26

Luego de la cena de aquella noche Alicent y Valerys recorrían los pasillos de la fortaleza roja a paso lento y con sus brazos entrelazados mientras conversaban animadamente.

—La boda de Kennat y Helaena tendrá que celebrarse aquí en Desembarco del Rey —Explica la mujer —El rey en su estado deplorable no sería capaz de resistir el periplo hasta Altojardin.

—Estoy segura de que será igual de hermosa —Da fe la joven doncella mientras le mira con una mueca simpática —Helaena adorara Altojardin.

Alicent no parece convencida, en su lugar suspira con la mirada baja —Ella es una joven tan... Especial —Hace énfasis en aquella palabra —Tan inocente —Sopesa —Temo que le afecte el estar lejos de aquí —Pestañea rápidamente para evadir cualquier gesto de disgusto. Lo que no le agrada realmente es que después del matrimonio, su hija deberá tomar vivienda lejos de su familia.

—Kennat le hará sentir como en casa —Asegura el girasol —Aún sin haber compartido mucho tiempo juntos mi hermano adora a la dulce Helaena —Asegura —Es de los pocos hombres que se conservan castos hasta el matrimonio —Confiesa.

—Tus palabras son música para mis oídos —Suelta un suspiro de alivio, aquellas palabras lograron aliviar de gran forma a la mujer.
Aunque su quietud duró bastante poco ya que ñor superaba ver a su hijo de pie junto a las puertas de los aposentos de nada más, ni nada menos, que su joven acompañante —Aemond —Manifiesta con sorpresa mientras le observa de arriba a abajo sin dejar pasar que sostiene una capa en uno de sus brazos.

—Madre —La observa —Lady Valerys —Realiza una pequeña reverencial

—Príncipe Aemond —Valerys inclina levemente la cabeza dejando escapar una sonrisa — ¿Se le ofrece algo?

—De hecho si, pero viendo que tiene compañía volveré más tarde...

—Nuestra charla acababa de terminar —Comenta su madre antes de que la joven pudiese contestar, aunque Alicent está desconcertada por verle allí intenta mantener la calma —Iba de camino a la cama —Aclara.

—En ese caso, que tengas buenas noches madre.

—Buenas noches para ustedes también —Observa a ambos con poca convicción y mientras ella intenta normalizar su respiración los jóvenes le observan alejarse.

Ninguno de ambos habla hasta que ya no le ven.

— ¿Puedo? —Pregunta Aemond desdoblando la capa y dejándola a su vista, ella frunce el ceño.

— ¿Que es eso? —El rubio procede a rodear a la joven por encima de los hombros con la túnica mientras ella habla —No iremos a la biblioteca ¿Verdad?

Sus miradas se entrecruzan estáticas por varios segundos.

—Supones bien —Puntualiza mientras le cubre la cabeza con la tela —Mis planes son distintos esta noche —Él le tiende una mano —El tiempo apremia.

—Entonces, ¿Que es lo que estamos esperando?

Ella sonríe traviesa y Aemond no puede evitar sentirse como un niño de nuevo.

Valerys le toma la mano y ambos recorren los pasadizos del castillo hasta salir de el, ella se ve sorprendida cuando se encuentra caminando entre las calles angostas del lecho de pulgas, aunque no es algo que le moleste o le haga sentir incómoda.
Durante un tramo va observándolo todo, es la primera vez que está allí y cada cosa que ve despierta en ella cierta curiosidad, tanto las comidas, como las personas, todos parecen extrañamente libres allí.
Aunque Aemond camina detrás, va mirando detenidamente a su joven acompañante fascinado por fisgona que Valeria resulta, tiene que reprimir una sonrisa cuando ella se acerca a un grupo de niños mugrientos y les invita a bailar al ritmo de las melodías callejeras que se escuchaban a lo lejos.

Harta de sus zapatos, Valerys se los regala a una prostituta que halago su silueta y se dedicó a correr descalza por las calles mojadas, Aemond se ve obligado a hacer lo mismo para seguirle el ritmo.
Le sorprendía como las tornas habían cambiado, se suponía que él iba a darle un paseo, pero aquello le gustaba más que una simple caminata por las calles de seda.

Valerys vuelve a estar rodeada de cuerpos danzantes cuando se acerca a un grupo de mujeres que bailaban en una ronda, la joven se les une sin problema alguno y solo se detiene cuando el príncipe le tiende una mano.
Ella le observa incrédula durante algunos momentos aunque termina por acertar la invitación y él le hace girar varias veces sobre si misma al ritmo de la música para luego tirar de su agarre y atraerle sobre su pecho.
Algo revolotea en el interior de ambos cuando se miran, el fuego se enciende cuando Aemond posa su mano sobre la mejilla de la castaña y sus rostros se acercan.

Con las respiraciones entremezcladas la distancia se va a acortando en un tiempo que parece eterno mientras sus ojos no se despegan.

Mas es el muchacho quien vuelve a erguir su espalda haciendo que el momento se disuelva mientras observa un punto fijo a espaldas de la joven.
Valerys frunce el ceño y se voltea pero no logra ver lo que Aemond observaba.

— ¿Sucede algo? —Pregunta ella mientras una extraña sensación le recorre el cuerpo.

—Aún falta la mejor parte —Susurra para evadir aquel tema.

— ¿Aun hay más? —Valerys abre los ojos con sorpresa a lo que él ríe.

Aemond vuelve a entrelazar sus manos y ambos se ponen en marcha hasta Pozodragon donde le rubio se encarga el mismo de liberar a su dragona de las cadenas que le impiden la libertad.

—Adelante —Indica el joven —Acércate —Ella le observa extrañada durante algunos segundos pero luego procede a caminar en soledad hasta Vhagar mientras que el príncipe le observa con detenimiento, en efecto su dragona parece tranquila.

—Likirī Vhagar —Valerys pone una mano sobre ella, la bestia resopla ante el tacto más no parece enfadada.
Son las manos de Aemond en sus hombros las que le distraen.

—Ya casi estás lista para la mejor parte —Susurra en su oído haciéndole estremecer.
El príncipe toma su mano y le guía lejos del dragón, de igual modo se coloca detrás de ella mientras ambos observan al animal —Repite en voz alta, Dracarys Vhagar —Murmura sobre su oreja.

Valerys abre los ojos del golpe y le observa de soslayo.
— ¿De veras puedo...?

—Con cuidado princesa.

La espalda de la joven se endereza cuando la mano del rubio se posa en su cintura.

—Dracarys Vhagar —Ordena estridente y ambos observan como la dragona eleva su cuello y lanza una llamarada de fuego al cielo.

Para ese entonces Aemond tiene una mano sobre la cintura de la joven, mientras que con el otro brazo rodea su cuello haciendo que la espalda de la joven repose sobre su pecho.

TODOS ESTAMOS GRITANDO EN VALYRIO ¿NO?

Lassssss cosaasss se ponen buenassss 🤭.

¿Que les pareció el capítulo?

No se olviden que en TikTok subo edits de la novela todo el tiempooo (youngmadeon_), hoy voy a subir uno de Aegon que 😍.

Así que nada, GRACIAS POR LAS LEÍDAS Y POR EL AMOR QUE LE PONEN, y nos vemos esta noche ❤️.

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