Capítulo 48

Ian

3 años después

—¿Y ahora Atreyu salvará a la Emperatriz infantil?—preguntó Harley después de cerrar el libro.

—Harley, he perdido ya la cuenta de la veces que lo has leído.—dije sonriendo.

—¿Y qué?—preguntó—¿La salva?

—Ten, quédatelo—respondí tendiéndole el libro sobre sus manos—Siempre ha sido más tuyo que mío. 

La niña sonrió y pasó sus dedos sobre la portada.

—Gracias—dijo posando sus ojos claros sobre los míos. 

Harley siempre me había resultado una niña muy guapa, pero, habían pasado casi cuatro años desde el día que la conocí en el Millenium Park y ya no tenía ocho años, tenía once. Con el paso del tiempo se volvía cada vez más hermosa.

 —¿Cómo está mi madre?—pregunté. La pequeña se recostó sobre su asiento y retiró la cabeza hacia atrás dejando que los rayos del sol iluminaran sus cabellos rojos. 

—Está bien. Ha superado tu... "muerte"—dijo.—Ahora vive con Josh y, por lo que he visto, parece feliz.—Asentí. Ya a penas me acordaba de su rostro o de su voz. Harley me contaba lo que veía para evitar que perdiera completamente mis recuerdos.—Ann se ha casado con Taylor y viven muy felices junto a William.

—¿Y Cho?—pregunté. Ella me miró y arrugó la nariz.

—Encontré esto en tu habitación.—dijo ella sacando un sobre del bolsillo de su chaqueta. 

Cogí el sobre con mis manos y traté de recordar como era ella. 

Rasgué el sobre y desplegué la carta. 

—Está escrita hace cuatro años.—dije fijando la vista en la fecha. 

Ella asintió.

—La encontré entre unos viejos libros. Al parecer no se molestaron mucho en registrar la habitación después de...—respondió. La voz se le quebró.

Fijé mi mirada en la carta y la leí:

Querido Ian, 

Sé que no empezamos con buen pie, tampoco acabamos de la misma forma pero, ahora que me marcho quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mí. 

Creo que es demasiado tarde para pedirte perdón pero intentaré explicar los motivos por los cuales hice lo que hice. 

Todo empezó como una venganza contra mi hermana, quería que, por una vez en la vida, no se saliera con la suya. No me enorgullezco de haber empleado el chantaje como arma para conseguir mi propósito pero... eras tan frío, parecía que no no te importaba nada. Cuando vi como cuidabas de esa niña sin importar las consecuencias entendí que si eras capaz de sentir. 

No tengo ni la más mínima idea de por qué eres así, tampoco te lo pregunté nunca pero, sea cual sea la razón te entiendo. 

Cuanto más tiempo te conocía más me sorprendías.

Melissa te admiraba por lo prometedor que parecía tu futuro y por lo increíblemente atractivo que eres pero en cambio yo me dí cuenta de lo increíble que eres, Ian. 

Tal vez tu no recuerdes aquel día que pasamos junto a Harley. Ella subió las escaleras y abrazó a Santa Claus, tú la mirabas y tus comisuras se curvaban en una sonrisa. Esa ha sido la sonrisa más bonita y llena de amor que jamás he visto en mi vida. 

Pero no es por eso por lo que recuerdo ese día. 

Cuando me besaste, sentí mil mariposas revoloteando en mi interior. En aquel momento me olvidé de Melissa, de Taylor tomándonos fotos con su móvil y de que aquel beso era una completa farsa.

Pensé que sería posible. Pero te vi con aquella alta y hermosa joven de cabellos dorados y el mundo se me vino encima. 

A pesar de que tú y yo nunca hemos sido nada, en aquel momento, me sentí traicionada.

Tal era mi furia que decidí hacer algo terrible, Ian. Yo... lo siento tanto.

Martin escuchó lo que tenía que decirle y me marché con un nudo en la garganta. Mi intención nunca fue hacerte daño, pero el hecho de que tú ya no estés aquí es enteramente mi culpa. 

Jamás me perdonaré de ello.

Dicen que has muerto pero yo no lo creo. Mi corazón me dice que sigues ahí fuera, en alguna parte muy lejos de aquí. 

Tal vez sea por que no quiero creer que estás muerto y que jamás voy a volver a verte sonreír.

Ojalá pudiera despedirme de ti en persona pero, como sé que nunca leerás mi carta puedo permitirme el lujo de confesar en este insignificante trozo de papel que te quiero. 

Cuídate, 

Cho.

 Cerré la carta y la guardé en el sobre después de leerla. Miré a Harley y suspiré

 —¿Ella era importante para mí?—pregunté.

—La tratabas como si fuera una molestia pero, en el fondo, la querías. No tanto como ella te quería a ti pero, sí, era alguien importante.—respondió.

—¿Que es de ella?—quise saber.

—Volvió a China, ahora vive con su hermana y son dueñas de una gran empresa que no deja de crecer. Le va bien.—respondió Harley. 

—Aunque no recuerde mucho de ella, me alegro.

Sonreí y la pequeña me devolvió la sonrisa.          

—¿Te acuerdas de aquel caballito que te regale?—pregunté.

Ella asintió y apartó el libro que sostenía a un lado de la mesa de mimbre. 

—Lo sigo guardando—confesé.

—Quedatelo, tal vez a Aiden le guste.—dijo. 

Yo arqueé una ceja y la observé preguntándome quién demonios era Aiden.

—¿Aiden?

La niña se llevó las manos a la boca como si hubiese dicho al que no tendría que haber dicho y abrió los ojos como platos.

—¡Ay no! No tendría que habértelo dicho...—exclamó.

—¿El que no debería haberte dicho?—preguntó Ella plantando un beso en mi mejilla. 

—¡Ella! ¡Has vuelto!—exclamó Harley lanzándose a su brazos. 

Mi esposa alzó a la niña y sonrió.

—Vaya, pesas más de lo que imaginaba. Pronto podrás ser tú la que me levante a mí.—dijo Ella sonriendo. 

Harley rió y depositó un beso en la mejilla de ella.

—¿Qué tal ha ido el día?—dije acercándome a mi esposa. 

—¿La verdad? Fatal.—suspiró ella depositando a Harley en el suelo.—Varios de nuestros modelos han enfermado y no podrán asistir a la sesión fotográfica del lunes—confesó.

La rodeé con mis brazos y le dí un beso en la frente.

—Yo podría sustituir a uno de esos modelos.—bromeé. 

Ella sonrió y observó detenidamente. Puso un dedo en su labio inferior y asintió varias veces con la cabeza.

—Pues no sería mala idea—admitió.

—Ian es más guapo que esos modelos de pacotilla—dijo Harley.

—Gracias, pero creo que eso no va conmigo.—contesté.

Ella me miró disgustada y puso ojitos de cachorrito. Esquivé su mirada. No iba a convencerme.

—¡Oh vamos! Solo deja que te hagan unas pocas fotos.—pidió.—He puesto mucho empeño en mi primera colección, si sale bien mi sueño de ser alguien en el mundo de la moda se convertirá. Todos han trabajado muy para que esto salga adelante, la revista Youth y mis trabajadores creen en mí. 

Yo crucé los brazos sobre mi pecho y traté de mantenerme firme delante de mi decisión, pero sabía lo importante que era eso para ella. Yo era un simple profesor de física en la universidad, mi sitio estaba entre libros y no bajo los focos.

—Está bien—dije al final a regañadientes. 

Ella comenzó a dar saltitos y besó mi mejilla. 

—¡Gracias, gracias, gracias!—exclamó. 

—Ya viene a por mí.—dijo Harley señalando a Megan. 

—Entonces dame un abrazo pequeñaja.—dije. 

Ella obedeció y me abrazó.

—Buenos días Megan.—saludó Ella.

—Buenos días.—respondió con una sonrisa.—¿Qué tal va todo?—preguntó. 

—Muy bien, gracias.—respondió.

—¿Y el bebé?—preguntó Megan. 

Ella y yo nos miramos sin entender a lo que se refería.

—¿A qué te refieres, Megan?—pregunté. 

Ella me miró extrañada y posó la mirada en el vientre de mi mujer.

Pronto entendí a que se refería. 

Me acerqué a Ella perplejo y acaricié su vientre.

—Vamos a ser padres—susurré mirándola a los ojos. 

—Será un niño precioso.—dijo Megan junto a Harley.

Miré a Megan y me acerqué a ella amenazante.

—No te lo vas a lleva a él también. ¿Me oyes?—dije alzando el tono de voz. 

Me observó impasible sin abrir la boca y yo sentí como la ira ardía en mi interior.

—Nuestro hijo no va a pertenecer a eso—le prometí a Ella.

—No será un niño normal y ambos lo sabéis.—irrumpió Megan tomando de la mano a Harley.—Tiene que aprender a manejar su don, a servir a la madre.

—No te lo vas a llevar—respondí apretando los puños.

—No puedes decirle a la madre que es lo que debe hacer.—respondió desafiante—El niño que crece dentro de Ella pertenece a la madre.

Apreté la mandíbula y me encaré a ella.

—Te la llevaste a ella, pero este es nuestro hijo y no va a unirse a tu secta de pirados—espeté—Mi hijo crecerá como un niño normal y morirá como una persona normal.

Megan no dijo nada. 

—Harley, vuelve a casa. Ya sabes como hacerlo.—La niña asintió y se marchó.—Cuando Aiden se pregunte por qué consigue oír lo que los árboles le susurran, por qué ve gente muerta y sus poderes se manifiesten por primera vez ¿Quién va a poder ayudarle?—preguntó. 

Mi mujer me abrazó y yo palpé de nuevo su vientre en gesto protector. Tenía razón, pero no quería aceptarlo. Iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para proporcionarle a mi hijo una vida feliz y normal.

—No te lo llevarás. 

Ella estiró el cuello y con la cabeza bien alta dijo:

—La madre toma lo que es suyo, todo el que se oponga es su enemigo.—Megan dio media vuelta y, antes de que pudiera decir nada, se esfumó.

Me quedé durante unos segundos parado con la cabeza gacha odiando aquella mujer que deseaba arrebatarnos al hijo que crecía en el vientre de mi esposa.

—Ian...—dijo Ella con un hilillo de voz.

—No voy a dejar que se lo lleven. 

Ella acarició mi espalda y apoyó la barbilla en mi hombro.

—No se lo llevarán.—repitió. 

Yo me dí la vuelta y junté mis labios con los suyos. 

—Tendrá todo lo que a mi me faltó—aseguré.—Será feliz.

Ella asintió.     

—No pienses tanto y bésame.—hice lo que me ordenó. Tomé su rostro con ambas manos y la besé. 

Besarla era mi modo de prometer que nada iba a salir mal. 

   

            

                                                         

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