Capítulo 02
Tener los auriculares puestos con Kate Bush de fondo sonando a todo volumen era algo que se había vuelto costumbre en Max, incluso estando en el instituto. Eso era una de las pocas cosas que la mantenían a seguir con su vida con algo de normalidad.
Estaba caminando por el pasillo hacia la orientadora más bien por obligación de Jade, que le había estado rogando para ir durante toda la mañana.
Pasó por al lado de Lucas. Ambos conectaron miradas y Lucas parecía querer mantenerla por un poco más de tiempo, pero Max simplemente la apartó incómoda. Luego se encontró con Chrissy saliendo del despacho de Mrs. Kelly. La miró con curiosidad mientras Chrissy lloraba, aunque no le prestó mucha atención.
Entró y cerró la puerta aún sin quitarse los auriculares. Se sentó, jugando con el cable y moviendo su pie sin parar. Estaba claro que estaba nerviosa y que no quería estar ahí.
— ¿Puedes quitarte los cascos? —dijo la orientadora, con una pequeña sonrisa.
Max se los quitó y detuvo la cinta. Se disculpó algo avergonzada.
La señora Kelly sostenía sus calificaciones. Max no estaba nada interesada pero no tuvo más remedio que escucharla.
— Un bien en Lengua y un suficiente en Español —dijo mientras soltaba las calificaciones y miraba a Max de nuevo.
— Sí —dijo Max.
— Esto no es normal en ti.
— Si usted lo dice —dijo, mirando a sus manos.
La Sra. Kelly entrelazó sus manos y las apoyó en su mesa.
— ¿Cómo está tu madre?
— Está bien —contestó— O sea, odia la nueva casa, que es —vaciló un poco, sin mirar a la terapeuta— Bueno, horrible pero... está bien.
La terapeuta asintió escuchándola.
— ¿Sigue bebiendo? —pregunta.
Max se removió en su sitio. Esa pregunta había tocado algo sensible en ella.
— Sí, un poco, pero... —dijo Max. Hizo un escaso silencio antes de seguir, tratando de buscarle una defensa a su madre— Es que tiene dos trabajos. Así que no es nada fácil.
— La ausencia de tu padrastro tampoco será fácil para ti.
— Es mejor así, la verdad —dijo, bajando la mirada.
Max tan solo quería estar sola en su casa, tirada en la cama y escuchando música. Quería ser consumida por la oscuridad y no volver nunca más. Ese pensamiento no se lo diría jamás a Jade.
— ¿Cómo? —pregunta la mujer.
— Era un cabrón —dijo Max con un tono de obviedad— Así que hay menos mierda.
— ¿Estás durmiendo mejor?
— Sí, mejor —dijo Max, mintiendo.
— ¿Entonces no hay más migrañas?
Max negó con la cabeza, volviendo a mentir.
— ¿Pesadillas?
Max tragó saliva. La imagen de Billy siendo atravesado por el Mindflyer se repetía en su cabeza otra vez más. No era la primera vez en el día que pasaba.
— No —dijo Max.
La pelirroja miró a otro lado, con los ojos llenándose de lágrimas. La orientadora la miraba con lástima y sabiendo que lo que estaba diciendo era mentira.
— Max —dijo la Sra. Kelly— Lo que has pasado y lo que aún estás pasando es muy duro para cualquiera. Y está bien no estar bien —dijo— Pero solo puedo ayudarte si eres sincera, si te abres conmigo.
La mujer se puso una mano en el pecho, tratando de convencer a Max de que era de fiar.
— Sí, ya lo sé. Estoy siendo sincera.
La señora Kelly la miró profundamente, sabiendo que mentía. Eso enfureció a Mayfield.
— Estoy siendo sincera —dijo Max, molesta.
[...]
Jade supo que Max ya había salido de hablar con la orientadora y había ido a buscarla. No la vio en el despacho de la Sra. Kelly. Confusa, buscó por un rato por los pasillos, hasta que se encontró con Lucas parado frente al baño de chicas. Intuyó que Max estaba ahí así que decidió saludar a su viejo amigo.
— Lucas —dijo Jade con una leve sonrisa.
El muchacho le miró, aunque no parecía emocionado ni contento de verla. La sonrisa de la chica se fue al momento. Lucas parecía hasta... molesto con ella. Estaba jugueteando con la entrada de su partido que Max le había rechazado hace unos segundos. Jade las miró sin decir nada.
— ¿Estás bien? —pregunta Jade, colocándose la mochila por una sola asa y redirigiendo su mirada a Lucas.
— Max.
Jade frunció el ceño confusa. Intentó decir algo, pero él se le adelantó.
— Está desapareciendo. Parece un fantasma entre nosotros. Es como... como si no estuviera aquí —dijo Lucas— ¿Has intentado hablar con ella?
Jade se le quedó mirando un momento. Rio cortamente, sin saber muy bien a que venía ese malhumor.
— Bueno, estoy haciendo lo posible para que la Max que conocemos regrese —dijo Jade, sonriendo un poco incómoda— Tenemos que ser pacientes.
Lucas había pasado de ser su mejor amigo a ser casi como un extraño para ella. No podía estar más entristecida.
— Sí, genial, ¿pero dónde está el progreso? —dijo Lucas, mirándola— Todo se está yendo a la mierda con Max, Jade. Se está hundiendo en la mierda y se está alejando de todos sus amigos.
Jade frunció más el ceño, no sabiendo bien a lo que quería llegar con eso.
— Lucas, estoy haciendo lo posible por Max —dijo Jade— Lo estoy intentando, ¿no lo ves?
Lucas bajó la mirada, enfadado y negó con su cabeza.
— No estás haciendo lo suficiente —dijo Lucas con frialdad— Max no merece esto.
Simplemente, se fue de allí, dejando a Jade con el corazón roto y un sentimiento de inutilidad que no era nuevo para ella. Tragó saliva duramente y miró hacia arriba, intentando aguantarse las lágrimas. En parte, creía que Lucas tenía razón.
Max la sacó de sus oscuros sentimientos al abrir la puerta del baño y chocarse con ella. Jade jadeó del susto pero luego sonrió un poco al ver a Max.
— Hey —saludó Jade y seguidamente besó la mejilla de Max.
Max solo le dedicó media sonrisa sin mirarla.
Chrissy salió justo después, luciendo completamente pálida y asustada. Jade la miró con rareza pero no le prestó atención.
— ¿Cómo te fue con la Sra. Kelly?
— Bien —dijo Max, encogiéndose de hombros.
Jade asintió mientras suspiraba, recordando las palabras de Lucas. Max seguía sin mirarla.
— ¿Quieres dormir en mi casa hoy? —dijo Jade con esperanza— Podemos... ver algunas películas que Steve me prestó de su trabajo. O podemos hacer... No sé, brownies o galletas. Como hacíamos el verano pasado, ¿te acuerdas? —dijo, sonriendo— A El le encantaban. Probablemente porque soy especialista en dulces, y...
— No estoy de humor —dijo Max en voz baja.
La sonrisa de Jade se desvaneció poco a poco. Balbuceó un poco antes de volver a hablar.
— B-bueno, podemos simplemente salir juntas por la ciudad —dijo Jade— O me puedes enseñar a hacer skate, como hacíamos el año... —fue interrumpida por Max.
— ¡No, Jade! —exclama Max, mirándola.
Tenía los nervios a flor de piel por culpa de Lucas y su paciencia parecía haberse acabado con Jade.
— ¡Nada es como el año pasado! —dijo Max— ¿No lo entiendes? Nada es igual que el año pasado, ni que el anterior. La gente cambió. Yo cambié, lo tienes que entender.
Jade la miraba sin decir nada, con los labios entre abiertos. Podía jurar que Max estaba de mejor humor cuando la vio esta mañana, pero estaba claro que ya no podía predecir sus emociones.
— Nos vemos mañana —dijo Max, poniéndose los cascos y yéndose del instituto.
Jade vio como se iba del lugar. Ella no se movió del sitio. Sus ojos se llenaron de lágrimas, más que con Lucas. Su corazón estaba latiendo demasiado fuerte y sentía que no podía respirar. Se metió al baño corriendo y se aseguró que no hubiese nadie en ningún cubículo. Se metió en uno de ellos y se sentó sobre el váter, tapándose los oídos con las palmas de sus manos. Comenzó a llorar con desconsuelo, en silencio. Intentaba calmar su respiración con algunas técnicas que su madre le había enseñado años atrás.
— Todo esto es culpa mía —pensó, sin parar de llorar.
Narra Jade (Yo sé que extrañaban que narrase ella jej)
Estuve un rato sola llorando y sintiendo la sofocante presión en el pecho que se había vuelto familiar. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza sobre todo lo que había pasado.
Quizás, si en vez de Billy hubiese sido yo, Max estaría mucho mejor.
la primera vez que pensé así, fue el mismo día que los Byers y El se mudaron a California. Desde ese momento, esa idea no se me iba de la cabeza. A veces, lo único que quería era...
— Jade, te juro por dios que voy a meterte la cabeza en el váter —dijo mi hermano de repente.
Me sequé las lágrimas rápidamente y respiré hondo, aún sin salir del cubículo.
— Steve, ¿qué haces aquí?
— Pues se supone que tengo que llevarte a casa todos los días después del instituto, idiota, ¿acaso te olvidaste? —dijo él— Sal de ahí, ¿qué haces?
— Dios mío, relájate, ya salgo—dije molesta— ¿Qué habría pasado si me hubieras pillado mientras cagaba?
Podía sentir su expresión a través de la puerta.
— Tú nunca cagarías en el baño del instituto —dijo.
Rodé los ojos con tanta fuerza que casi se me salían de las orbitas. Abrí la puerta del cubículo con fuerza, sabiendo que Steve estaba detrás de esta. Él se quejó y me miró. Su expresión pasó de molestia a preocupación.
— ¿Estabas llorando? —me pregunta, tomándome de la mandíbula con suavidad para mirarme mejor.
Me aparté con brusquedad, molesta.
— Estaba fumando maría —dije, yendo al lavabo para lavarme las manos— Y esnifando cocaína.
— Muy graciosa, mejor que la comedia —dijo él, sonriendo falsamente— Oye, no me ignores. ¿Estabas llorando?
Lo miré desde el espejo por unos segundos antes de responder.
— No, claro que no —dije— ¿Por qué?
— Tus ojos —me dijo mientras me señalaba desde el reflejo del espejo— Se te nota.
— Bueno, te equivocas.
— ¿Pasó algo con Max?
Mierda, justo en el clavo.
— No —dije yo, sacudiendo las mano para secarlas— Más felices que nunca —dije con sarcasmo.
Salí del baño y Steve me siguió, aún bombardeándome a preguntas.
— Jade —dijo, agarrándome del hombro para detenerme.
Me crucé de brazos sin mirarlo. Él me puso la otra mano en mi hombro, pero seguí sin mirarlo. Podía sentir que estaba al borde de las lágrimas otra vez. Sabía que mentirle a Steve era imposible.
— Háblame. Dime que es lo que pasa —dijo, casi suplicándome.
Mentirle me dolía en el alma. Ver como mi hermano se moría de preocupación por alguien como yo me destrozaba. Tan solo deseaba no molestarle por una vez.
Sonreí un poco, tratando de parecer convincente.
— Estoy bien, Stevie —dije, intentando que mi voz no se rompiese— Supongo que estoy algo cansada. ¿Nos podemos ir a casa ya?
Steve se me quedó mirando. Estaba claro que sabía que mentía, pero no sé decir con exactitud si no dijo nada para no molestarme o porque de verdad no sabía que no le decía la verdad. Quizás lo primero. No era tan tonto ni yo soy la mejor disimulando.
Llegamos al coche y esta vez me pude sentar en el asiento del copiloto sin que Steve me dijese alguna tontería de que estaba reservado para su queridísima amiga lesbiana. Me puse el cinturón y él hizo lo mismo. Arrancó el coche y salimos del recinto. Estuvimos unos minutos en silencio, con música que a mí no me gustaba de fondo. Aunque a Steve tampoco, pero no la cambiaba porque no quería.
— ¿No vas al partido de Lucas?
Fruncí el ceño, algo molesta al recordar lo que pasó antes.
— No estoy invitada.
Steve me miró por un momento, confuso.
— ¿Cómo que no? —dijo él incrédulo— ¿Cómo que no estás invitada?
— Pues que no estoy invitada.
— ¿Por qué no estas invitada?
— Porque no quiso invitarme.
— ¿Pero por qué no te invitaría? —vuelve a preguntar, consiguiendo ponerme de los nervios.
— ¡Y yo qué sé! —exclamo— Dios mío. No me invitó y ya.
— ¡Eso no tiene sentido! —dijo gesticulando con una mano, como él suele hacer— ¡Se supone que eras su mejor amiga!
Me quedé callada ante eso. Solo suspiré un poco y me puse los dedos en el entrecejo, apoyando mi codo en la puerta. Él hizo exactamente lo mismo que yo.
— ¿Extrañas a Troy? —le pregunto.
— No —dijo sin mirarme— Nunca sentí nada por él. Nunca sentí cercanía por Troy, ni si quiera cuando nació.
— Eso es... deprimente —dije, algo triste. Volví a mirar por la ventana.
— Es que, él nunca fue bueno con nadie. Era un pedazo de mierda que disfrutaba haciendo sufrir a las personas.
— Eso no es verdad, empezó a ser así en Hawkins —dije, sin dejar de mirar por la ventana.
— No, no. Era exactamente igual en Texas: un gran hijo de puta —dijo sin parecer nada arrepentido— Es mucho peor que yo, incluso cuando yo estaba en esa fase de... meterme un poco con la gente.
— Tú eras el estereotipo andante de chico popular del instituto —dije sonriendo un poco— Pero no eras malo. Un poco estúpido, sí. A veces quería pasarte por encima con el coche por las tonterías que me decías, pero no eras taaan idiota.
— Qué encantadora —dijo sarcástico mientras daba una media sonrisa.
No pude evitar reírme. Steve me miró, ahora sonriendo por completo.
— Sinceramente deseo... solo haber sido tú y yo, ¿sabes?
Volví a sonreír al suponer a lo que se refería.
— Solo Steve y Jade —dijo. Hizo una pausa un poco larga— No eres igual de capullo que Troy.
— Es decir... Intento no serlo —dije, sonriendo un poco.
— No lo eres —dijo Steve mirándome por un momento con una sonrisa amable— Tú tienes el corazón demasiado grande como para ser una idiota. A pesar de que a veces me den ganas de tirarte con el coche en marcha.
— Qué encantador.
Ambos nos reímos.
— Sabes que... Me tienes aquí, ¿verdad? —dijo.
Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Por Dios, ¿puedo no llorar por un día?
— Puedes confiar en mí. Soy tu hermano.
Lo miré por fin, después de un rato de mirar al frente. No pude dejar de sonreír y una pequeña lágrima corrió por mi mejilla. Para escapar del momento, hablé.
— ¿No fuiste tú quien les dijo a mis amigos que era lesbiana?
— ¡Eso fue un accidente! —se defiende, haciéndome reír de nuevo.
Haría lo que fuera por Steve.
———
amo mucho a Jade, de verdad. y añadir este momento de hermanos entre ellos fue una muy buena decisión creo, porque soy un mar de lágrimas (en realidad no, pero me entienden JASKJASKA)
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