16. under pressure


・:*:・゚☆∥ 16. under pressure

❝ if you're not going to swim deep with me, then get out of my waters. ❞ *

AÚN CON SU MEDIO DE TRANSPORTE MEJORADO, Morgan no había logrado llegar a tiempo a la escena de acción. La culpa era del comensal que no lograba decidir entre leche de coco y leche de almendra para su latte en su nuevo trabajo de Jitters.

Un poco tarde, pero ya en su traje, Morgan apareció frente al edificio de Industrias Rathaway, donde Flash ya se encontraba encarando a la amenaza. Sin duda debía de tratarse de Hartley, el mismo que había atentado contra el hogar del Dr. Wells pocos días atrás. Entre Cisco, Caitlin y Wells pusieron a Barry y a Morgan al corriente con su perfil.

Casi siempre era un patán, lo había descrito Cisco sabiamente, pero de vez en cuando podía ser un idiota.

Lo primero que alcanzó a ver fue a Hartley disparando un ataque de sus manos contra la figura escarlata, mandándolo a volar por los aires. El cuerpo del héroe se estrelló contra una estructura de cristal que adornaba las afueras del edificio de Industrias Rathaway. Sin más tiempo que perder, Morgan utilizó sus poderes para intentar frenar la caída de su compañero al absorber su energía potencial gravitacional. Su intento de ayudar no funcionó, pues realmente su experiencia con ese tipo de energía era nula, pero la intención era lo que contaba; Barry azotó contra el suelo, rodando en su espalda.

―¡Ups, perdón! ―exclamó con una mueca.

―Oh, genial ―se quejó Hartley al verla y en un latido ya había alzado las manos en su dirección.

―¡Hey! ¡Wow, wow! ―exclamó, frenándolo unos momentos―. ¿Por qué harías eso? Acabo de llegar, no seas maleducado.

Él le dio una risa sarcástica.

―No sabía que vendría la compañerita de Flash, ¿a qué se debe el honor?

El ceño de Morgan se frunció y abrió su boca en incredulidad.

¿Cómo me llamaste? ―miró a ambos lados, buscando las miradas de los policías que los rodeaban―. ¿Escucharon cómo me llamó?

―Dije que...

―Bien, bien, ¿por qué no saltamos a la parte en la que te rindes? ―lo interrumpió tajante.

―¿También me vas a dar el discursito de que me darán una paliza y bla, bla, bla?

Ella enarcó una ceja y miró al velocista de reojo, quién se encontraba sacudiendo los cristales de su traje.

―¿Ya le diste el discursito, Flash? ―Él asintió pronunciadamente―. Mmmh, genial. Entonces, atrapa esto.

Intentando ser lo más veloz posible, disparó una esfera de energía hacia su cabeza, obligándolo a agacharse. Antes de que Morgan pudiera ser recibidora del ataque respuesta de Hartley, el velocista corrió a tomarla consigo y comenzar a depositarla en distintos lugares que rodeaban a su objetivo. Bajo esta técnica, Sapphire aparecía y desaparecía circulando al sujeto, lanzando esferas de descargas eléctricas que lo inmobilizarían. Uno de estos ataques alcanzó a Hartley, haciendo que este cayera de rodillas. Como cereza de pastel, la última locación en donde Barry depositó a Morgan fue justo a un lado del joven. Sin darle tiempo de reaccionar, ella le cruzó el rostro con un gancho derecho.

―¡Uuuuh, auch! ―exclamó con burla, viendo a Flash tomar posesión de los guantes en sus manos que causaban los ataques―. Disfruta del puño de la compañerita de Flash, Hartley.

Flash se rio a sus espaldas, mostrando los guantes como botín.

―Parece que no eres tan listo como todos dicen.

―Pero lo suficiente para descubrir quién es Harrison Wells en realidad ―contraatacó el ojiazul mordazmente―. Verás, conozco su secreto.

Morgan y Barry intercambiaron una corta mirada de duda.

―¿Ah sí? ―respondió con curiosidad―. ¿Cuál es?

Hartley comenzaba a sonreír con malicia, cuando el velocista los interrumpió.

―No le des cuerda. No es alguien de fiar.

Ella lo miró con reclamo.

―¡A nadie dañaría escuchar lo que tiene que decir! ¿Qué tienes por decir, Hartley?

―Sapphire ―determinó el héroe con seriedad―. Ahora no.

Morgan se resignó de mala gana.

―Bien, como sea.

Hartley le fue fiel a la previa descripción que sus ex compañeros de trabajo le dieron. Los sorprendió siendo poliglota como bonus; nadie nunca había logrado ser un idiota en tantos idiomas. A Morgan le causaba un poco de gracia. Lo puso a prueba hablando un idioma que ella misma había inventado en el momento, y el engreído aseguró conocerlo también. Sin embargo, no importara lo imbécil que fuera, Hartley terminó siendo un imbécil honesto.

Efectivamente, él conocía el secreto del Dr. Wells, y vaya secreto que era. Tarde o temprano salió a la luz. El hecho de que hubiera sido Hartley Rathaway el que les haya dicho la verdad solo lo hacía mucho peor, pues como había sido descrito previamente, él era tremendo patán.

El famoso Doctor Harrison Wells les confesó que Hartley le había advertido sobre la posibilidad de que el acelerador explotara, pues los cálculos no eran cien por ciento correctos. Él ignoró la advertencia, aceptando el riesgo real y poniendo todas sus vidas en peligro deliberadamente.

Nadie había reaccionado bien a la noticia, por más que Wells se hubiera propuesto volver a ganarse su confianza. Cada quien lidiaba con eso distinto, así fue como Morgan y Cisco terminaron en la competencia más reñida de todas. Morgan intentaba no respirar tan ruidosamente, además de mantener su semblante fijo y decidido. Cisco no paraba de echar su cabello lejos de sus ojos, alcanzando un nivel de precisión que no había tenido antes. Ninguno cedería.

Con la intención de despejar sus mentes un poco, los amigos se habían embotellado en una brutal batalla de Just Dance en la privacidad del laboratorio del ingeniero. Estaban decididos a desempatar, dándolo todo al son de la canción Rabiosa de Shakira. Para su complexión, Cisco la había sorprendido con una gran habilidad en sus caderas. Aunque no lo mostraba, Morgan estaba algo intimidada.

Oye mami, vuélvete loca
Aruñame la espalda y muérdeme la boca

―Vamos, ríndete ahora ―apresuró Morgan, después de recibir una racha de pasos "excelentes".

―¡Ja! ―exclamó el azabache sin gracia―. Ruégame piedad, Whitmore.

Morgan frunció el ceño y siguió bailando con más determinación. Ella probablemente había cometido un gran error al elegir una canción de Shakira, pues la sangre latina de Francisco Ramon había resaltado de inmediato.

En los últimos pasos, dando lo mejor de sí, Morgan intentó recuperarse con puntajes vitales, pero ya era demasiado tarde. La canción paró, y la pantalla se iluminó con serpentinas y celebraciones:

¡Felicidades, Cisco033!

El azabache soltó un puño al aire junto a un grito eufórico, mientras Morgan se desplomaba en una silla detrás de ella con derrota.

―¡Toma eso! Paga, Sapphire ―demandó, mientras hacía un pequeño baile de victoria.

Con un puchero Morgan rebuscó en sus bolsillos y le entregó un billete de veinte.

―Jamás había sentido tanta humillación ―murmuró dramáticamente―. ¿Será este el fin de mi carrera? Con esta llevaría dos.

Cisco se estiró para tomar una taza desechable que descansaba en su escritorio, y dar un sorbo de lo que le quedaba en el café. Soltó un suspiro de satisfacción escaneando a Morgan.

―Si te hace sentir mejor, tu carrera como barista sigue intacta. El café te quedó bastante bien. Eres una natural en tu nuevo trabajo.

Unas horas antes, ella le había dicho que pasara por su trabajo para tomar un par de cafés, y regresar juntos a S.T.A.R. Labs. Él lo había tomado como broma, pero desde que la vio con el mandil que recitaba Jitters, no ha podido superar la impresión.

―Yo no lo preparé. Todavía no me dejan acercarme a la cafetera, pero gracias por el voto de confianza.

Él se rio sonoramente de ella y negó con la cabeza.

―Cuéntame, ¿cómo acabaste ahí?

Morgan suspiró, hundiéndose más en su asiento, mientras se encogía de hombros.

―A Iris le ofrecieron un puesto en Picture News de Central City, así que prácticamente me quedé con su trabajo.

Cisco rio incrédulo con el ceño ligeramente fruncido. Ella seguía hablando, pero él entendía menos.

―¿Por qué?

―¿Por qué abandoné la empresa multimillonaria de mi madre? ―completó por él. Era lo que todos pensaban, pero nadie preguntaba―. Estoy en busca de nuevos horizontes.

Cisco bufó ante su respuesta, mirándola expectante hasta que se conformó con que esa sería la mejor respuesta que recibiría.

―Bueno, señorita confusa. Te toca llevarle comida a Hartley ―mencionó con cara de pocos amigos.

Morgan alzó la cabeza con el ceño fruncido.

―¿Hartley? ―se quejó arrugando la nariz―. Pero sí le llevamos comida ayer.

―Esa es la cosa con los humanos, Morgan. Necesitan comer todos los días.

―La última vez que fui se disculpó por no poder encontrar un insulto lo suficientemente tonto como para que yo lo entendiera.

―¡Auch! Qué idiota.

―Siento que no parará hasta hacerme llorar. Lo digo en serio. Suerte que esta vez iré preparada —sonrió, metiendo la mano en su bolso para sacar de ahí una pequeña libreta—. Anoté todos los insultos que sé y busqué más en internet. Ya veremos quién hace llorar a quién.

―Muy prometedor, mándame una copia de eso. Antes de que te vayas ―volvió a atajar el azabache, estirándose para alcanzar un folder que descansaba encima de una pila de papeles―. Esto es para ti.

Morgan lo miró con curiosidad y se levantó de su incómoda posición para alcanzar lo que su amigo le estaba tendiendo. En cuanto lo inspeccionó, quedó absorta en la información que aportaba. Era su nuevo reporte de progreso. La mejora entre ese y el último que había recibido era increíble. Con la boca entreabierta de sorpresa, ella revisó los datos una y otra vez sin salir de su estupor.

―Joder... ―murmuró suavemente.

―Entrenar con Wells sí que te ha funcionado, ¿no es así? ―dijo, mirándola de reojo.

―Una parte de mí lo detesta con mucha intensidad —admitió de primeras.

―¿Qué hay de todo lo que ha hecho por nosotros?

―Dudo que haya sido por la bondad de su corazón.

―Y aún así sé que en el fondo quieres ver lo mejor de él tanto como yo.

Sus palabras mandaron un escalofrío por la espalda de la castaña, quien solo frunció los labios inexpresiva.





ϟ



OTRA VEZ ―le ordenó severamente.

Morgan suspiró con cansancio. El top y leggins negros que usaba para entrenar comenzaban a sentirse húmedos del sudor. Sus músculos parecían estarse resistiendo al esfuerzo por el que los estaba haciendo pasar, pero ella ignoraba el escozor de estos.

Así solían ser todos sus entrenamientos, ella empujándose hasta límites que no conocía de sí misma.

―Llevo haciendo lo mismo la última hora ―respondió entre dientes―. No funciona.

―Porque te estás limitando a ti misma ―El Dr. Wells la perforaba con su crítica mirada a través de sus lentes―. Pasaste meses reprimiendo tus poderes, pero cuando es momento de sacarlos, sigues sin soltarte. Tu poder no es el autocontrol, Morgan, concéntrate.

La castaña bufó con desesperación. Tenía mechones de cabello que se habían escapado de su trenza, cayendo en su cara. Con ambas manos los pasó por detrás de sus orejas.

―¿Sigues molesta conmigo? ¿Es eso? ―cuestionó, después de analizarla.

―Sería estúpido no estarlo. Personas murieron, Ronnie incluído. Si algo le sobró fue tiempo para decirnos y no lo hizo.

―Y aún así la explosión fue lo mejor que te ha pasado, Morgan ―respondió con severidad―. Cada quién tiene sus modos, yo no comparto los tuyos ni los de Barry, pero eso no me hace el malo aquí. Ojalá te des cuenta de que todo lo que he hecho, lo he hecho para protegerte.

¿Protegerla? Morgan apretó sus manos hasta formarlos como puños. Le dio una última mirada al cubo de acero frente a ella, el cuál pesaba alrededor de una tonelada. Lo más pesado que había levantado era su motocicleta, así que eso estaba muy fuera de su liga.

―No, terminé por hoy.

Ambos mantuvieron su contacto visual. Era intenso, lleno de resentimiento y tensión. El hombre asintió, sin verse afectado.

―Siempre hablas del potencial que tienes, y por un momento imaginé que llegaríamos lejos ―El silencio que le siguió fue profundo y pesado. Había un agridulce sentimiento de desaliento en sus ojos, quemando la piel de Morgan―. No creí que me decepcionarías así.

     Decepcionar.

Ella lo odiaba. Sabía que la estaba manipulado, pero lo hacía tan bien. ¿Por qué seguía sintiendo la necesidad de tener su aprobación? ¡Maldita sea! Ella levantaría ese condenado cubo de acero, y le cerraría la boca al engreído científico.

―Dispárame ―El Dr. Wells se frenó a sí mismo, pues ya estaba por dar media vuelta y salir de ahí. Su mirada la interrogó inocentemente, lo que solo alimentó su enojo―. Dije que me dispares ya.

Ella se puso en posición, plantando sus pies fuertemente en el piso. El hombre regresó a su lugar inicial complacido. Sin esperar más, presionó el botón de inicio.

De un aparato construido por Cisco especialmente para esos ejercicios, se detonó un rayo de energía que la impactó en la espalda. Su sistema lo absorbió automáticamente, acostumbrada ya a esa carga. La rutina era esperar a que se sintiera preparada para finalmente dar un intento a modificar la energía gravitacional del objeto, así como su estática.

Con un suave parpadeo, sus ojos se iluminaron de un brilloso azul, mismo brillo que se esparció por su cuerpo hasta concentrarse en sus manos. De un momento a otro, la corriente que su cuerpo estaba recibiendo dejó de sentirse como una reconfortante recarga de poder y cambió por sentirse como pequeñas agujas encajándose por su piel. Era un hormigueo doloroso que no hacía más que ganar fuerza, generando un ardor que no había sentido antes.

Alarmada, miró de reojo al Dr. Wells. Él estaba posando una mano en el medidor, aumentando su potencia lentamente. Sus ojos representaban una ambición voraz y hambrienta.

―Hazlo ―le ordenó alzando su voz.

Con su ceño frunciéndose en malestar, ella regresó su atención al cubo de acero.

     Dios, como dolía.

Los sentimientos de duda la abrumaron inevitablemente, pero sabía que no había de otra. Tenía que convencerse a sí misma de que podía hacerlo, no tenía opción.

Con ambas manos disparó contra el potente metal, inundándolo de un fuerte color azul. El metal soltó un ruido ronco, como si estuviera reaccionando a ella. Rechinó y forcejó reacio a moverse.

La carga que estaba siendo disparada contra Morgan se hacía cada vez más dominante, creando la sensación de ser gruesas dagas incrustándose por toda su espalda, siendo más pronunciadas en sus omoplatos. De sus labios se escapó un gemido atormentado, convirtiéndose rápidamente en un gruñido de forcejeo.

Y el cubo cedió.

Este comenzó a levantarse del suelo como si de una pluma se tratara. Morgan metió más esfuerzo al ver lo que estaba logrando, sacando un grito desgarrador de su garganta. El objeto se elevó a mínimo dos metros de altura, cuando la chica pensó que no podría soportarlo más.

―¡Siéntelo, Morgan! ―le gritó el científico con euforia―. ¡Déjate sentirlo!

El ingeniero mecánico en el edificio fue llamado por el ineludible estruendo que estaba siendo causado. Al ver la terrorífica escena que se estaba desarrollando en el área de entrenamiento, Cisco corrió hacía el Dr. Wells horrorizado. El medidor estaba sobrepasando las medidas de seguridad, creando una descarga letal hasta para los límites conocidos de la castaña.

―¡Dr. Wells! ―le gritó escandalizado.

Bruscamente apagó el aparato, dando por terminada la potente descarga. La habitación se mantuvo caliente por la alta liberación de energía, y el cubo se sostuvo en el aire por unos segundos más, antes de que la meta-humana se desplomara. Al no ejercer más fuerza sobre este, la tonelada cayó en seco haciendo que todo el lugar retumbara violentamente, creando un estruendo que los obligó a taparse los oídos.

La cabeza de Morgan le daba vueltas, queriendo recomponerse, pero no siendo exitosa. Con esfuerzo pudo apoyar sus palmas en el suelo, sentándose con las piernas dobladas. Todavía sentía las vibraciones energéticas apoderándose de sus músculos en pulsaciones. No podía más que concentrarse en sobrepasar el dolor.

―¡Morgan, joder! ―El velocista había aparecido en cuestión de segundos ante el alboroto.

Ella seguía viendo borroso, por lo que no pudo apartarse a tiempo, cuando Barry procuró atenderla.

―¡No, no!

Él quiso poner una mano sobre ella, pero fue recibido por una fuerte carga eléctrica que lo obligó a retraerse con dolor. Este contacto pareció disparar una reacción en los poderes de Barry, pues su mano se agitó con velocidad por unos segundos. Él miró el fenómeno confundido, mientras el Dr. Wells se tensaba en anticipación.

―Perdón ―musitó con voz ahogada, respirando entrecortadamente.

―Está sobrecargada ―explicó Cisco con el ceño fruncido para girarse al hombre detrás del monitor―. ¿Qué diablos estaba pensando?

Él no respondió, se limitó a mirar a la meta-humana con total atención.

De un segundo a otro, la joven reabsorbió toda la energía que estaba emanando, llevándose consigo su resplandor azul. Dio una fuerte bocanada de aire y sintió a su ser restablecerse una vez más. Barry se precipitó sobre ella para checar su bienestar, pero ella lo apartó con su mano.

―Estoy bien ―aseguró firmemente, sintiéndose desorientada por cómo habían llegado sus dos amigos tan rápido o cómo había llegado hasta esa posición.

Los dos la miraron realmente confundidos. Los ojos de Barry se tiñeron velozmente de enojo, girándose con rudeza hacia el Dr. Wells.

―¿Qué demonios le hizo?

Morgan se levantó como un resorte y se lanzó a envolver al velocista con sus brazos antes de que se acercara demasiado.

―Barry, en serio, estoy bien. Yo se lo pedí ―insistió. De un tirón lo giró para verlo tensar su mandíbula―. Quise tomar el riesgo, mírame, estoy bien.

Él escaneó sus facciones, evidentemente disgustado. Soltó un bufido de incredulidad, paseando su mirada entre el científico y la meta-humana, para finalmente salir de ahí con pasos fuertes. Por su parte, Cisco observaba el resto de la habitación con asombro. El cubo con el que habían entrenado era el de la tonelada, por lo que no daba crédito a lo que acababa de presenciar.

Los ojos de Morgan cayeron en el científico en silla de ruedas. Él la miraba con satisfacción, sonriéndole con sus fríos ojos. Quería disgustarse con él, pero no podía evitar pensar que había funcionado. Por un breve momento, tan corto, pero tan importante, Morgan dejó de sentir dolor. Había llegado a un balance en el que la misma carga que recibía, era la misma que externaba, por más doloroso que fue el proceso para llegar hasta ese punto. Se sintió bajo control, pudo soportarlo.

Se sintió poderosa.



ϟ



PASADA LA MEDIANOCHE, Morgan aún se encontraba en Jitters. Había sido su turno de cerrar el local y hacer corte de caja, pero ella había decidido quedarse unos momentos más a practicar el cómo usar la cafetera. No era como la que tenía en casa, evidentemente. Esta tenía complejos sistemas y opciones que ella apenas reconocía. Se había dedicado a leer el instructivo, ver tutoriales en internet y abusar verbalmente de la máquina hasta entrada la noche.

Una vez que obtuvo un producto que la satisfizo, soltó un suspiro prolongado y dejó que sus antebrazos cayeran sobre la barra principal. Cabe recalcar que cada bebida cafeinada que hacía, ella era la única que podía verificar el estado del sabor, terminando con más cafeína en su sistema de la que una persona común quisiera a esas horas de la noche. Poco a poco se absorbió entre las notas de jazz ligero que todavía inundaban al local y perdió la vista en las imágenes de una película familiar genérica que pasaba por la televisión, tamborileando los dedos sin cesar sobre la superficie marmoleada. Se quedó en esa misma posición hasta que perdió la noción del tiempo, teniendo la mente muy lejos de ahí con distintos tics desarrollándose físicamente.

No podía parar de repasar mecánicamente todos sus problemas y disgustos sin estar activamente pensando en una solución. Simplemente pensaba, pensaba y pensaba, demasiado cansada como para tener una actitud proactiva.

Entre los temas que rondaban su mente se encontraba: Su reciente encuentro con el velocista amarillo, y la frustración que éste le causaba con todas sus interrogantes. Sus exhaustivos entrenamientos con el Dr. Wells. Los recientes artículos escritos sobre ella, sobre su alías y sobre su nombre público, unos hablando sobre ella como si fuera un accesorio para el héroe Flash y otros especulando sobre su renuncia en Whitmore's Industries y su nuevo trabajo. Sin embargo, muy a su pesar, pensaba mucho más en Barry que en cualquier otra cosa.

Ella sabía que esa noche estaría saliendo con Caitlin, pero aún así no podía dejar de pensar en formas en las que podría verlo esa noche. Consideraba que quizás no debió de haberse negado tan rápido cuando su amiga le extendió la invitación para el bar, pero también se conocía a sí misma y negarse había sido lo correcto. Podría llamarle también, pero ¿con qué excusa?

Quizás si lo manifestaba...

Barry, Barry, Barry, Barry, Barry.

Interrumpiendo sus pensamientos, se escucharon un par de toques en la puerta.

Oh por dios.

―¡Barry! ―exclamó con estupefacción―. ¡Y Caitlin!

Con apuro salió a su encuentro, formulando muchas preguntas sobre la coincidencia presente. Sacó las llaves de su mandil y les abrió la puerta principal con una gran sonrisa.

―¡Morgan! ―canturreo la doctora, apoyando gran parte de su peso sobre el velocista, quien la ayudaba a caminar―. ¡Qué bonita te ves!

Eso le sacó una risa a la aludida, enarcando una ceja en dirección a su acompañante.

―Perdón por venir tan tarde, Caitlin insistió en venir ―se disculpó Barry con media sonrisa.

―¿Insistir? ―Caitlin rompió en risas―. ¡Pero si apenas mencioné el nombre de Morgan y te apuntaste de una!

Barry escondió su rostro de la meta-humana, mientras ésta cerraba el local tras ellos, negando para sí mismo.

―Tomó demasiado tequila ―respondió, sentando a Caitlin en una de las sillas para encarar a la ojiazul―. Y yo quería verte.

Morgan le sonrió de oreja a oreja, apresurando su paso para poder rodearlo con sus brazos con toda su fuerza.

―Yo a ti, me estaba volviendo loca.

Barry quiso indagar en por qué, pero no pareció el momento.

―Miren, que bonitos ―lloriqueo Caitlin, echando su cabeza sobre su mano con un puchero.

―¿Quieren algo? ―saltó Morgan de repente, corriendo a la barra donde se encontraba momentos antes―. ¿Capuchino? ¿Café americano? ¿Latte? ¿Frappes?

Barry miró en pausas todo lo que descansaba encima del mostrador: tazas y tazas vacías, además de otras amenidades.

―¿Morgan?

―¿Sí? ―alzó la mirada en un chasquido con ojos bien abiertos, mientras que sus brazos continuaban viajando a su alrededor, recogiendo su previo desorden.

―¿Quién se tomó todas estas tazas de café?

Ella sonrió inocentemente, empujando un mechón de cabello lejos de su cara.

―Yo. Eso no importa. ¿Cait?

―Un latte. No, un capuchino. Ponle jarabe de caramelo. ¡No, jarabe de chocolate! ¡Espuma y chispas!

Barry y Morgan intercambiaron una mirada de diversión.

―Lo que desees, Cait.

La meta-humana les dio la espalda para preparar la orden, cuando Barry se estiró hasta alcanzar algo que descansaba en la tarima.

―No. No, por favor dime que no has estado leyendo esto ―pidió con inesperada seriedad, barajando entre sus manos todos los títulos que ella tenía ahí apilados.


Nueva dama de compañía de Flash.

La nueva belleza de la lucha contra el crimen.

Novedosa justiciera brilla con esbelta figura.

Flash estrena meta-humana.

¿Problemas en casa? La caída de Whitmore's Industries.

¡Despedida! ¿Incompetencia o prepotencia?

De oficinas y tacones a mandiles y trapos.


Morgan desvió la mirada momentáneamente de lo que hacía para encontrarse con la mirada de Barry. Su semblante era indescifrable, trastornado, algo fuera de lugar. Ella se encogió de hombros, queriendo restarle importancia y se volvió a girar al capuchino que preparaba.

―Sí, los he leído.

El velocista escaneó la pared sumido en sus pensamientos, mientras uno de los músculos de su mandíbula destacaba. Morgan simplemente fue a entregarle su bebida a Caitlin, para regresar y apoyarse frente a Barry con un semblante pacífico.

―Son tonterías, Morgan. Todo lo que están diciendo.

―Lo sé, está bien.

―¡No, no lo está!

Morgan ladeó su cabeza hacia a un lado con una tenue sonrisa, alcanzando la mano de Barry para comenzar a trazarla con la punta de sus dedos en un gesto tranquilizador e hipnótico.

―Barry, no te preocupes. No empecé a hacer lo que hacemos por el reconocimiento justo. Si estuviera en busca de eso, me hubiera quedado con mi trabajo en Whitmore's Industries ―aseguró con una risa tonta. Verlo así de indignado lo hacía ver muy inocente―. Solo ignoraré esos artículos y creo que tú deberías hacer lo mismo.

El castaño siguió los trazos de Morgan con la mirada, visiblemente más relajado. Pausadamente comenzó a mover los suyos al compás, entrelazando algunos de sus dedos con movimientos ligeros, pero eléctricos.

―Siento mucho que tengas que pasar por eso. Por todo esto. No tienes que probarle nada a nadie, ¿lo sabes?

La cercanía de Barry le resultó realmente placentera. Su calidez, su energía y su inconfundible esencia la embriagaban gustosamente. La pequeña voz en su cabeza que la urgía por separarse y respetar los límites de su relación fue olímpicamente ignorada.

―No tienes por qué sentirlo, no es tu culpa. Y sí, lo sé.

Él se separó ligeramente para verla con inconformidad. Estaba algo reacio por dejar el tema.

―¿Por qué no te afecta?

―Hoy levanté un cubo de acero que pesaba una tonelada. No veo por qué me preocuparía por los comentarios que quieran hacer un montón de personas, que a final de cuentas solo intentan ganarse la vida. ―Ella vio como sus meñiques se enganchaba. Tiró de ambas manos, acercándolas a su rostro, y rozó el dorso de su mano con los labios y mejilla—. Además, yo no sé por qué puedan estar pasando... A alguno de ellos se le pudo haber muerto su gato. Yo no soy quién para juzgar cómo decide lidiar con la muerte de su gato.

Barry no pudo evitar soltar una risa, complaciendo plenamente a Morgan. Por debajo de su reflexión sobre posibles gatos difuntos, había verdad en sus palabras.

―¿Qué harás mañana? ―le preguntó impulsivamente, queriendo hacer cualquier cosa con ella. Solo ellos dos.

En ese momento, ella alejó sus manos suavemente, mirándolo con una mueca que claramente decía: no podemos.

―Tengo entrenamiento en S.T.A.R. Labs ―pronunció en voz baja, muy a su pesar.

―Entrenamiento con el Dr. Wells ―corrigió disgustado. Ella asintió, algo apenada―. Morgan, después de todo... ¿No te parece extraño todo lo que hacen?

―Sí, lo es ―admitió y Barry se vio visiblemente aliviado, pues temía que ella fuera ciega con respecto a eso―. Jamás he visto que te empuje a ti con tanta vehemencia. Tampoco he visto que ninguna de las acciones de Wells tenga intenciones genuinamente buenas por detrás, me pregunto qué querrá.

―¡Entonces lo ves! Tienes que dejar de entrenar con él ―pidió casi como un favor personal.

Ella le huyó la mirada, no queriendo disgustarlo, pero teniendo que hacerlo de todos modos.

―No lo sé, Barr. Es sospechoso, sí, pero no se siente... Incorrecto. Siento que es algo que debe pasar.

Esto hizo que el héroe se detuviera unos segundos. De estarse inclinando en su dirección, él recuperó su postura, cuestionándose si había escuchado correctamente.

―¿Cómo? ¿Por qué?

Morgan clavó su mirada en la de Barry, esta vez sin un ápice de duda en sus ojos.

―Sé que tú lo sabes. A veces solo sientes lo que tus poderes necesitan y creo que esto es parte de; parte del progreso. Y él es el único que se atreve a hacerlo. Cisco y tú siempre son demasiado suaves conmigo.

A Barry se le escapó una sonrisa traicionera.

―¿Soy demasiado suave contigo?

Ella rodeó los ojos ante su tono sugestivo.

―Mira, entiendo que a veces hay situaciones que lo ameriten ―murmuró con voz suave, inclinándose más cerca de él. Cuando él comenzó a acercarse en respuesta, ella posó una mano en su pecho para tener distancia―. Pero hay otras que no, y en esas no eres muy bueno.

―Bueno, es que no me has dado mucha oportunidad de...

Sin necesidad de decir palabra alguna, la fuerza con la que Morgan lo empujaba por el pecho se fue suavizando hasta que la distancia entre ambos se acortó en su mayoría. La meta-humana cedió al cerrar los ojos, pero con letárgica lentitud, lo único que recibió fue un roce de labios por la mandíbula que le quitó la respiración.

―Sí apreciaría que te dieras un tiempo de los entrenamientos ―susurró contra su piel―. Por mí.

―Sabes que no haré eso ―respondió con un hilo de voz, completamente inmóvil.

―Estás temblando.

―Es la cafeína.

La risa que Barry soltó le hizo cosquillas en el cuello, haciendo que volviera a empujarlo lejos de ella definitivamente. Ese corte de realidad le hizo voltear hacia el resto del local con ojos bien abiertos, esperando encontrarse a su amiga presenciando toda la escena, pero los asientos estaban vacíos.

―¿Caitlin? ―la llamó en voz alta―. ¿Cait?

―¡Yo no estoy! ―respondió una voz desde la lejanía.

Con un deje de alarma, Barry y Morgan se apresuraron a buscarla en el baño, de donde había provenido su respuesta.

―Caitlin, ¿estás bien? ―preguntó el héroe.

Morgan frunció el ceño en confusión al ver que él se encontraba tapándose los ojos fuertemente con una mano. ¿Qué esperaba encontrarse ahí? ¿A Caitlin desnuda? Le dio un codazo que lo hizo voltear a verla.

―¿Qué haces? ―articuló con los labios.

―Nada, nada ―negó, encogiéndose de hombros.

En ese momento, la puerta de uno de los cubículos del baño se abrió, dejándolos ver a su ebria amiga.

―Lo que ustedes dos tengan... ―Los señaló a ambos respectivamente, mientras se incorporaba. Con sus dedos simuló sellar sus labios con llave―. No diré nada.

Barry y Morgan se miraron divertidos, intentando no reír.

―Cait, ¿no quieres que te llevemos a casa?

Ella asintió con un mohín en sus labios.

―Muy bien, vamos, linda.


*"Si no vas a nadar profundo conmigo, entonces sal de mis aguas."

(n/a) HIII, BESTIEEESSSSS.

hoy, sorprendentemente, no tengo mucho que decir. nuevamente agradecerles, porque estamos a nada de alcanzar los 4k leídos (!!!!!!). CUIDENSE MUCHO, SON BASTANTE INCREÍBLES. Agradezco mucho todo su apoyo <3

¡no olviden votar y comentar, me encantaría escuchar sus opiniones! también, siempre estoy abierta a crítica constructiva.

que tengan un bonito sabado,

les quiere,

NIAM ROCA

[ editado 23 de enero de 2022 ]

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top