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— Espero no arrepentirme de ésto —Rip resopló al entrar al pueblo de Skagway, era de noche y aún así encontraron algunos grupitos que los miraban como perros mirando un bistec.
— Tú elegiste ser el pichón, Hunter —sonrió John encendiendo un cigarro "para entrar en calor" ante la mirada de desaprobación de Rip.
Los atuendos elegidos contrastaban: el maestro del tiempo usaba un llamativo chaleco de terciopelo verde y pantalones claramente nuevos bajo el abrigo de siempre, mientras el hechicero usaba un abrigo raído, con una camisa una talla más grande y pantalones que parecían haber visto mejores días.
"¿Buscan una posada?" la voz de una anciana los hizo virarse, frente a una puerta pintada a las prisas de un rojo herrumbroso, la mujer sentada en una mecedora envuelta en un chal los miraba con un solo ojo abierto.
— Sería realmente útil —sonrió Rip como si le hubiera ofrecido el paraíso, la mujer simplemente señaló la puerta.
Entraron retirándose los sombreros para saludar a la anciana, y encontraron un comedor de cuatro mesas burdamente construídas, vacío, y un mostrador al fondo.
— ¿Nadie atiende ésta pocilga? —levantó la voz John, con lo que un muchachito salió corriendo a trompicones de lo que supusieron era la cocina.
Saludó con tono adormilado— Buenas noches, ¿se perdieron al bajar del tren? Nos queda una sola habitación, todos llegaron hace tres horas.
— Sí. Éste bolonio — señaló John a Rip, que reclamó bajito por la ofensa — quiso "admirar el paisaje", como si no nos esperaran meses de ver éste mismo pedazo de tierra hasta volvernos asquerosamente ricos.
El muchacho sonrió a pesar del ceño fruncido del pelirrojo, deseándoles suerte en su empresa— Ah, también se terminó la comida, nos queda solamente algo de pan y cerveza.
— Pan estará bien, que amable — sonrió Rip, aunque el chico lo ignoró al medio segundo eligiendo sonreírle de nuevo al rubio que gritó alegremente "¡Cerveza estará perfectamente!". Ofreció mostrarles la habitación y llevarles después la cena, preguntándole directamente al rubio de dónde venían y cuánto se quedarían.
La habitación tenía una silla, una mesa apenas en pie y una cama sin cabecera.
— ¿Tendrá chinches —preguntó Constantine con cara de asco— ? Puedo dormir dónde sea pero... ¡chinches! —se rascó con cara de recordar cosas muy malas
Rip sonrió, buscando algo en su bolsillo— Con éste clima: lo dudo. Pero revisemos.
John soltó una expresión de asombro, mientras miraba la luz ultravioleta de una pequeña lámpara con la que revisó la cama levantando las cobijas— ¡¿Un destornillador sónico?!
— ¡Qué no soy ese extraterrestre de la televisión! — reclamó Rip echándole la luz en la cara consiguiendo solamente que se riera tapándose los ojos.
— No lo sé —sonrió burlón el rubio, mirando cómo volvía a revisar la cama y los muebles con la luz azulada— tu nave tiene una sala de confección, y una cocina, y no sé qué cosas más... tú sabes, parece... más grande por dentro.
Rip gruñó— No hay chinches, puede dormir tranquilo.
Tocaron a la puerta y el muchacho de la recepción se anunció, agachó la cabeza cuando John lo recibió con un saludo desfachatado y con una vocecita tímida anunció que sólo quedaba una hogaza de pan para ambos.
— Darte las buenas noches es suficientemente satisfactorio por ahora. Espero que nos brindes un gran desayuno por la mañana y las siguientes, ¿estaremos por aquí, no? —le guiñó un ojo causando que se pusiera colorado, asintiendo repetidamente.
Cerró la puerta agradeciendo y resopló de disgusto mirando lo triste que se veía el escaso contenido de la bandeja— ¿No podemos regresar a la nave y tener comidas decentes?
— Si quiere que los secuaces de Smith nos sigan y descubran una nave del tiempo, adelante —fue el turno de burlarse del pelirrojo, que se quitaba las relucientes botas y subía los pies a la pequeña mesa— . Disfrute la cena, señor Constantine. Buenas noches.
— ¡No seas ridículo, Hunter — John rodó los ojos mientras Rip se cubría la cara con el sombrero y se acomodaba para dormir en la silla— ! Podemos compartir la cama, no voy a seducirte, tu pareja lo odiaría.
— Los Maestros del Tiempo tenemos prohibido crear lazos, no tengo pareja —respondió rápidamente—. Y yo lo recluté, mi deber es brindarle las mayores facilidades posibles. Quédese con la cama.
— Los Maestros del Tiempo no deben ser muy brillantes si los engañas, y tú tampoco, si crees que puedes engañar también a un Maestro de las Artes Ocultas — Constantine le bajó los pies de la mesa de un empujón, dejando las viandas tristes, y quitándole el sombrero al ver que no se inmutaba —. El amor se impregna, Hunter. Deja una marca. Y tú la tienes en los ojos.
Lo que cualquier otra persona hubiera notado era una furia contenida por un secreto descubierto, pero Constantine sonrió sin asomo de burla ésta vez, entendiendo que la mirada fría que lo estaba atizando en ese momento era para proteger a los suyos— Confidencialidad completa, vitalicia —. enunció, inclinando la cabeza en señal de paz —-. Pero no trates de engañarme, porque lo odio, y lo descubriré de todos modos.
Rip desvió la mirada hacia la pared, derrotado— ¿Si compartimos la cama cerrarás la boca?
— Prometido —sonrió Constantine —. ¿Quieres un poco — preguntó tras enderezarse y morder el pan —? No te lo recomiendo... parece paja —completó con la boca llena, masticando y tragando trabajosamente.
El otro sonrió tomando un tarro de cerveza y sosteniéndolo entre sus manos mientras Constantine se sentaba en la cama, comiendo resignadamente— Dejará migas —lo regañó.
— Sacudiré, Príncipe del Guisante — se burló John dando un trago a la cerveza antes de un gesto de disgusto —-. Tenías razón sobre el alcohol. ¿Dónde, o más bien cuándo, hacen uno bueno?
— El sake de la Era Meiji es fabuloso —sonrió Rip, antes de beber de golpe para no saborear.
— ¿Y tu mujer es fabulosa? —preguntó el rubio como si nada.
—- Es fabulosa... la más fabulosa del mundo —respondió Rip mirando el líquido como si el rostro de Miranda estuviera ahí dentro— . Y tenemos un hijo. Ser padre es lo mejor de la vida. Uno piensa que brincando por ahí de tiempo en tiempo salvará al mundo, pero te das cuenta de lo pequeño que eres y el pequeño impacto que haces en el mundo y la Historia. Y llega ese pequeño humano y de pronto es tu mundo y tu Historia entera. Y depende totalmente de ti. Es tan fabuloso, pero tan aterrador.
— Veo muchas cosas aterradoras, para enfrentarme a todo un mundo y toda una Historia aterradora, muchas gracias — sonrió John dejando el tarro en el suelo y dejándose caer en la cama —. ¿Y cómo es que estás en un amor prohibido?
Rip suspiró, y empezó a contarle. Se lo contó todo, hasta que cayeron dormidos vencidos por la madrugada. Rip en la silla, con la cabeza recargada en sus brazos sobre la mesa, y Constantine sobre la cama tendida y, afortunadamente, sin chinches.
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No soy la más conocedora de Dr. Who, pero estaré buscando maneras de que John siga jodiendo a Rip sobre si es El Doctor uwu
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