2_ Malos recuerdos..
Narra Aome..
Cierro con fuerza mis ojos mientras que en mi mente se volvía a reproducir el último suceso de hace dos días atras, el cual me había dejado desolada y abatida.
Flash-back..
Me remuevo en la cama sintiéndome incómoda, trato de levantarme para ir a mi habitación y dejar que mi padre descansé tranquilamente cuando siento que algo está mal y lo confirmo al ver el cuerpo de mi padre inmóvil, tocó con temor a confirmar mis sospechas su mejilla y siento como esta esta helada, siento como un sudor frío recorre por todo mi cuerpo cuando en ese instante me percato que mi padre había fallecido. No soy capaz de contener el llanto o de hacer algo más, solo me queda abrazando el cuerpo sin vida de mi padre hasta sentir como mi abuela trata de apartarme de él pero aún así me aferró más a mi padre pero al final me lanzo en los brazos de mi abuela y lloró descontroladamente.
Fin del flash..
Dejo que mis lágrimas fluya de mis ojos con libertad y sonrió al recordar a mi padre, a ese hombre que me había dado amor, cariño, protección y cientos de consejos, recordar a mi padre de esa manera hacia que no me sintiera tan triste, al fina él fue feliz, lo fuimos. Mi padre siempre estuvo para mi y mi hermano, el cual conocí poco tiempo después de mi partida y al final comprendí a lo que se refería mi padre, que cuando él ya no estuviera estaría mi hermano para cuidar de mi y no lo dudaba porque durante estos siete años que he vivido junto a él y a su madre; quien también se llamaba Naomi. Mi hermano y la señora Naomi durante todo este tiempo cuidaron de mi, me acogieron en su casa y me dieron todo el amor que pudieron darme y gracias a ellos pude reponerme, tal vez no del todo pero gracias a eso sigo de pie. Mi hermano y la señora Naomi al igual que mi padre y mi abuela me enseñaron muchas cosas y una de ella era ser fuerte, y es por ellos que haría el esfuerzo por ser fuerte para poder afrontar lo que la vida me tuviera de parada o para lo que tuviera que afrontar.
Cierro mis ojos nuevamente por unos momento y luego elevó la vista al cielo gris, aspiro con fuerza la brisa del viento frío y lleno mis pulmones de aire para luego expulsarlo con brusquedad en un sonoro suspiro, miro a mi alrededor, a cada una de las personas que estaban en el cementerio buscando a una persona en particular pero no la encontré, solo veo a todos los presentes lamentarse por el hombre que yacía en el cajón. Aún me era difícil creer que ese hombre que estaba en ese cajón era mi padre.
Aún costaba asimilar que mi padre había fallecido.
Respiro hondo y trato de concentrarme en la misa pero me es imposible, ya que mi abuela comienza a quejarse de lo cuán hipócritas son estas personas que decían lamentar la muerte de mi padre, según mi abuela lo único que lamentaban era que la compañía inmobiliaria cayera en mis manos y no en las manos de algunos de esos ambiciosos.
Sonrió sin poder evitarlo, ya que mi abuela en verdad era una mujer muy ocurrente cuando se proponía, de repente la oigo suspirar y de un momento a otro se pone sería dejándome confundida.
- Es irónico que esto este pasando - comienza a decir mi abuela tomándome por sorpresa - se supone que son los hijos que tienen que enterrar a sus padres, no al contrario.
- Se lo que sientes abuela, lo sé muy bien - digo melancólica.
- Lo lamento cariño no fue mi intención traerte malos recuerdos - se disculpa.
- Descuida, tengo que aprender a vivir con eso y tratar de ser más fuerte - digo mirando con seriedad a mi abuela.
Vuelvo a pasear mi vista por el lugar sin reconocer a casi ningunas de las personas que estaban aquí, tal vez había visto a la secretaria de mi padre, a Hoyo, a un asistente que fue en dos ocasiones a la casa a llevarle unos papeles, al abogado que se había encargado de todos los asuntos legales de mi padre, incluyendo su divorcio y también había visto al investigador privado que él había contratado para investigas acerca del paradero de Sesshomaru: el cual aún seguía desaparecido, el investigador solo permaneció unos cuántos minutos más en la misa y luego se fue tras dar sus condolencias. De todas las personas que estaban aquí solo había reconocido a cinco personas, las demás eran totalmente desconocidas para mí, mi abuela o Sango.
- Estás buscando a Inuyasha, ¿No es así? - dice de repente mi abuela sacándome de mis pensamientos.
No se equivocaba, era exactamente lo que hacía.
- ¿Que te hace pensar que lo busco a él? - trato de no mirarla a los ojos para no tener que admitir que estaba en lo cierto.
- Pequeña, te conozco - sonríe - además no dejas de mirar para todos lados, ¿Lo extrañas mucho? - la miro sin poder responder a su pregunta - ¿Sigues enamorada de él?
- Creo que ya sabes las repuestas a todas tus preguntas - suspiro pero ella me mira elevando una de sus cejas grisáceas - Creo que mis sentimientos por él no cambiaron, aún siguen intactos.
Ella asiente entendiendo que no quería hablar mucho del tema, más bien aún no estaba lista para eso.
- Así es el amor mi niña - asiento dándole la razón.
Mi abuela me sonríe y acaricia mi mejilla antes de darme un cálido y reconfortante abrazo, agradecía enormemente que mi abuela no me haya dejado en ningún momento.
Desde que ella aprecio en mi vida se convirtió en alguien importante.
Sango en ningún momento me dejó sola y mucho menos a mi abuela, quien lucía firme y fuerte a pesar de tener que presenciar el entierro de su único hijo, en verdad admiraba la fortaleza de mi abuela a pesar de saber que ella por dentro se estuviera desmoronando, Midoriko sin duda era una mujer admirable y mi figura materna, porque a pesar de que a Naomi la considerará como a una segunda madre, mi abuela seguía siendo mi ejemplo a seguir.
Unos cuantos minutos después de la ceremonia el entierro se dio por concluido y todas las personas que decían conocer a mi padre se fueron retirando del lugar dejándonos sola a mi y a mi abuela. Sango se había ido después de mucha insistencia de mi parte, ya que las niñas habían quedado con Kohaku mientras ella y Miroku estaban aquí haciéndonos compañía.
Quedamos por unos cuantos minutos más en el cementerio hasta que pido quedarme a solas porque deseaba ir hasta la tumba de mi pequeño hijo y visitarlo, ya hacía tiempo que no lo había venido a ver y deseaba pasar un momento para dejarle algunas flores, al principio mi abuela no quiso dejarme sola pero al final se dio por vencida y se fue a casa en un taxi y pidió que no tardará en ir.
Camino entre las demás tumbas en busca de la que pertenecía a mi hijo, busco por unos cuantos segundos hasta lograr encontrarla a pocos metros de mi, me acerco hacia a la tumba de mi pequeño Ikto y me dejó caer de rodillas al piso sin importarme de nada más, ver la lápida frente a mi con el nombre de mi pequeño era un dolor que no lograba describir, dolía tanto que me derrumbó una vez más pero esta vez el dolor era más grande de lo que podría soportar.
Si tan solo él no me hubiera sido arrebatado de los brazos..
Sonrió con lágrimas en los ojos al ver las rosas frescas adornar su lápida y me alegra saber que mi abuela haya venido a dejarle flores a mi pequeñín, dejo las flores que había traído especialmente para él y me despido de mi hijo prometiéndole venir a verlo pronto, me encaminó a la salida del cementerio, ya que comenzaba a anochecer y a caer las primeras gotas de la lluvia que se venia anunciando desde la tarde, me apresuró en salir del cementerio debido a que de seguro mi abuela estaría preocupada por mi tardanza pero para mí sorpresa termino encontrándome a la persona menos esperada, hoyo. El castaño se encontraba a poco metros de distancia de dónde fue hecha la ceremonia de mi padre.
- ¿Que haces aquí? - pregunto un poco confundida por su presencia ya que se suponía que ya no había más nadie en el cementerio.
- No quise dejarte sola - comienza a decir encogiéndose de hombros - además tu abuela me pidió que te cuidara. Por lo que me he quedado aquí viéndote desde lejos, no quise molestarte o ser un entrometido.
- Sabes que no es necesario que estés cuidando de mi, suficiente has hecho ya - digo lo más amable posile tras soltar un largo suspiro - puedo cuidarme por mi cuenta. No te preocupes.
- Lo se y no lo dudo - me sonríe - yo solo cumplo con las órdenes de una dama muy exigente y demandante - explica con tranquilidad.
Mi abuela algunas veces suele ser una exagerada, si fue capaz de pedirle a hoyo que cuidara de mi no sé de qué más seria capaz.
Esa mujer está llena de sorpresas al igual que mi padre
Continuara..
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