Capítulo 42
Zack
Salí de aquel hospital que parecía asfixiarme y saqué el paquete de tabaco de mi bolsillo.
Encendí un cigarrillo y dejé que el humo se colara entre mis pulmones aliviándome de todo el estrés acumulado.
No entendía como podía haber sucedido aquello, se suponía que a mí me gustaban los hombres, que estaba irremediablemente enamorado de Robert.
Y, en cierto modo, lo estaba. Mi afecto hacia él no había cambiado, pero apareció ella con su perfecta sonrisa y sus ojos azules siempre brillantes y todo cambió.
A pesar de que la trataba mal, siempre me daba una segunda oportunidad y eso me gustaba.
Ella era la única que pensaba que podía arreglarme y, en cierto modo, consiguió hacer funcionar ciertos engranajes que habían quedado oxidados por el desuso.
Intenté alejarme de ella, expulsarla de mi vida, pero siempre estaba pululando a mi alrededor como una mosca cansina.
Con el paso del tiempo me comenzó a agradar la idea de tenerla cerca ¡Incluso a veces me sorprendía buscándola por los pasillos! Era ridículo ¿Por qué ella me hacía ser tan débil?
Había aprendido a alejarme de la gente y sabía que cuantas menos personas apreciaba menos posibilidades tenia herido.
Mi objetivo era ese: mantener la lista de seres queridos lo más corta posible. Pero Ella insistía en entrar en ella. ¿Por qué? Yo ni siquiera valía la pena...
Hice todo lo posible por que me odiara, quería que tirara la toalla pero no lo hizo.
Me dije que si conseguía odiarla sería más fácil deshacerme de ella pero no lo conseguí, en vez de eso comencé a sentir afecto por ella.
Y entonces pasó.
Ella nunca había sido una mosca pesada, desde el principio había sido una mariposa.
Una mariposa que intentaba aportarle belleza a mi vida.
Cerré los ojos, dí una calada.
¿Por qué su melena dorada caía sobre sus hombros de una forma tan perfecta? ¿Por qué su sonrisa era la más bonita de todas?
Expulsé el humo.
No quería amarla pero eso era exactamente lo que hacía.
¿Qué pasaba conmigo?
Era inevitable, cada día me gustaba más.
Pero no era él hecho de no tenerla lo que me dolía realmente, lo era su forma de mirarme. Nunca me querría como yo la quería a ella, jamás me vería así. Yo tan solo era un amigo más. Aquella palabra hundía mi corazón, lo hacía sangrar.
Si decidía escogerla, ella jamás me escogería a mí.
Tal y como debía ser. Yo no podía ser más que eso y ella tampoco.
De todas formas no funcionaría.
Nada debía cambiar.
Aquellos dos meses sin verla fueron insoportables ¿Por qué no me había dicho que se marchaba? ¿Por qué no se había despedido de mí? Todas aquellas preguntas rondaron en mi cabeza durante aquellos dos horribles meses.
Me sentía solo, abandonado y traicionado. ¿Por qué siempre las personas que amaba acababan por marcharse?
Lancé el cigarrillo al suelo y lo pisé para apagarlo. Saqué las llaves del coche y me senté en el asiento de delante.
—Ya se apañarán—dije en voz alta mientras hacía girar la llave en el contacto. El motor rugió y puse ambas manos en el volante.
"Ella no te importa" me dije. Por un momento dudé pero, finalmente pisé el acelerador y las dejé atrás.
Ella
Abbie apretó los puños al ver que Zack se había largado sin avisar. Estaba a punto de estallar en cambio, yo estaba demasiado conmocionada como para darle importancia a aquello.
—¡Se va a enterar!—exclamó roja de ira.
—Llamaremos un taxi—dije intentando calmarla.
—No, tiene que venir él. Ese niño malcriado no puede hacer siempre lo que le venga en gana—dijo buscando su número en el móvil.
—No. Llamaremos un taxi—zanjé. Ella asintió al ver mi expresión seria y entendió que en realidad era mejor así.
Zack, al igual que yo, necesitaba pasar un tiempo solo.
Abbie y yo evitamos hablar sobre lo que había pasado en el hospital. La mayor parte del trayecto lo pasamos en silencio pero, cuando ambas intercambiábamos miradas y decidíamos hablar lo hacíamos sobre trivialidades como: el tiempo, los exámenes que se avecinaban, la ropa que llevábamos...
Era un silencio incómodo que las dos queríamos deshacer.
Cuando llegamos a la residencia Abbie sacó un spray de su enorme bolso y lo destapó.
—¿Qué?—preguntó al ver que la observaba extrañada—Siempre llevo uno encima. Nunca sabes cuando puedes necesitar hacer un graffiti.—dijo—Y ahora aparta, me ha venido la inspiración y necesito crear.
—¿Qué vas a hacer?—pregunté no estando muy segura de querer saber la respuesta.
—Observa
Abbie se dirigió a la parte trasera de la residencia dónde estaba el aparcamiento.
Caminó hasta un coche blanco que en cuanto lo vi reconocí a la perfección.
—No, Abbie. No.—dije alzando la voz. Ella me ignoró y agitó el bote enérgicamente.—Abbie, no.—repetí.
—Venga Ella, tú puedes perdonarlo pero yo no. Esto es entre él y yo.—sonrió—A mí nadie me deja tirada.—Comenzó a mover el brazo spray en mano y comenzó a trazar sobre el capó del coche una palabra que solo pude leer una vez terminada. Cuando estuvo satisfecha me mostró su obra orgullosa.
—Capullo—leí.—Vaya, que original eres.
—Bueno, así no olvidará lo que es.—dijo ella sonriendo.
Abbie se colocó a mi lado y me agarró por el brazo.
—No queda nada para la boda de tu madre ¿Estás nerviosa?—preguntó.
—¿La verdad? No mucho.—confesé. Ella frunció el ceño sin entender el porqué.
Cualquier motivo de celebración le encantaba: bodas, cumpleaños, bautizos, comuniones, Navidad, Halloween, día del padre, de la madre, día del orgullo friki... cualquier celebración, por más absurda que pudiera parecer el motivo, era la escusa perfecta para organizar una fiesta y ponerse hasta el culo de todo.
—Será divertido, Ella. Habrá comida, bebida, música...
—Lo sé, pero las bodas no son lo mio. Siempre hay mucha gente a la que no conoces de nada y que tienes que saludar por compromiso.—suspiré—Si alguna vez me caso será una celebración íntima, odio las bodas por todo lo alto de mi madre...—Ella asintió fingiendo comprenderme pero yo sabía que no era así. Eramos muy distintas en eso.
Ambas subimos por las escaleras y nos dirigimos a nuestro cuarto.
Una vez allí me sorprendió la enorme caja de cartón que ocupaba el centro de nuestra pequeña habitación compartida.
—¡Oh! ¡Por fin han llegado! —exclamó Abbie a mi lado. Corrió hacia la caja y la abrió sin cuidado. Sacó un vestido corto de encaje y lanzó un gritito. Se llevó una mano a la boca y observó el vestido azul que sostenía con sus manos casi llorando—¡Es perfecto!
Se quitó los zapatos deprisa y se deshizo de la camiseta y los pantalones en un abrir y cerrar de ojos. Introdujo el vestido por su cabeza y se calzó una tacones negros bastante altos que estilizaban su figura.
Caminó con gracia hasta el espejo y se miró satisfecha.
—Ella, por favor ¿Puedes subirme la cremallera?—asentí y hice lo que me pidió sin problemas.
El vestido que había elegido le quedaba con un guante. El color azul eléctrico realmente le favorecía mucho y al ser corto la hacía ver mucho más alta.
—Estás increíble—anuncié.
—Gracias, es el que voy a llevar a la boda de tu madre. Lo pedí hace unas semanas.—confesó. Esbocé una sonrisa y ella me la devolvió. Se acercó de nuevo hacia la caja y sacó de ella un vestido color borgoña.—También he pedido uno para ti.—Se acercó a mí y me lo tendió.—¿A qué esperas? ¡Pruébatelo!—sonreí e hice lo que me había pedido.
Cuando me lo hube puesto me miré al espejo con asombro. Era precioso.
—¡Guau, Ella! Tú si que estás impresionante—dijo a mi lado.
El vestido caía hasta el suelo cubriendo mis piernas al completo, dejaba la espalda al descubierto y se ceñía perfectamente a mi cintura. Yo jamás hubiese elegido ese color pero descubrí que me quedaba genial. Me sentí como una princesa.
—Gracias.—dije abrazándola.
Ella me devolvió el abrazo y susurró:
—De nada.
Abbie insistió en peinarme y maquillarme como si hoy mismo fuera el día de la ceremonia, así que acepté, hacía mucho tiempo que no pasábamos una tarde así.
—Y bueno, ¿Qué es de Kyle? Hace mucho tiempo que no lo veo.—dije.
—Ah bueno. Él está muy ocupado con los estudios, ya sabes... es su último año de carrera y está muy concentrado en sus exámenes. Medicina es una carrera que requiere bastante sacrificio.—dijo.
—Estoy segura de que será un buen médico—dije esbozando una amplia sonrisa. Ella me la devolvió acabó de pintarme la raya del ojo izquierdo.
—Ahora solo me queda pintarte los labios
—Adelante—respondí.
Ella sacó un lápiz y pintalabios del mismo tono que mi vestido y lo aplicó en mi labio superior y después en el inferior.
Ambas nos miramos de nuevo al espejo. Nos encantaba maquillarnos la una a la otra, era nuestro pasatiempo favorito.
—¡Dios Ella! ¡Deberías ser maquilladora! ¡Mira, mis ojos parecen diez veces más grandes!—exclamó.
—¡Exageras!—respondí.
—Me encanta.—dijo ella.—¡Esto merece una foto!
Sacó su móvil y ambas posamos delante del espejo, tomó la foto y la observamos satisfechas.
Reímos y nos abrazamos. Mi móvil comenzó a sonar y yo me dispuse a atender la llamada.
—Que raro, es Sarah—dije.
¿Qué querría una de las mejores amigas de Cassie?
—No lo cojas—me aconsejó Abbie mientras se acercaba a mí.
—Tal vez sea algo importante...
—Ya, claro. Esas petardas nunca tienen nada importante que decir—respondió cruzando los brazos sobre su pecho.
La ignoré y saludé a Sarah educadamente:
—Hola Sarah ¿Cómo estás?
—Eh... Hola Ella. Muy bien gracias.—respondió—Bueno... llamaba para disculparme por todo lo que te hemos hecho.
—Ah bueno eso... No te preocupes, ya está olvidado—mentí.
—De todas formas quería explicarme—confesó ella. Parecía ser sincera, se arrepentía así que decidí no hacer caso a Abbie y me deshice de ella.
Me encerré en el cuarto de baño para hablar a solas con Sarah y me senté en la tapa del retrete.
—Te escucho—anuncié.
—Jamás me pareció bien lo que Cassie te hacía. Me arrepiento tanto de haberla apoyado...—dijo—Ella te tenía celos, Ella. Tú siempre eras mejor en todo: más guapa, más lista, más carismática...
—Yo no soy mejor que nadie, Sarah.—respondí muy seria.
—Bueno... creo que sabes a lo que me refiero.—dijo con un hilillo de voz. Se hizo un silencio incómodo y después de un largo rato decidió continuar hablando.—La cuestión es que me siento mal por todo lo que has pasado por nuestra culpa. Amber es demasiado orgullosa como para admitir que se ha equivocado contigo pero, creo que ella , en el fondo, también se arrepiente de todo. Sé que todo esto tendía que haberlo dicho en persona pero dudo mucho que nos volvamos a ver.— confesó—Te pido perdón de parte de las dos.—finalizó.
Aquello me había pillado muy desprevenida, no esperaba nada de eso por su parte.
—Os perdono—respondí finalmente.
—Gracias. Espero que te vaya muy bien, cuídate.—dijo Sarah.
—Igualmente, Sarah—colgué la llamada y esbocé una media sonrisa mientras bloqueaba la pantalla de mi móvil y hacía girar el pomo de la puerta.
Salí del baño y cerré la puerta tras de mí.
—¿Qué te ha dicho?—preguntó Abbie impaciente.
Cotilla.
—Se ha disculpado, Sarah se ha disculpado—dije incrédula.
Abbie abrió los ojos como platos.
—¿Es enserio?
—Si, creo que si—respondí.
—Era lo menos que podía hacer ¿No crees?—dijo finalmente.
—Supongo—No estaba muy segura de ello...
Tal vez Sarah mentía, tal vez fueron meras esclavas de Cassie o, simplemente, lo hacían por conveniencia.
Ya no sentía ninguna pena por Cassie. Había desaparecido de mi vida y por tanto ya no era mi problema.
—¿La crees?—preguntó Abbie.
Reflexioné la respuesta de la pregunta y me debatí entre el si y el no.
"Me cuesta creerme incluso a mi misma" pensé.
La miré a los ojos y asentí con la cabeza.
—Si—respondí al final—Las personas te cambian, para bien o para mal.
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