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Mi cabeza daba vueltas y dolía demasiado, como si alguien me hubiera golpeado cientos de veces.

Aunque, bueno, en parte era verdad.

Ayato me había golpeado y dejado inconsciente por un largo rato en el cual no sabía que había hecho con mi cuerpo. Pero cuando desperté, ya no estaba en el mismo lugar de antes; la habitación de Ryo había cambiado por un extraño y oscuro lugar. Parecía un sótano o algún almacén grande. La única ventana que había estaba cubierta con maderas y no había nada con el que me pudiera escapar o defender.

Un sonido me alertó : el sonido de una puerta rechinando porque se abría.

Trage saliva, temiendo lo peor... Debía ser..

—¿___, despertaste ya? — se podía escuchar que bajaba unas escaleras, cada vez más cerca de mi —Me alegra que lo hayas hecho ya. No podía esperar a que lo hicieras, ¡tenemos mucho que hacer!

—A-Aléjate — murmure y mi cuerpo comenzó a temblar. Yo me alejé un poco de él pero tenía mis piernas atadas a algo muy pesado.

—¿Porqué me temes? Te liberé de ese infeliz, deberías agradecerme...

Estaba delante mío , inclinado para poder verme a los ojos. Me miraba con una "sonrisa" que no era más que tétrica para mí.

—Me mentiste... — dejé escapar unas lágrimas. Mi cabeza volvía en mi y todos mis recuerdos también, entre ellos... Que Ryo ahora estaba muerto por mi culpa

—¿Mentirte~? No recuerdo eso — respondió mientras reía un poco

—¡Dijiste que lo dejarías si iba contigo! — grité y di un brinco hacia delante, queriendo ahorcarlo

—Corrección, dije que lo dejaría "en paz" y eso fue lo que hice, ¿no? — frunció el ceño y sonrió, mi cuerpo y respiración se quedaron en shock

—Eres un... ¿¡Porqué haces eso!? ¿¡Porqué asesinaste a las dos personas que más amaba!?

—¿Amar? — repitió y su expresión se volvió oscura —Yo también te amo, ¿Porqué no entiendes eso?

—Estas enfermo — dije molesta, apretando los puños.

Ayato soltó una carcajada que me heló la sangre. Se levantó y aún con una sonrisa en sus labios, tomó mi barbilla y me hizo verlo. Me sujetaba con fuerza, sentía como si me quisiera romper.

—Tu eres mía de ahora en adelante. No me importa si mi amor es enfermo o no, tarde o temprano lo entenderás. Tu.. Harás todo lo que yo quiera y nadie vendrá por ti, ¿entiendes?

Dicho eso, me dejó caer. Volvió a reír como maniático y salió de la habitación.

Todo quedó en silencio y oscuridad.

Estaba atrapada. Nadie vendría a ayudarme.

Nadie...

Ryo, te extraño... No se que haré sin ti. Temo lo que Ayato me pueda hacer.

Ryo... ¿Porqué...?

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