Prólogo
Era una pelea sin fin desde la manifestación de los llamados kosei, una batalla del cinismo contra el idealismo, la desesperación contra el optimismo, bien contra mal. La eterna batalla de los héroes enfrentándose a los villanos.
Durante mucho tiempo escucho el término de "la culpa me está matando" de la televisión, supo que algo estaba terriblemente mal con él cuando tuvo un arrebatamiento de ira de niño, nunca sintió la famosa culpa de la que todos hablaban, si no que le dio una clase de placer y diversión al ver las lágrimas y sangre del rostro de la niña a quien le había roto la nariz.
Que su base de diversión no era saltar la cuerda o jugar a los héroes, era agarrar uno de los tantos gatos del vecino para abrirlo con un cuchillo de la cocina de su madre, sacarle las entrañas riéndose de los gemidos de dolor del animal, clavar en sus patas miles de apuñaladas y finalmente aplastarle con una roca la cabeza después de una larga tortura.
La otra ocasión fue cuando empujó a sus siete años a su profesor de matemáticas de un barranco algo pequeño en una expedición a las montañas solo porque le había gritado, se sintió completamente neutral al enterarse que el resultado fue fatal.
Fatal.
Se pudo haber muerto en vez de quedar parapléjico así que no había porque quejarse. Se volvió consiente de que era diferente a los demás niños, que nunca se sintió realmente culpable de algo, eso casi lo hizo sentirse como un monstruo.
Casi.
Después de eso comenzó a prestar más atención a su personalidad y comportamiento, que podía mentir sin pestañear, le tomaba mucho tiempo agarrarle cariño a alguien incluso años, que le costaba simpatizar con el dolor ajeno, lo hacía pero no era natural.
No era la gran cosa había pensado, ya había dejado de matar animales así que no había problema ¿Verdad? Él era feliz, su familia era feliz, eso era lo único que le importaba en el mundo.
A pesar que todos sufrían de extrañas mutaciones en sus quirks haciendo que todos fueran variados y pareciera que no tenían nada que ver sino fuera por su físico similar.
Él era feliz con su gran familia, su madre amorosa, su padre comprensivo. Su hermano mayor, Hotaru apoyándolo en sus calificaciones haciendo que fuera uno de los mejores en su clase. Después estaba su hermana Madoka que jugaba y le consentía. Al final estaba Takahiro el chico bromista que se burlaba del peligro a la vez que era un despreocupado, casi nunca estaba en casa por ordenes del gobierno.
Pero todo se fue a la borda por el terremoto y posteriormente por el incendio que consumía a su casa.
¿Cómo había pasado el incendio? No lo sabía. No fue él, el nunca le haría daño a su familia ni siquiera por accidente porque el sabía controlar a la perfección su particularidad aún cuando él era el miembro más poderoso de su familia.
Sabía que tampoco había sido Hotaru por las mismas razones, además que él tenía diecinueve años y su particularidad era luz calorífica. No estaba en edad de no saber controlar su poder.
Tal vez no se trataba de ningún kosei y solo fue que el gas natural se disperso al momento del terremoto y reaccionó con un factor exterior.
Su casa estaba en llamas en cuestión de minutos, su hogar se transformaba en cenizas. Kaminari había sentido el humo llenaba sus pulmones, todo su cuerpo se sentía pesado, haciendo que no pudiera respirar. El calor ardía a su alrededor, creando una barrera sofocante haciendo que el sudor brotaba de su piel, y en algún lugar de la catástrofe, podía escuchar los gritos de Hotaru llamándolo y sus padres llorando su nombre, que después de un rato, el lugar se quedó en silencio.
Moriría, quemado vivo, sus piernas se habían dormido y estaba a punto de desmayarse.
Y fue cuando su hermana mayor apareció para arrastrarlo fuera de ahí.
Todo lo demás fue algo parecido a un sueño con olor a azufre. Todo era recuerdos mezclados entre el desmayo y la consciencia. El aire comenzó a ser limpio. Vió los apartamentos desmoronándose ante el fuego. Sirenas policiales sonando en sus oídos como llantos desesperados.
Al finalmente recuperar la consciencia se hecho a llorar sobre el pecho de su hermana mayor, no era un llanto cualquiera, era de esos que te destrozaban el alma para arrancarte tu corazón, se alivio un poco al sentir que ella aún respiraba a pesar de la gran quemadura en su espalda y brazo.
¿Porqué su hermana los trajo aquí? ¿Porque no con los héroes? No lo sabía y en el momento no se lo había preguntado.
Sabía que algo terrible había sucedido. Sabía que estaba lejos del desastre. Lejos de los héroes. Lejos de los paramédicos. Y tenía la sospecha de que nunca volvería a ver a sus padres y sus otros hermanos.
Se hubiera quedado a llorar si no fuera por el detalle de que sintió que algo le sobaba la espalda, pensó que era su hermana Madoka, pero esa mano se sentía más gruesa.
A diferencia de la delicada y cálida mano femenina, está era fría con una piel áspera.
— Todo estará bien, niño...
Dándose la vuelta, Kaminari habría huido si no fuera por el miedo y su hermana. Elevándose sobre él había un hombre grande, era inhumanamente alto incluso si estuviera de pie, sus traje negro perfectamente neutro, y esos ojos eran opacos, lo más que le pesa era su presencia que emitía desesperación ajena.
No bajo la guardia.
Al mirarlo, Kaminari trató ser fuerte, pero al hablar su voz solo era temblores.
— Mis padres ... Todos ... ¿dónde están ... están bien? Mi hermana... ¿ella estará bien?— Él sollozó.
Por un momento, el hombre se quedó en silencio.
— Lo siento, Kaminari, pero nunca volverás a ver a nadie de tu familia más que a tu hermana. Si me dejas ayudarte.
Eso lo hizo romperse de nuevo. Era real, todo era real, no una pesadilla. Kaminari lloró temblando de la tristeza.
Su familia era lo único que le importaba. Y ya no estaban.
— ¡Es un sueño! ¡No puede ser!— Gritó para que su voz se agotará. Sintiéndose en lo más bajo del mundo, Kaminari se desplomó en el suelo aferrándose a lo único que le quedaba en el mundo.
El hombre con un brillo en las manos curo lo más que pudo a Madoka, siendo discreto para no alterar más al pequeño.
— No llores, niño— dijo el hombre tan pronto como Kaminari finalmente se calmó.
El hombre explicó cómo su hermana se desvaneció con Denki entre brazos, que les ayudo trayendo los con él, su visión de los héroes para hacerle entender todo al menor de lo que alguna vez fue la familia Kaminari, que el podía ser útil, que sabía de las raras mutaciones de kosei en su familia y que no los veía como un fenómeno.
Le habló con un lenguaje hermoso, haciendo que se sintiera seguro y que al fin por primera vez se sintiera en su lugar. Al lado de quién llamaban All For One.
— Únete a mi, joven Kaminari, tu hermana se quedará a tu lado sana y salva y serás reconocido como el más fuerte— All for One extendió su mano.
Al fin lo veía.
La sociedad aún era gris, ni bueno ni malo pero muchos no lo veían así, lo veían como animales salvajes, a blanco y negro el panorama.
Kaminari Denki se aseguraría que todos vieran el mundo como realmente era. Y su hermana estuviera con él para siempre.
Solo tuvo que extender su mano para iniciar un camino sin retorno.
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