A las puertas del olimpo
No me lo puedo creer, una gabardina, solo una gabardina, cuando empecé a hablar con él lo note un poco distante, pero sus palabras desprendían más calor que una estufa de pellets. En el mensaje ponía que quería que nos viéramos en su casa y que solo llevara una gabardina y unos tacones rojos a juego con mis labios... y aquí estaba yo, en pleno invierno, en la puerta de casi un desconocido, con solo una gabardina y tacones rojos...la espera, los nervios me mataban... y entonces abrió la puerta...
Parecía un dios griego, moreno, de ojos azules como el mar, tragué saliva al mirarle a los ojos, su sonrisa pícara al verme delató que sabía que había seguido sus órdenes, pero fué al mirar su cuerpo completamente desnudo que mi corazón se paró, sus esculpidos brazos, piernas, pecho y abdomen como si dios hubiera cincelado cada músculo en piedra, pero lo que realmente me paró el corazón, fué el ver su portentoso miembro preparado para empalarme por cada uno de mis orificios...
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