es un tema delicado.

—Ella jamás fue delicada. Con ninguno de nosotros.
Destaca su hermano.

—Mhh...

Valerys mira a Aemond quien se había puesto tenso de repente, el tuerto deja que la joven le endulce con su sonrisa antes de depositar un beso en su frente.
Más fue Aegon quien le tomó la mano a su esposa y los tres juntos, como se estaba haciendo costumbre, salieron en dirección al carruaje que los esperaba tras las puertas de la fosa.

Ay no saben lo que ame este capítulo.

Y aclaró una cosa.
No incluí la escena de final de Rhaenys que se da en la serie porque me pareció que no tenía demasiado sentido con la trama, realmente me pareció un hecho innecesario que en los libros no sucede entonces decidí no incluirla para un mejor desarrollo.
Eso no quiere decir que Rhaenys no halla huido a notificarle a Rhaenyra.
Sólo que me pareció algo desconcertante que Meleys solo les rugiera y no les prendiera fuego a todos sabiendo que habían usurpado el trono. O sea por qué Rhaenys dejaría que se desenvuelva una guerra que podía frenar teniendo desde el minuto uno.
En fin, sentí que no tenía mucho sentido y decidí que es algo irrelevante.

Pero bueno, espero que hayan disfrutado del capítulo y perdón por actualizar tarde pero es que me levanté hace un rato jeje.

Gracias a todos por las leídas, no olviden pasarse por Tik Tok (ItsRaughan) dónde suelo subir muchos adelantos y edits de la novela.

Tampoco olviden pasarse por mi otra novela de Aegon y Aemond titulada el dragón de dos cabezas.

Los amo mucho, y nos vemos mañana.

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